PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL
LORCA






























EPÍSTOLA A LOS GÁLATAS 


CAPÍTULOS
1  2  3  4  5  6


Gálatas 1
1Pablo, apóstol, no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos,
2y todos los hermanos que conmigo están, a las Iglesias de Galacia.
3Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo,
4que se entregó a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso, según la voluntad de nuestro Dios y Padre,
5a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
6Me maravillo de que abandonando al que os llamó por la gracia de Cristo, os paséis tan pronto a otro evangelio
7- no que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren deformar el Evangelio de Cristo -.
8Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!
9Como lo tenemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema!
10Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo.
11Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano,
12pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
13Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba,
14y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres.
15Mas, cuando Aquel que me separó  desde el seno de mi madre  y me  llamó  por su gracia, tuvo a bien
16revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre,
17sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco.
18Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía.
19Y no vi a ningún otro apóstol, y sí a Santiago, el hermano del Señor.
20Y en lo que os escribo, Dios me es testigo de que no miento.
21Luego me fui a las regiones de Siria y Cilicia;
22pero personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo.
23Solamente habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería  destruir».
24Y glorificaban a Dios a causa de mí.

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Gálatas 2
1Luego, al cabo de catorce años, subí nuevamente a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo también a Tito.
2Subí movido por una revelación y les expuse el Evangelio que proclamo entre los gentiles - tomando aparte a los  notables - para saber si corría o había corrido en vano.
3Pues bien, ni siquiera Tito que estaba conmigo, con ser griego, fue obligado a circuncidarse.
4Pero, a causa de los intrusos, los falsos hermanos que solapadamente se infiltraron para espiar la libertad que  tenemos en Cristo Jesús, con el fin de reducirnos a esclavitud,
5a quienes ni por un instante cedimos, sometiéndonos, a fin de salvaguardar para vosotros la verdad del Evangelio...
6Y de parte de los que eran tenidos por notables - ¡qué me importa lo que fuesen!: en Dios no hay acepción de personas - en todo caso, los notables nada nuevo me impusieron.
7Antes al contrario, viendo que me había sido confiada la evangelización de los incircuncisos, al igual que a Pedro  la de los circuncisos,
8- pues el que actuó en Pedro para hacer de él un apóstol de los circuncisos, actuó también en mí para hacerme apóstol de los gentiles -
9y reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos tendieron la mano en señal de comunión a mí y a Bernabé: nosotros nos iríamos a los gentiles y ellos  a los circuncisos;
10sólo que nosotros debíamos tener presentes a los pobres, cosa que he procurado cumplir con todo esmero.
11Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión.
12Pues antes que llegaran algunos del grupo de Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquéllos llegaron, se le vio recatarse y separarse por temor de los circuncisos.
13Y los demás judíos le imitaron en su simulación, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado por la  simulación de ellos.
14Pero en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?»
15Nosotros somos judíos de nacimiento y no gentiles pecadores; a pesar de todo,
16conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley  nadie será justificado.
17Ahora bien, si buscando nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, ¿estará  Cristo al servicio del pecado? ¡De ningún modo!
18Pues si vuelvo a edificar lo que una vez destruí, a mí mismo me declaro transgresor.
19En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy crucificado:
20y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.
21No tengo por inútil la gracia de Dios, pues si por la ley se obtuviera la justificación, entonces hubiese muerto  Cristo en vano.

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Gálatas 3
1¡Oh insensatos gálatas! ¿Quién os fascinó a vosotros, a cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado?
2Quiero saber de vosotros una sola cosa: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por la fe en la predicación?
3¿Tan insensatos sois? Comenzando por espíritu, ¿termináis ahora en carne?
4¿Habéis pasado en vano por tales experiencias? ¡Pues bien en vano sería!
5El que os otorga, pues, el Espíritu y obra milagros entre vosotros, ¿lo hace porque observáis la ley o porque tenéis fe en la predicación?
6Así Abraham  creyó en Dios y le fue reputado como justicia.
7Tened, pues, entendido que los que viven de la fe, ésos son los hijos de Abraham.
8La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció con antelación a Abraham esta buena  nueva:  En ti serán bendecidas todas las naciones.
9Así pues, los que viven de la fe son bendecidos con Abraham el creyente.
10Porque todos los que viven de las obras de la ley incurren en maldición. Pues dice la Escritura:  Maldito todo el que no se mantenga en la práctica de todos los preceptos escritos en el libro de la Ley.
11- Y que la ley no justifica a nadie ante Dios es cosa evidente, pues  el justo vivirá por la fe;
12pero la ley no procede de la fe, sino que  quien practique sus preceptos, vivirá por ellos -
13Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura:  Maldito todo el que está colgado de un madero,
14a fin de que llegara a los gentiles, en Cristo Jesús, la bendición de Abraham, y por la fe recibiéramos el Espíritu de la Promesa.
15Hermanos, voy a explicarme al modo humano: aun entre los hombres, nadie anula ni añade nada a un testamento hecho  en regla.
16Pues bien, las promesas fueron dirigidas a Abraham  y a  su  descendencia.  No dice: «y a los descendientes», como si fueran muchos, sino a uno solo,  a tu descendencia,  es decir, a Cristo.
17Y digo yo: Un testamento ya hecho por Dios en debida forma, no puede ser anulado por la ley, que llega 430 años más tarde, de tal modo que la promesa quede anulada.
18Pues si la herencia dependiera de la ley, ya no procedería de la promesa, y sin embargo, Dios otorgó a Abraham  su favor en forma de promesa.
19Entonces, ¿para qué la ley? Fue añadida en razón de las transgresiones hasta que llegase la descendencia, a quien  iba destinada la promesa, ley que fue promulgada por los ángeles y con la intervención de un mediador.
20Ahora bien, cuando hay uno solo no hay mediador, y Dios es uno solo.
21Según eso, ¿la ley se opone a las promesas de Dios? ¡De ningún modo! Si de hecho se nos hubiera otorgado una ley capaz de vivificar, en ese caso la justicia vendría realmente de la ley.
22Pero, de hecho, la Escritura encerró todo bajo el pecado, a fin de que la Promesa fuera otorgada a los creyentes  mediante la fe en Jesucristo.
23Y así, antes de que llegara la fe, estábamos encerrados bajo la vigilancia de la ley, en espera de la fe que debía manifestarse.
24De manera que la ley ha sido nuestro pedagogo hasta Cristo, para ser justificados por la fe.
25Mas, una vez llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo.
26Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
27En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo:
28ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
29Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abraham, herederos según la Promesa.

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Gálatas 4
1Pues yo digo: Mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia de un esclavo, con ser dueño de todo;
2sino que está bajo tutores y administradores hasta el tiempo fijado por el padre.
3De igual manera, también nosotros, cuando éramos menores de edad, vivíamos como esclavos bajo los elementos del mundo.
4Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley,
5para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva.
6La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre!
7De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios.
8Pero en otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que en realidad no son dioses.
9Mas, ahora que habéis conocido a Dios, o mejor, que él os ha conocido, ¿cómo retornáis a esos elementos sin fuerza  ni valor, a los cuales queréis volver a servir de nuevo?
10Andáis observando los días, los meses, las estaciones, los años.
11Me hacéis temer no haya sido en vano todo mi afán por vosotros.
12Os ruego que os hagáis como yo, pues yo me hice como vosotros. Ningún agravio me hicisteis.
13Pero bien sabéis que una enfermedad me dio ocasión para evangelizaros por primera vez;
14y, no obstante la prueba que suponía para vosotros mi cuerpo, no me mostrasteis desprecio ni repulsa, sino que me recibisteis como a un ángel de Dios: como a Cristo Jesús.
15¿Dónde están ahora los parabienes que os dabais? Pues yo mismo puedo atestiguaros que os hubierais arrancado los ojos, de haber sido posible, para dármelos.
16¿Es que me he vuelto enemigo vuestro diciéndoos la verdad?
17El celo que ésos muestran por vosotros no es bueno; quieren alejaros de mí para que mostréis celo por ellos.
18Bien está procurarse el celo de otros para el bien, siempre, y no sólo cuando yo estoy entre vosotros,
19¡hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros.
20Quisiera hallarme ahora en medio de vosotros para poder acomodar el tono de mi voz, pues no sé cómo habérmelas  con vosotros.
21Decidme vosotros, los que queréis estar sometidos a la ley: ¿No oís la ley?.
22Pues dice la Escritura que Abraham tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de la libre.
23Pero el de la esclava nació según la naturaleza; el de la libre, en virtud de la Promesa.
24Hay en ello una alegoría: estas mujeres representan dos alianzas; la primera, la del monte Sinaí, madre de los esclavos, es Agar,
25(pues el monte Sinaí está en Arabia) y corresponde a la Jerusalén actual, que es esclava, y lo mismo sus hijos.
26Pero la Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre,
27pues dice la Escritura:  Regocíjate estéril, la que no das hijos; rompe en gritos de júbilo, la que no conoces  los dolores de parto, que más son los hijos de la abandonada que los de la casada.
28Y vosotros, hermanos, a la manera de Isaac, sois hijos de la Promesa.
29Pero, así como entonces el nacido según la naturaleza perseguía al nacido según el espíritu, así también ahora.
30Pero ¿qué dice la Escritura?  Despide a la esclava y a su hijo, pues no ha de heredar el hijo de la esclava juntamente con el hijo  de la libre.
31Así que, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

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Gálatas 5
1Para ser libres nos libertó Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la  esclavitud.
2Soy yo, Pablo, quien os lo dice: Si os dejáis circuncidar, Cristo no os aprovechará nada.
3De nuevo declaro a todo hombre que se circuncida que queda obligado a practicar toda la ley.
4Habéis roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley. Os habéis apartado de la gracia.
5Pues a nosotros nos mueve el Espíritu a aguardar por la fe los bienes esperados por la justicia.
6Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por la caridad.
7Comenzasteis bien vuestra carrera, ¿quién os puso obstáculo para no seguir a la verdad?
8Semejante persuasión no proviene de Aquel que os llama.
9Un poco de levadura fermenta toda la masa.
10Por mi parte, confío en el Señor que vosotros no pensaréis de otra manera; pero el que os perturba llevará su castigo, quienquiera que sea.
11En cuanto a mí, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué soy todavía perseguido? ¡Pues se acabó ya el  escándalo de la cruz!
12¡Ojalá que se mutilaran los que os perturban!
13Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos por amor los unos a los otros.
14Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto:  Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
15Pero si os mordéis y os devoráis mutuamente, ¡mirad no vayáis mutuamente a destruiros!
16Por mi parte os digo: Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne.
17Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais.
18Pero, si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
19Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje,
20idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones,
21envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.
22En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,
23mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley.
24Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias.
25Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu.
26No busquemos la gloria vana provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.

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IGálatas 6
1Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado.
2Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo.
3Porque si alguno se imagina ser algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo.
4Examine cada cual su propia conducta y entonces tendrá en sí solo, y no en otros, motivo para glorificarse,
5pues cada uno tiene que llevar su propia carga.
6Que el discípulo haga partícipe en toda suerte de bienes al que le instruye en la Palabra.
7No os engañéis; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará:
8el que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna.
9No nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos.
10Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.
11Mirad con qué letras tan grandes os escribo de mi propio puño.
12Los que quieren ser bien vistos en lo humano, ésos os fuerzan a circuncidaros, con el único fin de evitar la persecución  por la cruz de Cristo.
13Pues ni siquiera esos mismos que se circuncidan cumplen la ley; sólo desean veros circuncidados para gloriarse en vuestra carne.
14En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo  es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!
15Porque nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión, sino la creación nueva.
16Y para todos los que se sometan a esta regla, paz y misericordia, lo mismo que para el Israel de Dios.
17En adelante nadie me moleste, pues llevo sobre mi cuerpo las señales de Jesús.
18Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.

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