PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL
LORCA






























EPÍSTOLAS A LOS CORINTIOS 


PRIMERA EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS
CAPÍTULOS
1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16

SEGUNDA EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS
CAPÍTULOS
1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13


1 Corintios 1
1Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y Sóstenes, el hermano,
2a la Iglesia de Dios que está en Corinto: a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro, de nosotros y de ellos
3gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo.
4Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús,
5pues en él habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo conocimiento,
6en la medida en que se ha consolidado entre vosotros el testimonio de Cristo.
7Así, ya no os falta ningún don de gracia a los que esperáis la Revelación de nuestro Señor Jesucristo.
8El os fortalecerá hasta el fin para que seáis irreprensibles en el Día de nuestro Señor Jesucristo.
9Pues fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su hijo Jesucristo, Señor nuestro.
10Os conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio.
11Porque, hermanos míos, estoy informado de vosotros, por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros.
12Me refiero a que cada uno de vosotros dice: «Yo soy de Pablo», «Yo de Apolo», «Yo de Cefas», «Yo de Cristo».
13¿Esta dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo?
14¡Doy gracias a Dios por no haber bautizado a ninguno de vosotros fuera de Crispo y Gayo!
15Así, nadie puede decir que habéis sido bautizados en mi nombre.
16¡Ah, sí!, también bauticé a la familia de Estéfanas. Por lo demás, no creo haber bautizado a ningún otro.
17Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio. Y no con palabras sabias, para no desvirtuar  la cruz de Cristo.
18Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan - para nosotros - es fuerza de Dios.
19Porque dice la Escritura:  Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes.
20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto?  ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo?
21De hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar  a los creyentes mediante la necedad de la predicación.
22Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría,
23nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles;
24mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
25Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres.
26¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza.
27Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte.
28Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es.
29Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios.
30De él os viene que estéis en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de origen divino, justicia, santificación y redención,
31a fin de que, como dice la Escritura:  El que se gloríe, gloríese en el Señor.

INICIO

1 Corintios 2
1Pues yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el misterio de Dios,
2pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado.
3Y me presenté ante vosotros débil, tímido y tembloroso.
4Y mi palabra y mi predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría, sino que fueron una  demostración del Espíritu y del poder
5para que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios.
6Sin embargo, hablamos de sabiduría entre los perfectos, pero no de sabiduría de este mundo ni de los príncipes de este mundo, abocados a la ruina;
7sino que hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos  para gloria nuestra,
8desconocida de todos los príncipes de este mundo - pues de haberla conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria -.
9Más bien, como dice la Escritura, anunciamos:  lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre  llegó, lo que Dios  preparó  para los que le aman.
10Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios.
11En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios.
12Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias  que Dios nos ha otorgado,
13de las cuales también hablamos, no con palabras aprendidas de sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades espirituales.
14El hombre naturalmente no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Y no las puede conocer pues  sólo espiritualmente pueden ser juzgadas.
15En cambio, el hombre de espíritu lo juzga todo; y a él nadie puede juzgarle.
16Porque  ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle?  Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.

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1 Corintios 3
1Yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.
2Os di a beber leche y no alimento sólido, pues todavía no lo podíais soportar. Ni aun lo soportáis al presente;
3pues todavía sois carnales. Porque, mientras haya entre vosotros envidia y discordia ¿no es verdad que sois carnales  y vivís a lo humano?
4Cuando dice uno «Yo soy de Pablo», y otro «Yo soy de Apolo», ¿no procedéis al modo humano?
5¿Qué es, pues Apolo? ¿Qué es Pablo?... ¡Servidores, por medio de los cuales habéis creído!, y cada uno según lo que el Señor le dio.
6Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien dio el crecimiento.
7De modo que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace crecer.
8Y el que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo,
9ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios.
10Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen arquitecto, puse el cimiento, y otro construye encima. ¡Mire cada cual cómo construye!
11Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo.
12Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja,
13la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad  de la obra de cada cual, la probará el fuego.
14Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa.
15Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.
16¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
17Si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá a él; porque el santuario de Dios es sagrado, y vosotros  sois ese santuario.
18¡Nadie se engañe! Si alguno entre vosotros se cree sabio según este mundo, hágase necio, para llegar a ser sabio;
19pues la sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de Dios. En efecto, dice la Escritura:  El que prende a  los sabios en su propia astucia.
20Y también:  El Señor conoce cuán vanos son los pensamientos  de los sabios.
21Así que, no se gloríe nadie en los hombres, pues todo es vuestro:
22ya sea Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es vuestro;
23y vosotros, de Cristo y Cristo de Dios.

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1 Corintios 4
1Por tanto, que nos tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.
2Ahora bien, lo que en fin de cuentas se exige de los administradores es que sean fieles.
3Aunque a mí lo que menos me importa es ser juzgado por vosotros o por un tribunal humano. ¡Ni siquiera me juzgo  a mí mismo!
4Cierto que mi conciencia nada me reprocha; mas no por eso quedo justificado. Mi juez es el Señor.
5Así que, no juzguéis nada antes de tiempo hasta que venga el Señor. El iluminará los secretos de las tinieblas y pondrá de manifiesto los designios de los corazones. Entonces recibirá cada cual del Señor la alabanza que le corresponda.
6En esto, hermanos, me he puesto como ejemplo a mí y a Apolo, en orden a vosotros; para que aprendáis de nosotros  aquello de «No propasarse de lo que está escrito» y para que nadie se engría en favor de uno contra otro.
7Pues ¿quién es el que te distingue? ¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo hubieras recibido?
8¡Ya estáis hartos! ¡Ya sois ricos! ¡Os habéis hecho reyes sin nosotros! ¡Y ojalá reinaseis, para que también nosotros reináramos con vosotros!
9Porque pienso que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha asignado el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres.
10Nosotros, necios por seguir a Cristo; vosotros, sabios en Cristo. Débiles nosotros; mas vosotros, fuertes. Vosotros llenos de gloria; mas nosotros, despreciados.
11Hasta el presente, pasamos hambre, sed, desnudez. Somos abofeteados, y andamos errantes.
12Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos.
13Si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos.
14No os escribo estas cosas para avergonzaros, sino más bien para amonestaros como a hijos míos queridos.
15Pues aunque hayáis tenido 10.000 pedagogos en Cristo, no habéis tenido muchos padres. He sido yo quien, por el  Evangelio, os engendré en Cristo Jesús.
16Os ruego, pues, que seáis mis imitadores.
17Por esto mismo os he enviado a Timoteo, hijo mío querido y fiel en el Señor; él os recordará mis normas de conducta en Cristo, conforme enseño por doquier en todas las Iglesias.
18Como si yo no hubiera de ir donde vosotros, se han hinchado algunos.
19Mas iré pronto donde vosotros, si es la voluntad del Señor; entonces conoceré no la palabrería de esos orgullosos, sino su poder,
20que no está en la palabrería el Reino de Dios, sino en el poder.
21¿Qué preferís, que vaya a vosotros con palo o con amor y espíritu de mansedumbre?

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1 Corintios 5
1Sólo se oye hablar de inmoralidad entre vosotros, y una inmoralidad tal, que no se da ni entre los gentiles, hasta  el punto de que uno de vosotros vive con la mujer de su padre.
2Y ¡vosotros andáis tan hinchados! Y no habéis hecho más bien duelo para que fuera expulsado de entre vosotros el autor de semejante acción.
3Pues bien, yo por mi parte corporalmente ausente, pero presente en espíritu, he juzgado ya, como si me hallara  presente, al que así obró:
4que en nombre del Señor Jesús, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de Jesús Señor nuestro,
5sea entregado ese individuo a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el Día del Señor.
6¡No es como para gloriaros! ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa?
7Purificaos de la levadura vieja, para ser masa nueva; pues sois ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado.
8Así que, celebremos la fiesta, no con vieja levadura, ni con levadura de malicia e inmoralidad, sino con ázimos  de pureza y verdad.
9Al escribiros en mi carta que no os relacionarais con los impuros,
10no me refería a los impuros de este mundo en general o a los avaros, a ladrones o idólatras. De ser así, tendríais  que salir del mundo.
11¡No!, os escribí que no os relacionarais con quien, llamándose hermano, es impuro, avaro, idólatra, ultrajador, borracho o ladrón. Con ésos ¡ni comer!
12Pues ¿por que voy a juzgar yo a los de fuera? ¿No es a los de dentro a quienes vosotros juzgáis?
13A los de fuera Dios los juzgará.  ¡Arrojad de entre vosotros al malvado!

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1 Corintios 6
1Cuando alguno de vosotros tiene un pleito con otro, ¿se atreve a llevar la causa ante los injustos, y no ante los  santos?
2¿No sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si vosotros vais a juzgar al mundo, ¿no sois acaso dignos de juzgar esas naderías?
3¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? Y ¡cómo no las cosas de esta vida!
4Y cuando tenéis pleitos de este género ¡tomáis como jueces a los que la Iglesia tiene en nada!
5Para vuestra vergüenza lo digo. ¿No hay entre vosotros algún sabio que pueda juzgar entre los hermanos?
6Sino que vais a pleitear hermano contra hermano, ¡y eso, ante infieles!
7De todos modos, ya es un fallo en vosotros que haya pleitos entre vosotros. ¿Por qué no preferís soportar la injusticia? ¿Por qué no dejaros más bien despojar?
8¡Al contrario! ¡Sois vosotros los que obráis la injusticia y despojáis a los demás! ¡Y esto, a hermanos!
9¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,
10ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.
11Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.
12«Todo me es lícito»; mas no todo me conviene. «Todo me es lícito»; mas ¡no me dejaré dominar por nada!
13La comida para el vientre y el vientre para la comida. Mas lo uno y lo otro destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.
14Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder.
15¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo!
16¿O no sabéis que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está dicho:  Los dos se harán  una sola carne.
17Mas el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él.
18¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra  su propio cuerpo.
19¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?
20¡Habéis sido bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.

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1 Corintios  7
1En cuanto a lo que me habéis escrito, bien le está al hombre abstenerse de mujer.
2No obstante, por razón de la impureza, tenga cada hombre su mujer, y cada mujer su marido.
3Que el marido dé a su mujer lo que debe y la mujer de igual modo a su marido.
4No dispone la mujer de su cuerpo, sino el marido. Igualmente, el marido no dispone de su cuerpo, sino la mujer.
5No os neguéis el uno al otro sino de mutuo acuerdo, por cierto tiempo, para daros a la oración; luego, volved a estar juntos, para que Satanás no os tiente por vuestra incontinencia.
6Lo que os digo es una concesión, no un mandato.
7Mi deseo sería que todos los hombres fueran como yo; mas cada cual tiene de Dios su gracia particular: unos de una manera, otros de otra.
8No obstante, digo a los célibes y a las viudas: Bien les está quedarse como yo.
9Pero si no pueden contenerse, que se casen; mejor es casarse que abrasarse.
10En cuanto a los casados, les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido,
11mas en el caso de separarse, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su marido, y que el marido no despida  a su mujer.
12En cuanto a los demás, digo yo, no el Señor: Si un hermano tiene una mujer no creyente y ella consiente en vivir  con él, no la despida.
13Y si una mujer tiene un marido no creyente y él consiente en vivir con ella, no le despida.
14Pues el marido no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el marido  creyente. De otro modo, vuestros hijos serían impuros, mas ahora son santos.
15Pero si la parte no creyente quiere separarse, que se separe, en ese caso el hermano o la hermana no están ligados: para vivir en paz os llamó el Señor.
16Pues ¿qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer?
17Por lo demás, que cada cual viva conforme le ha asignado el Señor, cada cual como le ha llamado Dios. Es lo que  ordeno en todas las Iglesias.
18¿Que fue uno llamado siendo circunciso? No rehaga su prepucio. ¿Que fue llamado siendo incircunciso? No se circuncide.
19La circuncisión es nada, y nada la incircuncisión; lo que importa es el cumplimiento de los mandamientos de Dios.
20Que permanezca cada cual tal como le halló la llamada de Dios.
21¿Eras esclavo cuando fuiste llamado? No te preocupes. Y aunque puedas hacerte libre, aprovecha más bien tu condición de esclavo.
22Pues el que recibió la llamada del Señor siendo esclavo, es un liberto del Señor; igualmente, el que era libre  cuando recibió la llamada, es un esclavo de Cristo.
23¡Habéis sido bien comprados! No os hagáis esclavos de los hombres.
24Hermanos, permanezca cada cual ante Dios en el estado en que fue llamado.
25Acerca de la virginidad no tengo precepto del Señor. Doy, no obstante, un consejo, como quien, por la misericordia  de Dios, es digno de crédito.
26Por tanto, pienso que es cosa buena, a causa de la necesidad presente, quedarse el hombre así.
27¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿No estás unido a mujer? No la busques.
28Mas, si te casas, no pecas. Y, si la joven se casa, no peca. Pero todos ellos tendrán su tribulación en la carne, que yo quisiera evitaros.
29Os digo, pues, hermanos: El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen.
30Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen.
31Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa.
32Yo os quisiera libres de preocupaciones. El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor.
33El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer;
34está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a  su marido.
35Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros a lo más digno y al trato asiduo con el Señor, sin división.
36Pero si alguno teme faltar a la conveniencia respecto de su novia, por estar en la flor de la edad, y conviene actuar en consecuencia, haga lo que quiera: no peca, cásense.
37Mas el que ha tomado una firme decisión en su corazón, y sin presión alguna, y en pleno uso de su libertad está  resuelto en su interior a respetar a su novia, hará bien.
38Por tanto, el que se casa con su novia, obra bien. Y el que no se casa, obra mejor.
39La mujer está ligada a su marido mientras él viva; mas una vez muerto el marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero sólo en el Señor.
40Sin embargo, será feliz si permanece así según mi consejo; que también yo creo tener el Espíritu de Dios.

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1 Corintios 8
1Respecto a lo inmolado a los ídolos, es cosa sabida, pues todos tenemos ciencia. Pero la ciencia hincha, el amor en cambio edifica.
2Si alguien cree conocer algo, aún no lo conoce como se debe conocer.
3Mas si uno ama a Dios, ése es conocido por él.
4Ahora bien, respecto del comer lo sacrificado a los ídolos, sabemos que el ídolo no es nada en el mundo y no hay  más que un único Dios.
5Pues aun cuando se les dé el nombre de dioses, bien en el cielo bien en la tierra, de forma que hay multitud de dioses y de señores,
6para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros.
7Mas no todos tienen este conocimiento. Pues algunos, acostumbrados hasta ahora al ídolo, comen la carne como sacrificada a los ídolos, y su conciencia, que es débil, se mancha.
8No es ciertamente la comida lo que nos acercará a Dios. Ni somos menos porque no comamos, ni somos más porque comamos.
9Pero tened cuidado que esa vuestra libertad no sirva de tropiezo a los débiles.
10En efecto, si alguien te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no se creerá  autorizado por su conciencia, que es débil, a comer de lo sacrificado a los ídolos?
11Y por tu conocimiento se pierde el débil: ¡el hermano por quien murió Cristo!
12Y pecando así contra vuestros hermanos, hiriendo su conciencia, que es débil, pecáis contra Cristo.
13Por tanto, si un alimento causa escándalo a mi hermano, nunca comeré carne para no dar escándalo a mi hermano.

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1 Corintios   9
1¿No soy yo libre? ¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?
2Si para otros no soy yo apóstol, para vosotros sí que lo soy; pues ¡vosotros sois el sello de mi apostolado en el Señor!
3He aquí mi defensa contra mis acusadores.
4¿Por ventura no tenemos derecho a comer y beber?
5¿No tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?
6¿Acaso únicamente Bernabé y yo estamos privados del derecho de no trabajar?
7¿Quién ha militado alguna vez a cosa propia? ¿Quién planta una viña y no come de sus frutos? ¿Quién apacienta un rebaño y no se alimenta de la leche del rebaño?
8¿Hablo acaso al modo humano o no lo dice también la Ley?
9Porque está escrito en la Ley de Moisés:  «No pondrás bozal al buey que trilla.»  ¿Es que se preocupa Dios de los bueyes?
10O bien, ¿no lo dice expresamente por nosotros? Por nosotros ciertamente se escribió, pues el que ara, en esperanza debe arar; y el que trilla, con la esperanza de recibir su parte.
11Si en vosotros hemos sembrado bienes espirituales, ¡qué mucho que recojamos de vosotros bienes materiales!
12Si otros tienen estos derechos sobre vosotros, ¿no los tenemos más nosotros? Sin embargo, nunca hemos hecho uso  de estos derechos. Al contrario, todo lo soportamos para no crear obstáculo alguno al Evangelio de Cristo.
13¿No sabéis que los ministros del templo viven del templo? ¿Que los que sirven al altar, del altar participan?
14Del mismo modo, también el Señor ha ordenado que los que predican el Evangelio vivan del Evangelio.
15Mas yo, de ninguno de esos derechos he hecho uso. Y no escribo esto para que se haga así conmigo. ¡Antes morir que...! Mi timbre de gloria ¡nadie lo eliminará!
16Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!
17Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una  misión que se me ha confiado.
18Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio.
19Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda.
20Con los judíos me he hecho judío para ganar a los judíos; con los que están bajo la Ley, como quien está bajo la  Ley - aun sin estarlo - para ganar a los que están bajo ella.
21Con los que están sin ley, como quien está sin ley para ganar a los que están sin ley, no estando yo sin ley de  Dios sino bajo la ley de Cristo.
22Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos.
23Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo.
24¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo  consigáis!
25Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible.
26Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío,
27sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado.

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1 Corintios 10
1No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar;
2y todos fueron bautizados en Moisés, por la nube y el mar;
3y todos comieron el mismo alimento espiritual;
4y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo.
5Pero la mayoría de ellos no fueron del agrado de Dios, pues sus cuerpos  quedaron tendidos en el desierto.
6Estas cosas sucedieron en figura para nosotros para que no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron.
7No os hagáis idólatras al igual de algunos de ellos, como dice la Escritura:  «Sentóse el pueblo a comer y a beber  y se levantó a divertirse.»
8Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron y cayeron muertos 23.000 en un solo día.
9Ni tentemos al Señor como algunos de ellos le tentaron y perecieron víctimas de las serpientes.
10Ni murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron bajo el Exterminador.
11Todo esto les acontecía en figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos.
12Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga.
13No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito.
14Por eso, queridos, huid de la idolatría.
15Os hablo como a prudentes. Juzgad vosotros lo que digo.
16La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?
17Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan.
18Fijaos en el Israel según la carne. Los que comen de las víctimas ¿no están acaso en comunión con el altar?
19¿Qué digo, pues? ¿Que lo inmolado a los ídolos es algo? O ¿que los ídolos son algo?
20Pero si lo que inmolan los gentiles,  ¡lo inmolan a los demonios y no a Dios!  Y yo no quiero que entréis en  comunión con los demonios.
21No podéis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y  de la mesa de los demonios.
22¿O es que queremos provocar los celos del Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él?
23«Todo es lícito», mas no todo es conveniente. «Todo es lícito», mas no todo edifica.
24Que nadie procure su propio interés, sino el de los demás.
25Comed todo lo que se vende en el mercado sin plantearos cuestiones de conciencia;
26pues  del Señor es la tierra y todo cuanto contiene.
27Si un infiel os invita y vosotros aceptáis, comed todo lo que os presente sin plantearos cuestiones de conciencia.
28Mas si alguien os dice: «Esto ha sido ofrecido en sacrificio», no lo comáis, a causa del que lo advirtió y por motivos de conciencia.
29No me refiero a tu conciencia, sino a la del otro; pues ¿cómo va a ser juzgada la libertad de mi conciencia por  una conciencia ajena?
30Si yo tomo algo dando gracias, ¿por qué voy a ser reprendido por aquello mismo que tomo dando gracias?
31Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios.
32No deis escándalo ni a judíos ni a griegos ni a la Iglesia de Dios;
33lo mismo que yo, que me esfuerzo por agradar a todos en todo, sin procurar mi propio interés, sino el de la mayoría, para que se salven.

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1 Corintios 11
1Sed mis imitadores, como lo soy de Cristo.
2Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mí y conserváis las tradiciones tal como os las he transmitido.
3Sin embargo, quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo; y la cabeza de la mujer es el hombre; y la cabeza de Cristo es Dios.
4Todo hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta a su cabeza.
5Y toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta a su cabeza; es como si estuviera rapada.
6Por tanto, si una mujer no se cubre la cabeza, que se corte el pelo. Y si es afrentoso para una mujer cortarse el pelo o raparse, ¡que se cubra!
7El hombre no debe cubrirse la cabeza, pues es imagen y reflejo de Dios; pero la mujer es reflejo del hombre.
8En efecto, no procede el hombre de la mujer, sino la mujer del hombre.
9Ni fue creado el hombre por razón de la mujer, sino la mujer por razón del hombre.
10He ahí por qué debe llevar la mujer sobre la cabeza una señal de sujeción por razón de los ángeles.
11Por lo demás, ni la mujer sin el hombre, ni el hombre sin la mujer, en el Señor.
12Porque si la mujer procede del hombre, el hombre, a su vez, nace mediante la mujer. Y todo proviene de Dios.
13Juzgad por vosotros mismos. ¿Está bien que la mujer ore a Dios con la cabeza descubierta?
14¿No os enseña la misma naturaleza que es una afrenta para el hombre la cabellera,
15mientras es una gloria para la mujer la cabellera? En efecto, la cabellera le ha sido dada a modo de velo.
16De todos modos, si alguien quiere discutir, no es ésa nuestra costumbre ni la de las Iglesias de Dios.
17Y al dar estas disposiciones, no os alabo, porque vuestras reuniones son más para mal que para bien.
18Pues, ante todo, oigo que, al reuniros en la asamblea, hay entre vosotros divisiones, y lo creo en parte.
19Desde luego, tiene que haber entre vosotros también disensiones, para que se ponga de manifiesto quiénes son de probada virtud entre vosotros.
20Cuando os reunís, pues, en común, eso ya no es comer la Cena del Señor;
21porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga.
22¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la Iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Alabaros? ¡En eso no los alabo!
23Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,
24y después de dar gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»
25Asimismo también la copa después de cenar diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío.»
26Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.
27Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
28Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa.
29Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.
30Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos.
31Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos castigados.
32Mas, al ser castigados, somos corregidos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
33Así pues, hermanos míos, cuando os reunáis para la Cena, esperaos los unos a los otros.
34Si alguno tiene hambre, que coma en su casa, a fin de que no os reunáis para castigo vuestro. Lo demás lo dispondré  cuando vaya.

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1 Corintios 12
1En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia.
2Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos.
3Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: «¡Anatema es Jesús!»; y nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!» sino con el Espíritu Santo.
4Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo;
5diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo;
6diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos.
7A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común,
8Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
9a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu;
10a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas.
11Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad.
12Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo.
13Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
14Así también el cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos.
15Si dijera el pie: «Puesto que no soy mano, yo no soy del cuerpo» ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso?
16Y si el oído dijera: «Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo» ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso?
17Si todo el cuerpo fuera ojo ¿dónde quedaría el oído? Y si fuera todo oído ¿donde el olfato?
18Ahora bien, Dios puso cada uno de los miembros en el cuerpo según su voluntad.
19Si todo fuera un solo miembro ¿dónde quedaría el cuerpo?
20Ahora bien, muchos son los miembros, mas uno el cuerpo.
21Y no puede el ojo decir a la mano: «¡No te necesito!» Ni la cabeza a los pies: «¡No os necesito!»
22Más bien los miembros del cuerpo que tenemos por más débiles, son indispensables.
23Y a los que nos parecen los más viles del cuerpo, los rodeamos de mayor honor. Así a nuestras partes deshonestas  las vestimos con mayor honestidad.
24Pues nuestras partes honestas no lo necesitan. Dios ha formado el cuerpo dando más honor a los miembros que carecían de él,
25para que no hubiera división alguna en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocuparan lo mismo los unos de los otros.
26Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su  gozo.
27Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte.
28Y así los puso Dios en la Iglesia, primeramente como apóstoles; en segundo lugar como profetas; en tercer lugar como maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad  de lenguas.
29¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros?
30¿Todos con carisma de curaciones? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?
31¡Aspirad a los carismas superiores! Y aun os voy a mostrar un camino más excelente.

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1 Corintios 13
1Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo  que retiñe.
2Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.
3Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.
4La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe;
5es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;
6no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.
7Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
8La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.
9Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.
10Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.
11Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las  cosas de niño.
12Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces  conoceré como soy conocido.
13Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.

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1 Corintios 14
1Buscad la caridad; pero aspirad también a los dones espirituales, especialmente a la profecía.
2Pues el que habla en lengua no habla a los hombres sino a Dios. En efecto, nadie le entiende: dice en espíritu  cosas misteriosas.
3Por el contrario, el que profetiza, habla a los hombres para su edificación, exhortación y consolación.
4El que habla en lengua, se edifica a sí mismo; el que profetiza, edifica a toda la asamblea.
5Deseo que habléis todos en lenguas; prefiero, sin embargo, que profeticéis. Pues el que profetiza, supera al que  habla en lenguas, a no ser que también interprete, para que la asamblea reciba edificación.
6Y ahora, hermanos, supongamos que yo vaya donde vosotros hablándoos en lenguas, ¿qué os aprovecharía yo, si mi palabra no os trajese ni revelación ni ciencia ni profecía ni enseñanza?
7Así sucede con los instrumentos de música inanimados, tales como la flauta o la cítara. Si no dan distintamente los sonidos, ¿cómo se conocerá lo que toca la flauta o la cítara?
8Y si la trompeta no da sino un sonido confuso, ¿quién se preparará para la batalla?
9Así también vosotros: si al hablar no pronunciáis palabras inteligibles, ¿cómo se entenderá lo que decís? Es como si hablarais al viento.
10Hay en el mundo no sé cuántas variedades de lenguas, y nada hay sin lenguaje.
11Mas si yo desconozco  el valor del lenguaje seré un bárbaro para el que me habla; y el que me habla, un bárbaro para mí.
12Así pues, ya que aspiráis a los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edificación de la asamblea.
13Por tanto, el que habla en lengua, pida el don de interpretar.
14Porque si oro en lengua, mi espíritu ora, pero mi mente queda sin fruto.
15Entonces, ¿qué hacer? Oraré con el espíritu, pero oraré también con la mente. Cantaré salmos con el espíritu, pero también los cantaré con la mente.
16Porque si no bendices más que con el espíritu ¿cómo dirá «amén» a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del no iniciado, pues no sabe lo que dices?
17¡Cierto!, tu acción de gracias es excelente; pero el otro no se edifica.
18Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros;
19pero en la asamblea, prefiero decir cinco palabras con mi mente, para instruir a los demás, que 10.000 en lengua.
20Hermanos, no seáis niños en juicio. Sed niños en malicia, pero hombres maduros en juicio.
21Está escrito en la Ley:  Por hombres de lenguas extrañas y por boca de extraños hablaré yo a este pueblo, y ni así me escucharán, dice el Señor.
22Así pues, las lenguas sirven de señal no para los creyentes, sino para los infieles; en cambio la profecía, no para los infieles, sino para los creyentes.
23Si, pues, se reúne toda la asamblea y todos hablan en lenguas y entran en ella no iniciados o infieles, ¿no dirán que estáis locos?
24Por el contrario, si todos profetizan y entra un infiel o un no iniciado, será convencido por todos, juzgado por  todos.
25Los secretos de su corazón quedarán al descubierto y, postrado rostro en tierra, adorará a Dios confesando que   Dios está verdaderamente entre vosotros.
26¿Qué concluir, hermanos? Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea para edificación.
27Si se habla en lengua, que hablen dos, o a lo más, tres, y por turno; y que haya un interprete.
28Si no hay quien interprete, guárdese silencio en la asamblea; hable cada cual consigo mismo y con Dios.
29En cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen.
30Si algún otro que está sentado tiene una revelación, cállese el primero.
31Pues podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados.
32Los espíritus de los profetas están sometidos a los profetas,
33pues Dios no es un Dios de confusión, sino de paz. Como en todas la Iglesias de los santos,
34las mujeres cállense en las asambleas; que no les está permitido tomar la palabra antes bien, estén sumisas como también la Ley lo dice.
35Si quieren aprender algo, pregúntenlo a sus propios maridos en casa; pues es indecoroso que la mujer hable en la asamblea.
36¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios? O ¿solamente a vosotros ha llegado?
37Si alguien se cree profeta o inspirado por el Espíritu, reconozca en lo que os escribo un mandato del Señor.
38Si no lo conoce, tampoco él es conocido.
39Por tanto, hermanos, aspirad al don de la profecía, y no estorbéis que se hable en lenguas.
40Pero hágase todo con decoro y orden.

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1 Corintios 15
1Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes,
2por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué... Si no, ¡habríais creído en vano!
3Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las  Escrituras;
4que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras;
5que se apareció a Cefas y luego a los Doce;
6después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron.
7Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles.
8Y en último término se me apareció también a mí, como a un abortivo.
9Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios.
10Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.
11Pues bien, tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
12Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos?
13Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó.
14Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.
15Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien  no resucitó, si es que los muertos no resucitan.
16Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.
17Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados.
18Por tanto, también los que durmieron en Cristo perecieron.
19Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todos los hombres!
20¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron.
21Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos.
22Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo.
23Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego los de Cristo en su Venida.
24Luego, el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad.
25Porque debe él reinar  hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies.
26El último enemigo en ser destruido será la Muerte.
27Porque  ha sometido todas las cosas bajo sus pies.  Mas cuando diga que «todo está sometido», es evidente que se excluye a Aquel que ha sometido a él todas las cosas.
28Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo.
29De no ser así ¿a qué viene el bautizarse por los muertos? Si los muertos no resucitan en manera alguna ¿por qué bautizarse por ellos?
30Y nosotros mismos ¿por qué nos ponemos en peligro a todas horas?
31Cada día estoy a la muerte ¡sí hermanos! gloria mía en Cristo Jesús Señor nuestro, que cada día estoy en peligro de muerte.
32Si por motivos humanos luché en Éfeso contra las bestias ¿qué provecho saqué? Si los muertos no resucitan,  comamos y bebamos, que mañana moriremos.
33No os engañéis: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.»
34Despertaos, como conviene, y no pequéis; que hay entre vosotros quienes desconocen a Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.
35Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida?
36¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere.
37Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo o de alguna otra planta.
38Y Dios le da un cuerpo a su voluntad: a cada semilla un cuerpo peculiar.
39No toda carne es igual, sino que una es la carne de los hombres, otra la de los animales, otra la de las aves,  otra la de los peces.
40Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres; pero uno es el resplandor de los cuerpos celestes y otro el de los cuerpos terrestres.
41Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna, otro el de las estrellas. Y una estrella difiere de otra en resplandor.
42Así también en la resurrección de los muertos: se siembra corrupción, resucita incorrupción;
43se siembra vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita fortaleza;
44se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual.
45En efecto, así es como dice la Escritura:  Fue hecho el primer hombre,  Adán,  alma viviente;  el último Adán, espíritu que da vida.
46Mas no es lo espiritual lo que primero aparece, sino lo natural; luego, lo espiritual.
47El primer hombre, salido de la tierra, es terreno; el segundo, viene del cielo.
48Como el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como el celeste, así serán los celestes.
49Y del mismo modo que hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevaremos también la imagen del celeste.
50Os digo esto, hermanos: La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de los cielos: ni la corrupción hereda  la incorrupción.
51¡Mirad! Os revelo un misterio: No moriremos todos, mas todos seremos transformados.
52En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final, pues sonará la trompeta, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.
53En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad.
54Y cuando este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita:  La muerte ha sido devorada en la victoria.
55 ¿Dónde está, oh muerte,  tu victoria?  ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?
56El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley.
57Pero ¡gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!
58Así pues, hermanos míos amados, manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que vuestro trabajo no es vano el Señor.

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1 Corintios 16
1En cuanto a la colecta en favor de los santos, haced también vosotros tal como mandé a las Iglesias de Galacia.
2Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros reserve en su casa lo que haya podido ahorrar, de modo que no se hagan las colectas cuando llegue yo.
3Cuando me halle ahí, enviaré a los que hayáis  considerado dignos, acompañados de cartas, para que lleven a Jerusalén vuestra liberalidad.
4Y si vale la pena de que vaya también yo, irán conmigo.
5Iré donde vosotros después de haber atravesado Macedonia; pues por Macedonia pasaré.
6Tal vez me detenga entre vosotros y hasta pase ahí el invierno, para que vosotros me encaminéis adonde haya de  ir.
7Pues no quiero ahora veros sólo de paso: espero estar algún tiempo entre vosotros, si así lo permite el Señor.
8De todos modos, seguiré en Éfeso hasta Pentecostés:
9porque se me ha abierto una puerta grande y prometedora, y los enemigos son muchos.
10Si se presenta Timoteo, procurad que esté sin temor entre vosotros, pues trabaja como yo en la obra del Señor.
11Que nadie le menosprecie. Procurad que vuelva en paz a mí, que le espero con los hermanos.
12En cuanto a nuestro hermano Apolo, le he insistido mucho para que vaya donde vosotros con los hermanos; pero no  tiene intención alguna de ir ahora. Irá cuando tenga oportunidad.
13Velad, manteneos firmes en la fe, sed hombres, sed fuertes.
14Haced todo con amor.
15Os hago una recomendación, hermanos. Sabéis que la familia de Estéfanas son las primicias de Acaya y se han puesto al servicio de los santos.
16También vosotros mostraos sumisos a ellos y a todo aquel que con ellos trabaja y se afana.
17Estoy lleno de alegría por la visita de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, que han suplido vuestra ausencia.
18Ellos han tranquilizado mi espíritu y el vuestro. Sabed apreciar a estos hombres.
19Las Iglesias de Asia os saludan. Os envían muchos saludos Aquila y Prisca en el Señor, junto con la Iglesia que se reúne en su casa.
20Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con el beso santo.
21El saludo va de mi mano, Pablo.
22El que no quiera al Señor, ¡sea anatema! «Maran atha.»
23¡Que la gracia del Señor Jesús sea con vosotros!
24Os amo a todos en Cristo Jesús.

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SEGUNDA EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS 


2 Corintios 1
1Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya;
2a vosotros gracia y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo.
3¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación,
4que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación,  mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios!
5Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación.
6Si somos atribulados, lo somos para consuelo y salvación vuestra; si somos consolados, lo somos para el consuelo  vuestro, que os hace soportar con paciencia los mismos sufrimientos que también nosotros soportamos.
7Es firme nuestra esperanza respecto de vosotros; pues sabemos que, como sois solidarios con nosotros en los sufrimientos, así lo seréis también en la consolación.
8Pues no queremos que lo ignoréis, hermanos: la tribulación sufrida en Asia nos abrumó hasta el extremo, por encima  de nuestras fuerzas, hasta tal punto que perdimos la esperanza de conservar la vida.
9Pues hemos tenido sobre nosotros mismos la sentencia de muerte, para que no pongamos nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios que resucita  a los muertos.
10El nos libró de tan mortal peligro, y nos librará; en él esperamos que nos seguirá librando,
11si colaboráis también vosotros con la oración en favor nuestro, para que la gracia obtenida por intervención de  muchos sea por muchos agradecida en nuestro nombre.
12El motivo de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia, de que nos hemos conducido en el mundo, y sobre todo respecto de vosotros, con la santidad y la sinceridad que vienen de Dios, y no con la sabiduría carnal, sino con la gracia de Dios.
13Pues no os escribimos otra cosa que lo que leéis y comprendéis, y espero comprenderéis plenamente,
14como ya nos habéis comprendido en parte, que somos nosotros el motivo de vuestro orgullo, lo mismo que vosotros seréis el nuestro en el Día de nuestro Señor Jesús.
15Con este convencimiento quería yo ir primero donde vosotros a fin de procuraros una segunda gracia,
16y pasando por vosotros ir a Macedonia y volver nuevamente de Macedonia donde vosotros, y ser encaminado por vosotros  hacia Judea.
17Al proponerme esto ¿obré con ligereza? O ¿se inspiraban mis proyectos en la carne, de forma que se daban en mí  el sí y el no?
18¡Por la fidelidad de Dios!, que la palabra que os dirigimos no es sí y no.
19Porque el Hijo de Dios, Cristo Jesús, a quien os predicamos Silvano, Timoteo y yo, no fue sí y no; en él no hubo más que sí.
20Pues todas las promesas hechas por Dios han tenido su sí en él; y por eso decimos por él «Amén» a la gloria de  Dios.
21Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió,
22y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones.
23¡Por mi vida!, testigo me es Dios de que, si todavía no he ido a Corinto, ha sido por miramiento a vosotros.
24No es que pretendamos dominar sobre vuestra fe, sino que contribuimos a vuestro gozo, pues os mantenéis firmes en la fe.

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2 Corintios 2
1En mi interior tomé la decisión de no ir otra vez con tristeza donde vosotros.
2Porque si yo os entristezco ¿quién podría alegrarme sino el que se ha entristecido por mi causa?
3Y si os escribí aquello, fue para no entristecerme a mi ida, a causa de los mismos que deberían procurarme alegría, convencido respecto de todos vosotros de que mi alegría es la alegría de todos vosotros.
4Efectivamente, os escribí en una gran aflicción y angustia de corazón, con muchas lágrimas, no para entristeceros, sino para que conocierais el amor desbordante que sobre todo a vosotros os tengo.
5Pues si alguien ha causado tristeza, no es a mí quien se la ha causado; sino en cierto sentido - para no exagerar - a todos vosotros.
6Bastante es para ese tal el castigo infligido por la comunidad,
7por lo que es mejor, por el contrario, que le perdonéis y le animéis no sea que se vea ése hundido en una excesiva  tristeza.
8Os suplico, pues, que reavivéis la caridad para con él.
9Pues también os escribí con la intención de probaros y ver si vuestra obediencia era perfecta.
10Y a quien vosotros perdonéis, también yo le perdono. Pues lo que yo perdoné - si algo he perdonado - fue por vosotros  en presencia de Cristo,
11para que no seamos engañados por Satanás, pues no ignoramos sus propósitos.
12Llegué, pues, a Tróada para predicar el Evangelio de Cristo, y aun cuando se me había abierto una gran puerta en  el Señor,
13mi espíritu no tuvo punto de reposo, pues no encontré a mi hermano Tito, y despidiéndome de ellos, salí para Macedonia.
14¡Gracias sean dadas a Dios, que nos lleva siempre en su triunfo, en Cristo, y por nuestro medio difunde en todas  partes el olor de su conocimiento!
15Pues nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden:
16para los unos, olor que de la muerte lleva a la muerte; para los otros, olor que de la vida lleva a la vida. Y ¿quién es capaz para esto?
17Ciertamente no somos nosotros como la mayoría que negocian con la Palabra de Dios. ¡No!, antes bien, con sinceridad  y como de parte de Dios y delante de Dios hablamos en Cristo.

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2 Corintios 3
1¿Comenzamos de nuevo a recomendarnos? ¿O es que, como algunos, necesitamos presentaros cartas de recomendación  o pedíroslas?
2Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres.
3Evidentemente sois una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones.
4Esta es la confianza que tenemos delante de Dios por Cristo.
5No que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos cosa alguna, como propia nuestra, sino que nuestra capacidad  viene de Dios,
6el cual nos capacitó para ser ministros de una nueva Alianza, no de la letra, sino del Espíritu. Pues la letra  mata mas el Espíritu da vida.
7Que si el ministerio de la muerte, grabado con letras sobre tablas de piedra, resultó glorioso hasta el punto de no poder los hijos de Israel fijar su vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, aunque pasajera,
8¡cuánto más glorioso no será el ministerio del Espíritu!
9Efectivamente, si el ministerio de la condenación fue glorioso, con mucha más razón lo será el ministerio de la  justicia.
10Pues en este aspecto, no era gloria aquella glorificación en comparación de esta gloria sobreeminente.
11Porque si aquello, que era pasajero, fue glorioso, ¡cuánto más glorioso será lo permanente!
12Teniendo, pues, esta esperanza, hablamos con toda valentía,
13y no como Moisés, que se ponía un velo sobre su rostro para impedir que los israelitas vieran el fin de lo que era pasajero...
14Pero se embotaron sus inteligencias. En efecto, hasta el día de hoy perdura ese mismo velo en la lectura del Antiguo  Testamento. El velo no se ha levantado, pues sólo en Cristo desaparece.
15Hasta el día de hoy, siempre que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones.
16Y cuando se convierte al Señor, se arranca el velo.
17Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad.
18Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu.

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2 Corintios 4
1Por esto, misericordiosamente investidos de este ministerio, no desfallecemos.
2Antes bien, hemos repudiado el silencio vergonzoso no procediendo con astucia, ni falseando la Palabra de Dios; al contrario, mediante la manifestación de la verdad nos recomendamos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Dios.
3Y si todavía nuestro Evangelio está velado, lo está para los que se pierden,
4para los incrédulos, cuyo entendimiento cegó el dios de este mundo para impedir que vean brillar el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios.
5No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús.
6Pues el mismo Dios que dijo:  De las tinieblas brille la luz,  ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo.
7Pero llevamos este tesoro en recipientes de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros.
8Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados;
9perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados.
10Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
11Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de Jesús, a fin de que también la  vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
12De modo que la muerte actúa en nosotros, mas en vosotros la vida.
13Pero teniendo aquel espíritu de fe conforme a lo que está escrito:  Creí, por eso hablé,  también nosotros creemos, y por eso hablamos,
14sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante él juntamente con vosotros.
15Y todo esto, para vuestro bien a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria  de Dios.
16Por eso no desfallecemos. Aun cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de día en día.
17En efecto, la leve tribulación de un momento nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna,
18a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles son eternas.

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2 Corintios 5
1Porque sabemos que si esta tienda, que es nuestra morada terrestre, se desmorona, tenemos un edificio que es de Dios: una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos.
2Y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste,
3si es que nos encontramos vestidos, y no desnudos.
4¡Sí!, los que estamos en esta tienda gemimos abrumados. No es que queramos ser desvestidos, sino más bien sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.
5Y el que nos ha destinado a eso es Dios, el cual nos ha dado en arras el Espíritu.
6Así pues, siempre llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor,
7pues caminamos en la fe y no en la visión...
8Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor.
9Por eso, bien en nuestro cuerpo, bien fuera de él, nos afanamos por agradarle.
10Porque es necesario que todos nosotros seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal.
11Por tanto, conociendo el temor del Señor, tratamos de persuadir a los hombres, pues ante Dios estamos al descubierto, como espero que ante vuestras conciencias también estemos al descubierto.
12No volvemos a recomendarnos ante vosotros; solamente queremos daros ocasión para gloriaros de nosotros y así tengáis  cómo responder a los que se glorían de lo exterior, y no de lo que está en el corazón.
13En efecto, si hemos perdido el juicio, ha sido por Dios; y si somos sensatos, lo es por vosotros.
14Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron.
15Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
16Así que, en adelante, ya no conocemos a nadie según la carne. Y si conocimos a Cristo según la carne, ya no le  conocemos así.
17Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo.
18Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación.
19Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación.
20Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!
21A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él.

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2 Corintios 6
1Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios.
2Pues dice él:  En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé.  Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación.
3A nadie damos ocasión alguna de tropiezo, para que no se haga mofa del ministerio,
4antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios: con mucha constancia en tribulaciones, necesidades, angustias;
5en azotes, cárceles, sediciones; en fatigas, desvelos, ayunos;
6en pureza, ciencia, paciencia, bondad; en el Espíritu Santo, en caridad sincera,
7en la palabra de verdad, en el poder de Dios; mediante las armas de la justicia: las de la derecha y las de la  izquierda;
8en gloria e ignominia, en calumnia y en buena fama; tenidos por impostores, siendo veraces;
9como desconocidos, aunque bien conocidos; como quienes están a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no  condenados a muerte;
10como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque  todo lo poseemos.
11¡Corintios!, os hemos hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha abierto de par en par.
12No está cerrado nuestro corazón para vosotros; los vuestros sí que lo están para nosotros.
13Correspondednos; os hablo como a hijos; abríos también vosotros.
14¡No unciros en yugo desigual con los infieles! Pues ¿qué relación hay entre la justicia y la iniquidad? ¿Qué unión  entre la luz y las tinieblas?
15¿Qué armonía entre Cristo y Beliar? ¿Qué participación entre el fiel y el infiel?
16¿Qué conformidad entre el santuario de Dios y el de los ídolos? Porque nosotros somos santuario de Dios vivo, como  dijo Dios:  Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
17 Por tanto, salid de entre ellos y apartaos, dice el Señor. No toquéis cosa impura, y yo os acogeré.
18 Yo seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso.

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2 Corintios 7
1Teniendo, pues, estas promesas, queridos míos, purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación en el temor de Dios.
2Dadnos lugar en vuestros corazones. A nadie hemos ofendido; a nadie hemos arruinado; a nadie hemos explotado.
3No os digo esto con ánimo de condenaros. Pues acabo de deciros que en vida y muerte estáis unidos en mi corazón.
4Tengo plena confianza en hablaros; estoy muy orgulloso de vosotros. Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.
5Efectivamente, en llegando a Macedonia, no tuvo sosiego nuestra carne, sino, toda suerte de tribulaciones: por  fuera, luchas; por dentro, temores.
6Pero el Dios que consuela a los humillados, nos consoló con la llegada de Tito,
7y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que le habíais proporcionado, comunicándonos vuestra añoranza, vuestro pesar, vuestro celo por mí hasta el punto de colmarme de alegría.
8Porque si os entristecí con mi carta, no me pesa. Y si me pesó - pues veo que aquella carta os entristeció, aunque no fuera más que por un momento -
9ahora me alegro. No por haberos entristecido, sino porque aquella tristeza os movió a arrepentimiento. Pues os  entristecisteis según Dios, de manera que de nuestra parte no habéis sufrido perjuicio alguno.
10En efecto, la tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación; mas la tristeza del mundo produce la muerte.
11Mirad qué ha producido entre vosotros esa tristeza según Dios: ¡qué interés y qué disculpas, qué enojo, qué temor, qué añoranza, qué celo, qué castigo! En todo habéis mostrado que erais inocentes en este asunto.
12Así pues, si os escribí no fue a causa del que injurió, ni del que recibió la injuria. Fue para que se pusiera de manifiesto entre vosotros ante Dios vuestro interés por nosotros.
13Eso es lo que nos ha consolado. Y mucho más que por este consuelo, nos hemos alegrado por el gozo de Tito, cuyo espíritu fue tranquilizado por  todos vosotros.
14Y si en algo me he gloriado de vosotros ante él, no he quedado avergonzado. Antes bien, así como os hemos dicho  siempre la verdad, así también el motivo de nuestra gloria ante Tito ha resultado verdadero.
15Y su corazón se inclina todavía más hacia vosotros al recordar la obediencia de todos vosotros y cómo le acogisteis  con temor y temblor.
16Me alegro de poder confiar totalmente en vosotros.

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2 Corintios 8
1Os damos a conocer, hermanos, la gracia que Dios ha otorgado a las Iglesias de Macedonia.
2Pues, aunque probados por muchas tribulaciones, su rebosante alegría y su extrema pobreza han desbordado en tesoros de generosidad.
3Porque atestiguo que según sus posibilidades, y aun sobre sus posibilidades, espontáneamente
4nos pedían con mucha insistencia la gracia de participar en el servicio en bien de los santos.
5Y superando nuestras esperanzas, se entregaron a sí mismos, primero al Señor, y luego a nosotros, por voluntad de Dios,
6de forma que rogamos a Tito llevara a buen término entre vosotros esta generosidad, tal como la había comenzado.
7Y del mismo modo que sobresalís en todo: en fe, en palabra, en ciencia, en todo interés y en la caridad que os hemos comunicado, sobresalid también en esta generosidad.
8No es una orden; sólo quiero, mediante el interés por los demás, probar la sinceridad de vuestra caridad.
9Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza.
10Os doy un consejo sobre el particular: que es lo que os conviene a vosotros, ya que desde el año pasado habéis  sido los primeros no sólo en hacer la colecta, sino también en tomar la iniciativa.
11Ahora llevadla también a cabo, de forma que a vuestra prontitud en la iniciativa corresponda la realización conforme a vuestras posibilidades.
12Pues si hay prontitud de voluntad es bien acogida con lo que se tenga, y no importa si nada se tiene.
13No que paséis apuros para que otros tengan abundancia, sino con igualdad.
14Al presente, vuestra abundancia remedia su necesidad, para que la abundancia de ellos pueda remediar también vuestra necesidad y reine la igualdad,
15como dice la Escritura:  El que mucho recogió, no tuvo de más; y el que poco, no tuvo de menos.
16¡Gracias sean dadas a Dios, que pone en el corazón de Tito el mismo interés por vosotros!,
17pues aceptó mi ruego y, más solícito que nunca, por propia iniciativa fue donde vosotros.
18Con él enviamos al hermano, cuyo renombre a causa del Evangelio se ha extendido por todas las Iglesias.
19Y no sólo eso, sino que fue designado por elección de todas las Iglesias como compañero nuestro de viaje en esta  generosidad, en que servimos nosotros para la gloria del mismo Señor, por iniciativa nuestra.
20Así evitaremos todo motivo de reproche por esta abundante suma que administramos;
21pues  procuramos el bien  no sólo  ante el Señor  sino  también ante los hombres.
22Con ellos os enviamos también al hermano nuestro, cuya solicitud tenemos ya comprobada muchas veces y de muchas  maneras; solicitud aún mayor ahora por la gran confianza que tiene en vosotros.
23En cuanto a Tito, es compañero y colaborador mío cerca de vosotros; en cuanto a los demás hermanos, son los delegados de las Iglesias: la gloria de Cristo.
24Mostrad, pues, ante la faz de las Iglesias, vuestra caridad y la razón de nuestro orgullo respecto de vosotros.

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2 Corintios 9
1En cuanto a este servicio en favor de los santos, me es superfluo escribiros.
2Conozco, en efecto, vuestra prontitud de ánimo, de la que me glorío ante los macedonios diciéndoles que Acaya está  preparada desde el año pasado. Y vuestro celo ha estimulado a muchísimos.
3No obstante, os envío a los hermanos para que nuestro motivo de gloria respecto de vosotros no se desvanezca en este particular y estéis preparados como os decía.
4No sea que vayan los macedonios conmigo y os encuentren sin prepararos, y nuestra gran confianza se torne en confusión  nuestra, por no decir vuestra.
5Por tanto, he creído necesario rogar a los hermanos que vayan antes donde vosotros y preparen de antemano vuestros ya anunciados generosos dones, a fin de que sean preparados como dones generosos y no como una tacañería.
6Mirad: el que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará  también en abundancia.
7Cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues:  Dios ama al que da con alegría.
8Y poderoso es Dios para colmaros de toda gracia a fin de que teniendo, siempre y en todo, todo lo necesario, tengáis  aún sobrante para toda obra buena.
9Como está escrito:  Repartió a manos llenas; dio a los pobres; su justicia permanece eternamente.
10Aquel que provee  de simiente al sembrador y de pan para su alimento,  proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará  los frutos de vuestra justicia.
11Sois ricos en todo para toda largueza, la cual provocará por nuestro medio acciones de gracias a Dios.
12Porque el servicio de esta ofrenda no sólo provee a las necesidades de los santos, sino que redunda también en abundantes acciones de gracias a Dios.
13Experimentando este servicio, glorifican a Dios por vuestra obediencia en la profesión del Evangelio de Cristo y por la generosidad de vuestra comunión con ellos y con todos.
14Y con su oración por vosotros, manifiestan su gran afecto hacia vosotros a causa de la gracia sobreabundante que en vosotros ha derramado Dios.
15¡Gracias sean dadas a Dios por su don inefable!

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2 Corintios 10
1Soy yo, Pablo en persona, quien os suplica por la mansedumbre y la benignidad de Cristo, yo tan humilde cara a  cara entre vosotros, y tan atrevido con vosotros desde lejos.
2Os ruego que no tenga que mostrarme atrevido en presencia vuestra, con esa audacia con que pienso atreverme contra  algunos que consideran procedemos según la carne.
3Pues aunque vivimos en la carne no combatimos según la carne.
4¡No!, las armas de nuestro combate no son carnales, antes bien, para la causa de Dios, son capaces de arrasar fortalezas. Deshacemos sofismas
5y toda altanería que se subleva contra el conocimiento de Dios y reducimos a cautiverio todo entendimiento para  obediencia de Cristo.
6Y estamos dispuestos a castigar toda desobediencia cuando vuestra obediencia sea perfecta.
7¡Mirad cara a cara! Si alguien cree ser de Cristo, considere una vez más dentro de sí mismo esto: si él es de Cristo, también lo somos nosotros.
8Y aun cuando me gloriara excediéndome algo, respecto de ese poder nuestro que el Señor nos dio para edificación vuestra y no para ruina, no me avergonzaría.
9Pues no quiero aparecer como que os atemorizo con mis cartas.
10Porque se dice que las cartas son severas y fuertes, mientras que la presencia del cuerpo es pobre y la palabra  despreciable.
11Piense ese tal que lo que somos a distancia y de palabra por carta, lo seremos también de cerca y de obra.
12Ciertamente no osamos igualarnos ni compararnos a algunos que se recomiendan a sí mismos. Midiéndose a sí mismos  según su opinión y comparándose consigo mismos, obran sin sentido.
13Nosotros, en cambio, no nos gloriaremos desmesuradamente; antes bien, nos mediremos a nosotros mismos por la norma que Dios mismo nos ha asignado como medida al hacernos llegar también hasta vosotros.
14Porque no traspasamos los límites debidos, como sería si no hubiéramos llegado hasta vosotros; hasta vosotros hemos  llegado con el Evangelio de Cristo.
15No nos gloriamos desmesuradamente a costa de los trabajos de los demás; sino que esperamos, mediante el progreso de vuestra fe, engrandecernos cada vez más en vosotros conforme a nuestra norma,
16extendiendo el Evangelio más allá de vosotros en lugar de gloriarnos en territorio ajeno por trabajos ya realizados.
17 El que se gloríe, gloríese en el Señor.
18Que no es hombre de probada virtud el que a sí mismo se recomienda, sino aquel a quien el Señor recomienda.

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2 Corintios 11
1¡Ojalá pudierais soportar un poco mi necedad! ¡Sí que me la soportáis!
2Celoso estoy de vosotros con celos de Dios. Pues os tengo desposados con un solo esposo para presentaros cual casta  virgen a Cristo.
3Pero temo que, al igual que la serpiente engañó a Eva con su astucia, se perviertan vuestras mentes apartándose de la sinceridad con Cristo.
4Pues, cualquiera que se presenta predicando otro Jesús del que os prediqué, y os proponga recibir un Espíritu diferente del que recibisteis, y un Evangelio diferente del que abrazasteis ¡lo toleráis tan bien!
5Sin embargo, no me juzgo en nada inferior a esos «superapóstoles».
6Pues si carezco de elocuencia, no así de ciencia; que en todo y en presencia de todos os lo hemos demostrado.
7¿Acaso tendré yo culpa porque me abajé a mí mismo para ensalzaros a vosotros anunciándoos gratuitamente el Evangelio de Dios?
8A otras Iglesias despojé, recibiendo de ellas con qué vivir para serviros.
9Y estando entre vosotros y necesitado, no fui gravoso a nadie; fueron los hermanos llegados de Macedonia los que  remediaron mi necesidad. En todo evité el seros gravoso, y lo seguiré evitando.
10¡Por la verdad de Cristo que está en mí!, que esta gloria no me será arrebatada en las regiones de Acaya.
11¿Por qué? ¿Porque no os amo? ¡Dios lo sabe!
12Y lo que hago, continuaré haciéndolo para quitar todo pretexto a los que lo buscan con el fin de ser iguales a  nosotros en lo que se glorían.
13Porque esos tales son unos falsos apóstoles, unos trabajadores engañosos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo.
14Y nada tiene de extraño: que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz.
15Por tanto, no es mucho que sus ministros se disfracen también de ministros de justicia. Pero su fin será conforme a sus obras.
16Digo una vez más que nadie me tome por fatuo; pero, aunque sea como fatuo, permitidme que también me gloríe yo un poco.
17Lo que os voy a decir, no lo diré según el Señor, sino como en un acceso de locura, en la seguridad de tener algo de qué gloriarme.
18Ya que tantos otros se glorían según la carne, también yo me voy a gloriar.
19Gustosos soportáis a los fatuos, ¡vosotros que sois sensatos!
20Soportáis que os esclavicen, que os devoren, que os roben, que se engrían, que os abofeteen.
21Para vergüenza vuestra lo digo; ¡como si nos hubiéramos mostrado débiles...! En cualquier cosa en que alguien presumiere - es un locura lo que digo - también presumo yo.
22¿Que son hebreos? También yo lo soy. ¿Que son israelitas? ¡También yo! ¿Son descendencia de Abraham? ¡También yo!
23¿Ministros de Cristo? - ¡Digo una locura! - ¡Yo más que ellos! Más en trabajos; más en cárceles; muchísimo más en azotes; en peligros de muerte, muchas veces.
24Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno.
25Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé en el abismo.
26Viajes frecuentes; peligros de ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos;
27trabajo y fatiga; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez.
28Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas las Iglesias.
29¿Quién desfallece sin que desfallezca yo? ¿Quién sufre escándalo sin que yo me abrase?
30Si hay que gloriarse, en mi flaqueza me gloriaré.
31El Dios y Padre del Señor Jesús, ¡bendito sea por todos los siglos!, sabe que no miento.
32En Damasco, el etnarca del rey Aretas tenía puesta guardia en la ciudad de los damascenos con el fin de prenderme.
33Por una ventana y en una espuerta fui descolgado muro abajo. Así escapé de sus manos.

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2 Corintios 12
1¿Que hay que gloriarse? - aunque no trae ninguna utilidad -; pues vendré a las visiones y revelaciones del Señor.
2Sé de un hombre en Cristo, el cual hace catorce años - si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe -  fue arrebatado hasta el tercer cielo.
3Y sé que este hombre - en el cuerpo o fuera del cuerpo del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe -
4fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar.
5De ese tal me gloriaré; pero en cuanto a mí, sólo me gloriaré en mis flaquezas.
6Si pretendiera gloriarme no haría el fatuo, diría la verdad. Pero me abstengo de ello. No sea que alguien se forme de mí una idea superior a lo que en mí ve u oye de mí.
7Y por eso, para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón a mi carne, un ángel  de Satanás que me abofetea para que no me engría.
8Por este motivo tres veces rogué al Señor que se alejase de mí.
9Pero él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto  seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo.
10Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte.
11¡Vedme aquí hecho un loco! Vosotros me habéis obligado. Pues vosotros debíais recomendarme, porque en nada he sido inferior a esos «superapóstoles», aunque nada soy.
12Las características del apóstol se vieron cumplidas entre vosotros: paciencia perfecta en los sufrimientos y también  señales, prodigios y milagros.
13Pues ¿en qué habéis sido inferiores a las demás Iglesias, excepto en no haberos sido yo gravoso? ¡Perdonadme este agravio!
14Mirad, es la tercera vez que estoy a punto de ir a vosotros, y no os seré gravoso, pues no busco vuestras cosas sino a vosotros. Efectivamente, no corresponde a los hijos atesorar para los padres, sino a los padres atesorar para los hijos.
15Por mi parte, muy gustosamente gastaré y me desgastaré totalmente por vuestras almas. Amándoos más ¿seré yo menos amado?
16Es verdad, en nada os fui gravoso; pero en mi astucia, os capturé con dolo.
17¿Acaso os exploté por alguno de los que os envié?
18Invité a Tito y mandé con él al hermano. ¿Os ha explotado acaso Tito? ¿No hemos obrado según el mismo espíritu? ¿No hemos seguido las mismas huellas?
19Hace tiempo, pensáis, que nos estamos justificando delante de vosotros. Delante de Dios, en Cristo, estamos hablando. Y todo esto, queridos míos, para edificación vuestra.
20En efecto, temo que a mi llegada no os encuentre como yo querría; ni me encontréis como querríais: que haya discordias, envidias, iras, disputas, calumnias, murmuraciones, insolencias, desórdenes.
21Temo que en mi próxima visita el Señor me humille por causa vuestra y tenga que llorar por muchos que anteriormente  pecaron y no se convirtieron de sus actos de impureza, fornicación y libertinaje.

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2 Corintios 13
1Por tercera vez voy a vosotros.  Por la palabra de dos o tres testigos se zanjará todo asunto.
2Ya lo tengo dicho a los que anteriormente pecaron y a todos los demás, y vuelvo a decirlo de antemano ahora que estoy ausente, lo mismo que la segunda vez estando presente: Si vuelvo otra vez, obraré sin miramientos,
3ya que queréis una prueba de que habla en mí Cristo, el cual no es débil para con vosotros, sino poderoso entre  vosotros.
4Pues, ciertamente, fue crucificado en razón de su flaqueza, pero está vivo por la fuerza de Dios. Así también nosotros: somos débiles en él, pero viviremos con él por la fuerza de Dios sobre vosotros.
5Examinaos vosotros mismos si estáis en la fe. Probaos a vosotros mismos. ¿No reconocéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A no ser que os encontréis ya reprobados!
6Espero que reconoceréis que nosotros no estamos reprobados.
7Rogamos a Dios que no hagáis mal alguno. No para que nosotros aparezcamos probados, sino para que obréis el bien, aun cuando quedáramos nosotros reprobados.
8Pues nada podemos contra la verdad, sino sólo a favor de la verdad.
9Ciertamente, nos alegramos cuando somos nosotros débiles y vosotros fuertes. Lo que pedimos es vuestro perfeccionamiento.
10Por eso os escribo esto ausente, para que, presente, no tenga que obrar con severidad conforme al poder que me otorgó el Señor para edificar y no para destruir.
11Por lo demás, hermanos, alegraos; sed perfectos; animaos; tened un mismo sentir; vivid en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estará con vosotros.
12Saludaos mutuamente con el beso santo. Todos los santos os saludan.
13La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.


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