PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL
LORCA






























EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 


CAPÍTULOS
1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16  17  18  19  20  21  22  23  24


Lucas 1
1Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros,
2tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra,
3he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo,
4para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
5Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel;
6los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor.
7No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.
8Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo,
9le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.
10Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso.
11Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
12Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él.
13El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan;
14será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento,
15porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre,
16y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios,
17e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías,  para hacer volver los corazones de los padres a los  hijos,  y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.»
18Zacarías dijo al ángel:  «¿En qué lo conoceré?  Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad.»
19El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva.
20Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito  a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.»
21El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario.
22Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas, y permaneció mudo.
23Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa.
24Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses
25diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres.»
26Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
28Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
29Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
30El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
31vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
32El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
33reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
34María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
35El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por  eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
36Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
37 porque ninguna cosa es imposible para Dios.»
38Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.
39En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá;
40entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
41Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena  de Espíritu Santo;
42y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno;
43y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?
44Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.
45¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
46Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor
47y mi espíritu  se alegra en Dios mi salvador
48porque  ha puesto los ojos en la humildad de su esclava,  por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán    bienaventurada,
49porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso,  Santo es su nombre
50 y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
51Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
52 Derribó a los potentados  de sus tronos  y exaltó a los humildes.
53 A los hambrientos colmó de bienes  y despidió a los ricos sin nada.
54 Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
55- como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos.»
56María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
57Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo.
58Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella.
59Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías,
60pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan.»
61Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre.»
62Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase.
63El pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Y todos quedaron admirados.
64Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.
65Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas;
66todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.
67Zacarías, su padre, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo:
68 «Bendito el Señor Dios de Israel  porque ha visitado y  redimido a su pueblo.
69y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo,
70como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas,
71que nos salvaría de nuestros  enemigos y de las manos de  todos  los que nos odiaban
72haciendo  misericordia  a  nuestros padres y recordando su  santa  alianza
73y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos
74que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor
75en santidad y justicia delante de él todos nuestros días.
76Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante  del Señor  para  preparar sus caminos
77y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados,
78por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura,
79a fin de iluminar  a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte  y guiar nuestros pasos por el  camino de la paz.»
80El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

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Lucas 2
1Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo.
2Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino.
3Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
4Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David,
5para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
6Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento,
7y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.
8Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño.
9Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor.
10El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo:
11os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor;
12y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
13Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
14«Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»
15Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.»
16Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
17Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño;
18y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.
19María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.
20Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
21Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.
22Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén  para presentarle al Señor,
23como está escrito en la Ley del Señor:  Todo varón primogénito será consagrado al Señor
24y para ofrecer en sacrificio  un par de tórtolas o dos pichones , conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
25Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo.
26Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor.
27Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él,
28le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
29«Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz;
30porque han visto mis ojos tu salvación,
31la que has preparado a la vista de todos los pueblos,
32luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.»
33Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él.
34Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -
35¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos  corazones.»
36Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido,
37y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.
38Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
39Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
40El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.
41Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.
42Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta
43y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres.
44Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos;
45pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.
46Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles;
47todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.
48Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.»
49El les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
50Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.
51Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.
52Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

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Lucas 3
1En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de  Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene;
2en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,
4como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:  Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas;
5 todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.
6 Y todos verán la salvación de Dios.
7Decía, pues, a la gente que acudía para ser bautizada por él: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de  la ira inminente?
8Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
9Y ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al  fuego.»
10La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?»
11Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que  haga lo mismo.»
12Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?»
13El les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado.»
14Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada.»
15Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo;
16respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
17En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»
18Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.
19Pero Herodes, el tetrarca, reprendido por él a causa de Herodías, la mujer de su hermano, y a causa de todas las  malas acciones que había hecho,
20añadió a todas ellas la de encerrar a Juan en la cárcel.
21Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo,
22y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo:  «Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado.»
23Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José, hijo de Helí,
24hijo de Mattat, hijo de Leví, hijo de Melkí, hijo de Jannái, hijo de José,
25hijo de Mattatías, hijo de Amós, hijo de Naúm, hijo de Eslí, hijo de Nangay,
26hijo de Maaz, hijo de Mattatías, hijo de Semeín, hijo de Josec, hijo de Jodá,
27hijo de Joanán, hijo de Resá, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Nerí,
28hijo de Melkí, hijo de Addí, hijo de Cosam, hijo de Elmadam, hijo de Er,
29hijo de Jesús, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Mattat, hijo de Leví,
30hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonam, hijo de Eliaquim,
31hijo de Meleá, hijo de Menná, hijo de Mattatá, hijo de Natán, hijo de David,
32hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Sala, hijo de Naassón,
33hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá,
34hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tara, hijo de Najor,
35hijo de Serug, hijo de Ragáu, hijo de Fálek, hijo de Eber, hijo de Sala,
36hijo de Cainam, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lámek,
37hijo de Matusalén, hijo de Henoc, hijo de Járet, hijo de Maleleel, hijo de Cainam,
38hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adam, hijo de Dios.

INICIO

Lucas 4
1Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto,
2durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre.
3Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.»
4Jesús le respondió: «Esta escrito:  No sólo de pan vive el hombre.»
5Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra;
6y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero.
7Si, pues, me adoras, toda será tuya.»
8Jesús le respondió: «Esta escrito:  Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.»
9Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo;
10porque está escrito:  A sus ángeles te encomendará para que te guarden.
11Y:  En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»
12Jesús le respondió: «Está dicho:  No tentarás al Señor tu Dios.»
13Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.
14Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región.
15El iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.
16Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura.
17Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:
18 El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos    y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos
19 y proclamar un año de gracia del Señor.
20Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.
21Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.»
22Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»
23El les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.»
24Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.»
25«Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país;
26y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a  una mujer viuda de Sarepta de Sidón.
27Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.»
28Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira;
29y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle.
30Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.
31Bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
32Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.
33Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces:
34«¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.»
35Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él.» Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño.
36Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen.»
37Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.
38Saliendo de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por  ella.
39Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles.
40A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
41Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él, conminaba y no les  permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.
42Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde él, trataban  de retenerle para que no les dejara.
43Pero él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto  he sido enviado.»
44E iba predicando por las sinagogas de Judea.

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Lucas 5
1Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios,
2cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes.
3Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
4Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.»
5Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.»
6Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse.
7Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto  las dos barcas que casi se hundían.
8Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.»
9Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado.
10Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.»
11Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.
12Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
13El extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante le desapareció la lepra.
14Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»
15Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades.
16Pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.
17Un día que estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones.
18En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de él.
19Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a  través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús.
20Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados.»
21Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados  sino sólo Dios?»
22Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones?
23¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te quedan perdonados”, o decir: “Levántate y anda”?
24Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados, - dijo al paralítico -: “A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.»
25Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios.
26El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles.»
27Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
28El, dejándolo todo, se levantó y le siguió.
29Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa  con ellos.
30Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?»
31Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal.
32No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores.»
33Ellos le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben.»
34Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?
35Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días.»
36Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo,  desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo.
37«Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder;
38sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos.
39Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: «El añejo es el bueno.»

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Lucas 6
1Sucedió que cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con  las manos.
2Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?»
3Y Jesús les respondió: «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban,
4cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?»
5Y les dijo: «El Hijo del hombre es señor del sábado.»
6Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano  derecha seca.
7Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle.
8Pero él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte ahí en medio.»  El, levantándose, se puso allí.
9Entonces Jesús les dijo: «Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una  vida en vez de destruirla.»
10Y mirando a todos ellos, le dijo: «Extiende tu mano.» El lo hizo, y quedó restablecida su mano.
11Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.
12Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios.
13Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles.
14A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé,
15a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo  y Simón, llamado Zelotes;
16a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.
17Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre  del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
18que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados.
19Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
20Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
21Bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.
22Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre.
23Alegráos ese día y saltad de gozo, que vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas.
24«Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo.
25¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción    y llanto.
26¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.
27«Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien,
28bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen.
29Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
30A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames.
31Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente.
32Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman.
33Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto!
34Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente.
35Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.
36«Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo.
37No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.
38Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.»
39Les añadió una parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
40No está el discípulo por encima del maestro. Todo el que esté bien formado, será como su maestro.
41¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?
42¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo”, no viendo tú mismo la viga  que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.
43«Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno.
44Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas.
45El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.
46«¿Por qué me llamáis: “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?
47«Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante:
48Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir  una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada.
49Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella  casa.»

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Lucas 7
1Cuando hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm.
2Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste.
3Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo.
4Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: «Merece que se lo concedas,
5porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga.»
6Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo,
7por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado.
8Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: “Vete”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.»
9Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.»
10Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.
11Y sucedió que a continuación se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre.
12Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad.
13Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores.»
14Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.»
15El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él  se lo dio a su madre.
16El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».
17Y lo que se decía de él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.
18Sus discípulos llevaron a Juan todas estas noticias. Entonces él, llamando a dos de ellos,
19los envió a decir al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»
20Llegando donde él aquellos hombres, dijeron: «Juan el Bautista nos ha enviado a decirte: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?»
21En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias, y de malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos.
22Y les respondió: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos  quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
23¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»
24Cuando los mensajeros de Juan se alejaron, se puso a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
25¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten magníficamente y viven con molicie están en los palacios.
26Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta.
27Este es de quien está escrito:  He aquí que envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino.
28«Os digo: Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan; sin embargo el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él.
29Todo el pueblo que le escuchó, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, haciéndose bautizar con  el bautismo de Juan.
30Pero los fariseos y los legistas, al no aceptar el bautismo de él, frustraron el plan de Dios sobre ellos.
31«¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen?
32Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: “Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonando endechas, y no habéis llorado.”
33«Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: “Demonio tiene.”
34Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos  y pecadores.”
35Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.»
36Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa.
37Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un  frasco de alabastro de perfume,
38y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.
39Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.»
40Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» El dijo: «Di, maestro.»
41Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta.
42Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?»
43Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.» El le dijo: «Has juzgado bien»,
44y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos.
45No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies.
46No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume.
47Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.»
48Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.»
49Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?»
50Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»

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Lucas 8
1Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce,
2y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la  que habían salido siete demonios,
3Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
4Habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a él de todas las ciudades, dijo en parábola:
5«Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las  aves del cielo se la comieron;
6otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad;
7otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron.
8Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»
9Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola,
10y él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que  viendo, no vean y, oyendo, no entiendan.
11«La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios.
12Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven.
13Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten.
14Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez.
15Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.
16«Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
17Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto.
18Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará.»
19Se presentaron donde él su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente.
20Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.»
21Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen.»
22Sucedió que cierto día subió a una barca con sus discípulos, y les dijo: «Pasemos a la otra orilla del lago.» Y se hicieron a la mar.
23Mientras ellos navegaban, se durmió. Se abatió sobre el lago una borrasca; se inundaba la barca y estaban en peligro.
24Entonces, acercándose, le despertaron, diciendo: «¡Maestro, Maestro, que perecemos!» El, habiéndose despertado, increpó al viento y al oleaje, que amainaron, y sobrevino la bonanza.
25Entonces les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» Ellos, llenos de temor, se decían entre sí maravillados: «Pues ¿quién es éste, que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?»
26Arribaron a la región de los gerasenos, que está frente a Galilea.
27Al saltar a tierra, vino de la ciudad a su encuentro un hombre, poseído por los demonios, y que hacía mucho tiempo que no llevaba vestido, ni moraba en una casa, sino en los sepulcros.
28Al ver a Jesús, cayó ante él, gritando con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te suplico que no me atormentes.»
29Es que él había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre; pues en muchas ocasiones se apoderaba de él; le sujetaban con cadenas y grillos para custodiarle, pero rompiendo las ligaduras era empujado por el demonio al desierto.
30Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre? «El contestó: «Legión»; porque habían entrado en él muchos demonios.
31Y le suplicaban que no les mandara irse al abismo.
32Había allí una gran piara de puercos que pacían en el monte; y le suplicaron que les permitiera entrar en ellos; y se lo permitió.
33Salieron los demonios de aquel hombre y entraron en los puercos; y la piara se arrojó al lago de lo alto del precipicio, y se ahogó.
34Viendo los porqueros lo que había pasado, huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas.
35Salieron, pues, a ver lo que había ocurrido y, llegando donde Jesús, encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio, a los pies de Jesús; y se llenaron de temor.
36Los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.
37Entonces toda la gente del país de los gerasenos le rogaron que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de gran temor. El, subiendo a la barca, regresó.
38El hombre de quien habían salido los demonios, le pedía estar con él; pero le despidió, diciendo:
39«Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho contigo.» Y fue por toda la ciudad proclamando todo lo que  Jesús había hecho con él.
40Cuando regresó Jesús, le recibió la muchedumbre, pues todos le estaban esperando.
41Y he aquí que llegó un hombre, llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba entrara en su casa,
42porque tenía una sola hija, de unos doce años, que estaba muriéndose. Mientras iba, las gentes le ahogaban.
43Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie,
44se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre.
45Jesús dijo: «¿Quién me ha tocado?» Como todos negasen, dijo Pedro: «Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen.»
46Pero Jesús dijo: «Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí.»
47Viéndose descubierta la mujer, se acercó temblorosa, y postrándose ante él, contó delante de todo el pueblo por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada.
48El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz.»
49Estaba todavía hablando, cuando uno de casa del jefe de la sinagoga llega diciendo: «Tu hija  está muerta. No molestes ya al Maestro.»
50Jesús, que lo oyó, le dijo: «No temas; solamente ten fe y se salvará.»
51Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago, al padre y a la madre de la niña.
52Todos la lloraban y se lamentaban, pero él dijo: «No lloréis, no ha muerto; está dormida.»
53Y se burlaban de él, pues sabían que estaba  muerta.
54El, tomándola de la mano, dijo en voz alta: «Niña, levántate.»
55Retornó el espíritu a ella, y al punto se levantó; y él mandó que le dieran a ella de comer.
56Sus padres quedaron estupefactos, y él les ordenó que a nadie dijeran lo que había pasado.

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Lucas 9
1Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades;
2y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar.
3Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno.
4Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí.
5En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio  contra ellos.»
6Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.
7Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos;
8otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado.
9Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Y buscaba verle.
10Cuando los apóstoles regresaron, le contaron cuanto habían hecho. Y él, tomándolos consigo, se retiró aparte, hacia una ciudad llamada Betsaida.
11Pero las gentes lo supieron, y le siguieron; y él, acogiéndolas, les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados.
12Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan  a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.»
13El les dijo: «Dadles vosotros de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces;  a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.»
14Pues había como 5.000 hombres. El dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.»
15Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos.
16Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente.
17Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.
18Y sucedió que mientras él estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos y él les preguntó: «¿Quién dice  la gente que soy yo?»
19Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había  resucitado.»
20Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contestó: «El Cristo de Dios.»
21Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.
22Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.»
23Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
24Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará.
25Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?
26Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, de ése se avergonzará el Hijo del hombre, cuando venga en su  gloria, en la de su Padre y en la de los santos ángeles.
27«Pues de verdad os digo que hay algunos, entre los aquí presentes, que no gustarán la muerte hasta que vean el  Reino de Dios.»
28Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar.
29Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante,
30y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías;
31los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.
32Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
33Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía.
34Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor.
35Y vino una voz desde la nube, que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle.»
36Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.
37Sucedió que al día siguiente, cuando bajaron del monte, le salió al encuentro mucha gente.
38En esto, un hombre de entre la gente empezó a gritar: «Maestro, te suplico que mires a mi hijo, porque es el único que tengo,
39y he aquí que un espíritu se apodera de él y de pronto empieza a dar gritos, le hace retorcerse echando espuma, y difícilmente se aparta de él, dejándole quebrantado.
40He pedido a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.»
41Respondió Jesús: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros y habré de soportaros? ¡Trae acá a tu hijo!»
42Cuando se acercaba, el demonio le arrojó por tierra y le agitó violentamente; pero Jesús increpó al espíritu inmundo, curó al niño y lo devolvió a su padre;
43y todos quedaron atónitos ante la grandeza de Dios. Estando todos maravillados por todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos:
44«Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»
45Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.
46Se suscitó una discusión entre ellos sobre quién de ellos sería el mayor.
47Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado,
48y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor.»
49Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros.»
50Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros.»
51Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén,
52y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada;
53pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén.
54Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?»
55Pero volviéndose, les reprendió;
56y se fueron a otro pueblo.
57Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.»
58Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde  reclinar la cabeza.»
59A otro dijo: «Sígueme.» El respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.»
60Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.»
61También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.»
62Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.»

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Lucas 10
1Después de esto, designó el Señor a otros 72, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir.
2Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
3Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos.
4No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino.
5En la casa en que entréis, decid primero: “Paz a esta casa.”
6Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros.
7Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa.
8En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan;
9curad los enfermos que haya en ella, y decidles: “El Reino de Dios está cerca de vosotros.”
10En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid:
11“Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Dios está cerca.”
12Os digo que en aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad.
13«¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido.
14Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras.
15Y tú, Cafarnaúm,  ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás!
16«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza  a mí, rechaza al que me ha enviado.»
17Regresaron los 72 alegres, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
18El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
19Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño;
20pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los  cielos.»
21En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.
22Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»
23Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis!
24Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.»
25Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?»
26El le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?»
27Respondió:  «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas  y con toda  tu mente;  y a tu prójimo como a ti mismo.»
28Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.»
29Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?»
30Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto.
31Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo.
32De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo.
33Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión;
34y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le  llevó a una posada y cuidó de él.
35Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.”
36¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?»
37El dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.»
38Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa.
39Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra,
40mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.»
41Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas;
42y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.»

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Lucas 11
1Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.»
2El les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino,
3danos cada día nuestro pan cotidiano,
4y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos    debe, y no nos dejes caer en tentación.»
5Les dijo también: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: “Amigo, préstame tres panes,
6porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle”,
7y aquél, desde dentro, le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos”,
8os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.»
9Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
10Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
11¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra;
12o, si pide un huevo, le da un escorpión?
13Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»
14Estaba expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio, rompió a hablar el mudo, y las  gentes se admiraron.
15Pero algunos de ellos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios.»
16Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo.
17Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra  casa, cae.
18Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?.. porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul.
19Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros  jueces.
20Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.
21Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro;
22pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos.»
23«El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
24«Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: “Me volveré a mi casa, de donde salí.”
25Y al llegar la encuentra barrida y en orden.
26Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene  a ser peor que el principio.»
27Sucedió que, estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y dijo: «¡Dichoso el seno  que te llevó y los pechos que te criaron!»
28Pero él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.»
29Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no  se le dará otra señal que la señal de Jonás.
30Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación.
31La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella  vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.
32Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.
33«Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor.
34La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está luminoso; pero cuando está  malo, también tu cuerpo está a oscuras.
35Mira, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad.
36Si, pues, tu cuerpo está enteramente luminoso, no teniendo parte alguna oscura, estará tan enteramente luminoso, como cuando la lámpara te ilumina con su fulgor.»
37Mientras hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa.
38Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer.
39Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro  estáis llenos de rapiña y maldad.
40¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior?
41Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros.
42Pero, ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis  a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello.
43¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas!
44¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!»
45Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!»
46Pero él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros  no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!
47«¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron!
48Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros  edificáis.
49«Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán,
50para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del  mundo,
51desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro  que se pedirán cuentas a esta generación.
52«¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que  están entrando se lo habéis impedido.»
53Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas,
54buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.

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Lucas 12
1En esto, habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, se puso a decir primeramente a sus discípulos: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.
2Nada hay encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse.
3Porque cuanto dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados.
4«Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
5Os mostraré a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése.
6«¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios.
7Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos.
8«Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él  ante los ángeles de Dios.
9Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
10«A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu  Santo, no se le perdonará.
11Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os  defenderéis, o qué diréis,
12porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir.»
13Uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.»
14El le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?»
15Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.»
16Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto;
17y pensaba entre sí, diciendo: “¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?”
18Y dijo: “Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo  y mis bienes,
19y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea.”
20Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?”
21Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios.»
22Dijo a sus discípulos: «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis:
23porque la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido;
24fijaos en los cuervos: ni siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves!
25Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un codo a la medida de su vida?
26Si, pues, no sois capaces ni de lo más pequeño, ¿por qué preocuparos de lo demás?
27Fijaos en los lirios, cómo ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno  de ellos.
28Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!
29Así pues, vosotros no andéis buscando qué comer ni qué beber, y no estéis inquietos.
30Que por todas esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe vuestro Padre que tenéis la necesidad de eso.
31Buscad más bien su Reino, y esas cosas se os darán por añadidura.
32«No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino.
33«Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos,  donde no llega el ladrón, ni la polilla;
34porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
35«Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas,
36y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante  le abran.
37Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.
38Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!
39Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa.
40También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.»
41Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?»
42Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente?
43Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.
44De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda.
45Pero si aquel siervo se dice en su corazón: “Mi señor tarda en venir”, y se pone a golpear a los criados y a las  criadas, a comer y a beber y a emborracharse,
46vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles.
47«Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes;
48el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.
49«He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!
50Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!
51«¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división.
52Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres;
53estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la  madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»
54Decía también a la gente: «Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento decís: “Va a llover”, y así sucede.
55Y cuando sopla el sur, decís: “Viene bochorno”, y así sucede.
56¡Hipócritas! Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis, pues, este tiempo?
57«¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?
58Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel.
59Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

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Lucas 13
1En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.
2Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas?
3No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.
4O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?
5No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.»
6Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo  encontró.
7Dijo entonces al viñador: “Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?”
8Pero él le respondió: “Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono,
9por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.”»
10Estaba un sábado enseñando en una sinagoga,
11y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo  alguno enderezarse.
12Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.»
13Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.
14Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay  seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado.»
15Replicóle el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar?
16Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta  ligadura en día de sábado?»
17Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las  maravillas que hacía.
18Decía, pues: «¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé?
19Es semejante a un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció hasta hacerse árbol, y  las aves del cielo anidaron en sus ramas.»
20Dijo también: «¿A qué compararé el Reino de Dios?
21Es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»
22Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén.
23Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» El les dijo:
24«Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán.
25«Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: “¡Señor, ábrenos!” Y os responderá: “No sé de dónde sois.”
26Entonces empezaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas”;
27y os volverá a decir: “No sé de dónde sois.  ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!”
28«Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera.
29Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios.
30«Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos.»
31En aquel mismo momento se acercaron algunos fariseos, y le dijeron: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere  matarte.»
32Y él les dijo: «Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.
33Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén.
34«¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido!
35Pues bien, se os va a dejar vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis:  ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!»

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Lucas 14
1Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando.
2Había allí, delante de él, un hombre hidrópico.
3Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado, o no?»
4Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó, y le despidió.
5Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al  momento?»
6Y no pudieron replicar a esto.
7Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola:
8«Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú,
9y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: “Deja el sitio a éste”, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto.
10Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te  convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba.” Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo  a la mesa.
11Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
12Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa.
13Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos;
14y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.»
15Habiendo oído esto, uno de los comensales le dijo: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!»
16El le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos;
17a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: “Venid, que ya está todo preparado.”
18Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.”
19Y otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.”
20Otro dijo: “Me he casado, y por eso no puedo ir.”
21«Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: “Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos.”
22Dijo el siervo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio.”
23Dijo el señor al siervo: “Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa.”
24Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.»
25Caminaba con él mucha gente, y volviéndose les dijo:
26«Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.
27El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
28«Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla?
29No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo:
30“Este comenzó a edificar y no pudo terminar.”
31O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000?
32Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.
33Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.
34«Buena es la sal; mas si también la sal se desvirtúa, ¿con qué se la sazonará?
35No es útil ni para la tierra ni para el estercolero; la tiran afuera. El que tenga oídos para oír, que oiga.»

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Lucas 15
1Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle,
2y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»
3Entonces les dijo esta parábola.
4«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?
5Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros;
6y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: “Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.”
7Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión.
8«O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente  hasta que la encuentra?
9Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: “Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.”
10Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
11Dijo: «Un hombre tenía dos hijos;
12y el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y él les repartió  la hacienda.
13Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
14«Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.
15Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos.
16Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.
17Y entrando en sí mismo, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me  muero de hambre!
18Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti.
19Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.”
20Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.
21El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”
22Pero el padre dijo a sus siervos: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas  sandalias en los pies.
23Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta,
24porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron la fiesta.
25«Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas;
26y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27El le dijo: “Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.”
28El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba.
29Pero él replicó a su padre: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca  me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos;
30y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo  cebado!”
31«Pero él le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;
32pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba  perdido, y ha sido hallado.”»

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Lucas 16
1Decía también a sus discípulos: «Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda;
2le llamó y le dijo: “¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando.”
3Se dijo a sí mismo el administrador: “¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.
4Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.”
5«Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi señor?”
6Respondió: “Cien medidas de aceite.” El le dijo: “Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.”
7Después dijo a otro: “Tú, ¿cuánto debes?” Contestó: “Cien cargas de trigo.” Dícele: “Toma tu recibo y escribe ochenta.”
8«El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más  astutos con los de su generación que los hijos de la luz.
9«Yo os digo: Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas.
10El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho.
11Si, pues, no fuisteis fieles en el Dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero?
12Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?
13«Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.»
14Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que eran amigos del dinero, y se burlaban de él.
15Y les dijo: «Vosotros sois los que os la dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios.
16«La Ley y los profetas llegan hasta Juan; desde ahí comienza a anunciarse la Buena Nueva del Reino de Dios, y todos se esfuerzan con violencia por entrar en él.
17«Más fácil es que el cielo y la tierra pasen, que no que caiga un ápice de la Ley.
18«Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una repudiada por su marido, comete adulterio.
19«Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas.
20Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas,
21deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.
22Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue  sepultado.
23«Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
24Y, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo  y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.”
25Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado.
26Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.”
27«Replicó: “Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
28porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.”
29Díjole Abraham: “Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.”
30El dijo: “No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.”
31Le contestó: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.”»

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Lucas 17
1Dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen!
2Más le vale que le pongan al cuello  una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos  pequeños.
3Cuidaos de vosotros mismos. «Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale.
4Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, le perdonarás.»
5Dijeron los apóstoles al Señor; «Auméntanos la fe.»
6El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: “Arráncate y plántate  en el mar”, y os habría obedecido.»
7«¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: “Pasa al momento y ponte a la mesa?”
8¿No le dirá más bien: “Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?”
9¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado?
10De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho  lo que debíamos hacer.»
11Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaria y Galilea,
12y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia
13y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»
14Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios.
15Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz;
16y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano.
17Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
18¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?»
19Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
20Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir.
21Y no dirán: “Vedlo aquí o allá”, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros.»
22Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.
23Y os dirán: “Vedlo aquí, vedlo allá.” No vayáis, ni corráis detrás.
24Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día.
25Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
26«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre.
27Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos.
28Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían;
29pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos.
30Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.
31«Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que  esté en el campo, no se vuelva atrás.
32Acordaos de la mujer de Lot.
33Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.
34Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado;
35habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada.»
36Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?» El les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.»

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Lucas 18
1Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer.
2«Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres.
3Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: “¡Hazme justicia contra mi adversario!”
4Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres,
5como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme.”»
6Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto;
7y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar?
8Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?»
9Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola:
10«Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.
11El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás  hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano.
12Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.”
13En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!”
14Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
15Le presentaban también los niños pequeños para que los tocara, y al verlo los discípulos, les reñían.
16Mas Jesús llamó a los niños, diciendo: «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.
17Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.»
18Uno de los principales le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?»
19Le dijo Jesús: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios.
20Ya sabes los mandamientos:  No cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre.»
21El dijo: «Todo eso lo he guardado desde mi juventud.»
22Oyendo esto Jesús, le dijo: «Aún te falta una cosa. Todo cuanto tienes véndelo y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego, ven y sígueme.»
23Al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
24Viéndole Jesús, dijo: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!
25Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.»
26Los que lo oyeron, dijeron: «¿Y quién se podrá salvar?»
27Respondió: «Lo imposible para los hombres, es posible para Dios.»
28Dijo entonces Pedro: «Ya lo ves, nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido.»
29El les dijo: «Yo os aseguro que nadie que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por el Reino de Dios,
30quedará sin recibir mucho más al presente y, en el mundo venidero, vida eterna.»
31Tomando consigo a los Doce, les dijo: «Mirad que subimos a Jerusalén, y se cumplirá todo lo que los profetas escribieron para el Hijo del hombre;
32pues será entregado a los gentiles, y será objeto de burlas, insultado y escupido;
33y después de azotarle le matarán, y al tercer día resucitará.»
34Ellos nada de esto comprendieron; estas palabras les quedaban ocultas y no entendían lo que decía.
35Sucedió que, al acercarse él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna;
36al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello.
37Le informaron que pasaba Jesús el Nazoreo
38y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!»
39Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión  de mí!»
40Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó:
41«¿Qué quieres que te haga?» El dijo: «¡Señor, que vea!»
42Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado.»
43Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

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Lucas 19
1Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad.
2Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico.
3Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura.
4Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí.
5Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.»
6Se apresuró a bajar y le recibió con alegría.
7Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.»
8Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.»
9Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham,
10pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
11Estando la gente escuchando estas cosas, añadió una parábola, pues estaba él cerca de Jerusalén, y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro.
12Dijo pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse.
13Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: “Negociad hasta que vuelva.”
14Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: “No queremos que ése reine sobre  nosotros.”
15«Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos,  a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno.
16Se presentó el primero y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez minas.”
17Le respondió: “¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades.”
18Vino el segundo y dijo: “Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.”
19Dijo a éste: “Ponte tú también al mando de cinco ciudades.”
20«Vino el otro y dijo: “Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo;
21pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y cosechas lo que no sembraste.”
22Dícele: “Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse  y cosecho lo que no sembré;
23pues ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.”
24Y dijo a los presentes: “Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.”
25Dijéronle: “Señor, tiene ya diez minas.”
26- “Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.”
27«”Pero a aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante  de mí.”»
28Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén.
29Y sucedió que, al aproximarse a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos,
30diciendo: «Id al pueblo que está enfrente y, entrando en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha  montado todavía ningún hombre; desatadlo y traedlo.
31Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, diréis esto: “Porque el Señor lo necesita.”»
32Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho.
33Cuando desataban el pollino, les dijeron los dueños: «¿Por qué desatáis el pollino?»
34Ellos les contestaron: «Porque el Señor lo necesita.»
35Y lo trajeron donde Jesús; y echando sus mantos sobre el pollino, hicieron montar a Jesús.
36Mientras él avanzaba, extendían sus mantos por el camino.
37Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron  a alabar a Dios a grandes voces, por todos los milagros que habían visto.
38Decían:  «Bendito el Rey que viene en nombre del Señor!  Paz en el cielo y gloria en las alturas.»
39Algunos de los fariseos, que estaban entre la gente, le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos.»
40Respondió: «Os digo que si éstos callan gritarán las piedras.»
41Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella,
42diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos.
43Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes,
44y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita.»
45Entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían,
46diciéndoles: «Está escrito:  Mi Casa será Casa de oración.  ¡Pero vosotros la habéis hecho  una cueva de bandidos!»
47Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del  pueblo buscaban matarle,
48pero no encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.

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Lucas 20
1Y sucedió que un día enseñaba al pueblo en el Templo y anunciaba la Buena Nueva; se acercaron los sumos sacerdotes  y los escribas junto con los ancianos,
2y le preguntaron: «Dinos: ¿Con qué autoridad haces esto, o quién es el que te ha dado tal autoridad?»
3El les respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa. Decidme:
4El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?»
5Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: “Del cielo”, dirá: “¿Por qué no le creísteis?”
6Pero si decimos: “De los hombres”, todo el pueblo nos apedreará, pues están convencidos de que Juan era un profeta.»
7Respondieron, pues, que no sabían de dónde era.
8Jesús entonces les dijo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»
9Se puso a decir al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña y la arrendó a unos labradores, y se ausentó por mucho tiempo.
10«A su debido tiempo, envió un siervo a los labradores, para que le diesen parte del fruto de la viña. Pero los  labradores, después de golpearle, le despacharon con las manos vacías.
11Volvió a enviar otro siervo, pero ellos, después de golpearle e insultarle, le despacharon con las manos vacías.
12Tornó a enviar un tercero, pero ellos, después de herirle, le echaron.
13Dijo, pues, el dueño de la viña: “¿Qué haré? Voy a enviar a mi hijo querido; tal vez le respeten.”
14Pero los labradores, al verle, se dijeron entre sí: “Este es el heredero; matémosle, para que la herencia sea nuestra.”
15Y, echándole fuera de la viña, le mataron. «¿Qué hará, pues, con ellos el dueño de la viña?
16Vendrá y dará muerte a estos labradores, y entregará la viña a otros.» Al oír esto, dijeron: «De ninguna manera.»
17Pero él clavando en ellos la mirada, dijo: «Pues, ¿qué es lo que está escrito:  La piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido?
18Todo el que caiga sobre esta piedra, se destrozará, y a aquel sobre quien ella caiga, le aplastará.»
19Los escribas y los sumos sacerdotes trataron de echarle mano en aquel mismo momento - pero tuvieron miedo al pueblo - porque habían comprendido que aquella parábola la había dicho por ellos.
20Quedándose ellos al acecho, le enviaron unos espías, que fingieran ser justos, para sorprenderle en alguna palabra y poderle entregar al poder y autoridad del procurador.
21Y le preguntaron: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud, y que no tienes en cuenta la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios:
22¿Nos es lícito pagar tributo al César o no?»
23Pero él, habiendo conocido su astucia, les dijo:
24«Mostradme un denario. ¿De quién lleva la imagen y la inscripción?» Ellos dijeron: «Del César.»
25El les dijo: «Pues bien, lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.»
26No pudieron sorprenderle en ninguna palabra ante el pueblo y, maravillados por su respuesta, se callaron.
27Acercándose algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron:
28«Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano.
29Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos;
30y la tomó el segundo,
31luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos.
32Finalmente, también murió la mujer.
33Esta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer.»
34Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido;
35pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido,
36ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.
37Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor  el Dios de  Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
38No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.»
39Algunos de los escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.»
40Pues ya no se atrevían a preguntarle nada.
41Les preguntó: «¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?
42Porque David mismo dice en el libro de los Salmos:  Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra
43hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies.
44David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?»
45Estando todo el pueblo oyendo, dijo a los discípulos:
46«Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje y quieren ser saludados en las plazas, ocupar los  primeros asientos en las sinagogas, y los primeros puestos en los banquetes;
47y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa.»

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Lucas 21
1Alzando la mirada, vió a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro;
2vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas,
3y dijo: «De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos.
4Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir.»
5Como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo:
6«Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.»
7Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?»
8El dijo: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: “Yo soy” y “el tiempo está cerca”. No les sigáis.
9Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato.»
10Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
11Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo.
12«Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre;
13esto os sucederá para que deis testimonio.
14Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa,
15porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.
16Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros,
17y seréis odiados de todos por causa de mi nombre.
18Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza.
19Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.
20«Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación.
21Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella;
22porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.
23¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y Cólera contra este pueblo;
24y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y  Jerusalén  será  pisoteada por los gentiles,  hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles.
25«Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas,
26muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.
27Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.
28Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.»
29Les añadió una parábola: «Mirad la higuera y todos los árboles.
30Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca.
31Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca.
32Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
34«Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros,
35como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra.
36Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.»
37Por el día enseñaba en el Templo y salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos.
38Y todo el pueblo madrugaba para ir donde él y escucharle en el Templo.

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Lucas 22
1Se acercaba la fiesta de los Azimos, llamada Pascua.
2Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo hacerle desaparecer, pues temían al pueblo.
3Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce;
4y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de entregárselo.
5Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero.
6El aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo advirtiera.
7Llegó el día de los Azimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua;
8y envió a Pedro y a Juan, diciendo: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.»
9Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?»
10Les dijo: «Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre,
11y diréis al dueño de la casa: “El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?”
12El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos.»
13Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
14Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles;
15y les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer;
16porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.»
17Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros;
18porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.»
19Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»
20De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.
21«Pero la mano del que me entrega está aquí conmigo sobre la mesa.
22Porque el Hijo del hombre se marcha según está determinado. Pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!»
23Entonces se pusieron a discutir entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer aquello.
24Entre ellos hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor.
25El les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Bienhechores;
26pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve.
27Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
28«Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas;
29yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí,
30para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
31«¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha  solicitado el poder cribaros como trigo;
32pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.»
33El dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte.»
34Pero él dijo: «Te digo, Pedro: No cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces que me conoces.»
35Y les dijo: «Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?» Ellos dijeron: «Nada.»
36Les dijo: «Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja, y el que no tenga que venda su manto y compre una espada;
37porque os digo que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito:  “Ha sido contado entre los malhechores.”  Porque lo mío toca a su fin.»
38Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas.» El les dijo: «Basta.»
39Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos, y los discípulos le siguieron.
40Llegado al lugar les dijo: «Pedid que no caigáis en tentación.»
41Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba
42diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
43Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba.
44Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.
45Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza;
46y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación.»
47Todavía estaba hablando, cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó a Jesús para darle un beso.
48Jesús le dijo: «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!»
49Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿herimos a espada?»
50y uno de ellos hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha.
51Pero Jesús dijo: «¡Dejad! ¡Basta ya!» Y tocando la oreja le curó.
52Dijo Jesús a los sumos sacerdotes, jefes de la guardia del Templo y ancianos que habían venido contra él: «¿Como  contra un salteador habéis salido con espadas y palos?
53Estando yo todos los días en el Templo con vosotros, no me pusisteis las manos encima; pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.»
54Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos.
55Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos.
56Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Este también estaba con él.»
57Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco!»
58Poco después, otro, viéndole, dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pedro dijo: «Hombre, no lo soy!»
59Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo.»
60Le dijo Pedro: «¡Hombre, no sé de qué hablas!» Y en aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo,
61y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.»
62Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
63Los hombres que le tenían preso se burlaban de él y le golpeaban;
64y cubriéndole con un velo le preguntaban: «¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?»
65Y le insultaban diciéndole otras muchas cosas.
66En cuanto se hizo de día, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, sumos sacerdotes y escribas, le hicieron venir a su Sanedrín
67y le dijeron: «Si tú eres el Cristo, dínoslo.» El respondió: «Si os lo digo, no me creeréis.
68Si os pregunto, no me responderéis.
69De ahora en adelante, el Hijo del hombre  estará sentado a la diestra  del poder  de Dios.»
70Dijeron todos: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?» El les dijo: «Vosotros lo decís: Yo soy.»
71Dijeron ellos: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos, pues nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca?»

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Lucas 23
1Y levantándose todos ellos, le llevaron ante Pilato.
2Comenzaron a acusarle diciendo: «Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey.»
3Pilato le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» El le respondió: «Sí, tú lo dices.»
4Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «Ningún delito encuentro en este hombre.»
5Pero ellos insistían diciendo: «Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí.»
6Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo.
7Y, al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos días estaba también en Jerusalén.
8Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de  él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera.
9Le preguntó con mucha palabrería, pero él no respondió nada.
10Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia.
11Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido vestido y le remitió a Pilato.
12Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.
13Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo
14y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis.
15Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte.
16Así que le castigaré y le soltaré.»
18Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!»
19Este había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato.
20Pilato les habló de nuevo, intentando librar a Jesús,
21pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!»
22Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré.»
23Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes.
24Pilato sentenció que se cumpliera su demanda.
25Soltó, pues, al que habían pedido, el que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a Jesús se lo entregó a  su voluntad.
26Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús.
27Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él.
28Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos.
29Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron!
30Entonces se pondrán a  decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos!
31Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?»
32Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él.
33Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la  izquierda.
34Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echando a suertes.
35Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que se salve a sí mismo si él  es el Cristo de Dios, el Elegido.»
36También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre
37y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!»
38Había encima de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos.»
39Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!»
40Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena?
41Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.»
42Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.»
43Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»
44Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
45El velo del Santuario se rasgó por medio
46y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre,  en tus manos pongo mi espíritu»  y, dicho esto, expiró.
47Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.»
48Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvieron golpeándose el pecho.
49Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea.
50Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo,
51que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.
52Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús
53y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie  había sido puesto todavía.
54Era el día de la Preparación, y apuntaba el sábado.
55Las mujeres que habían venido con él desde Galilea, fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo,
56Y regresando, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron según el precepto.

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Lucas 24
1El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado.
2Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro,
3y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
4No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes.
5Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está  vivo?
6No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo:
7“Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día  resucite. “»
8Y ellas recordaron sus palabras.
9Regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás.
10Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas.
11Pero todas estas palabras les parecían como desatinos y no les creían.
12Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó, pero sólo vio las vendas y se volvió a su casa, asombrado por lo sucedido.
13Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén,
14y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.
15Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos;
16pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.
17El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido.
18Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?»
19El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;
20cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron.
21Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó.
22El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,
23y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él  vivía.
24Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no  le vieron.»
25El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!
26¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»
27Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.
28Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante.
29Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos.
30Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
31Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.
32Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino  y nos explicaba las Escrituras?»
33Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con  ellos,
34que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!»
35Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
36Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
37Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.
38Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?
39Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.»
40Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies.
41Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de  comer?»
42Ellos le ofrecieron parte de un pez asado.
43Lo tomó y comió delante de ellos.
44Después les dijo: «Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: “Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.”»
45Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras,
46y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día
47y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.
48Vosotros sois testigos de estas cosas.
49«Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que  seáis revestidos de poder desde lo alto.»
50Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.
51Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
52Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo,
53y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.


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