PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL
LORCA































LIBROS DE LOS MACABEOS


LIBRO PRIMERO DE LOS MACABEOS


CAPÍTULOS
1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16

LIBRO SEGUNDO DE LOS MACABEOS
CAPÍTULOS
1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13  14  15


LIBRO PRIMERO


I Macabeos   1
1Alejandro de Macedonia, hijo de Filipo, partió del país de Kittim, derrotó a Darío, rey de los persas y los medos, y reinó en su lugar, empezando por la Hélada.
2Suscitó muchas guerras, se apoderó de plazas fuertes y dio muerte a reyes de la tierra.
3Avanzó hasta los confines del mundo y se hizo con el botín de multitud de pueblos. La tierra enmudeció en su presencia  y su corazón se ensoberbeció y se llenó de orgullo.
4Juntó un ejército potentísimo y ejerció el mando sobre tierras, pueblos y príncipes, que le pagaban tributo.
5Después, cayó enfermo y cononció que se moría.
6Hizo llamar entonces a sus servidores, a los nobles que con él se habían criado desde su juventud, y antes de morir, repartió entre ellos su reino.
7Reinó Alejandro doce años y murió.
8Sus servidores entraron en posesión del poder, cada uno en su región.
9Todos a su muerte se ciñeron la diadema y sus hijos después de ellos durante largos años; y multiplicaron los males  sobre la tierra.
10De ellos surgió un renuevo pecador, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado como rehén en Roma. Subió al trono el año 137 del imperio de los griegos.
11En aquellos días surgieron de Israel unos hijos rebeldes que sedujeron a muchos diciendo: «Vamos, concertemos alianza con los pueblos que nos rodean, porque desde que nos separamos de ellos, nos han sobrevenido muchos males.»
12Estas palabras parecieron bien a sus ojos,
13y algunos del pueblo se apresuraron a acudir donde el rey y obtuvieron de él autorización para seguir las costumbres  de los gentiles.
14En consecuencia, levantaron en Jerusalén un gimnasio al uso de los paganos,
15rehicieron sus prepucios, renegaron de la alianza santa para atarse al yugo de los gentiles, y se vendieron para obrar el mal.
16Antíoco, una vez asentado en el reino, concibió el proyecto de reinar sobre el país de Egipto para ser rey de ambos reinos.
17Con un fuerte ejército, con carros, elefantes, (jinetes) y numerosa flota, entró en Egipto
18y trabó batalla con el rey de Egipto, Tolomeo. Tolomeo rehuyó su presencia y huyó; muchos cayeron heridos.
19Ocuparon las ciudades fuertes de Egipto y Antíoco se alzó con los despojos del país.
20El año 143, después de vencer a Egipto, emprendió el camino de regreso. Subió contra Israel y llegó a Jerusalén con un fuerte ejército.
21Entró con insolencia en el santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro de la luz con todos sus accesorios,
22la mesa de la proposición, los vasos de las libaciones, las copas, los incensarios de oro, la cortina, las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que recubría la fachada del Templo.
23Se apropió también de la plata, oro, objetos de valor y de cuantos tesoros ocultos pudo encontrar.
24Tomándolo todo, partió para su tierra después de derramar mucha sangre y de hablar con gran insolencia.
25En todo el país hubo gran duelo por Israel.
26Jefes y ancianos gimieron, languidecieron doncellas y jóvenes, la belleza de las mujeres se marchitó.
27El recién casado entonó un canto de dolor, sentada en el lecho nupcial, la esposa lloraba.
28Se estremeció la tierra por sus habitantes, y toda la casa de Jacob se cubrió de vergüenza.
29Dos años después, envió el rey a las ciudades de Judá al Misarca, que se presentó en Jerusalén con un fuerte ejército.
30Habló dolosamente palabras de paz y cuando se hubo ganado la confianza, cayó de repente sobre la ciudad y le asestó  un duro golpe matando a muchos del pueblo de Israel.
31Saqueó la ciudad, la incendió y arrasó sus casas y la muralla que la rodeaba.
32Sus hombres hicieron cautivos a mujeres y niños y se adueñaron del ganado.
33Después reconstruyeron la Ciudad de David con una muralla grande y fuerte, con torres poderosas, y la hicieron su Ciudadela.
34Establecieron allí una raza pecadora de rebeldes, que en ella se hicieron fuertes.
35La proveyeron de armas y vituallas y depositaron en ella el botín que habían reunido del saqueo de Jerusalén. Fue  un peligroso lazo.
36Se convirtió en asechanza contra el santuario, en adversario maléfico para Israel en todo tiempo.
37Derramaron sangre inocente en torno al santuario y lo profanaron.
38Por ellos los habitantes de Jerusalén huyeron; vino a ser ella habitación de extraños, extraña para los que en ella nacieron, pues sus hijos la abandonaron.
39Quedó su santuario desolado como un desierto, sus fiestas convertidas en duelo, sus sábados en irrisión, su honor en desprecio.
40A medida de su gloria creció su deshonor, su grandeza se volvió aflicción.
41El rey publicó un edicto en todo su reino ordenando que todos formaran un único pueblo
42y abandonara cada uno sus peculiares costumbres. Los gentiles acataron todos el edicto real
43y muchos israelitas aceptaron su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el sábado.
44También a Jerusalén y a la ciudades de Judá hizo el rey llegar, por medio de mensajeros, el edicto que ordenaba seguir costumbres extrañas al país.
45Debían suprimir en el santuario holocaustos, sacrificios y libaciones; profanar sábados y fiestas;
46mancillar el santuario y lo santo;
47levantar altares, recintos sagrados y templos idolátricos; sacrificar puercos y animales impuros;
48dejar a sus hijos incircuncisos; volver abominables sus almas con toda clase de impurezas y profanaciones,
49de modo que olvidasen la Ley y cambiasen todas sus costumbres.
50El que no obrara conforme a la orden del rey, moriría.
51En el mismo tono escribió a todo su reino, nombró inspectores para todo el pueblo, y ordenó a las ciudades de Judá que en cada una de ellas se ofrecieran sacrificios.
52Muchos del pueblo, todos los que abandonaban la Ley, se unieron a ellos. Causaron males al país
53y obligaron a Israel a ocultarse en toda suerte de refugios.
54El día quince del mes de Kisléu del año 145 levantó el rey sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en las ciudades de alrededor de Judá.
55A las puertas de las casas y en las plazas quemaban incienso.
56Rompían y echaban al fuego los libros de la Ley que podían hallar.
57Al que encontraban con un ejemplar de la Alianza en su poder, o bien descubrían que observaba los preceptos de la Ley, la decisión del rey le condenaba a muerte.
58Actuaban violentamente contra los israelitas que sorprendían un mes y otro en las ciudades;
59el día veinticinco de cada mes ofrecían sacrificios en el ara que se alzaba sobre el altar de los holocaustos.
60A las mujeres que hacían circuncidar a sus hijos las llevaban a la muerte, conforme al edicto,
61con sus criaturas colgadas al cuello. La misma suerte corrían sus familiares y los que habían efectuado la circuncisión.
62Muchos en Israel se mantuvieron firmes y se resistieron a comer cosa impura.
63Prefirieron morir antes que contaminarse con aquella comida y profanar la alianza santa; y murieron.
64Inmensa fue la Cólera que descargó sobre Israel.

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I Macabeos   2
1Por aquel tiempo, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de Yehoyarib, dejó Jerusalén y fue a establecerse en Modín.
2Tenía cinco hijos: Juan, por sobrenombre Gaddí;
3Simón, llamado Tasí;
4Judas, llamado Macabeo;
5Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Affús.
6Al ver las impiedades que en Judá y en Jerusalén se cometían,
7exclamó: «¡Ay de mí! ¿He nacido para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa, y para estarme allí cuando es entregada en manos de enemigos y su santuario en poder de extraños?
8Ha quedado su Templo como hombre sin honor,
9los objetos que eran su gloria, llevados como botín, muertos en las plazas sus niños, y sus jóvenes por espada enemiga.
10¿Qué pueblo no ha venido a heredar su reino
11y a entrar en posesión de sus despojos? Todos sus adornos le han sido arrancados y de libre que era, ha pasado a ser esclava.
12Mirad nuestro santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto, miradlo profanado de los gentiles.
13¿Para qué vivir más?»
14Matatías y sus hijos rasgaron sus vestidos, se vistieron de sayal y se entregaron a un profundo dolor.
15Los enviados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para los sacrificios.
16Muchos israelitas acudieron donde ellos. También Matatías y sus hijos fueron convocados.
17Tomando entonces la palabra los enviados del rey, se dirigieron a Matatías y le dijeron: «Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad y estás bien apoyado de hijos y hermanos.
18Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de  Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y muchas dádivas.»
19Matatías contestó con fuerte voz: «Aunque todas las naciones que forman el imperio del rey le obedezcan hasta abandonar cada uno el culto de sus padres y acaten sus órdenes,
20yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos en la alianza de nuestros padres.
21El Cielo nos guarde de abandonar la Ley y los preceptos.
22No obedeceremos las órdenes del rey para desviarnos de nuestro culto ni a la derecha ni a la izquierda.»
23Apenas había concluido de pronunciar estas palabras, cuando un judío se adelantó, a la vista de todos, para sacrificar  en el altar de Modín, conforme al decreto real.
24Al verle Matatías, se inflamó en celo y se estremecieron sus entrañas. Encendido en justa cólera, corrió y le degolló sobre el altar.
25Al punto mató también al enviado del rey que obligaba a sacrificar y destruyó el altar.
26Emuló en su celo por la Ley la gesta de Pinjás contra Zimrí, el hijo de Salú.
27Luego, con fuerte voz, gritó Matatías por la ciudad: «Todo aquel que sienta celo por la Ley y mantenga la alianza, que me siga.»
28Y dejando en la ciudad cuanto poseían, huyeron él y sus hijos a las montañas.
29Por entonces muchos, preocupados por la justicia y la equidad, bajaron al desierto para establecerse allí
30con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque los males duramente les oprimían.
31La gente del rey y la tropa que estaba en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron la denuncia de que unos  hombres que habían rechazado el mandato del rey habían bajado a los lugares ocultos del desierto.
32Muchos corrieron tras ellos y los alcanzaron. Los cercaron y se prepararon para atacarles el día del sábado.
33Les dijeron: «Basta ya, salid, obedeced la orden del rey y salvaréis vuestras vidas.»
34Ellos les contestaron: «No saldremos ni obedeceremos la orden del rey de profanar el día de sábado.»
35Asaltados al instante,
36no replicaron ni arrojando piedras ni atrincherando sus cuevas. Dijeron:
37«Muramos todos en nuestra rectitud. El cielo y la tierra nos son testigos de que nos matáis injustamente.»
38Les atacaron, pues, en sábado y murieron ellos, sus mujeres, hijos y ganados: unas mil personas.
39Lo supieron Matatías y sus amigos y sintieron por ellos gran pesar.
40Pero se dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra.»
41Aquel mismo día tomaron el siguiente acuerdo: «A todo aquel que venga a atacarnos en día de sábado, le haremos frente para no morir todos como murieron nuestros hermanos en las cuevas.»
42Se les unió por entonces el grupo de los asideos, israelitas valientes y entregados de corazón a la Ley.
43Además, todos aquellos que querían escapar de los males, se les juntaron y les ofrecieron su apoyo.
44Formaron así un ejército e hirieron en su ira a los pecadores, y a los impíos en su furor. Los restantes tuvieron que huir a tierra de gentiles buscando su salvación.
45Matatías y sus amigos hicieron correrías destruyendo altares,
46obligando a circuncidar cuantos niños incircuncisos hallaron en el territorio de Israel
47y persiguiendo a los insolentes. La empresa prosperó en sus manos:
48arrancaron la Ley de mano de gentiles y reyes, y no consintieron que el pecador se impusiera.
49Los días de Matatías se acercaban a su fin. Dijo entonces a sus hijos: «Ahora reina la insolencia y la reprobación, es tiempo de ruina y de violenta Cólera.
50Ahora, hijos, mostrad vuestro celo por la Ley; dad vuestra vida por la alianza de nuestros padres.
51Recordad las gestas que en su tiempo nuestros padres realizaron; alcanzaréis inmensa gloria, inmortal nombre.
52¿No fue hallado Abraham fiel en la prueba y se le reputó por justicia?
53José, en el tiempo de su angustia, observó la Ley y vino a ser señor de Egipto.
54Pinjás, nuestro padre, por su ardiente celo, alcanzó la alianza de un sacerdocio eterno.
55Josué, por cumplir su mandato, llegó a ser juez en Israel.
56Caleb, por su testimonio en la asamblea, obtuvo una herencia en esta tierra.
57David, por su piedad, heredó un trono real para siempre.
58Elías, por su ardiente celo por la Ley, fue arrebatado al cielo.
59Ananías, Azarías, Misael, por haber tenido confianza, se salvaron de las llamas.
60Daniel por su rectitud, escapó de las fauces de los leones.
61Advertid, pues, que de generación en generación todos los que esperan en El jamás sucumben.
62No temáis amenazas de hombre pecador: su gloria parará en estiércol y gusanos;
63estará hoy encumbrado y mañana no se le encontrará: habrá vuelto a su polvo y sus maquinaciones se desvanecerán.
64Hijos, sed fuertes y manteneos firmes en la Ley, que en ella hallaréis gloria.
65Ahí tenéis a Simeón, vuestro hermano. Sé que es hombre sensato; escuchadle siempre: él será vuestro padre.
66Tenéis a Judas Macabeo, valiente desde su mocedad: él será jefe de vuestro ejército y dirigirá la guerra contra  los pueblos.
67Vosotros, atraeos a cuantos obervan la Ley, vengad a vuestro pueblo,
68devolved a los gentiles el mal que os han hecho y observad los preceptos de la Ley.»
69A continuación, les bendijo y fue a reunirse con sus padres.
70Murió el año 146 y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres. Todo Israel hizo gran duelo por él.

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I Macabeos   3
1Se levantó en su lugar su hijo Judas, llamado Macabeo.
2Todos sus hermanos y los que habían seguido a su padre le ofrecieron apoyo y sostuvieron con entusiasmo la guerra de Israel.
3El dilató la gloria de su pueblo; como gigante revistió la coraza y se ciñó sus armas de guerra. Empeñó batallas, protegiendo al ejército con su espada,
4semejante al león en sus hazañas, como cachorro que ruge sobre su presa.
5Persiguió a los impíos hasta sus rincones, dio a las llamas a los perturbadores de su pueblo.
6Por el miedo que les infundía, se apocaron los impíos, se sobresaltaron todos los que obraban la iniquidad; la liberación en su mano alcanzó feliz éxito.
7Amargó a muchos reyes, regocijó a Jacob con sus hazañas; su recuerdo será eternamente bendecido.
8Recorrió las ciudades de Judá, exterminó de ellas a los impíos y apartó de Israel la Cólera.
9Su nombre llegó a los confines de la tierra y reunió a los que estaban perdidos.
10Apolonio reunió gentiles y una numerosa fuerza de Samaría para llevar la guerra a Israel.
11Judas, al tener noticia de ello, salió a su encuentro, le venció y le mató. Muchos sucumbieron y los demás se dieron a la fuga.
12Recogido el botín, Judas tomó para sí la espada de Apolonio y en adelante entró siempre en combate con ella.
13Serón, general del ejército de Siria, al saber que Judas había congregado en torno suyo una multitud de fieles  y gente de guerra,
14se dijo: «Conseguiré un nombre y alcanzaré gloria en el reino atacando a Judas y a los suyos, que desprecian las  órdenes del rey.»
15Partió, pues, a su vez, y subió con él una poderosa tropa de impíos para ayudarle a tomar venganza de los hijos  de Israel.
16Cuando se aproximaba a la subida de Bet Jorón, le salió al encuentro Judas con unos pocos hombres.
17Al ver éstos el ejército que se les venía encima, dijeron a Judas: «¿Cómo podremos combatir, siendo tan pocos,  con una multitud tan poderosa? Además estamos extenuados por no haber comido hoy en todo el día.»
18Judas respondió: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos;
19que en la guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del Cielo.
20Ellos vienen contra nosotros rebosando insolencia e impiedad con intención de destruirnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y hacerse con nuestros despojos;
21nosotros, en cambio, combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes;
22El les quebrantará ante nosotros; no les temáis.»
23Cuando acabó de hablar, se lanzó de improviso sobre ellos y Serón y su ejército fueron derrotados ante él.
24Les persiguieron por la pendiente de Bet Jorón hasta la llanura. Unos ochocientos sucumbieron y los restantes huyeron al país de los filisteos.
25Comenzó a cundir el miedo a Judas y sus hermanos y el espanto se apoderó de los gentiles circunvecinos.
26Su nombre llegó hasta el rey y en todos los pueblos se comentaban las batallas de Judas.
27El rey Antíoco, al oír esto, se encendió en violenta ira; mandó juntar las fuerzas todas de su reino, un ejército poderosísimo;
28abrió su tesoro y dio a las tropas la soldada de un año con la orden de que estuviesen preparadas a todo evento.
29Entonces advirtió que se le había acabado el dinero del tesoro y que los tributos de la región eran escasos, debido a las revueltas y calamidades que él había provocado en el país al suprimir las leyes en vigor desde los primeros tiempos.
30Temió no tener, como otras veces, para los gastos y para los donativos que solía antes prodigar con larga mano, superando en ello a los reyes que le precedieron.
31Hallándose, pues, en tan grave aprieto, resolvió ir a Persia a recoger los tributos de aquellas provincias y reunir  mucho dinero.
32Dejó a Lisias, personaje de la nobleza y de la familia real, al frente de los negocios del rey desde el río Eufrates hasta la frontera de Egipto;
33le confió la tutela de su hijo Antíoco hasta su vuelta;
34puso a su disposición la mitad de sus tropas y los elefantes, y le dio orden de ejecutar cuanto había resuelto. En lo que tocaba a los habitantes de Judea y Jerusalén,
35debía enviar contra ellos un ejército que quebrantara y deshiciera las fuerzas de Israel y lo que quedaba de Jerusalén hasta borrar su recuerdo del lugar.
36Luego establecería extranjeros en todo su territorio y repartiría entre ellos sus tierras.
37El rey, tomando consigo la otra mitad del ejército, partió de Antioquía, capital de su reino, el año 147. Atravesó el río Eufrates y prosiguió su marcha a través de la región alta.
38Lisias eligió a Tolomeo, hijo de Dorimeno, a Nicanor y a Gorgias, hombres poderosos entre los amigos del rey,
39y les envió con 40.000 infantes y 7.000 de a caballo a invadir el país de Judá y arrasarlo, como lo había mandado  el rey.
40Partieron con todo su ejército, llegaron y acamparon cerca de Emaús, en la Tierra Baja.
41Los mercaderes de la región, que oyeron hablar de ellos, tomaron grandes sumas de plata y oro, además de grilletes, y se fueron al campamento con intención de adquirir como esclavos a los hijos de Israel. Se les unió también una fuerza de Idumea y del país de los filisteos.
42Judas y sus hermanos comprendieron que la situación era grave: el ejército estaba acampado dentro de su territorio  y conocían la consigna del rey de destruir el pueblo y acabar con él.
43Y se dijeron unos a otros: «Levantemos a nuestro pueblo de la ruina y luchemos por nuestro pueblo y por el Lugar  Santo.»
44Se convocó la asamblea para prepararse a la guerra, hacer oración y pedir piedad y misericordia.
45Pero Jerusalén estaba despoblada como un desierto, ninguno de sus hijos entraba ni salía; conculcado el santuario, hijos de extraños en la Ciudadela, convertida en albergue de gentiles. Había desaparecido la alegría de Jacob, la flauta y la lira habían enmudecido.
46Por eso, una vez reunidos, se fueron a Masfá, frente a Jerusalén, porque tiempos atrás había habido en Masfá un lugar de oración para Israel.
47Ayunaron aquel día, se vistieron de sayal, esparcieron ceniza sobre la cabeza y rasgaron sus vestidos.
48Desenrollaron el libro de la Ley para buscar en él lo que los gentiles consultan a las imágenes de sus ídolos.
49Trajeron los ornamentos sacerdotales, las primicias y los diezmos, e hicieron comparecer a los nazireos que habían  cumplido el tiempo de su voto.
50Levantaron sus clamores al Cielo diciendo: «¿Qué haremos con éstos? ¿A dónde los llevaremos?
51Tu Lugar Santo está conculcado y profanado, tus sacerdotes en duelo y humillación,
52y ahí están los gentiles coligados contra nosotros para exterminarnos. Tú conoces lo que traman contra nosotros.
53¿Cómo podremos resistir frente a ellos si no acudes en nuestro auxilio?»
54Hicieron sonar las trompetas y prorrumpieron en grandes gritos.
55A continuación, Judas nombró jefes del pueblo: jefes de mil hombres, de cien, de cincuenta y de diez.
56A los que estaban construyendo casas, a los que acababan de casarse o de plantar viñas y a los cobardes, les mandó, conforme a la Ley, que se volvieran a sus casas.
57Luego, se puso en marcha el ejército y acamparon al sur de Emaús.
58Judas les dijo: «Preparaos, revestíos de valor y estad dispuestos mañana temprano para entrar en batalla con estos  gentiles que se han coligado contra nosotros para destruirnos y destruir nuestro Lugar Santo.
59Porque es mejor morir combatiendo que estarnos mirando las desdichas de nuestra nación y del Lugar Santo.
60Lo que el Cielo tenga dispuesto, lo cumplirá.»


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I Macabeos   4
1Gorgias, tomando 5.000 hombres y mil jinetes escogidos, partió con ellos de noche
2para caer sobre el campamento de los judíos y vencerles por sopresa. La gente de la Ciudadela los guiaba.
3Pero lo supo Judas y salió él a su vez con sus guerreros con intención de batir al ejército real que quebada en Emaús
4mientras estaban todavía dispersas las tropas fuera del campamento.
5Gorgias llegó de noche al campamento de Judas y al no encontrar a nadie, los estuvo buscando por las montañas,  pues decía: «Estos van huyendo de nosotros.»
6Al rayar el día, apareció Judas en la llanura con 3.000 hombres. Sólo que no tenían las armas defensivas y las  espadas que hubiesen querido,
7mientras veían el campamento de los gentiles fuerte, bien atrincherado, rodeado de la caballería y todos diestros  en la guerra.
8Judas entonces dijo a los que con él iban: «No temáis a esa muchedumbre ni su pujanza os acobarde.
9Recordad cómo se salvaron nuestros padres en el mar Rojo, cuando Faraón les perseguía con su ejército.
10Clamemos ahora al Cielo, a ver si nos tiene piedad, recuerda la alianza de nuestros padres y quebranta hoy este  ejército ante nosotros.
11Entonces reconocerán todas las naciones que hay quien rescata y salva a Israel.»
12Los extranjeros alzaron los ojos y, viendo a los judíos que venían contra ellos,
13salieron del campamento a presentar batalla. Los soldados de Judas hicieron sonar la trompeta
14y entraron en combate. Salieron derrotados los gentiles y huyeron hacia la llanura.
15Los rezagados cayeron todos a filo de espada. Los persiguieron hasta Gázara y hasta las llanuras de Idumea, Azoto y Yamnia. Cayeron de ellos al pie de 3.000 hombres.
16Judas, al volver con su ejército de la persecución,
17dijo a su gente: «Contened vuestros deseos de botín, que otra batalla nos amenaza;
18Gorgias y su ejército se encuentran cerca de nosotros en la montaña. Haced frente ahora a nuestros enemigos y combatid con ellos; después podréis con tranquilidad haceros con el botín.»
19Apenas había acabado Judas de hablar, cuando se dejó ver un destacamento que asomaba por la montaña.
20Advirtieron éstos que los suyos habían huido y que el campamento había sido incendiado, como se lo daba a entender  el humo que divisaban.
21Viéndolo se llenaron de pavor y al ver por otro lado en la llanura el ejército de Judas dispuesto para el combate,
22huyeron todos al país de los filisteos.
23Judas se volvió entonces al campamento para saquearlo. Recogieron mucho oro y plata, telas teñidas en púrpura marina, y muchas otras riquezas.
24De regreso cantaban y bendecían al Cielo: "Porque es bueno, porque es eterno su amor."
25Hubo aquel día gran liberación en Israel.
26Los extranjeros que habían podido escapar se fueron donde Lisias y le comunicaron todo lo que había pasado.
27Al oírles quedó consternado y abatido porque a Israel no le había sucedido lo que él quería ni las cosas habían  salido como el rey se lo tenía ordenado.
28Al año siguiente, reunió Lisias 60.000 hombres escogidos y 5.000 jinetes para combatir contra ellos.
29Llegaron a Idumea y acamparon en Bet Sur. Judas fue a su encuentro con 10.000 hombres
30y cuando vio aquel poderoso ejército, oró diciendo: «Bendito seas, Salvador de Israel, que quebraste el ímpetu del poderoso guerrero por mano de tu siervo David y entregaste el ejército de los filisteos en manos de  Jonatán, hijo de Saúl, y de su escudero.
31Pon de la misma manera este ejército en manos de tu pueblo Israel y queden corridos de sus fuerzas y de su caballería.
32Infúndeles miedo, rompe la confianza que en su fuerza ponen y queden abatidos con su derrota.
33Hazles sucumbir bajo la espada de los que te aman, y entonen himnos en tu alabanza todos los que conocen tu nombre.»
34Vinieron a las manos y cayeron en el combate unos 5.000 hombres del ejército de Lisias.
35Al ver Lisias la derrota sufrida por su ejército y la intrepidez de los soldados de Judas, y cómo estaban resueltos a vivir o morir valerosamente, partió para Antioquía, donde reclutó mercenarios con ánimo de presentarse de nuevo en Judea con fuerzas más numerosas.
36Judas y sus hermanos dijeron: «Nuestros enemigos están vencidos; subamos, pues, a purificar el Lugar Santo y a  celebrar su dedicación.»
37Se reunió todo el ejército y subieron al monte Sión.
38Cuando vieron el santuario desolado, el altar profanado, las puertas quemadas, arbustos nacidos en los atrios como en un bosque o en un monte cualquiera, y las salas destruidas,
39rasgaron sus vestidos, dieron muestras de gran dolor y pusieron ceniza sobre sus cabezas.
40Cayeron luego rostro en tierra y a una señal dada por las trompetas, alzaron sus clamores al Cielo.
41Judas dio orden a sus hombres de combatir a los de la Ciudadela hasta terminar la purificación del Lugar Santo.
42Luego eligió sacerdotes irreprochables, celosos de la Ley,
43que purificaron el Lugar Santo y llevaron las piedras de la contaminación a un lugar inmundo.
44Deliberaron sobre lo que había de hacerse con el altar de los holocaustos que estaba profanado.
45Con buen parecer acordaron demolerlo para evitarse un oprobio, dado que los gentiles lo habían contaminado. Lo  demolieron, pues,
46y depositaron sus piedras en el monte de la Casa, en un lugar conveniente, hasta que surgiera un profeta que diera  respuesta sobre ellas.
47Tomaron luego piedras sin labrar, como prescribía la Ley, y contruyeron un nuevo altar como el anterior.
48Repararon el Lugar Santo y el interior de la Casa y santificaron los atrios.
49Hicieron nuevos objetos sagrados y colocaron dentro del templo el candelabro, el altar del incienso y la mesa.
50Quemaron incienso sobre el altar y encendieron las lámparas del candelabro, que lucieron en el Templo.
51Pusieron panes sobre la mesa, colgaron las cortinas y dieron fin a la obra que habían emprendido.
52El día veinticinco del noveno mes, llamado Kisléu, del año 148, se levantaron al romper el día
53y ofrecieron sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían construido un sacrificio conforme a la Ley.
54Precisamente fue inaugurado el altar, con cánticos, cítaras, liras y címbalos, en el mismo tiempo y el mismo día en que los gentiles la habían profanado.
55El pueblo entero se postró rostro en tierra, y adoró y bendijo al Cielo que los había conducido al triunfo.
56Durante ocho días celebraron la dedicación del altar y ofrecieron con alegría holocaustos y el sacrificio de comunión y acción de gracias.
57Adornaron la fachada del Templo con coronas de oro y pequeños escudos, restauraron las entradas y las salas y les pusieron puertas.
58Hubo grandísima alegría en el pueblo, y el ultraje inferido por los gentiles quedó borrado.
59Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, decidió que cada año, a su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes de Kisléu, se celebrara con alborozo y regocijo el aniversario de la dedicación del altar.
60Por aquel tiempo, levantaron en torno al monte Sión altas murallas y fuertes torres, no fuera que otra vez se presentaran como antes los gentiles y lo pisotearan.
61Puso Judas allí una guarnición que lo defendiera y para que el pueblo tuviese una fortaleza frente a Idumea, fortificó Bet Sur.

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I Macabeos   5
1Cuando los pueblos circunvecinos supieron que había sido reconstruido el altar y restaurado como antes el santuario, se irritaron sobremanera.
2Decidieron acabar con los descendientes de Jacob que entre ellos vivían y comenzaron a matar y exterminar gente del pueblo.
3Judas movió la guerra a los hijos de Esaú en Idumea, al país de Acrabatena, porque tenían asediados a los israelitas. Les infligió fuerte derrota, les rechazó y se alzó con sus despojos.
4Recordó luego la maldad de los hijos de Baián, que eran un lazo y una trampa para el pueblo por las emboscadas que en los caminos le tendían.
5Les obligó a encerrarse en sus torres, les puso cerco y dándolos al anatema, abrasó las torres con todos los que  estaban dentro.
6Pasó a continuación a los ammonitas, donde encontró una fuerte tropa y una población numerosa cuyo jefe era Timoteo.
7Después de muchos combates, los derrotó y deshizo.
8Ocupó Yazer y sus aldeas, y regresó a Judea.
9Los gentiles de Galaad se unieron para exterminar a los israelitas que vivían en su territorio, pero ellos se refugiaron en la fortaleza de Datemá.
10Enviaron cartas a Judas y sus hermanos diciéndoles: «Los gentiles que nos rodean se han unido para exterminarnos;
11se preparan para venir a tomar la fortaleza donde nos hemos refugiado, y Timoteo está al frente de su ejército.
12Ven, pues, ahora a librarnos de sus manos, que muchos de entre nosotros han caído ya;
13todos nuestros hermanos que vivían en el país de Tubías han sido muertos, llevados cautivos sus mujeres, hijos  y bienes, y han perecido allí unos mil hombres.»
14Estaban todavía leyendo las cartas, cuando otros mensajeros, con los vestidos rasgados, llegaron de Galilea con esta noticia:
15«Se han unido los de Tolemaida, Tiro, Sidón y toda la Galilea de los Gentiles para acabar con nosotros.»
16Cuando Judas y el pueblo oyeron tales noticias, reunieron una gran asamblea para deliberar sobre lo que habían de hacer para socorrer a sus hermanos puestos en angustia y combatidos de enemigos.
17Judas dijo a su hermano Simón: «Toma gente contigo y parte a librar a tus hermanos de Galilea; mi hermano Jonatán y yo iremos a la región de Galaad.»
18Dejó para defensa de Judea a José, hijo de Zacarías, y a Azarías, jefe del pueblo, con el resto del ejército,
19dándoles esta orden: «Estad al frente del pueblo y no entréis en batalla con los gentiles hasta que nosotros regresemos.»
20Se le dieron 3.000 hombres a Simón para la campaña de Galilea y 8.000 a Judas para la de Galaad.
21Simón partió para Galilea y luego de empeñar muchos combates con los gentiles, los derrotó
22y los persiguió hasta la entrada de Tolemaida. Sucumbieron unos 3.000 gentiles y se llevó sus despojos.
23Tomó luego consigo a los judíos de Galilea y Arbattá, con sus mujeres, hijos y cuanto poseían, y en medio de una  gran alegría los llevó a Judea.
24Por su parte, Judas Macabeo y su hermano Jonatán atravesaron el Jordán y caminaron tres jornadas por el desierto.
25Se encontraron con los nabateos, que les acogieron amistosamente y les pusieron al tanto de lo que les ocurría  a sus hermanos de la región de Galaad:
26que muchos de ellos se encontraban encerrados en Bosorá y Bosor, en Alemá, Casfó, Maqued y Carnáyim, todas ellas ciudades fuertes y grandes;
27que también los había encerrados en las demás ciudades de la región de Galaad, y que sus enemigos habían fijado el día siguiente para atacar las fortalezas, tomarlas y exterminarlos a todos en un solo día.
28Inmediatamente Judas hizo que su ejército tomara el camino de Bosorá, a través del desierto; tomó la ciudad y después de pasar a filo de espada a todo varón y de saquearla por completo, la incendió.
29Partió de allí por la noche y avanzó hasta las cercanías de la fortaleza.
30Cuando, al llegar el día, alzaron los judíos sus ojos, vieron una muchedumbre innumerable que levantaba escalas e ingenios para tomar la plaza, y había comenzado ya el ataque.
31Al ver que el ataque se había iniciado y que un inmenso griterío y sonido de trompetas se levantaba de la ciudad  hasta el cielo,
32Judas dijo a los hombres de su ejército: «Combatid hoy por vuestros hermanos.»
33Y, ordenados en tres columnas, les hizo avanzar detrás del enemigo tocando las trompetas y gritando invocaciones.
34El ejército de Timoteo, al reconocer que era Macabeo, huyeron ante él, sufrieron una fuerte derrota y dejaron tendidos unos 8.000 hombres aquel día.
35Volvióse luego Judas contra Alemá. La atacó, la tomó y después de matar a todos los varones y saquearla, la dio  a las llamas.
36Partiendo de allí, se apoderó de Casfó, Maqued, Bosor y de las restantes ciudades de la región de Galaad.
37Después de estos acontecimientos, juntó Timoteo un nuevo ejército y acampó frente a Rafón, al otro lado del torrente.
38Judas envió a reconocer el campamento y le trajeron el siguiente informe: «Todos los gentiles de nuestro alrededor  se le han unido y forman un ejército considerable.
39Tienen además, como auxiliares, árabes tomados a sueldo. Acampan al otro lado del torrente y están preparados para  venir a atacarte.» Judas salió a su encuentro.
40Cuando se aproximaba con su ejército al torrente de agua, dijo Timoteo a los capitanes de sus tropas: «Si él lo  pasa primero y viene sobre nosotros, no podremos resistirle, porque nos vencerá seguramente,
41pero si muestra miedo y acampa al otro lado del río, lo atravesaremos nosotros, iremos sobre él y le venceremos.»
42Cuando Judas llegó al borde del torrente de agua, situó a los escribas del pueblo a la orilla y les dio esta orden: «No dejéis acampar a nadie; que todos vayan al combate.»
43Pasó él el primero contra el enemigo y toda su gente le siguió. Los gentiles todos, derrotados ante ellos, tiraron las armas y corrieron a buscar refugio en el templo de Carnáyim.
44Pero los judíos tomaron la ciudad y quemaron el templo con todos los que había dentro. Carnáyim fue arrasada. Y  ya nadie pudo resistir a Judas.
45Judas reunió a todos los israelitas de la región de Galaad, pequeños y grandes, a sus mujeres, hijos y bienes, una inmensa muchedumbre, para llevarlos al país de Judá.
46Llegaron a Efrón, ciudad importante y muy fuerte, situada en el camino. Necesariamente tenían que pasar por ella, por no haber posibilidad de desviarse ni a la derecha ni a la izquierda.
47Pero los habitantes les negaron el paso y bloquearon las entradas con piedras.
48Judas les envió un mensaje en son de paz diciéndoles: «Pasaremos por vuestro país para llegar al nuestro; nadie  os hará mal alguno; no limitaremos a pasar a pie.» Pero no quisieron abrirle.
49Entonces Judas hizo anunciar por el ejército que cada uno tomara posición donde se encontrara.
50La gente de guerra tomó posición y Judas atacó la ciudad todo aquel día y toda la noche, hasta que cayó en sus  manos.
51Hizo pasar a filo de espada a todos los varones, la arrasó, la saqueó, y atravesó la ciudad por encima de los cadáveres.
52Pasaron el Jordán para entrar en la Gran Llanura frente a Bet San.
53Judas fue durante toda la marcha recogiendo a los rezagados y animando al pueblo hasta llegar a la tierra de Judá.
54Subieron al monte Sión con alborozo y alegría y ofrecieron holocaustos por haber regresado felizmente sin haber perdido a ninguno de los suyos.
55Cuando Judas y Jonatán estaban en el país de Galaad, y su hermano Simón en Galilea, frente a Tolemaida,
56José, hijo de Zacarías, y Azarías, jefes del ejército, al oír las proezas y combates que aquéllos habían realizado,
57se dijeron: «Hagamos nosotros también célebre nuestro nombre saliendo a combatir a los gentiles de los alrededores.»
58Y dieron orden a la tropa que estaba bajo su mando de ir sobre Yamnia.
59Gorgias salió de la ciudad con su gente para irles al encuentro y entrar en batalla.
60Y José y Azarías fueron derrotados y perseguidos hasta la frontera de Judea. Sucumbieron aquel día alrededor de  2.000 hombres del pueblo de Israel.
61Sobrevino este grave revés al pueblo por no haber obedecido a Judas y sus hermanos, creyéndose capaces de grandes  hazañas.
62Pero no eran ellos de aquella casta de hombres a quienes estaba confiada la salvación de Israel.
63El valiente Judas y sus hermanos alcanzaron gran honor ante todo Israel y todas las naciones a donde su nombre llegaba.
64Las muchedumbres se agolpaban a su alrededor para aclamarles.
65Salió Judas con sus hermanos a campaña contra los hijos de Esaú, al país del mediodía. Tomó Hebrón y sus aldeas, arrasó sus murallas y prendió fuego a las torres de su contorno.
66Partió luego en dirección al país de los filisteos y atravesó Marisá.
67Al querer señalarse tomando parte imprudentemente en el combate, cayeron aquel día algunos sacerdotes.
68Dobló luego Judas sobre Azoto, territorio de los filisteos, y destruyó sus altares, dio fuego a las imágenes de sus dioses y saqueó sus ciudades. Después, regresó al país de Judá.

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I Macabeos   6
1El rey Antíoco, en su recorrido por la región alta, tuvo noticia de que había una ciudad en Persia, llamada Elimaida, famosa por sus riquezas, su plata y su oro.
2Tenía un templo rico en extremo, donde se guardaban armaduras de oro, corazas y armas dejadas allí por Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia, que fue el primer rey de los griegos.
3Allá se fue con intención de tomar la ciudad y entrar a saco en ella. Pero no lo consiguió, porque los habitantes de la ciudad, al conocer sus propósitos,
4le ofrecieron resistencia armada, y tuvo que salir huyendo y marcharse de allí con gran tristeza para volverse a Babilonia.
5Todavía se hallaba en Persia, cuando llegó un mensajero anunciándole la derrota de las tropas enviadas a la tierra  de Judá.
6Lisias, en primer lugar, había ido al frente de un poderoso ejército, pero había tenido que huir ante los judíos. Estos se habían crecido con las tropas y los muchos despojos tomados a los ejércitos vencidos.
7Habían destruido la Abominación levantada por él sobre el altar de Jerusalén. Habían rodeado de altas murallas  como antes el santuario, así como a Bet Sur, ciudad del rey.
8Ante tales noticias, quedó el rey consternado, presa de intensa agitación, y cayó en cama enfermo de pesadumbre  por no haberle salido las cosas como él quisiera.
9Muchos días permaneció allí, renovándosele sin cesar la profunda tristeza, hasta que sintió que se iba a morir.
10Hizo venir entonces a todos sus amigos y les dijo: «Huye el sueño de mis ojos y mi corazón desfallece de ansiedad.
11Me decía a mí mismo: ¿Por qué he llegado a este extremo de aflicción y me encuentro en tan gran tribulación, siendo así que he sido bueno y amado en mi gobierno?
12Pero ahora caigo en cuenta de los males que hice en Jerusalén, cuando me llevé los objetos de plata y oro que en ella había y envié gente para exterminar sin motivo a los habitantes de Judá.
13Reconozco que por esta causa me han sobrevenido los males presentes y muero de inmensa pesadumbre en tierra extraña.»
14Llamó luego a Filipo, uno de sus amigos, y le puso al frente de todo su reino.
15Le dio su diadema, sus vestidos y su anillo, encargándole que educara a su hijo Antíoco y le preparara para que fuese rey.
16Allí murió el rey Antíoco el año 149.
17Lisias, al saber la muerte del rey, puso en el trono a su hijo Antíoco, al que había educado desde niño, y le dio  el sobrenombre de Eupátor.
18La guarnición de la Ciudadela tenía sitiado a Israel en el recinto del Lugar Santo; buscaba siempre ocasión de  causarle mal y de ofrecer apoyo a los gentiles.
19Resuelto Judas a exterminarlos, convocó a todo el pueblo para sitiarles.
20El año 150, una vez reunidos, dieron comienzo al sitio de la Ciudadela y construyeron plataformas de tiro e ingenios de guerra.
21Pero algunos de los sitiados lograron romper el cerco y juntándoseles otros de entre los impíos de Israel,
22acudieron al rey para decirle: «¿Hasta cuándo vas a estar sin hacer justicia y sin vengar a nuestros hermanos?
23Nosotros aceptamos de buen grado servir a tu padre, seguir sus órdenes y obedecer sus edictos.
24Esta es la causa por la que nuestros conciudadanos se nos muestran hostiles. Han matado a cuantos de nosotros han caído en sus manos y nos han arrebatado nuestras haciendas.
25Pero no sólo han alzado su mano sobre nosotros, sino también sobre todos tus territorios.
26He aquí que hoy tienen puesto cerco a la Ciudadela de Jerusalén con intención de tomarla y han fortificado el santuario y Bet Sur.
27Si no te apresuras a atajarles, se atreverán a más, y ya te será imposible contenerles.»
28Al oírlo el rey, montó en cólera y convocó a todos sus amigos, capitanes del ejército y comandantes de la caballería.
29Le llegaron tropas mercenarias de otros reinos y de la islas del mar.
30El número de sus fuerzas era de 10.000 infantes, 20.000 jinetes y 32 elefantes adiestrados para la guerra.
31Viniendo por Idumea, pusieron cerco a Bet Sur y la atacaron durante mucho tiempo, valiéndose de ingenios de guerra. Pero los sitiados, en salidas que hacían, se los quemaban y peleaban valerosamente.
32Entonces Judas partió de la Ciudadela y acampó en Bet Zacaría, frente al campamento real.
33El rey se levantó de madrugada y puso en marcha el ejército con todo su ímpetu por el camino de Bet Zacaría. Los ejércitos se dispusieron para entrar en batalla y se tocaron las trompetas.
34A los elefantes les habían mostrado zumo de uvas y moras para prepararlos al combate.
35Las bestias estaban repartidas entre las falanges. Mil hombres, con cota de malla y casco de bronce en la cabeza, se alineaban al lado de cada elefante. Además, con cada bestia iban quinientos jinetes escogidos,
36que estaban donde el animal estuviese y le acompañaban adonde fuese, sin apartarse de él.
37Cada elefante llevaba sobre sí, sujeta con cinchas, una torre fuerte de madera como defensa y tres guerreros que  combatían desde ella, además del conductor.
38Al resto de la caballería el rey lo colocó a un lado y otro, en los flancos del ejército, con la misión de hostigar al enemigo y proteger las falanges.
39Cuando el sol dio sobre los escudos de oro y bronce, resplandecieron los montes a su fulgor y brillaron como antorchas encendidas.
40Una parte del ejército real se desplegó por las alturas de los montes, mientras algunos lo hicieron por el llano; y avanzaban con seguridad y buen orden.
41Se estremecían todos los que oían el griterío de aquella muchedumbre y el estruendo que levantaba al marchar y  entrechocar las armas; era, en efecto, un ejército muy grande y fuerte.
42Judas y su ejército se adelantaron para entrar en batalla, y sucumbieron seiscientos hombres del ejército real.
43Eleazar, llamado Avarán, viendo una de las bestias que iba protegida de una coraza real y que aventajaba en corpulencia a todas las demás, creyó que el rey iba en ella,
44y se entregó por salvar a su pueblo y conseguir un nombre inmortal.
45Corrió audazmente hasta la bestia, metiéndose entre la falange, matando a derecha e izquierda y haciendo que los  enemigos se apartaran de él a un lado y a otro;
46se deslizó debajo del elefante e hiriéndole por debajo, lo mató. Cayó a tierra el animal sobre él y allí murió Eleazar.
47Los judíos, al fin, viendo la potencia del reino y la impetuosidad de sus tropas, cedieron ante ellas.
48El ejército real subió a Jerusalén, al encuentro de los judíos, y el rey acampó contra Judea y contra el monte  Sión.
49Hizo la paz con los de Bet Sur, que salieron de la ciudad al no tener allí víveres para sostener el sitio por ser  año sabático para la tierra.
50El rey ocupó Bet Sur y dejó allí una guarnición para su defensa.
51Muchos días estuvo sitiando el santuario. Levantó allí plataformas de tiro e ingenios de guerra, lanzallamas, catapultas, escorpiones de lanzar flechas y hondas.
52Por su parte, los sitiados construyeron ingenios contra los ingenios de los otros y combatieron durante muchos días.
53Pero no había víveres en los almacenes, porque aquel era año séptimo, y además los israelitas liberados de los  gentiles y traídos a Judea habían consumido las últimas reservas.
54Víctimas, pues, del hambre, dejaron unos pocos hombres en el Lugar Santo y los demás se dispersaron cada uno a  su casa.
55Se enteró Lisias de que Filipo, aquel a quien el rey Antíoco había confiado antes de morir la educación de su hijo Antíoco para el trono,
56había vuelto de Persia y Media y con él las tropas que acompañaron al rey, y que trataba de hacerse con la dirección del gobierno.
57Entonces se apresuró a señalar la conveniencia de volverse, diciendo al rey, a los capitanes del ejército y a la tropa: «De día en día venimos a menos; las provisiones faltan; la plaza que asediamos está bien fortificada y los negocios del reino nos urgen.
58Demos, pues, la mano a estos hombres, hagamos la paz con ellos y con toda su nación
59y permitámosles vivir según sus costumbres tradicionales, pues irritados por habérselas abolido nosotros, se han  portado de esta manera.»
60El rey y los capitanes aprobaron la idea y el rey envió a proponer la paz a los sitiados. Estos la aceptaron
61y el rey y los capitanes se la juraron. Con esta garantía salieron de la fortaleza
62y el rey entró en el monte Sión. Pero al ver la fortaleza de aquel lugar, violó el juramento que había hecho y  ordenó destruir la muralla que lo rodeaba.
63Luego, a toda prisa, partió y volvió a Antioquía, donde encontró a Filipo dueño de la ciudad. Le atacó y se apoderó de la ciudad por la fuerza.


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I Macabeos   7
1El año 151, Demetrio, hijo de Seleuco, salió de Roma y, con unos pocos hombres, arribó a una ciudad marítima donde se proclamó rey.
2Cuando se disponía a entrar en la residencia real de sus padres, el ejército apresó a Antíoco y a Lisias para llevarlos a su presencia.
3Al saberlo, dijo: «No quiero ver sus caras.»
4El ejército los mató y Demetrio se sentó en su trono real.
5Entonces todos los hombres sin ley e impíos de Israel acudieron a él, con Alcimo al frente, que pretendía el sumo sacerdocio.
6Ya en su presencia, acusaron al pueblo diciendo: «Judas y sus hermanos han hecho perecer a todos tus amigos y a  nosotros nos han expulsado de nuestro país.
7Envía, pues, ahora una persona de tu confianza, que vaya y vea los estragos que en nosotros y en la provincia del rey han causado, y los castigue a ellos y a todos los que les apoyan.»
8El rey eligió a Báquides, uno de los amigos del rey, gobernador de Transeufratina, grande en el reino y fiel al rey.
9Le envió con el impío Alcimo, a quien concedió el sacerdocio, a tomar venganza de los israelitas.
10Partieron con un ejército numeroso y en llegando a la tierra de Judá, enviaron mensajeros a Judas y sus hermanos con falsas proposiciones de paz.
11Pero éstos no hicieron caso de sus palabras, porque vieron que habían venido con un ejército numeroso.
12No obstante, un grupo de escribas se reunió con Alcimo y Báquides, tratando de encontrar una solución justa.
13Los asideos eran los primeros entre los israelitas en pedirles la paz,
14pues decían: «Un sacerdote del linaje de Aarón ha venido con el ejército: no nos hará ningún mal.»
15Habló con ellos amistosamente y les aseguró bajo juramento: «No intentaremos haceros mal ni a vosotros ni a vuestros  amigos.»
16Le creyeron, pero él prendió a sesenta de ellos y les hizo morir en un mismo día, según la palabra que estaba escrita:
17 «Esparcieron la carne y la sangre de tus santos en torno a Jerusalén y no hubo quien les diese sepultura.»
18Con esto, el miedo hacia ellos y el espanto se apoderó del pueblo, que decía: «No hay en ellos verdad ni justicia, pues han violado el pacto y el juramento que habían jurado.»
19Báquides partió de Jerusalén y acampó en Bet Zet. De allí mandó a prender a muchos que habían desertado donde él y a algunos del pueblo, los mató y los arrojó en el pozo grande.
20Luego puso la provincia en manos de Alcimo, dejó con él tropas que le sostuvieran y se marchó adonde el rey.
21Alcimo luchó por el sumo sacerdocio.
22Se le unieron todos los perturbadores del pueblo, se hicieron dueños de la tierra de Judá y causaron graves males  a Israel.
23Viendo Judas todo el daño que Alcimo y los suyos hacían a los hijos de Israel, mayor que el que habían causado  los gentiles,
24salió a recorrer todo el territorio de Judea para tomar venganza de los desertores y no dejarles andar por la región.
25Al ver Alcimo que Judas y los suyos cobraban fuerza y que él no podía resistirles, se volvió donde el rey y les acusó de graves delitos.
26El rey envió a Nicanor, uno de sus generales más distinguidos y enemigo declarado de Israel, y le mandó exterminar al pueblo.
27Nicanor llegó a Jerusalén con un ejército numeroso y envió a Judas y sus hermanos un insidioso mensaje de paz diciéndoles:
28«No haya lucha entre vosotros y yo; iré a veros amistosamente con una pequeña escolta.»
29Fue pues, donde Judas y ambos se saludaron amistosamente, pero los enemigos estaban preparados para raptar a Judas.
30Al conocer que había venido a él con engaños, se atemorizó Judas y no quiso verle más.
31Viendo descubiertos sus planes, Nicanor salió a enfrentarse con Judas cerca de Cafarsalamá.
32Cayeron unos quinientos hombres del ejército de Nicanor y los demás huyeron a la Ciudad de David.
33Después de estos sucesos, subió Nicanor al monte Sión. Salieron del Lugar Santo sacerdotes y ancianos del pueblo  para saludarle amistosamente y mostrarle el holocausto que se ofrecía por el rey.
34Pero él se burló de ellos, les escarneció, les mancilló y habló insolentemente.
35Colérico, les dijo con juramento: «Si esta vez no se me entrega Judas y su ejército en mis manos, cuando vuelva, hecha la paz, prenderé fuego a esta Casa.» Y salió lleno de furor.
36Entraron los sacerdotes y, de pie ante el altar y el santuario, exclamaron llorando:
37«Tú has elegido esta Casa para que en ella fuese invocado tu nombre y fuese casa de oración y súplica para tu pueblo;
38toma vengaza de este hombre y de su ejército y caigan bajo la espada. Acuérdate, de sus blasfemias y no les des  tregua.»
39Nicanor partió de Jerusalén y acampó en Bet Jorón, donde se le unió un contingente de Siria.
40Judas acampó en Adasá con 3.000 hombres y oró diciendo:
41«Cuando los enviados del rey blasfemaron, salió tu ángel y mató a 185.000 de ellos;
42destruye también hoy este ejército ante nosotros y reconozcan los que queden que su jefe profirió palabras impías contra tu Lugar Santo; júzgale según su maldad.»
43El día trece del mes de Adar trabaron batalla los ejércitos y salió derrotado el de Nicanor. Nicanor cayó el primero  en el combate,
44y su ejército, al verle caído, arrojó las armas y se dio a la fuga.
45Les estuvieron persiguiendo un día entero, desde Adasá hasta llegar a Gázara, dando aviso tras ellos con el sonido de las trompetas.
46Salió gente de todos los pueblos judíos del contorno y, envolviéndoles, les obligaron a volverse los unos sobre los otros. Todos cayeron a espada; no quedó ni uno de ellos.
47Tomaron los despojos y el botín; cortaron la cabeza de Nicanor y su mano derecha, aquella que había extendido insolentemente, y las llevaron para exponerlas a la vista de Jerusalén.
48El pueblo se llenó de gran alegría; celebraron aquel día como un gran día de regocijo
49y acordaron conmemorarlo cada año el trece de Adar.
50El país de Judá gozó de sosiego por algún tiempo.


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I Macabeos   8
1La fama de los romanos llegó a oídos de Judas. Decían que eran poderosos, se mostraban benévolos con todos los  que se les unían, establecían amistad con cuantos acudían a ellos
2(y eran poderosos). Le contaron sus guerras y las proezas que habían realizado entre los galos, cómo les habían dominado y sometido a tributo;
3todo cuanto habían hecho en la región de Espanña para hacerse con las minas de plata y oro de allí,
4cómo se habían hecho dueños de todo el país gracias a su prudencia y perseverancia (a pesar de hallarse aquel país a larga distancia del suyo); a los reyes venidos contra ellos desde los confines de la tierra, los habían  derrotado e inferido fuerte descalabro, y los demás les pagaban tributo cada año;
5habían vencido en la guerra a Filipo, a Perseo, rey de los Kittim, y a cuantos se habían alzado contra ellos, y los habían sometido;
6Antíoco el Grande, rey de Asia, había ido a hacerles la guerra con 120 elefantes, caballería, carros y tropas muy numerosas, y fue derrotado,
7le apresaron vivo y le obligaron, a él y a sus sucesores en el trono, a pagarles un gran tributo, a entregar rehenes y a ceder
8algunas de sus mejores provincias: la provincia índica, Media y Lidia, que le quitaron para dárselas al rey Eumeno;
9los de Grecia habían concebido el proyecto de ir a exterminarlos,
10y en sabiéndolo los romanos, enviaron contra ellos a un solo general, les hicieron la guerra, mataron a muchos  de ellos, llevaron cautivos a sus mujeres y niños, saquearon sus bienes, subyugaron el país, arrasaron  sus fortalezas y les sometieron a servidumbre hasta el día de hoy;
11a los demás reinos y a las islas, a cuantos en alguna ocasión les hicieron frente, los destruyeron y redujeron  a servidumbre.
12En cambio, a sus amigos y a los que en ellos buscaron apoyo, les mantuvieron su amistad. Tienen bajo su dominio  a los reyes vecinos y a los lejanos y todos cuantos oyen su nombre les temen.
13Aquellos a quienes quieren ayudar a conseguir el trono, reinan; y deponen a los que ellos quieren. Han alcanzado  gran altura.
14No obstante, ninguno de ellos se ciñe la diadema ni se viste de púrpura para engreírse con ella.
15Se han creado un Consejo, donde cada día 320 consejeros deliberan constantemente en favor del pueblo para mantenerlo  en buen orden.
16Confían cada año a uno solo el mando sobre ellos y el dominio de toda su tierra. Todos obedecen a este solo hombre sin que haya entre ellos envidias ni celos.
17Judas eligió a Eupólemo, hijo de Juan, y de Haqcós, y a Jasón, hijo de Eleazar, y los envió a Roma a concertar amistad y alianza,
18para sacudirse el yugo de encima, porque veían que el reino de los griegos tenía a Israel sometido a servidumbre.
19Partieron, pues, para Roma y luego de un larguísimo viaje, entraron en el Consejo, donde tomando la palabra, dijeron:
20Judas, llamado Macabeo, sus hermanos y el pueblo judío nos han enviado donde vosotros para concertar con vosotros  alianza y paz y para que nos inscribáis en el número de vuestros aliados y amigos.»
21La propuesta les pareció bien.
22Esta es la copia de la carta que enviaron a Jerusalén, grabada en planchas de bronce, para que fuesen allí para  ellos documento de paz y alianza:
23«Felicidad a los romanos y a la nación de los judíos por mar y tierra para siempre. Lejos de ellos la espada y el enemigo.
24Pero, si le sobreviene una guerra primero a Roma o a cualquiera de sus aliados en cualquier parte de sus dominios,
25la nación de los judíos luchará a su lado, según las circunstancias se lo dicten, de todo corazón.
26No darán a los enemigos ni les suministrarán trigo, armas, dinero ni naves. Así lo ha decidido Roma. Guardarán sus compromisos sin recibir compensación alguna.
27De la misma manera, si sobreviene una guerra primero a la nación de los judíos, los romanos lucharán a su lado, según las circunstancías se lo dicten, con toda el alma.
28No darán a los combatientes trigo, armas, dinero ni naves. Así lo ha decidido Roma. Guardarán sus compromisos sin  dolo.
29En estos términos se han concertado los romanos con el pueblo de los judíos.
30Si posteriormente unos y otros deciden añadir o quitar algo, lo podrán hacer a su agrado, y lo que añadan o quiten  será valedero.
31«En cuanto a los males que el rey Demetrio les ha causado, le hemos escrito diciéndole: "¿Por qué has hecho sentir pesadamente tu yugo sobre nuestros amigos y aliados los judíos?
32Si otra vez vuelven a quejarse de ti, nosotros les haremos justicia y te haremos la guerra por mar y tierra."»


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I Macabeos   9
1Cuando supo Demetrio que Nicanor y su ejército habían caído en la guerra, envió a la tierra de Judá, en una nueva expedición, a Báquides y Alcimo con el ala derecha de su ejército.
2Tomaron el camino de Galilea y pusieron cerco a Mesalot en el territorio de Arbelas; se apoderaron de ella y mataron  mucha gente.
3El primer mes del año 152 acamparon frente a Jerusalén,
4de donde partieron con 20.000 hombres y 2.000 jinetes en dirección a Beerzet.
5Judas tenía puesto su campamento en Eleasá y estaban con él 3.000 hombres escogidos.
6Pero al ver la gran muchedumbre de los enemigos, les entró mucho miedo y muchos escaparon del campamento; no quedaron más que ochocientos hombres.
7Judas vio que su ejército estaba desbandado y que la batalla le apremiaba, y se le quebrantó el corazón, pues no había tiempo de volverlos a juntar.
8Aunque desfallecido, dijo a los que le habían quedado: «Levantémonos y subamos contra nuestros adversarios por si podemos hacerles frente.»
9Trataban de disuadirle diciéndole: «No podemos; salvemos nuestras vidas de momento y volvamos luego con nuestros  hermanos para combatir contra ellos, que ahora estamos pocos.»
10Judas replicó: «¡Eso nunca, obrar así y huir ante ellos! Si nuestra hora ha llegado, muramos con valor por nuestros hermanos y no dejemos tacha a nuestra gloria.»
11Salió la tropa del campamento y se ordenó para irles al encuentro: la caballería dividida en dos escuadrones, arqueros y honderos en avanzadilla, y los más aguerridos en primera línea;
12Báquides ocupaba el ala derecha. La falange se acercó por los dos lados y tocaron las trompetas. Los que estaban con Judas tocaron también las suyas,
13y la tierra se estremeció con el estruendo de los ejércitos. Se trabó el combate y se mantuvo desde el amanecer hasta la caída de la tarde.
14Vio Judas que Báquides y sus mejores tropas se encontraban en la parte derecha; se unieron a él los más esforzados,
15y derrotaron al ala derecha y la persiguieron hasta los montes de Azara.
16Pero el ala izquierda, al ver derrotada el ala derecha, se volvió sobre los pasos de Judas y los suyos, por detrás.
17La lucha se encarnizó y cayeron muchos de uno y otro bando.
18Judas cayó y los demás huyeron.
19Jonatán y Simón tomaron a su hermano Judas y le dieron sepultura en el sepulcro de sus padres en Modín.
20Todo Israel le lloró, hizo gran duelo por él y muchos días estuvieron repitiendo esta lamentación:
21«¡Cómo ha caído el héroe que salvaba a Israel!»
22Las demás empresas de Judas, sus guerras, proezas que realizó, ocasiones en que alcanzó gloria, fueron demasiado  numerosas para ser escritas.
23Con la muerte de Judas asomaron los sin ley por todo el territorio de Israel y levantaron cabeza todos los que  obraban la iniquidad.
24Hubo entonces un hambre extrema y el país se pasó a ellos.
25Báquides escogió hombres impíos y los puso al frente del país.
26Se dieron éstos a buscar con toda su suerte de pesquisas a los amigos de Judas y los llevaban a Báquides, que les  castigaba y escarnecía.
27Tribulación tan grande no sufrió Israel desde los tiempos en que dejaron de aparecer profetas.
28Entonces todos los amigos de Judas se reunieron y dijeron a Jonatán:
29«Desde la muerte de tu hermano Judas no tenemos un hombre semejante a él que salga y vaya contra los enemigos,  contra Báquides y contra los que odian a nuestra nación.
30Por eso, te elegimos hoy a ti para que, ocupando el lugar de tu hermano, seas nuestro jefe y guía en la lucha que  sostenemos.»
31En aquel momento Jonatán tomó el mando como sucesor de su hermano Judas.
32Al enterarse Báquides trataba de hacer morir a Jonatán.
33Pero Jonatán lo supo y su hermano Simón y todos sus partidarios y huyeron al desierto de Técoa, donde establecieron su campamento junto a las aguas de la cisterna de Asfar.
34(Báquides se enteró un día de sábado y pasó con todas las tropas al lado de allá del Jordán.)
35Jonatán envió a su hermano, jefe de la tropa, a pedir a sus amigos los nabateos autorización para dejar con ellos  su impedimenta, que era mucha.
36Pero los hijos de Amrai, los de Medabá, hicieron una salida, se apoderaron de Juan y de cuanto llevaba y se alejaron con su presa.
37Después de esto, Jonatán y su hermano Simón, recibieron la noticia de que los hijos de Amrai celebraban una espléndida boda y traían de Nabatá, en medio de gran pompa, a la novia, hija de uno de los principales de Canaán.
38Recordaron entonces el sangriento fin de su hermano Juan y subieron a ocultarse al abrigo de la montaña.
39Al alzar los ojos, vieron que avanzaba en medio de confusa algazara una numerosa caravana, y que a su encuentro venía el novio, acompañado de sus amigos y hermanos, con tambores, música y gran aparato.
40Salieron entonces de su emboscada y cayeron sobre ellos para matarlos. Muchos cayeron muertos y los demás huyeron a la montaña. Se hicieron con todos sus despojos.
41 La boda acabó en duelo y la música en lamentación.
42Una vez tomada venganza de la sangre de su hermano, se volvieron a las orillas pantanosas del Jordán.
43Al enterarse Báquides, vino el día de sábado con numerosa tropa a las riberas del Jordán.
44Jonatán dijo a su gente: «Levantémonos y luchemos por nuestras vidas, que hoy no es como ayer y anteayer.
45Delante de nosotros y detrás, la guerra; por un lado y por otro, las aguas del Jordán, las marismas, las malezas: no hay lugar a donde retirarse.
46Levantad, pues, ahora la voz al Cielo para salvaros de las manos de vuestros enemigos.»
47Entablado el combate, Jonatán tendió su mano para herir a Báquides y éste le esquivó echándose atrás,
48con lo que Jonatán y los suyos pudieron lanzarse al Jordán y ganar a nado la orilla opuesta. Sus enemigos no atravesaron el río en su persecución.
49Unos mil hombres del ejército de Báquides sucumbieron aquel día.
50Vuelto a Jerusalén, hizo Báquides levantar ciudades fortificadas en Judea: la fortaleza de Jericó, Emaús, Bet Jorón, Betel, Tamnatá, Faratón y Tefón, con altas murallas, puertas y cerrojos
51y puso en ellas guarniciones que hostilizaran a Israel.
52Fortificó también la ciudad de Bet Sur, Gázara y la Ciudadela, y puso en ellas tropas y depósitos de víveres.
53Tomó como rehenes a los hijos de los principales de la región y los dejó bajo guardia en la Ciudadela de Jerusalén.
54El segundo mes del año 153, ordenó Alcimo demoler el muro del atrio interior del Lugar Santo. Destruía con ello  la obra de los profetas. Había comenzado la demolición,
55cuando en aquel tiempo sufrió Alcimo un ataque y su obra quedó parada. Se le obstruyó la boca y se le quedó paralizada, de suerte que no le fue posible ya pronunciar palabra ni dar disposiciones en la tocante a su casa.
56Alcimo murió entonces en medio de grandes sufrimientos.
57Cuando Báquides vio que había muerto Alcimo, se volvió adonde el rey y hubo tranquilidad en el país de Judá por espacio de dos años.
58Todos los sin ley se confabularon diciendo: «Jonatán y los suyos viven tranquilos y confiados. Hagamos, pues, venir  ahora a Báquides y los prenderá a todos ellos en una sola noche.»
59Fueron a comunicar el plan con él,
60y Báquides se puso en marcha con un fuerte ejército. Envió cartas secretas a sus alidados de Judea ordenándoles  prender a Jonatán y a los suyos. Pero no pudieron, porque fueron conocidas sus intenciones,
61antes bien ellos prendieron a unos cincuenta hombres de la región, cabecillas de esta maldad, y les dieron muerte.
62A continuación, Jonatán, Simón y los suyos se retiraron a Bet Basí, en el desierto, repararon lo que en aquella plaza estaba derruido y la fortificaron.
63En sabiéndolo Báquides, juntó a toda su gente y convocó a sus partidarios de Judea.
64Llegó y puso cerco a Bet Basí, la atacó durante muchos días y construyó ingenios de guerra.
65Jonatán, dejando a su hermano Simón en la ciudad, salió por la región y fue con una pequeña tropa,
66con la que derrotó en su campamento a Odomerá y a sus hermanos, así como a los hijos de Fasirón. Estos empezaron a herir y a subir con las tropas.
67Simón y sus hombres, por su parte, salieron de la ciudad y dieron fuego a los ingenios.
68Trabaron combate con Báquides, le derrotaron y le dejaron sumido en profunda amargura, porque habían fracasado su plan y su ataque.
69Montó en cólera contra los hombres sin ley que le habían aconsejado venir a la región, mató a muchos de ellos y  decidió volverse a su tierra.
70Al saberlo, le envió Jonatán legados para concertar con él la paz y conseguir que les devolviera los prisioneros.
71Báquides aceptó y accedió a las peticiones de Jonatán. Se comprometió con juramento a no hacerle mal en todos los  días de su vida,
72y le devolvió los prisioneros que anteriormente había capturado en el país de Judá. Partió luego para su tierra y no volvió más a territorio judío.
73Así descansó la espada en Israel. Jonatán se estableció en Mikmas, comenzó a juzgar al pueblo e hizo desaparecer  de Israel a los impíos.

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I Macabeos  10
1El año 160, Alejandro Epífanes, hijo de Antíoco, vino por mar y ocupó Tolemaida donde, siendo bien acogido, se proclamó rey.
2Al tener noticia de ello, el rey Demetrio juntó un ejército muy numeroso y salió a su encuentro para combatir con él.
3Envió también Demetrio una carta amistosa a Jonatán en que prometía engrandecerle,
4porque se decía: «Adelantémonos a hacer la paz con ellos antes que Jonatán la haga con Filipo contra nosotros,
5al recordar los males que le causamos a él, a sus hermanos y a su nación.»
6Le concedía autorización para reclutar tropas, fabricar armamento y contarse entre sus aliados. Mandaba, además, que le fuesen entregados los rehenes que se encontraban en la Ciudadela.
7Jonatán fue a Jerusalén y leyó la carta a oídos de todo el pueblo y de los que ocupaban la Ciudadela.
8Les entró mucho miedo cuando oyeron que el rey le concedía autorización para reclutar tropas.
9La gente de la Ciudadela entregó los rehenes a Jonatán y él los devolvió a sus padres.
10Jonatán fijó su residencia en Jerusalén y se dio a reconstruir y restaurar la ciudad.
11Ordenó a los encargados de las obras levantar las murallas y rodear el monte Sión con piedras de sillería para  fortificarlo, y así lo hicieron.
12Los extranjeros que ocupaban las fortalezas levantadas por Báquides, huyeron;
13abandonando sus puestos partieron cada uno para su país.
14Sólo en Bet Sur quedaron algunos de los que habían abandonado la Ley y los preceptos porque esta plaza era su refugio.
15El rey Alejandro se enteró de los ofrecimientos que Demetrio había hecho a Jonatán. Le contaron además las guerras y proezas que él y sus hermanos habían realizado y los trabajos que habían sufrido.
16Y dijo: «¿Podremos hallar otro hombre como éste? Hagamos de él un amigo y un aliado nuestro.»
17Le escribió, pues, y le envió una carta redactada en los siguientes términos:
18«El rey Alejandro saluda a su hermano Jonatán.
19Hemos oído que eres un valiente guerrero y digno de ser amigo nuestro.
20Por eso te nombramos hoy sumo sacerdote de tu nación y te concedemos el título de amigo del rey - le enviaba al mismo tiempo una clámide de púrpura y una corona de oro -. Por tu parte, haz tuya nuestra causa y guárdanos tu amistad.»
21El séptimo mes del año 160, con ocasión de la fiesta de las Tiendas, vistió Jonatán los ornamentos sagrados; reclutó tropas y fabricó gran cantidad de armanento.
22Demetrio, al saber lo sucedido, dijo disgustado:
23«¿Qué hemos hecho para que Alejandro se nos haya adelantado en ganar la amistad y el apoyo de los judíos?
24Les escribiré también yo con ofrecimientos de dignidades y riquezas para que sean auxiliares míos.»
25Y les escribió en estos términos:
26El rey Demetrio saluda a la nación de los judíos. Nos hemos enterado con satisfacción de que habéis guardado los  términos de nuestra alianza y perseverado en nuestra amistad sin pasaros al bando de nuestros enemigos.
27Continuad, pues guardándonos fidelidad y os recompensaremos por todo lo que por nosotros hagáis.
28Os descargaremos de muchas obligaciones y os concederemos favores.
29Y ya desde ahora os libero y descargo a todos los judíos de las contribuciones, del impuesto de la sal y de las  coronas.
30Renuncio también de hoy en adelante a percibir el tercio de los granos y la mitad de los frutos de los árboles que me correspondían, del país de Judá y también de los tres distritos que le son anexionados de Samaría - Galilea... a partir de hoy para siempre.
31Jerusalén sea santa y exenta, así como todo su territorio, sus diezmos y tributos.
32Renuncio asimismo a mi soberanía sobre la Ciudadela de Jerusalén y se la cedo al sumo sacerdote que podrá poner  en ella de guarnición a los hombres que él elija.
33A todo judío llevado cautivo de Judá a cualquier parte de mi reino, le devuelvo la libertad sin rescate. Todos queden libres de tributo, incluso sobre sus ganados.
34Todas las fiestas, los sábados y los novilunios y, además del día fijado, los tres días que las preceden y los tres que las siguen, sean todos ellos días de inmunidad y franquicia para todos los judíos residentes en mi reino:
35nadie tendrá autorización para demandarles ni inquietarles a ninguno de ellos por ningún motivo.
36En los ejércitos del rey sean alistados hasta 30.000 judíos que percibirán la soldada asignada a las demás tropas  del rey.
37De ellos, algunos serán apostados en las fortalezas importantes del rey y otros ocuparán puestos de confianza en el reino. Sus oficiales y jefes salgan de entre ellos, y vivan conforme a sus leyes, como lo ha dispuesto el rey para el país de Judá.
38Los tres distritos incorporados a Judea, de la provincia de Samaría, queden anexionados a Judea y contados por suyos, de modo que, sometidos a un mismo jefe, no acaten otra autoridad que la del sumo sacerdote.
39Entrego Tolemaida y sus dominios como obsequio al Lugar Santo de Jerusalén para cubrir los gastos normales del  Lugar Santo.
40Por mi parte, daré cada año 15.000 siclos de plata, que se tomarán de los ingresos reales en las localidades convenientes.
41Todo el excedente que los funcionarios no hayan entregado como en años anteriores, lo darán desde ahora para las obras de la Casa.
42Además, los 5.000 siclos de plata que se deducían de los ingresos del Lugar Santo en la cuenta de cada año, los  cedo por ser emolumento de los sacerdotes en servicio del culto.
43Todo aquel que por deudas con los impuestos reales, o por cualquier otra deuda, se refugie en el Templo de Jerusalén o en su recinto, quede inmune, él y cuantos bienes posea en mi reino.
44Los gastos que se originen de las construcciones y reparaciones en el Lugar Santo correrán a cuenta del rey.
45Los gastos de la construcción de las murallas de Jerusalén y la fortificación de su recinto correrán asimismo a cuenta del rey, como también la reconstrucción de murallas en Judea.»
46Cuando Jonatán y el pueblo oyeron tales ofrecimientos, no les dieron crédito ni los aceptaron, porque recordaban los graves males que Demetrio había causado a Israel y la opresión tan grande a que les había sometido.
47Se decidieron, pues, por el partido de Alejandro que, a su parecer, les ofrecía mayores ventajas y fueron aliados  suyos en todo tiempo.
48El rey Alejandro juntó un gran ejército y acampó frente a Demetrio.
49Los dos reyes trabaron combate y salió huyendo el ejército de Alejandro. Demetrio se lanzó en su persecución y prevaleció sobre ellos.
50Mantuvo vigorosamente el combate hasta la puesta del sol. Pero en aquella jornada Demetrio sucumbió.
51Alejandro envió embajadores a Tolomeo, rey de Egipto, con el siguiente mensaje:
52«Vuelto a mi reino, me he sentado en el trono de mis padres y ocupado el poder después de derrotar a Demetrio y  hacerme dueño de nuestro país;
53porque trabé combate con él y luego de derrotarle a él y a su ejército, nos hemos sentado en su trono real.
54Establezcamos, pues, vínculos de amistad entre nosotros y dame a tu hija por esposa; seré tu yerno y te haré, como a ella, presentes dignos de ti.»
55El rey Tolomeo le contestó diciendo: «¡Dichoso el día en que, vuelto al país de tus padres, te sentaste en el trono de su reino!
56Pues bien, haré por tí lo que has escrito. Pero ven a encontrarme en Tolemaida donde nos veamos el uno al otro, y te tomaré por yerno como has dicho.»
57Tolomeo partió de Egipto llevando consigo a su hija Cleopatra y llegó a Tolemaida. Era el año 162.
58El rey Alejandro fue a su encuentro, y Tolomeo le entregó a su hija Cleopatra y celebró la boda en Tolemaida con la gran magnificencia que suelen los reyes.
59El rey Alejandro escribió a Jonatán que fuera a verle.
60Partió éste con gran pompa hacia Tolemaida, se entrevistó con los reyes, les dio a ellos y a sus amigos plata y  oro, les hizo numerosos presentes y halló gracia a sus ojos.
61Entonces se unieron contra él algunos rebeldes, peste de Israel, para querellarse de él, pero el rey no les hizo  ningún caso;
62antes bien, dio orden de que le quitaran a Jonatán sus vestidos y le vistieran de púrpura. Cumplida la orden,
63le hizo el rey sentar a su lado y dijo a sus capitanes: «Salid con él por medio de la ciudad y anunciad a voz de  heraldo que nadie le levante acusación alguna ni le molesten por ningún motivo.»
64Sus acusadores, que vieron el honor que a voz de heraldo se le hacía y a él vestido de púrpura, huyeron todos.
65El rey, queriendo honrarle, le inscribió entre sus primeros amigos y le nombró estratega y meridarca.
66Jonatán regresó a Jerusalén con paz y alegría.
67El año 165, Demetrio, hijo de Demetrio, vino de Creta al país de sus padres.
68Al enterarse el rey Alejandro, quedó muy disgustado y se volvió a Antioquía.
69Demetrio confirmó a Apolonio como gobernador de Celesiria, el cual, juntando un numeroso ejército, acampó en Yamnia  y envió a decir a Jonatán, sumo sacerdote:
70«Tú eres el único en levantarte contra nosotros, y por tu causa he venido a ser yo objeto de irrisión y desprecio. ¿Por qué ejerces tu poder contra nosotros desde las montañas?
71Si es que tienes confianza en tus fuerzas, baja ahora a encontrarte con nosotros en la llanura y allí nos mediremos, que conmigo está la fuerza de las ciudades.
72Pregunta y sabrás quién soy yo y quiénes los auxiliares nuestros. Ellos dicen que no podréis manteneros frente  a nosotros, que ya dos veces tus padres fueron derrotados en su país,
73y que ahora no podrás resistir a la caballería y a un ejército tan grande en la llanura donde no hay piedra, ni  roca, ni lugar donde huir.»
74Cuando Jonatán oyó las palabras de Apolonio, se le sublevó el espíritu. Escogió 10.000 hombres y partió de Jerusalén. Su hermano Simón fué a su encuentro para ayudarle.
75Acampó frente a Joppe. Los de la ciudad le cerraron las puertas, porque había en Joppe una guarnición de Apolonio. La atacaron
76y la gente de la ciudad, atemorizada, les abrió las puertas, y Jonatán se hizo dueño de Joppe.
77Cuando Apolonio se enteró, puso en pie de guerra 3.000 jinetes y un numeroso ejército y partió en dirección a Azoto, como que quería pasar por allí, pero al mismo tiempo se iba adentrando en la llanura porque tenía mucha caballería y confiaba en ella.
78Jonatán fue tras él persiguiéndole hacia Azoto y ambos ejércitos trabaron combate.
79Había dejado Apolonio mil jinetes ocultos a espaldas de ellos.
80Se dio cuenta Jonatán de que a sus espaldas había una emboscada. Estos rodearon su ejército y dispararon tiros  sobre la tropa desde la mañana hasta el atardecer;
81pero la tropa se mantuvo firme, como lo había ordenado Jonatán, y los caballos de los enemigos se cansaron.
82Sacó entonces Simón su ejército y atacó a la falange - pues ya la caballería estaba agotada - la derrotó y puso  en fuga,
83mientras la caballería se desbandaba por la llanura. En su huida llegaron a Azoto y entraron en Bet Dagón, el templo  de su ídolo, para salvarse.
84Pero Jonatán prendió fuego a Azoto y a las ciudades que la rodeaban , se hizo con el botín y abrasó el templo de Dagón y a los que en él se habían refugiado.
85Los muertos por la espada y los abrasados por el fuego fueron unos 8.000 hombres.
86Partió de allí Jonatán y acampó frente a Ascalón, donde los habitantes salieron a recibirle con grandes honores.
87Luego Jonatán regresó a Jerusalén con los suyos, cargados de rico botín.
88Cuando el rey Alejandro se enteró de estos acontecimientos, concedió nuevos honores a Jonatán,
89le envió una fíbula de oro, como es costumbre conceder a los parientes de los reyes, y le dio en propiedad Acarón y todo su territorio.


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I Macabeos  11
1El rey de Egipto reunió fuerzas numerosas como las arenas que hay a orillas del mar y muchas naves. Intentaba hacerse  por astucia con el reino de Alejandro y unirlo al suyo.
2Salió, pues, para Siria en son de paz y la gente de las ciudades le abría las puertas y salía a su encuentro, ya  que tenían orden del rey Alejandro de salir a recibirle por ser suegro suyo.
3Pero una vez que entraba en las ciudades, Tolomeo ponía tropas de guarnición en cada una de ellas.
4Cuando llegó cerca de Azoto le mostraron el templo de Dagón incendiado, la ciudad y sus aldeas destruidas, los  cadáveres por el suelo y los restos calcinados de los abrasados en la guerra, pues habían hecho montones de ellos por el recorrido del rey.
5Le contaron lo que Jonatán había hecho para que el rey le censurara, pero el rey guardó silencio.
6Jonatán fue al encuentro del rey a Joppe con fasto; se saludaron y pasaron allí aquella noche.
7Acompañó Jonatán al rey hasta el río llamado Eléuteros y regresó a Jerusalén.
8Por su parte el rey Tolomeo se hizo dueño de las ciudades de la costa hasta Seleucia Marítima y meditaba planes  malvados contra Alejandro.
9Envió embajadores al rey Demetrio diciéndole: «Ven y concertemos entre nosotros una alianza. Te daré mi hija, la que tiene Alejandro, y reinarás en el reino de tu padre.
10Estoy arrepentido de haberle dado mi hija pues ha intentado asesinarme.»
11Le hacía estos cargos porque codiciaba su reino.
12Quitándole, pues, su hija se la dio a Demetrio, rompió con Alejandro y quedó manifiesta la enemistad entre ambos.
13Tolomeo entró en Antioquía y se ciñó la diadema de Asia, con lo que rodeó su frente de dos diademas, la de Egipto y la de Asia.
14En este tiempo se encontraba el rey Alejandro en Cilicia por haberse sublevado la gente de aquella región.
15Al saber lo que ocurría, vino a luchar contra él. Tolomeo salió con fuerzas poderosas, fue a su encuentro y le derrotó.
16Alejandro huyó a Arabia buscando un refugio allí y el rey Tolomeo quedó triunfador.
17El árabe Zabdiel cortó la cabeza a Alejandro y se la envió a Tolomeo.
18Pero tres días después murió el rey Tolomeo y los que estaban en sus plazas fuertes perecieron a manos de los que las habitaban.
19Demetrio comenzó a reinar el año 167.
20Por aquellos días juntó Jonatán a los de Judea para atacar la Ciudadela de Jerusalén y levantó contra ella muchos  ingenios de guerra.
21Entonces algunos rebeldes que odiaban a su nación acudieron al rey a anunciarle que Jonatán tenía puesto cerco a la Ciudadela.
22La noticia le irritó, y nada más oírla, se puso en marcha y vino a Tolemaida. Escribió a Jonatán que cesara en el cerco y que viniera a verle lo antes posible a Tolemaida para entrevistarse con él.
23Al enterarse, ordenó Jonatán que se siguiese el cerco, eligió ancianos de Israel y sacerdotes y se expuso a sí  mismo al peligro.
24Tomando plata, oro, vestidos y otros presentes en gran cantidad, partió a verse con el rey en Tolemaida y halló  gracia ante él.
25Algunos sin ley de la nación le acusaron,
26pero el rey le trató como le habían tratado sus predecesores y le honró en presencia de todos sus amigos.
27Le confirmó en el sumo sacerdocio y en todos los honores que antes tenía, e hizo que se le contara entre sus primeros  amigos.
28Jonatán pidió al rey que dejara libres de impuesto a Judea y a los tres distritos de Samaría, a cambio de trescientos talentos que le prometía.
29Accedió el rey y escribió a Jonatán una carta sobre todos estos puntos redactada de la forma siguiente:
30«El rey Demetrio saluda a su hermano Jonatán y a la nación de los judíos.
31Os escribimos también a vosotros una copia de la carta que sobre vosotros hemos escrito a nuestro pariente Lástenes  para que la conozcáis:
32El rey Demetrio saluda a su padre Lástenes.
33Por sus buenas disposiciones hacia nosotros hemos decidido conceder favores a la nación de los judíos, que son amigos nuestros y observan lo que es justo con nosotros.
34Les confirmamos la posesión del territorio de Judea y de los tres distritos de Aferema, Lidda y Ramatáyim que han sido desprendidos de Galilea y agregados a Judea con todas sus dependencias en favor de los que sacrifican en Jerusalén, a cambio de los derechos reales que el rey percibía de ellos antes cada año por los productos de la tierra y el fruto de los árboles.
35En cuanto a los otros derechos que tenemos sobre los diezmos y tributos nuestros, sobre las salinas y coronas que se nos deben, les concedemos desde ahora una exención total.
36No será derogada ni una de estas concesiones a partir de ahora en ningún tiempo.
37Procurad hacer una copia de estas disposiciones que le sea entregada a Jonatán para ponerla en el monte santo en lugar visible.»
38El rey Demetrio, viendo que el país estaba en calma bajo su mando y que nada le ofrecía resistencia, licenció todas  sus tropas mandando a cada uno a su lugar, excepto las tropas extranjeras que había reclutado en las islas de las naciones. Todas las tropas que había recibido de sus padres se enemistaron con él.
39Entonces Trifón, antiguo partidario de Alejandro, al ver que todas las tropas murmuraban contra Demetrio, se fue donde el árabe Yamlikú que criaba al niño Antíoco, hijo de Alejandro,
40y le instaba a que se lo entregase para ponerlo en el trono de su padre. Le puso al corriente de toda la actuación de Demetrio y del odio que le tenían sus tropas. Permaneció allí muchos días.
41Entre tanto envió Jonatán a pedir al rey Demetrio que retirara las guarniciones de la Ciudadela de Jerusalén y  de las plazas fuertes porque hostilizaban a Israel.
42Demetrio envió a decir a Jonatán: «No sólo haré esto por ti y por tu nación, sino que os colmaré de honores a ti y a tu nación cuando tenga oportunidad.
43Pero ahora harás bien en enviarme hombres en mi auxilio, pues todas mis tropas me han abandonado.»
44Jonatán le envió a Antioquía 3.000 guerreros valientes, y cuando llegaron, el rey experimentó gran satisfacción  con su venida.
45Se amotinaron en el centro de la ciudad los ciudadanos, al pie de 120.000, y querían matar al rey.
46El se refugió en el palacio, y los ciudadanos ocuparon las calles de la ciudad y comenzaron el ataque.
47El rey llamó entonces en su auxilio a los judíos, que se juntaron todos en torno a él y luego se diseminaron por la ciudad. Aquel día llegaron a matar hasta 100.000.
48Prendieron fuego a la ciudad, se hicieron ese mismo día con un botín considerable y salvaron al rey.
49Cuando los de la ciudad vieron que los judíos dominaban la ciudad a su talante, perdieron el ánimo y levantaron sus clamores al rey suplicándole:
50«Danos la mano y cesen los judíos en sus ataques contra nosotros y contra la ciudad.»
51Depusieron las armas e hicieron la paz. Los judíos alcanzaron gran gloria ante el rey y ante todos los de su reino y se volvieron a Jerusalén con un rico botín.
52El rey Demetrio se sentó en el trono de su reino y la tierra quedó sosegada en su presencia.
53Pero faltó a todas sus promesas y se indispuso con Jonatán. Lejos de corresponder a los servicios que le había prestado, le causaba graves molestias.
54Depués de estos acontecimientos, volvió Trifón y con él Antíoco, niño todavía, que se proclamó rey y se ciñó la diadema.
55Todas las tropas que Demetrio había licenciado se unieron a él y salieron a luchar contra Demetrio, le derrotaron y le pusieron en fuga.
56Trifón tomó los elefantes y se apoderó de Antioquía.
57El joven Antíoco escribió a Jonatán diciéndole: «Te confirmo en el sumo sacerdocio, te pongo al frente de los cuatro distritos y quiero que te cuentes entre los amigos del rey.»
58Le envió copas de oro y un servicio de mesa, y le concedió autorización de beber en copas de oro, vestir púrpura y llevar fíbula de oro.
59A su hermano Simón le nombró estratega desde la Escalera de Tiro hasta la frontera de Egipto.
60Jonatán salió a recorrer la Transeufratina y sus ciudades, y todas las tropas de Siria se le unieron como aliadas. Llegó a Ascalón y los habitantes de la ciudad le salieron a recibir con muchos honores.
61De allí pasó a Gaza donde los habitantes le cerraron las puertas. Entonces la sitió y entregó sus arrabales a las  llamas y al pillaje.
62Los de las ciudad vinieron a suplicarle y Jonatán les dio la mano, pero tomó como rehenes a los hijos de los jefes y los envió a Jerusalén. A continuación, siguió recorriendo la región hasta Damasco.
63Jonatán se enteró de que los generales de Demetrio se habían presentado en Kedes de Galilea con un ejército numeroso para apartarle de su cargo.
64Entonces dejó en el país a su hermano Simón y salió a su encuentro.
65Simón acampó frente a Bet Sur, la atacó durante muchos días y la bloqueó.
66Le pidieron que les diese la mano y él se la dio. Les hizo salir de allí, ocupó la ciudad y puso en ella una guarnición.
67Por su parte, Jonatán y su ejército acamparon junto a las aguas de Gennesar, y muy de madrugada partieron para la llanura de Asor
68donde el ejército extranjero les vino al encuentro en la llanura después de dejar hombres emboscados en los montes. Mientras este ejército se presentaba de frente,
69surgieron de sus puestos los emboscados y entablaron combate.
70Todos los hombres de Jonatán se dieron a la fuga sin que quedara ni uno de ellos, a excepción de Matatías, hijo  de Absalón, y de Judas, hijo de Kalfi, capitanes del ejército.
71Jonatán entonces rasgó sus vestidos, echó polvo sobre su cabeza y oró.
72Vuelto al combate, derrotó al enemigo y le puso en fuga.
73Al verlo, sus hombres que huían volvieron a él y con él persiguieron al enemigo hasta su campamento en Kedes y  acamparon allí.
74Cayeron aquel día del ejército extranjero hasta 3.000 hombres. Jonatán regresó a Jerusalén.


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I Macabeos  12
1Viendo Jonatán que las circunstancias le eran favorables, escogió hombres y los envió a Roma con el fin de confirmar  y renovar la amistad con ellos.
2Con el mismo objeto envió cartas a los espartanos y a otros lugares.
3Se fueron, pues, a Roma y entrando en el Senado dijeron: «Jonatán, sumo sacerdote, y la nación de los judíos nos han enviado para que se renueve con ellos la amistad y la alianza como antes.»
4Les dieron los romanos cartas para la gente de cada lugar recomendando que se les condujera en paz hasta el país de Judá.
5Esta es la copia de la carta que escribió Jonatán a los espartanos:
6«Jonatán, sumo sacerdote, el senado de la nación, los sacerdotes y el resto del pueblo judío saludan a sus hermanos los espartanos.
7Ya en tiempos pasados, Areios, que reinaba entre vosotros, envió una carta al sumo sacerdote Onías en que le decía  que erais vosotros hermanos nuestros como lo atestigua la copia adjunta.
8Onías recibió con honores al embajador y tomó la carta que hablaba claramente de alianza y amistad.
9Nosotros, aunque no tenemos necesidad de esto por tener como consolación los libros santos que están en nuestras manos,
10hemos procurado enviaros embajadores para renovar la fraternidad y la amistad con vosotros y evitar que vengamos a seros extraños, pues ha pasado mucho tiempo ya desde que nos enviasteis vuestra embajada.
11Por nuestra parte, en las fiestas y demás días señalados, os recordamos sin cesar en toda ocasión en los sacrificios  que ofrecemos y en nuestras oraciones, como es justo y conveniente acordarse de los hermanos.
12Nos alegramos de vuestra gloria.
13A nosotros, en cambio, nos han rodeado muchas tribulaciones y guerras, pues nos hemos visto atacados por los reyes  vecinos.
14Pero en estas luchas no hemos querido molestaros a vosotros ni a los demás aliados y amigos nuestros,
15porque contamos con el auxilio del Cielo que, viniendo en nuestra ayuda, nos ha librado de nuestros enemigos y a ellos los ha humillado.
16Hemos, pues, elegido a Numenio, hijo de Antíoco, y a Antípatro, hijo de Jasón, y les hemos enviado a los romanos para renovar la amistad y la alianza que antes teníamos,
17y les hemos dado orden de pasar también donde vosotros para saludaros y entregaros nuestra carta sobre la renovación  de nuestra fraternidad.
18Y ahora haréis bien en contestarnos a esto.»
19Esta es la copia de la carta enviada a Onías:
20«Areios, rey de los espartanos, saluda a Onías, sumo sacerdote.
21Se ha encontrado un documento relativo a espartanos y judíos de que son hermanos y que son de la raza de Abraham.
22Y ahora que estamos enterados de esto, haréis bien escribiéndonos sobre vuestro bienestar.
23Nosotros por nuestra parte os escribimos: Vuestro ganado y vuestros bienes son nuestros, y los nuestros vuestros son. Damos orden de que se os envíe un mensaje en tal sentido.»
24Tuvo noticia Jonatán de que los generales de Demetrio habían vuelto con fuerzas mayores que antes con ánimo de  atacarle.
25Partió, pues, de Jerusalén y fue a encontrarles a la región de Jamat, sin darles tiempo a irrumpir en su país.
26Envió exploradores al campamento enemigo y supo por ellos, a su vuelta, que los enemigos estaban dispuestos para caer sobre ellos a la noche.
27Cuando se puso el sol, ordenó Jonatán a los suyos que se mantuviesen despiertos y sobre las armas toda la noche, preparados para entrar en combate, y dispuso avanzadillas alrededor del campamento.
28Cuando supieron los enemigos que Jonatán y los suyos estaban preparados para el combate, sintieron miedo y, llenos de pánico, encendieron fogatas por su campamento y se retiraron.
29Jonatán y los suyos, como veían brillar las fogatas, no se percataron de su partida hasta el amanecer.
30Entonces se lanzó Jonatán en su persecución, pero no les pudo dar alcance porque habían atravesado ya el río Eléuteros.
31Jonatán se volvió contra los árabes llamados zabadeos, los derrotó y se hizo con sus despojos.
32Levantó luego el campamento, llegó a Damasco y recorrió toda la región.
33Simón por su parte hizo una expedición hasta Ascalón y las plazas vecinas. Se volvió luego hacia Joppe y la tomó,
34pues había oído que sus habitantes querían entregar aquella plaza fuerte a los partidarios de Demetrio, y dejó en ella una guarnición para defenderla.
35Jonatán, de vuelta, reunió la asamblea de los ancianos del pueblo, y decidió con ellos edificar fortalezas en Judea,
36dar mayor altura a las murallas de Jerusalén y levantar un alto muro entre la Ciudadela y la ciudad para separarlas  y para que quedara la Ciudadela aislada y no pudieran comprar ni vender.
37Se reunieron, pues, para reconstruir la ciudad, pues había caído un trecho de la muralla que daba al torrente por la parte de levante; restauró también el barrio llamado Cafenatá.
38Por su lado, Simón reconstruyó Jadidá en la Tierra Baja, la fortificó y la guarneció de puertas y cerrojos.
39Trifón aspiraba a reinar en Asia, ceñirse la diadema y extender su mano contra el rey Antíoco.
40Temiendo que Jonatán se lo estorbara y le hiciera la guerra, trataba de apoderarse de él y matarle. Se puso, pues, en marcha y llegó a Bet San.
41Jonatán salió a su encuentro con 40.000 hombres escogidos para la guerra y llegó a Bet San.
42Vio Trifón que había venido con un ejército numeroso y temió extender la mano contra él.
43Le recibió con honores, le presentó a todos sus amigos, le hizo regalos y dio orden a sus amigos y a sus tropas que le obedeciesen como a él mismo.
44Y dijo a Jonatán: «¿Por qué has fatigado a toda esta gente no habiendo guerra entre nosotros?
45Envíalos a sus casas, elige algunos hombres que te acompañen y ven conmigo a Tolemaida. Te entregaré la ciudad, las demás fortalezas, el resto de las fuerzas y a todos los funcionarios, y luego emprenderé el regreso pues para eso he venido.»
46Le creyó Jonatán y obró como le decía: despachó sus tropas, que partieron para el país de Judá,
47y conservó consigo 3.000 hombres de los cuales dejó 2.000 en Galilea y mil le acompañaron.
48Pero apenas entró Jonatán en Tolemaida cuando los tolemaiditas cerraron las puertas, le apresaron a él y pasaron a filo de espada a cuantos con él habían entrado.
49Envió Trifón tropas y caballería a Galilea y a la Gran Llanura para acabar con todos los partidarios de Jonatán,
50pero éstos, enterados de que él había sido apresado y muerto con los que le acompañaban, se animaron unos a otros  y avanzaron, cerradas las filas, prontos para combatir.
51Sus perseguidores, al ver que luchaban por su vida, se volvieron.
52Aquéllos llegaron todos en paz al país de Judá, lloraron a Jonatán y a sus compañeros y un gran temor se apoderó  de ellos. Todo Israel hizo un gran duelo.
53Todos los gentiles circunvecinos trataban de aniquilarles: «No tienen jefe - decían - ni quien les ayude. Esta es la ocasión de atacarles y borrar su recuerdo de entre los hombres.»



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I Macabeos  13
1Supo Simón que había juntado Trifón un ejército numeroso para ir a devastar el país de Judá.
2Viendo al pueblo espantado y medroso, subió a Jerusalén, reunió al pueblo
3y le exhortó diciendo: «Vosotros sabéis todo lo que hemos hecho mis hermanos, la casa de mi padre y yo por la Ley y el Lugar Santo, y las guerras y tribulaciones que hemos sufrido.
4Por esta causa, por Israel, han muerto mis hermanos todos y he quedado yo solo.
5Lejos de mí ahora mirar por salvar mi vida en cualquier tiempo de angustia, que no soy yo mejor que mis hermanos;
6sino que vengaré a mi nación, al Lugar Santo y a vuestras mujeres e hijos, puesto que, impulsados por el odio, se han unido todos los gentiles para aniquilarnos.»
7Al oír estas palabras, se enardecieron los ánimos del pueblo
8y respondieron en alta voz diciendo: «Tú eres nuestro guía en lugar de Judas y de tu hermano Jonatán;
9toma la dirección de nuestra guerra y haremos cuanto nos mandes».
10Reunió entonces Simón a todos los hombres aptos para la guerra y se dio prisa en acabar las murallas de Jerusalén  hasta que la fortificó en todo su contorno.
11Envió a Jonatán, hijo de Absalón, a Joppe con un importante destacamento, el cual expulsó a los que en la ciudad estaban y se estableció en ella.
12Partió Trifón de Tolemaida con un ejercito numeroso para entrar en el país de Judá llevando consigo prisionero a Jonatán.
13Simón puso su campamento en Jadidá, frente a la llanura.
14Al enterarse Trifón de que Simón había sucedido en el mando a su hermano Jonatán y que estaba preparado para entrar  con él en batalla, le envió mensajeros diciéndole:
15«Tenemos detenido a tu hermano Jonatán por las deudas contraídas con el tesoro real en el desempeño de su cargo.
16Envíanos, pues, cien talentos de plata y a dos de sus hijos como rehenes, no sea que una vez libre se rebele contra nosotros. Entonces le soltaremos.»
17Simón, aunque se dio cuenta de que le hablaban con falsedad, envió a buscar el dinero y los niños para no provocar  contra sí una gran enemistad del pueblo que diría:
18«Porque no envié yo el dinero y los niños, ha muerto Jonatán.»
19Envió, pues, los niños y los cien talentos, pero Trifón faltó a su palabra y no soltó a Jonatán.
20Después de esto, se puso Trifón en marcha para invadir la región y devastarla. Dio un rodeo por el camino de Adorá, mientras Simón y su ejército obstaculizaban su marcha dondequiera que iba.
21Los de la Ciudadela enviaron a Trifón legados dándole prisa a que viniese donde ellos a través del desierto y les  enviase víveres.
22Preparó Trifón toda su caballería para ir, pero aquella noche cayó tal cantidad de nieve que le impidió acudir allá. Partió de allí y se fue a la región de Galaad.
23Cuando se encontraba cerca de Bascamá, hizo matar a Jonatán, que fue enterrado allí.
24Luego dio Trifón la vuelta y se marchó a su país.
25Envió Simón a recoger los huesos de su hermano Jonatán y le dio sepultura en Modín, ciudad de sus padres.
26Todo Israel hizo gran duelo por él y le lloró muchos días.
27Simón construyó sobre el sepulcro de su padre y sus hermanos un mausoleo alto, que pudiera verse, de piedras pulidas por delante y por detrás.
28Levantó siete pirámides, una frente a otra, dedicadas a su padre, a su madre y a sus cuatro hermanos.
29Levantó alrededor de ellas grandes columnas y sobre las columnas hizo panoplias para recuerdo eterno. Al lado de las panoplias esculpió unas naves que pudieran ser contempladas por todos los que navegaran por el mar.
30Tal fue el mausoleo que construyó en Modín y que subsiste en nuestros días.
31Trifón, procediendo insidiosamente con el joven rey Antíoco, le dio muerte.
32Ocupó el reino en su lugar, se ciñó la diadema de Asia y causó grandes estragos en el país.
33Simón, por su parte, reconstruyó las fortalezas de Judea, las rodeó de altas torres y grandes murallas con puertas  y cerrojos, y almacenó víveres en ellas.
34Además escogió Simón hombres que envió al rey Demetrio intentando conseguir una remisión para la región, dado que  toda la actividad de Trifón había sido un continuo robo.
35El rey Demetrio contestó a su petición y le escribió la siguiente carta:
36«El rey Demetrio saluda a Simón, sumo sacerdote y amigo de reyes, a los ancianos y a la nación de los judíos.
37Hemos recibido la corona de oro y la palma que nos habéis enviado y estamos dispuestos a concertar con vosotros una paz completa y a escribir a los funcionarios que os concedan la remisión de las deudas.
38Cuanto hemos decidido sobre vosotros, quede firme y sean vuestras las fortalezas que habéis construido.
39Os perdonamos los errores y delitos cometidos hasta el día de hoy y la corona que nos debéis. Si algún otro tributo  se percibía en Jerusalén, ya no se exija.
40Y si algunos de vosotros son aptos para alistarse en nuestra guardia, alístense y haya paz entre nosotros.»
41El año 170 quedó Israel libre del yugo de los gentiles
42y el pueblo comenzó a escribir en las actas y contratos: «En el año primero de Simón, gran sumo sacerdote, estratega y hegumeno de los judíos.
43Por aquellos días puso cerco Simón a Gázara y la rodeó con sus tropas. Construyó una torre móvil que acercó a la  ciudad y abriendo brecha en un baluarte, lo tomó.
44Saltaron los de la torre a la ciudad y se produjo en ella gran agitación.
45Los habitantes, rasgados los vestidos, subieron a la muralla con sus mujeres e hijos y pidieron a grandes gritos a Simón que les diese la mano.
46«No nos trates, le decían, según nuestras maldades, sino según tu misericordia.»
47Simón se reconcilió con ellos y no les atacó, pero les echó de la ciudad y mandó purificar las casas en que había  ídolos. Entonces entró en ella con himnos y bendiciones.
48Echó de ella toda impureza, estableció en ella hombres observantes de la Ley, la fortificó y se construyó en ella  para sí una residencia.
49Los de la Ciudadela de Jerusalén se veían imposibilitados de entrar y salir por la región, de comprar y de vender. Sufrían grave escasez y bastantes de ellos habían perecido de hambre.
50Clamaron a Simón que hiciera con ellos la paz y Simón se lo concedió. Les echó de allí y purificó de inmundicias la Ciudadela.
51Entraron en ella el día veintitrés del segundo mes del año 171 con aclamaciones y ramos de palma, con liras, címbalos y arpas, con himnos y cantos, porque un gran enemigo había sido vencido y expulsado de Israel.
52Simón dispuso que este día se celebrara con júbilo cada año. Fortificó el monte del Templo que está al lado de la Ciudadela y habitó allí con los suyos.
53Y viendo Simón que su hijo Juan era todo un hombre, le nombró jefe de todas las fuerzas con residencia en Gázara.

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I Macabeos  14
1El año 172 juntó el rey Demetrio su ejército y partió para Media para procurarse ayuda con que combatir a Trifón.
2Pero al enterarse Arsaces, rey de Persia y Media, de que Demetrio había entrado en su término, mandó a uno de sus generales para capturarle vivo.
3Partió éste y derrotó al ejército de Demetrio, le hizo prisionero y le llevó ante Arsaces que le puso en prisión.
4El país de Judá gozó de paz durante todos los días de Simón. El procuró el bien a su nación, les fue grato su gobierno y su gloria en todo tiempo.
5Además de toda su gloria, tomó a Joppe como puerto y se abrió paso a las islas del mar.
6Ensanchó las fronteras de su nación, se hizo dueño del país,
7y repatrió numerosos cautivos. Tomó Gázara, Bet Sur y la Ciudadela, la limpió de sus impurezas y no hubo quien le resistiera.
8Cultivaban en paz sus tierras; la tierra daba sus cosechas y los árboles del llano sus frutos.
9Los ancianos se sentaban en las plazas, todos conversaban sobre el bienestar y los jóvenes vestían galas y armadura.
10Procuró bastimentos a las ciudades, las protegió con fortificaciones hasta llegar la fama de su gloria a los confines de la    tierra.
11Estableció la paz en el país y gozó Israel de gran alegría.
12Se sentaba cada cual bajo su parra y su higuera y no había nadie que les inquietara.
13No quedó en el país quien les combatiera y fueron derrotados los reyes en aquellos días.
14Dio apoyo a los humildes de su pueblo hizo desaparecer a todo impío y malvado. Observó fielmente la Ley,
15dio gloria al Lugar Santo y multiplicó su ajuar.
16Cuando llegó a Roma y hasta Esparta la noticia de la muerte de Jonatán, lo sintieron mucho;
17pero cuando supieron que su hermano Simón le había sucedido en el sumo sacerdocio y había tomado el mando del país  y sus ciudades,
18le escribieron en planchas de bronce para renovar con él la amistad y la alianza que habían establecido con sus  hermanos Judas y Jonatán.
19Se leyeron en Jerusalén ante la asamblea.
20Esta es la copia de la carta enviada por los espartanos: «Los magistrados y la ciudad de los espartanos saludan al sumo sacerdote Simón, a los ancianos, a los sacerdotes  y al resto del pueblo de los judíos, nuestros hermanos.
21Los embajadores enviados a nuestro pueblo nos han informado de vuestra gloria y honor y nos hemos alegrado con su venida.
22Hemos registrado sus declaraciones entre las decisiones del pueblo en estos términos: Numenio, hijo de Antíoco, y Antípatros, hijo de Jasón, embajadores de los judíos, se nos han presentado para renovar la amistad con nosotros.
23Ha sido del agrado del pueblo recibir con honor a estos personajes y depositar la copia de sus discursos en los  archivos públicos para que el pueblo espartano conserve su recuerdo. Se ha sacado una copia de esto para el sumo sacerdote Simón.»
24Después, envió Simón a Roma a Numenio con un gran escudo de oro de mil minas de peso para confirmar la alianza con ellos.
25Cuando estos hechos llegaron a conocimiento del pueblo, dijeron: «¿Cómo mostraremos nuestro reconocimiento a Simón y a sus hijos?
26Porque se ha mostrado valiente, tanto él como sus hermanos y la casa de su padre, ha combatido y rechazado a los  enemigos de Israel y le ha conseguido su libertad.» Grabaron una inscripción en planchas de bronce y las fijaron  en estelas en el monte Sión.
27Esta es la copia de la inscripción: «El dieciocho de Elul del año 172, año tercero del gran sumo sacerdote Simón, en Asaramel,
28en la gran asamblea de los sacerdotes, del pueblo, de los príncipes de la nación y de los ancianos del país, se  nos hizo saber lo siguiente:
29«En los muchos combates que se dieron en nuestra región, Simón hijo de Matatías, sacerdote descendiente de los  hijos de Yehoyarib, y sus hermanos se expusieron al peligro, hicieron frente a los enemigos de su nación para mantener en pie su Lugar Santo y la Ley y alcanzaron inmensa gloria para su nación.
30Jonatán realizó la unidad de la nación y llegó a ser sumo sacerdote suyo hasta que fue a reunirse con su pueblo.
31Quisieron los enemigos de los judíos invadir el país para devastarlo y llevar su mano contra el Lugar Santo.
32Pero entonces se levantó Simón para combatir por su nación y gastó mucha hacienda propia en armar las tropas de su nación y pagarles la soldada.
33Fortificó las ciudades de Judea y Bet Sur, ciudad fronteriza de Judea, donde se encontraban antes las armas de los enemigos, y puso en ella una guarnición de guerreros judíos.
34Fortificó Joppe, situada junto al mar, y Gázara, en los límites de Azoto, donde habitaban anteriormente los enemigos, y estableció en ella una población judía a la que proveyó de todo lo necesario para su sustento.
35Viendo el pueblo la fidelidad de Simón y la gloria que procuraba alcanzar para su nación, le nombró su hegumeno  y sumo sacerdote por todos los servicios que había prestado, por la justicia y fidelidad que había guardado a su nación y por sus esfuerzos de toda clase por exaltar a su pueblo.
36En sus días se consiguió felizmente por su medio exterminar a los gentiles de su país y a los que se encontraban en la Ciudad de David, en Jerusalén, donde se habían hecho una Ciudadela desde la que hacían salidas  y mancillaban los alrededores del Lugar Santo causando graves ultrajes a su santidad.
37Estableció en ella guerreros judíos, la fortificó para defensa de la región y de la ciudad y dio mayor altura a  las murallas de Jerusalén.
38En consecuencia, el rey Demetrio le concedió el sumo sacerdocio,
39le contó en el número de sus amigos y le colmó de honores,
40pues había sabido que los romanos llamaban a los judíos amigos, aliados y hermanos, que habían recibido con honor  a los embajadores de Simón
41y que a los judíos y a los sacerdotes les había parecido bien que fuese Simón su hegumeno y sumo sacerdote para  siempre hasta que apareciera un profeta digno de fe,
42y también que fuese su estratega, que estuviese a su cuidado designar los encargados de las obras del Lugar Santo, de la administración del país, de los armamentos y de las plazas fuertes
43(que estuviese a su cuidado el Lugar Santo), que todos le obedeciesen, que se redactasen en su nombre todos los  documentos en el país, que vistiese de púrpura y llevase adornos de oro.
44A nadie del pueblo ni de los sacerdotes le estará permitido rechazar ninguna de estas disposiciones, ni contradecir  sus órdenes, ni convocar en el país asambleas sin contar con él, ni vestir de púrpura, ni llevar fíbula de oro.
45Todo aquel que obre contrariamente a estas decisiones o anule alguna de ellas, será reo.
46El pueblo entero estuvo de acuerdo en conceder a Simón el derecho de obrar conforme a estas disposiciones,
47y Simón aceptó y le pareció bien ejercer el sumo sacerdocio, ser estratega y etnarca de los judíos y sacerdotes y estar al frente de todos.»
48Decretaron que este documento se grabase en planchas de bronce, que se fijasen estas en el recinto del Lugar Santo, en lugar visible,
49y que se archivasen copias en el Tesoro a disposición de Simón y de sus hijos.


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I Macabeos  15
1Envió Antíoco, hijo del rey Demetrio, desde las islas del mar una carta a Simón, sacerdote y etnarca de los judíos, y a toda la nación,
2redactada en los siguientes términos: «El rey Antíoco saluda a Simón, sumo sacerdote y etnarca, y a la nación de los judíos.
3Puesto que una peste de hombres ha venido a apoderarse del reino de nuestros padres, y he resuelto reivindicar mis derechos sobre él y restablecerlo como anteriormente estaba, y he reclutado fuerzas considerables y equipado navíos de guerra,
4y quiero desembarcar en el país para encontrarme con los que lo han arruinado y han devastado muchas ciudades de mi reino,
5ratifico ahora en tu favor todas las exenciones que te concedieron los reyes anteriores a mí y cuantas dispensas  de otras donaciones te otorgaron.
6Te autorizo a acuñar moneda propia de curso legal en tu país.
7Jerusalén y el Lugar Santo sean libres. Todas las armas que has fabricado y las fortalezas que has contruido y  ocupas, queden en tu poder.
8Cuanto debes al tesoro real y cuanto en el futuro dejes a deber, te sea perdonado desde ahora para siempre.
9Y cuando hayamos ocupado nuestro reino, te honraremos a ti, a tu nación y al santuario con tales honores que vuestra  gloria será conocida en toda la tierra.»
10El año 174 partió Antíoco para el país de sus padres y todas las tropas se pasaron a él de modo que pocos quedaron  con Trifón.
11Antíoco se lanzó en su persecución y Trifón se refugió en Dora a orillas del mar,
12porque veía que las desgracias se abatían sobre él y se encontraba abandonado de sus tropas.
13Antíoco puso cerco a Dora con los 120.000 combatientes y los 8.000 jinetes que consigo tenía.
14Bloqueó la ciudad, y de la parte del mar se acercaron las naves, de modo que estrechó a la ciudad por tierra y por mar sin dejar que nadie entrase o saliese.
15Entre tanto, regresaron de Roma Numenio y sus acompañantes trayendo cartas para los reyes y países, escritas de este modo:
16«Lucio, cónsul de los romanos, saluda al rey Tolomeo.
17Han venido a nosotros, en calidad de amigos y aliados nuestros, los embajadores de los judíos para renovar nuestra antigua amistad y alianza, enviados por el sumo sacerdote Simón y por el pueblo de los judíos,
18y nos han traído un escudo de oro de mil minas.
19Nos ha parecido bien, en consecuencia, escribir a los reyes y países que no intenten causarles mal alguno, ni les  ataquen a ellos ni a sus ciudades ni a su país, y que no presten su apoyo a los que los ataquen.
20Hemos decidido aceptar de ellos el escudo.
21Si, pues, individuos perniciosos huyen de su país y se refugian en el vuestro, entregadlos al sumo sacerdote Simón para que los castigue según su ley.»
22Cartas iguales fueron remitidas al rey Demetrio, a Atalo, a Ariarates, a Arsaces
23y a todos los países: a Sámpsamo, a los espartanos, a Delos, a Mindos, a Sición, a Caria, a Samos, a Panfilia, a Licia, a Halicarnaso, a Rodas, a Fasélida, a Cos, a Side, a Arados, a Gortina, a Cnido, a Chipre y a Cirene.
24Redactaron además una copia de esta carta para el sumo sacerdote Simón.
25El rey Antíoco, pues, tenía puesto cerco a Dora en los arrabales, lanzaba sin tregua sus tropas contra la ciudad  y construía ingenios de guerra. Tenía bloqueado a Trifón y nadie podía entrar ni salir.
26Simón le envió 2.000 hombres escogidos para ayudarle en la lucha, además de plata, oro y abundante material.
27Pero no quiso recibir el envío; antes bien rescindió cuanto había convenido anteriormente con Simón y se mostró hostil con él.
28Envió donde él a Atenobio, uno de sus amigos, a entrevistarse con él y decirle: «Vosotros ocupáis Joppe, Gázara y la Ciudadela de Jerusalén, ciudades de mi reino.
29Habéis devastado sus territorios, causado graves daños en el país y os habéis adueñado de muchas localidades de mi reino.
30Devolved, pues, ahora las ciudades que habéis tomado y los impuestos de las localidades de que os habéis adueñado  fuera de los límites de Judea.
31O bien, pagad en compensación quinientos talentos de plata y otros quinientos talentos por los estragos que habéis  causado y por los impuestos de las ciudades. De lo contrario iremos y os haremos la guerra.»
32Llegó, pues, Atenobio, el amigo del rey, a Jerusalén y al ver la magnificencia de Simón, su aparador con vajilla de oro y plata y todo el esplendor que le rodeaba, quedó asombrado. Le comunicó el mensaje del rey
33y Simón le respondió con estas palabras: «Ni nos hemos apoderado de tierras ajenas ni nos hemos apropiado bienes de otros, sino de la heredad de nuestros padres. Por algún tiempo la poseyeron injustamente nuestros enemigos
34y nosotros, aprovechando una ocasión favorable, hemos recuperado la heredad de nuestros padres.
35En cuanto a Joppe y Gázara que nos reclamas, esas ciudades causaban graves daños al pueblo y asolaban nuestro país. Por ellas daremos cien talentos.» No respondió palabra Atenobio,
36sino que se volvió furioso donde el rey y le refirió la respuesta, la magnificencia de Simón y todo lo que había  visto. El rey montó en violenta cólera.
37Trifón, embarcado en una nave, huyó a Ortosia.
38Entonces el rey nombró a Cendebeo epistratega de la Zona Marítima y le entregó tropas de infantería y de caballería,
39con la orden de acampar frente a Judea, construir Cedrón, fortificar sus puertas y combatir contra el pueblo. El rey partió en seguimiento de Trifón.
40Cendebeo llegó a Yamnia y comenzó a hostigar al pueblo, efectuar incursiones por Judea, capturar prisioneros y  matar.
41Reconstruyó Cedrón donde alojó caballería y tropas para recorrer en salidas los caminos de Judea como se lo tenía  ordenado el rey.

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I Macabeos  16
1Subió Juan de Gázara y comunicó a su padre Simón las actividades de Cendebeo.
2Simón llamó entonces a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo: «Mis hermanos y yo y la casa de mi padre  hemos combatido a los enemigos de Israel desde nuestra juventud hasta el día de hoy y llevamos muchas veces a feliz término la liberación de Israel;
3pero ahora ya estoy viejo mientras que vosotros, por la misericordia del Cielo, estáis en buena edad. Ocupad, pues, mi puesto y el de mi hermano, salid a combatir por nuestra nación y que el auxilio del Cielo sea con vosotros.»
4Escogió luego en el país 20.000 combatientes y jinetes que partieron contra Cendebeo y pasaron la noche en Modín.
5Al levantarse de mañana, avanzaron hacia la llanura y he aquí que un ejército numeroso, infantería y caballería, venía a su encuentro. Un torrente se interponía entre ellos.
6Juan con sus tropas tomó posiciones frente al enemigo y advirtiendo que sus tropas tenían miedo de pasar el torrente, lo pasó él el primero, y sus hombres, al verle, pasaron detrás de él.
7Dividió su ejército (en dos cuerpos) y puso a los jinetes en medio de los de a pie, pues la caballería de los contrarios era muy numerosa.
8Tocaron las trompetas y Cendebeo y su ejército salieron derrotados. Muchos de ellos cayeron heridos de muerte y los que quedaron huyeron en dirección a la fortaleza.
9Entonces cayó herido Judas, el hermano de Juan. Pero Juan los persiguió hasta que Cendebeo entró en Cedrón que él había construido.
10Fueron también a refugiarse en las torres que hay por los campos de Azoto y Juan le prendió fuego. Unos 2.000 de ellos sucumbieron y Juan regresó en paz a Judea.
11Tolomeo, hijo de Abubos, había sido nombrado estratega de la llanura de Jericó y poseía mucha plata y oro,
12pues era yerno del sumo sacerdote.
13Su corazón se ensoberbeció tanto que aspiró a apoderarse del país, para lo cual tramaba quitar a traición la vida  a Simón y a sus hijos.
14Yendo Simón de inspección por las ciudades del país preocupándose de su administración, bajó con sus hijos, Matatías y Judas, a Jericó. Era el año 177 en el undécimo mes que es el mes de Sebat.
15El hijo de Abubos los recibió traidoramente en una pequeña fortaleza llamada Dok que él había construido, les dio  un gran banquete y ocultó allí hombres.
16Cuando Simón y sus hijos estuvieron bebidos, se levantó Tolomeo con los suyos, tomaron sus armas y lanzándose sobre Simón en la sala del banquete, le mataron a él, a sus dos hijos y a algunos de sus servidores.
17Cometió de esta manera una gran alevosía y devolvió mal por bien.
18Luego escribió Tolemeo al rey contándole lo ocurrido y pidiéndole que le enviara tropas en su auxilio para entregarle el país y sus ciudades.
19Envió otros a Gázara para quitar de en medio a Juan. Escribió a los quiliarcos invitándoles a venir donde él para darles plata, oro y otras dádivas.
20Envió otros que se apoderasen de Jerusalén y del monte del santuario.
21Pero adelantándose uno, anunció a Juan en Gázara que su padre y sus hermanos había perecido y añadió: «Ha enviado  gente a matarte a ti también.»
22Al oír estas noticias quedó profundamente afectado, prendió a los hombres que venían a matarle y les dio muerte, pues sabía que pretendían asesinarle.
23Las restantes actividades de Juan, sus guerras, las proezas que llevó a cabo, las murallas que levantó y otras  empresas suyas
24están escritas en el libro de los Anales de su pontificado a partir del día en que fue nombrado sumo sacerdote como sucesor de su padre.


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LIBRO SEGUNDO


II MACABEOS

II Macabeos   1
1A los hermanos judíos que viven en Egipto, les saludan sus hermanos judíos que están en Jerusalén y en la región de Judea, deseándoles una paz dichosa.
2Que Dios os llene de bienes y recuerde su alianza con Abraham, Isaac y Jacob, sus fieles servidores.
3Que a todos os dé corazón para adorarle y cumplir su voluntad con corazón grande y ánimo generoso.
4Que abra vuestro corazón a su Ley y a sus preceptos, y os otorgue la paz.
5Que escuche vuestras súplicas, se reconcilie con vosotros y no os abandone en tiempo de desgracia.
6Esto es lo que estamos ahora pidiendo por vosotros.
7Ya el año 169, en el reinado de Demetrio, nosotros, los judíos, os escribimos así: «En lo más grave de la tribulación que ha caído sobre nosotros en estos años, desde que Jasón y sus partidarios traicionaron la tierra santa y el reino,
8incendiaron el portón (del Templo) y derramaron sangre inocente, suplicamos al Señor y hemos sido escuchados. Hemos ofrecido un sacrificio con flor de harina, hemos encendido las lámparas y presentado los panes.»
9También ahora os escribimos para que celebréis la fiesta de las Tiendas en el mes de Kisléu. Es el año 188.
10Los que están en Jerusalén y en Judea, los ancianos y Judas saludan y desean prosperidad a Aristóbulo, preceptor del rey Tolomeo, del linaje de los sacerdotes ungidos, y a los judíos que están en Egipto.
11Salvados por Dios de grandes peligros, le damos rendidas gracias, como a quien nos ha guiado en la batalla contra el rey,
12ya que El ha arrojado fuera a los que combatían contra la ciudad santa.
13Pues, cuando llegó a Persia su jefe acompañado de un ejército, al parecer invencible, fueron desbaratados en el templo de Nanea, gracias al engaño tramado por los sacerdotes de Nanea.
14Antíoco, y con él sus amigos, llegaron a aquel lugar como tratando de desposarse con la diosa, con objeto de apoderarse, a título de dote, de abundantes riquezas.
15Una vez que los sacerdotes del templo de Nanea las hubieron expuesto y que él se hubo presentado con unas pocas  personas en el recinto sagrado, cerraron el templo en cuanto entró Antíoco.
16Abrieron la puerta secreta del techo y a pedradas aplastaron al jefe; le descuartizaron, y cortándole la cabeza, la arrojaron a los que estaban fuera.
17En todo sea bendito nuestro Dios que ha entregado los impíos (a la muerte).
18A punto de celebrar en el veinticinco de Kisléu la purificación del Templo, nos ha parecido conveniente informaros, para que también vosotros la celebréis como la fiesta de las Tiendas y del fuego aparecido cuando ofreció  sacrificios Nehemías, el que construyó el Templo y el altar.
19Pues, cuando nuestros padres fueron llevados a Persia, los sacerdotes piadosos de entonces, habiendo tomado fuego del altar, lo escondieron secretamente en una concavidad semejante a un pozo seco, en el que tan a seguro  lo dejaron, que el lugar quedó ignorado de todos.
20Pasados muchos años, cuando a Dios le plugo, Nehemías, enviado por el rey de Persia, mandó que buscaran el fuego los descendientes de los sacerdotes que lo habían escondido;
21pero como ellos informaron que en realidad no habían encontrado fuego, sino un líquido espeso, él les mandó que lo sacasen y trajesen. Cuando estuvo dispuesto el sacrificio, Nehemías mandó a los sacerdotes que rociaran con aquel líquido la leña y lo que había colocado sobre ella.
22Cumplida la orden, y pasado algún tiempo, el sol que antes estaba nublado volvió a brillar, y se encendió una llama tan grande que todos quedaron maravillados.
23Mientras se consumía el sacrificio, los sacerdotes hacían oración: todos los sacerdotes con Jonatán que comenzaba, y los demás, como Nehemías, respondían.
24La oración era la siguiente: «Señor, Señor Dios, creador de todo, temible y fuerte, justo y misericordioso, tú, rey único y bueno,
25tú, solo generoso, solo justo, todopoderoso y eterno, que salvas a Israel de todo mal, que elegiste a nuestros padres y los santificaste,
26acepta el sacrificio por todo tu pueblo Israel, guarda tu heredad y santifícala.
27Reúne a los nuestros dispersos, da libertad a los que están esclavizados entre las naciones, vuelve tus ojos a los despreciados y abominados, y conozcan los gentiles que tú eres nuestro Dios.
28Aflige a los que tiranizan y ultrajan con arrogancia.
29Planta a tu pueblo en tu lugar santo, como dijo Moisés.»
30Los sacerdotes salmodiaban los himnos.
31Cuando fue consumido el sacrificio, Nehemías mandó derramar el líquido sobrante sobre unas grandes piedras.
32Hecho esto, se encendió una llamarada que quedó absorbida por el mayor resplandor que brillaba en el altar.
33Cuando el hecho se divulgó y se refirió al rey de los persas que en el lugar donde los sacerdotes deportados habían  escondido el fuego, había aparecido aquel líquido con el que habían santificado las ofrendas del sacrificio  Nehemías y sus compañeros,
34el rey después de verificar tal hecho mandó alzar una cerca haciendo sagrado el lugar.
35El rey recogía grandes sumas y las repartía a quienes quería hacer favores.
36Nehemías y sus compañeros llamaron a ese líquido «neftar», que significa «purificación»; pero la mayoría lo llama «nafta».

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II Macabeos   2
1Se encuentra en los documentos que el profeta Jeremías mandó a los deportados que tomaran fuego como ya se ha indicado;
2y cómo el profeta, después de darles la Ley, ordenó a los deportados que no se olvidaran de los preceptos del Señor ni se desviaran en sus pensamientos al ver ídolos de oro y plata y las galas que los envolvían.
3Entre otras cosas, les exhortaba a no apartar la Ley de sus corazones.
4Se decía también en el escrito cómo el profeta, después de una revelación, mandó llevar consigo la Tienda y el arca; y cómo salió hacia el monte donde Moisés había subido para contemplar la heredad de Dios.
5Y cuando llegó Jeremías, encontró una estancia en forma de cueva; allí metió la Tienda, el arca y el altar del incienso, y tapó la entrada.
6Volvieron algunos de sus acompañantes para marcar el camino, pero no pudieron encontrarlo.
7En cuanto Jeremías lo supo, les reprendió diciéndoles: «Este lugar quedará desconocido hasta que Dios vuelva a  reunir a su pueblo y le sea propicio.
8El Señor entonces mostrará todo esto; y aparecerá la gloria del Señor y la Nube, como se mostraba en tiempo de Moisés, cuando Salomón rogó que el Lugar fuera solemnemente consagrado.»
9Se explicaba también cómo éste, dotado de sabiduría, ofreció el sacrificio de la dedicación y la terminación del Templo.
10Como Moisés oró al Señor y bajó del cielo fuego, que devoró las ofrendas del sacrificio, así también oró Salomón y bajó fuego que consumió los holocaustos.
11Moisés había dicho: «La víctima por el pecado ha sido consumida por no haber sido comida.»
12Salomón celebró igualmente los ocho días de fiesta.
13Lo mismo se narraba también en los archivos y en las Memorias del tiempo de Nehemías; y cómo éste, para fundar una biblioteca, reunió los libros referentes a los reyes y a los profetas, los de David y las cartas de los reyes acerca de las ofrendas.
14De igual modo Judas reunió todos los libros dispersos a causa de la guerra que sufrimos, los cuales están en nuestras manos.
15Por tanto, si tenéis necesidad de ellos, enviad a quienes os los lleven.
16A punto ya de celebrar la purificación, os escribimos: Bien haréis también en celebrar estos días.
17El Dios que salvó a todo su pueblo y que a todos otorgó la heredad, el reino, el sacerdocio y la santidad,
18como había prometido por la Ley, el mismo Dios, como esperamos, se apiadará pronto de nosotros y nos reunirá de todas partes bajo el cielo en el Lugar Santo; pues nos ha sacado de grandes males y ha purificado el Lugar.
19La historia de Judas Macabeo y de sus hermanos, la purificación del más grande Templo, la dedicación del altar,
20las guerras contra Antíoco Epífanes y su hijo Eupátor,
21y las manifestaciones celestiales en favor de los que combatieron viril y gloriosamente por el Judaísmo, de suerte que, aun siendo pocos, saquearon toda la región, ahuyentaron las hordas bárbaras,
22recuperaron el Templo famoso en todo el mundo, liberaron la ciudad y restablecieron las leyes que estaban a punto  de ser abolidas, pues el Señor se mostró propicio hacia ellos con toda benignidad;
23todo esto, expuesto en cinco libros por Jasón de Cirene, intentaremos nosotros compendiarlo en uno solo.
24Porque al considerar la marea de números y la dificultad existente, por la amplitud de la materia, para los que  quieren sumergirse en los relatos de la historia,
25nos hemos preocupado por ofrecer algún atractivo a los que desean leer, facilidad a los que gustan retenerlo de memoria, y utilidad a cualquiera que lo lea.
26Para nosotros, que nos hemos encargado de la fatigosa labor de este resumen, no es fácil la tarea, sino de sudores y desvelos,
27como tampoco al que prepara un banquete y busca el provecho de los demás le resulta esto cómodo. Sin embargo, esperando la gratitud de muchos, soportamos con gusto esta fatiga,
28dejando al historiador la tarea de precisar cada suceso y esforzándonos por seguir las normas de un resumen.
29Pues así como al arquitecto de una casa nueva corresponde la preocupación por la estructura entera; y, en cambio, al encargado de la encáustica y pinturas, el cuidado de lo necesario para la decoración, lo mismo me parece de nosotros:
30profundizar, revolver las cuestiones y examinar punto por punto corresponde al que compone la historia;
31pero buscar concisión al exponer y renunciar a tratar el asunto de forma exhaustiva debe concederse al divulgador.
32Comencemos, por tanto, desde ahora la narración, después de haber abundado tanto en los preliminares; pues sería  absurdo abundar en lo que antecede a la historia y ser breve en la historia misma.

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II Macabeos   3
1Mientras la ciudad santa era habitada en completa paz y las leyes guardadas a la perfección, gracias a la piedad  y al aborrecimiento de mal del sumo sacerdote Onías,
2sucedía que hasta los reyes veneraban el Lugar Santo y honraban el Templo con magníficos presentes,
3hasta el punto de que Seleuco, rey de Asia, proveía con sus propias rentas a todos los gastos necesarios para el  servicio de los sacrificios.
4Pero un tal Simón, de la tribu de Bilgá, constituido administrador del Templo, tuvo diferencias con el sumo sacerdote sobre la reglamentación del mercado de la ciudad.
5No pudiendo vencer a Onías, se fue donde Apolonio, hijo de Traseo, estratega por entonces de Celesiria y Fenicia,
6y le comunicó que el tesoro de Jerusalén, estaba repleto de riquezas incontables, hasta el punto de ser incalculable la cantidad de dinero, sin equivalencia con los gastos de los sacrificios, y que era posible que cayeran  en poder del rey.
7Apolonio en conversación con el rey le habló de las riquezas de que había tenido noticia y entonces el rey designó  a Heliodoro, el encargado de sus negocios, y le envió con la orden de realizar la trasferencia de las mencionadas riquezas.
8Enseguida Heliodoro emprendía el viaje con el pretexto de inspeccionar las ciudades de Celesiria y Fenicia, pero  en realidad para ejecutar el proyecto del rey.
9Llegado a Jerusalén y amistosamente acogido por el sumo sacerdote y por la ciudad, expuso el hecho de la denuncia  e hizo saber el motivo de su presencia; preguntó si las cosas eran realmente así.
10Manifestó el sumo sacerdote que eran depósitos de viudas y huérfanos,
11que una parte pertenecía a Hicarno, hijo de Tobías, personaje de muy alta posición y, contra lo que había calumniado el impío Simón, que el total era de cuatrocientos talentos de plata y doscientos de oro;
12que de ningún modo se podía perjudicar a los que tenían puesta su confianza en la santidad del Lugar, y en la majestad inviolable de aquel Templo venerado en todo el mundo.
13Pero Heliodoro, en virtud de las órdenes del rey, mantenía de forma terminante que los bienes debían pasar al tesoro real.
14En la fecha fijada hacía su entrada para realizar el inventario de los bienes. No era pequeña la angustia en toda la ciudad:
15los sacerdotes, postrados ante el altar con sus vestiduras sacerdotales, suplicaban al Cielo, el que había dado la ley sobre los bienes en depósito, que los guardara intactos para quienes los habían depositado.
16El ver la figura del sumo sacerdote llegaba a partir el alma, pues su aspecto y su color demudado manifestaban  la angustia de su alma.
17Aquel hombre estaba embargado de miedo y temblor en su cuerpo, con lo que mostraba a los que le contemplaban el dolor que había en su corazón.
18De las casas salía en tropel la gente a una rogativa pública porque el lugar estaba a punto de caer en oprobio.
19Las mujeres, ceñidas de saco bajo el pecho, llenaban las calles;  de las jóvenes, que estaban recluidas, unas corrían a las puertas, otras subían a los muros, otras se asomaban por las ventanas.
20Todas, con las manos tendidas al cielo, tomaban parte en la súplica.
21Daba compasión aquella multitud confusamente postrada y el sumo sacerdote angustiado en honda ansiedad.
22Mientras ellos invocaban al Señor Todopoderoso para que guardara intactos, en completa seguridad, los bienes en depósito para quienes los habían confiado,
23Heliodoro llevaba a cabo lo que tenía decidido.
24Estaba ya allí mismo con su guardia junto al Tesoro, cuando el Soberano de los Espíritus y de toda Potestad, se manifestó en su grandeza, de modo que todos los que con él juntos se habían atrevido a acercarse, pasmados ante el poder de Dios, se volvieron débiles y cobardes.
25Pues se les apareció un caballo montado por un jinete terrible y guarnecido con riquísimo arnés; lanzándose con ímpetu levantó contra Heliodoro sus patas delanteras. El que lo montaba aparecía con una armadura de oro.
26Se le aparecieron además otros dos jóvenes de notable vigor, espléndida belleza y magníficos vestidos que colocándose a ambos lados, le azotaban sin cesar, moliéndolo a golpes.
27Al caer de pronto a tierra, rodeado de densa oscuridad, lo recogieron y lo pusieron en una litera;
28al mismo que poco antes, con numeroso séquito y con toda su guardia, había entrado en el mencionado Tesoro, lo llevaban ahora incapaz de valerse por sí mismo, reconociendo todos claramente la soberanía de Dios.
29Mientras él yacía mudo y privado de toda esperanza de salvación, a causa del poder divino,
30otros bendecían al Señor que había glorificado maravillosamente su propio Lugar; y el Templo, lleno poco antes de miedo y turbación, rebosaba de gozo y alegría después de la manifestación del Señor Todopoderoso.
31Pronto algunos de los acompañantes de Heliodoro, instaban a Onías que invocara al Altísimo para que diese la gracia de vivir a aquel que yacía ya en su último suspiro.
32Temiendo el sumo sacerdote que acaso el rey sospechara que los judíos hubieran perpetrado alguna fechoría contra  Heliodoro, ofreció un sacrificio por la salud de aquel hombre.
33Mientras el sumo sacerdote ofrecía el sacrificio de expiación, se aparecieron otra vez a Heliodoro los mismos jóvenes, vestidos con la misma indumentaria y en pie le dijeron: «Da muchas gracias al sumo sacerdote Onías, pues por él te concede el Señor la gracia de vivir;
34y tú, que has sido azotado por el Cielo, haz saber a todos la grandeza del poder de Dios.» En diciendo esto, desparacieron.
35Heliodoro, habiendo ofrecido al Señor un sacrificio y tras haber orado largamente al que le había concedido la vida, se despidió de Onías y volvió con sus tropas donde el rey.
36Ante todos daba testimonio de las obras del Dios grande que él había contemplado con sus ojos.
37Al preguntar el rey a Heliodoro a quién convendría enviar otra vez a Jerusalén, él respondió:
38«Si tienes algún enemigo conspirador contra el Estado, mándalo allá y te volverá molido a azotes, si es que salva su vida, porque te aseguro que rodea a aquel Lugar una fuerza divina.
39Pues el mismo que tiene en los cielos su morada, vela y protege aquel Lugar; y a los que se acercan con malas intenciones los hiere de muerte.»
40Así sucedieron las cosas relativas a Heliodoro y a la preservación del Tesoro.

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II Macabeos   4
1En mencionado Simón, delator de los tesoros y de la patria, calumniaba a Onías como si éste hubiera maltratado a Heliodoro y fuera el causante de sus desgracias;
2y se atrevía a decir que el bienhechor de la ciudad, el defensor de sus compatriotas y celoso observante de las leyes, era un conspirador contra el Estado.
3A tal punto llegó la hostilidad, que hasta se cometieron asesinatos por parte de uno de los esbirros de Simón.
4Considerando Onías que aquella rivalidad era intolerable y que Apolonio, hijo de Menesteo, estratega de Celesira  y Fenicia, instigaba a Simón al mal,
5se hizo llevar donde el rey, no porque pretendiera acusar a sus conciudadanos, sino que miraba por los intereses generales y particulares de toda su gente.
6Pues bien veía que sin la intervención real era ya imposible pacificar la situación y detener a Simón en sus locuras.
7Cuando Seleuco dejó esta vida y Antíoco, por sobrenombre Epífanes, comenzó a reinar, Jasón, el hermano de Onías, usurpó el sumo pontificado,
8después de haber prometido al rey, en una conversación, 360 talentos de plata y ochenta talentos de otras rentas.
9Se comprometía además a firmar el pago de otro 150, si se le concedía la facultad de instalar por su propia cuenta un gimnasio y una efebía, así como la de inscribir a los Antioquenos en Jerusalén.
10Con el consentimiento del rey y con los poderes en su mano, pronto cambió las costumbres de sus compatriotas conforme  al estilo griego.
11Suprimiendo los privilegios que los reyes habían concedido a los judíos por medio de Juan, padre de Eupólemo, el  que fue enviado en embajada a los romanos para un tratado de amistad y alianza, y abrogando las instituciones legales, introdujo costumbres nuevas, contrarias a la Ley.
12Así pues, fundó a su gusto un gimnasio bajo la misma acrópolis e indujo a lo mejor de la juventud a educarse bajo el petaso.
13Era tal el auge del helenismo y el progreso de la moda extranjera a causa de la extrema perversidad de aquel Jasón, que tenía más de impío que de sumo sacerdote,
14que ya los sacerdotes no sentían celo por el servicio del altar, sino que despreciaban el Templo; descuidando los sacrificios, en cuanto se daba la señal con el gong se apresuraban a tomar parte en los ejercicios de la palestra contrarios a la ley;
15sin apreciar en nada la honra patria, tenían por mejores las glorias helénicas.
16Por esto mismo, una difícil situación les puso en aprieto, y tuvieron como enemigos y verdugos a los mismos cuya  conducta emulaban y a quienes querían parecerse en todo.
17Pues no resulta fácil violar las leyes divinas; así lo mostrará el tiempo venidero.
18Cuando se celebraron en Tiro los juegos cuadrienales, en presencia del rey,
19el impuro Jasón envió embajadores, como Antioquenos de Jerusalén, que llevaban consigo trescientas dracmas de plata para el sacrificio de Hércules. Pero los portadores prefirieron, dado que no convenía, no emplearlas en el sacrificio, sino en otros gastos.
20Y así, el dinero que estaba destinado por voluntad del que lo enviaba, al sacrificio de Hércules, se empleó por deseo de los portadores, en la construcción de las trirremes.
21Apolonio, hijo de Menesteo, fue enviado a Egipto para la boda del rey Filométor. Cuando supo Antíoco que aquél  se había convertido en su adversario político se preocupó de su propia seguridad; por eso, pasando por Joppe, se presentó en Jerusalén.
22Fue magníficamente recibido por Jasón y por la ciudad, e hizo su entrada entre antorchas y aclamaciones. Después  de esto llevó sus tropas hasta Fenicia.
23Tres años después, Jasón envió a Menelao, hermano del ya mencionado Simón, para llevar el dinero al rey y gestionar la negociación de asuntos urgentes.
24Menelao se hizo presentar al rey, a quien impresionó con su aire majestuoso, y logró ser investido del sumo sacerdocio, ofreciendo trescientos talentos de plata más que Jasón.
25Provisto del mandato real, se volvió sin poseer nada digno del sumo sacerdocio, sino más bien el furor de un cruel  tirano y la furia de una bestia salvaje.
26Jasón, por su parte, suplantador de su propio hermano y él mismo suplantado por otro, se vio forzado a huir al  país de Ammán.
27Menelao detentaba ciertamente el poder, pero nada pagaba del dinero prometido al rey,
28aunque Sóstrates, el alcaide de la Acrópolis, se lo reclamaba, pues a él correspondía la percepción de los tributos. Por este motivo, ambos fueron convocados por el rey.
29Menelao dejó como sustituto del sumo sacerdocio a su hermano Lisímaco; Sóstrates a Crates, jefe de los chipriotas. a Crates, jefe de los chipriotas.
30Mientras tanto, sucedió que los habitantes de Tarso y de Malos se sublevaron por haber sido cedidas sus ciudades como regalo a Antioquida, la concubina del rey.
31Fue, pues, el rey a toda prisa, para poner orden en la situación, dejando como sustituto a Andrónico, uno de los  dignatarios.
32Menelao pensó aprovecharse de aquella buena oportunidad; arrebató algunos objetos de oro del Templo, y se los regaló  a Andrónico; también logró vender otros en Tiro y en las ciudades de alrededor.
33Cuando Onías llegó a saberlo con certeza, se lo reprochó, no sin haberse retirado antes a un lugar de refugio, a Dafne, cerca de Antioquía.
34Por eso, Menelao, a solas con Andrónico, le incitaba a matar a Onías. Andrónico se llegó donde Onías, y, confiando en la astucia, estrechándole la mano y dándole la diestra con juramento, perusadió a Onías, aunque a éste no le faltaban sospechas, a salir de su refugio, e inmediatamente le dio muerte, sin respeto alguno a la justicia.
35Por este motivo no sólo los judíos sino también muchos de las demás naciones se indignaron y se irritaron por el injusto asesinato de aquel hombre.
36Cuando el rey volvió de las regiones de Cilicia, los judíos de la ciudad junto con los griegos, que también odiaban el mal, fueron a su encuentro a quejarse de la injustificada muerte de Onías.
37Antíoco, hondamente estristecido y movido a compasión, lloró recordando la prudencia y la gran moderación del difunto.
38Encendido en ira, despojó inmediatamente a Andrónico, de la púrpura y desgarró sus vestidos. Le hizo conducir por toda la ciudad hasta el mismo lugar donde tan impíamente había tratado a Onías; allí hizo desaparecer de este mundo al criminal, a quien el Señor daba el merecido castigo.
39Lisímaco había cometido muchos robos sacrílegos en la ciudad con el consentimiento de Menelao, y la noticia se había divulgado fuera; por eso la multitud se amotinó contra Lisímaco. Pero eran ya muchos los objetos de oro que estaban dispersos.
40Como las turbas estaban excitadas y en el colmo de su cólera, Lisímaco armó a cerca de 3.000 hombres e inició la  represión violenta, poniendo por jefe a un tal Aurano, avanzado en edad y no menos en locura.
41Cuando se dieron cuenta del ataque de Lisímaco, unos se armaron de piedras, otros de estacas y otros, tomando a puñadas ceniza que allí había, lo arrojaban todo junto contra las tropas de Lisímaco.
42De este modo hirieron a muchos de ellos, y mataron a algunos; a todos los demás los pusieron en fuga, y al mismo ladrón sacrílego le mataron junto al Tesoro.
43Sobre todos estos hechos se instruyó proceso contra Menelao.
44Cuando el rey llegó a Tiro, tres hombres enviados por el Senado expusieron ante él el alegato.
45Menelao, perdido ya, prometió una importante suma a Tolomeo, hijo de Dorimeno, para que persuadiera al rey.
46Entonces Tolomeo, llevando al rey aparte a una galería como para tomar el aire, le hizo cambiar de parecer,
47de modo que absolvió de las acusaciones a Menelao, el causante de todos los males, y, en cambio, condenó a muerte a aquellos infelices que hubieran sido absueltos, aun cuando hubieran declarado ante un tribunal de escitas.
48Así que, sin dilación, sufrieron aquella injusta pena los que habían defendido la causa de la ciudad, del pueblo  y de los vasos sagrados.
49Por este motivo, algunos tirios, indignados contra aquella iniquidad, prepararon con magnificencia su sepultura.
50Menelao, por su parte, por la avaricia de aquellos gobernantes, permaneció en el poder, creciendo en maldad, constituido en el principal adversario de sus conciudadanos.

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II Macabeos   5
1Por esta época preparaba Antíoco la segunda expedición a Egipto.
2Sucedió que durante cerca de cuarenta días aparecieron en toda la ciudad, corriendo por los aires, jinetes vestidos de oro, tropas armadas distribuidas en cohortes,
3escuadrones de caballería en orden de batalla, ataques y cargas de una y otra parte, movimiento de escudos, espesura de lanzas, espadas desenvainadas, lanzamiento de dardos, resplandores de armaduras de oro y corazas de toda clase.
4Ante ello todos rogaban que aquella aparición presagiase algún bien.
5Al difundirse el falso rumor de que Antíoco había dejado esta vida, Jasón, con no menos de mil hombres, lanzó un ataque imprevisto contra la ciudad; al ser rechazados los que estaban en la muralla y capturada ya por  fin la ciudad, Menelao se refugió en la Acrópolis.
6Jasón hacía cruel matanza de sus propios ciudadanos sin caer en cuenta que un éxito sobre sus compatriotas era el peor de los desastres; se imaginaba ganar trofeos de enemigos y no de sus compatriotas.
7Pero no logró el poder; sino que al fin, con la ignominia ganada por sus intrigas, se fue huyendo de nuevo al país  de Ammán.
8Por último encontró un final desastroso: acusado ante Aretas, tirano de los árabes, huyendo de su ciudad, perseguido por todos, detestado como apóstata de las leyes, y abominado como verdugo de la patria y de los conciudadanos, fue arrojado a Egipto.
9El que a muchos había desterrado de la patria, en el destierro murió, cuando se dirigía a Lacedemonia, con la esperanza de encontrar protección por razón de parentesco;
10y el que a tantos había privado de sepultura, pasó sin ser llorado, sin recibir honras fúnebres ni tener un sitio en la sepultura de sus padres.
11Cuando llegaron al rey noticias de lo sucedido, sacó la conclusión de que Judea se separaba; por eso regresó de Egipto, rabioso como una fiera, tomó la ciudad por las armas,
12y ordenó a los soldados que hirieran sin compasión a los que encontraran y que mataran a los que subiesen a los terrados de las casas.
13Perecieron jóvenes y ancianos; fueron asesinados muchachos, mujeres y niños, y degollaron a doncellas y niños de pecho.
14En sólo tres días perecieron 80.000 personas, 40.000 en la refriega y otros, en número no menor que el de las víctimas, fueron vendidos como esclavos.
15Antíoco, no contento con esto, se atrevió a penetrar en el Templo más santo de toda la tierra, llevando como guía a Menelao, el traidor a las leyes y a la patria.
16Con sus manos impuras tomó los vasos sagrados y arrebató con sus manos profanas las ofrendas presentadas por otros reyes para acrecentamiento de la gloria y honra del Lugar.
17Antíoco estaba engreído en su pensamiento, sin considerar que el Soberano estaba irritado por poco tiempo a causa de los pecados de los habitantes de la ciudad y por eso desviaba su mirada del Lugar.
18Pero de no haberse dejado arrastrar ellos por los muchos pecados, el mismo Antíoco, como Heliodoro, el enviado por el rey Seleuco para inspeccionar el Tesoro, al ser azotado nada más llegar, habría renunciado a su osadía.
19Pero el Señor no ha elegido a la nación por el Lugar, sino el Lugar por la nación.
20Por esto, también el mismo Lugar, después de haber participado de las desgracias acaecidas a la nación, ha tenido luego parte en sus beneficios; y el que había sido abandonado en tiempo de la cólera del Todopoderoso, de nuevo en tiempo de la reconciliación del gran Soberano, ha sido restaurado con toda su gloria.
21Así pues, Antíoco, llevándose del Templo 1.800 talentos, se fue pronto a Antioquía, creyendo en su orgullo que haría la tierra navegable y el mar viable, por la arrogancia de su corazón.
22Dejó también prefectos para hacer daño a la raza: en Jerusalén a Filipo, de raza frigia, que tenía costumbres más bárbaras que el le había nombrado;
23en el monte Garizim, a Andrónico, y además de éstos, a Menelao, que superaba a los demás en maldad contra sus conciudadanos. El rey, que albergaba hacia los judíos sentimientos de odio,
24envió al Misarca Apolonio con un ejército de 22.000 hombres, y la orden de degollar a todos los que estaban en el vigor de la edad, y de vender a las mujeres y a los más jóvenes.
25Llegado éste a Jerusalén y fingiendo venir en son de paz esperó hasta el día santo del sábado. Aprovechando el descanso de los judíos, mandó a sus tropas que se equiparan con las armas,
26y a todos los que salían a ver aquel espectáculo, los hizo matar e, invadiendo la ciudad con los soldados armados, hizo caer una considerable multitud.
27Pero Judas, llamado también Macabeo, formó un grupo de unos diez y se retiró al desierto. Llevaba con sus compañeros, en las montañas, vida de fieras salvajes, sin comer más alimento que hierbas, para no contaminarse  de impureza.

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II Macabeos   6
1Poco tiempo después, el rey envió al ateniense Geronta para obligar a los judíos a que desertaran de las leyes  de sus padres y a que dejaran de vivir según las leyes de su Dios;
2y además para contaminar el Templo de Jerusalén, dedicándolo a Zeus Olímpico, y el de Garizim, a Zeus Hospitalario, como lo habían pedido los habitantes del lugar.
3Este recrudecimiento del mal era para todos penoso e insoportable.
4El Templo estaba lleno de desórdenes y orgías por parte de los paganos que holgaban con meretrices y que en los  atrios sagrados andaban con mujeres, y hasta introducían allí cosas prohibidas.
5El altar estaba repleto de víctimas ilícitas, prohibidas por las leyes.
6No se podía ni celebrar el sábado, ni guardar las fiestas patrias, ni siquiera confesarse judío;
7antes bien eran obligados con amarga violencia a la celebración mensual del nacimiento del rey con un banquete  sacrificial y, cuando llegaba la fiesta de Dióniso, eran forzados a formar parte de su cortejo, coronados de hiedra.
8Por instigación de los habitantes de Tolemaida salió un decreto para las vecinas ciudades griegas, obligándolas a que procedieran de la misma forma contra los judíos y a que les hicieran participar en los banquetes sacrificiales,
9con orden de degollar a los que no adoptaran el cambio a las costumbres griegas. Podíase ya entrever la calamidad inminente.
10Dos mujeres fueron delatadas por haber circuncidado a sus hijos; las hicieron recorrer públicamente la ciudad con los niños colgados del pecho, y las precipitaron desde la muralla.
11Otros que se habían reunido en cuevas próximas para celebrar a escondidas el día séptimo, fueron denunciados a  Filipo y quemados juntos, sin que quisieran hacer nada en su defensa, por respeto a la santidad del día.
12Ruego a los lectores de este libro que no se desconcierten por estas desgracias; piensen antes bien que estos castigos  buscan no la destrucción, sino la educación de nuestra raza;
13pues el no tolerar por mucho tiempo a los impíos, de modo que pronto caigan en castigos, es señal de gran benevolencia.
14Pues con las demás naciones el Soberano, para castigarlas, aguarda pacientemente a que lleguen a colmar la medida  de sus pecados; pero con nosotros ha decidido no proceder así,
15para que no tenga luego que castigarnos, al llegar nuestros pecados a la medida colmada.
16Por eso mismo nunca retira de nosotros su misericordia: cuando corrige con la desgracia, no está abandonando a su propio pueblo.
17Quede esto dicho a modo de recuerdo. Después de estas pocas palabras, prosigamos la narración.
18A Eleazar, uno de los principales escribas, varón de ya avanzada edad y de muy noble aspecto, le forzaban a abrir  la boca y a comer carne de puerco.
19Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida infame, marchaba voluntariamente al suplicio del apaleamiento,
20después de escupir todo, que es como deben proceder los que tienen valentía rechazar los alimentos que no es lícito probar ni por amor a la vida.
21Los que estaban encargados del banquete sacrificial contrario a la Ley, tomándole aparte en razón del conocimiento  que de antiguo tenían con este hombre, le invitaban a traer carne preparada por él mismo, y que le fuera lícita; a simular como si comiera la mandada por el rey, tomada del sacrificio,
22para que, obrando así, se librara de la muerte, y por su antigua amistad hacia ellos alcanzara benevolencia.
23Pero él, tomando una noble resolución digna de su edad, de la prestancia de su ancianidad, de sus experimentadas y ejemplares canas, de su inmejorable proceder desde niño y, sobre todo, de la legislación santa dada por Dios, se mostró consecuente consigo diciendo que se le mandara pronto al Hades.
24«Porque a nuestra edad no es digno fingir, no sea que muchos jóvenes creyendo que Eleazar, a sus noventa años, se ha pasado a las costumbres paganas,
25también ellos por mi simulación y por mi apego a este breve resto de vida, se desvíen por mi culpa y yo atraiga mancha y deshonra a mi vejez.
26Pues aunque me libre al presente del castigo de los hombres, sin embargo ni vivo ni muerto podré escapar de las  manos del Todopoderoso.
27Por eso, al abandonar ahora valientemente la vida, me mostraré digno de mi ancianidad,
28dejando a los jóvenes un ejemplo noble al morir generosamente con ánimo y nobleza por las leyes venerables y santas.» Habiendo dicho esto, se fue enseguida al suplicio del apaleamiento.
29Los que le llevaban cambiaron su suavidad de poco antes en dureza, después de oír las referidas palabras que ellos  consideraban una locura;
30él, por su parte, a punto ya de morir por los golpes, dijo entre suspiros: «El Señor, que posee la ciencia santa, sabe bien que, pudiendo librarme de la muerte, soporto flagelado en mi cuerpo recios dolores, pero en mi  alma los sufro con gusto por temor de él.»
31De este modo llegó a su tránsito. (No sólo a los jóvenes, sino también a la gran mayoría de la nación, Eleazar dejó su muerte como ejemplo de nobleza y recuerdo de virtud.)


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II Macabeos   7
1Sucedió también que siete hermanos apresados junto con su madre, eran forzados por el rey, flagelados con azotes  y nervios de buey, a probar carne de puerco (prohibida por la Ley).
2Uno de ellos, hablando en nombre de los demás, decía así: «¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos  dispuestos a morir antes que violar las leyes de nuestros padres.»
3El rey, fuera de sí, ordenó poner al fuego sartenes y calderas.
4En cuanto estuvieron al rojo, mandó cortar la lengua al que había hablado en nombre de los demás, arrancarle el cuero cabelludo y cortarle las extremidades de los miembros, en presencia de sus demás hermanos y de su madre.
5Cuando quedó totalmente inutilizado, pero respirando todavía, mandó que le acercaran al fuego y le tostaran en la sartén. Mientras el humo de la sartén se difundía lejos, los demás hermanos junto con su madre se animaban  mutuamente a morir con generosidad, y decían:
6«El Señor Dios vela y con toda seguridad se apiadará de nosotros, como declaró Moisés en el cántico que atestigua  claramente: "Se apiadará de sus siervos".»
7Cuando el primero hizo así su tránsito, llevaron al segundo al suplicio y después de arrancarle la piel de la cabeza con los cabellos, le preguntaban: «¿Vas a comer antes de que tu cuerpo sea torturado miembro a miembro?»
8El respondiendo en su lenguaje patrio, dijo: «¡No!» Por ello, también éste sufrió a su vez la tortura, como el primero.
9Al llegar a su último suspiro dijo: «Tú, criminal, nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna.»
10Después de éste, fue castigado el tercero; en cuanto se lo pidieron, presentó la lengua, tendió decidido las manos
11(y dijo con valentía: «Por don del Cielo poseo estos miembros, por sus leyes los desdeño y de El espero recibirlos de nuevo).»
12Hasta el punto de que el rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del ánimo de aquel muchacho que en nada tenía los dolores.
13Llegado éste a su tránsito, maltrataron de igual modo con suplicios al cuarto.
14Cerca ya del fin decía así: «Es preferible morir a manos de hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por él; para ti, en cambio, no habrá resurrección a la vida.»
15Enseguida llevaron al quinto y se pusieron a atormentarle.
16El, mirando al rey, dijo: «Tú, porque tienes poder entre los hombres aunque eres mortal, haces lo que quieres.  Pero no creas que Dios ha abandonado a nuestra raza.
17Aguarda tú y contemplarás su magnifico poder, cómo te atormentará a ti y a tu linaje.»
18Después de éste, trajeron al sexto, que estando a punto de morir decía: «No te hagas ilusiones, pues nosotros por nuestra propia culpa padecemos; por haber pecado contra nuestro Dios (nos suceden cosas sorprendentes).
19Pero no pienses quedar impune tú que te has atrevido a luchar contra Dios.»
20Admirable de todo punto y digna de glorioso recuerdo fue aquella madre que, al ver morir a sus siete hijos en el  espacio de un solo día, sufría con valor porque tenía la esperanza puesta en el Señor.
21Animaba a cada uno de ellos en su lenguaje patrio y, llena de generosos sentimientos y estimulando con ardor varonil sus reflexiones de mujer, les decía:
22«Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno.
23Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia, porque ahora no miráis por vosotros mismos a causa de sus leyes.»
24Antíoco creía que se le despreciaba a él y sospechaba que eran palabras injuriosas. Mientras el menor seguía con vida, no sólo trataba de ganarle con palabras, sino hasta con juramentos le prometía hacerle rico y muy feliz, con tal de que abandonara las tradiciones de sus padres; le haría su amigo y le confiaría altos cargos.
25Pero como el muchacho no le hacía ningún caso, el rey llamó a la madre y la invitó a que aconsejara al adolescente para salvar su vida.
26Tras de instarle él varias veces, ella aceptó el persuadir a su hijo.
27Se inclinó sobre él y burlándose del cruel tirano, le dijo en su lengua patria: «Hijo, ten compasión de mí que te llevé en el seno por nueve meses, te amamanté por tres años, te crié y te eduqué hasta la edad que tienes (y te alimenté).
28Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia.
29No temas a este verdugo, antes bien, mostrándote digno de tus hermanos, acepta la muerte, para que vuelva yo a  encontrarte con tus hermanos en la misericordia.»
30En cuanto ella terminó de hablar, el muchacho dijo: «¿Qué esperáis? No obedezco el mandato del rey; obedezco el mandato de la Ley dada a nuestros padres por medio de Moisés.
31Y tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios.
32(Cierto que nosotros padecemos por nuestros pecados.)
33Si es verdad que nuestro Señor que vive, está momentáneamente irritado para castigarnos y corregirnos, también se reconciliará de nuevo con sus siervos.
34Pero tú, ¡oh impío y el más criminal de todos los hombres!, no te engrías neciamente, entregándote a vanas esperanzas y alzando la mano contra sus siervos;
35porque todavía no has escapado del juicio del Dios que todo lo puede y todo lo ve.
36Pues ahora nuestros hermanos, después de haber soportado una corta pena por una vida perenne, cayeron por la alianza de Dios; tú, en cambio, por el justo juicio de Dios cargarás con la pena merecida por tu soberbia.
37Yo, como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi vida por las leyes de mis padres, invocando a Dios para que pronto se muestre propicio con nuestra nación, y que tú con pruebas y azotes llegues a confesar que él es el único Dios.
38Que en mí y en mis hermanos se detenga la cólera del Todopoderoso justamente descargada sobre toda nuestra raza.»
39El rey, fuera de sí, se ensañó con éste con mayor crueldad que con los demás, por resultarle amargo el sarcasmo.
40También éste tuvo un limpio tránsito, con entera confianza en el Señor.
41Por último, después de los hijos murió la madre.
42Sea esto bastante para tener noticia de los banquetes sacrificiales y de las crueldades sin medida.

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II Macabeos   8
1Judas, llamado también Macabeo, y sus compañeros entraban sigilosamente en los pueblos, llamaban a sus hermanos de raza y acogiendo a los que permanecían fieles al judaísmo, llegaron a reunir 6.000 hombres.
2Rogaban al Señor que mirase por aquel pueblo que todos conculcaban; que tuviese piedad del santuario profanado  por los hombres impíos;
3que se compadeciese de la ciudad destruida y a punto de ser arrasada, y que escuchase las voces de la sangre que clamaba a él;
4que se acordase de la inicua matanza de niños inocentes y de las blasfemias proferidas contra su nombre, y que mostrase su odio al mal.
5Macabeo, con su tropa organizada, fue ya invencible para los gentiles, al haberse cambiado en misericordia la cólera del Señor.
6Llegando de improviso, incendiaba ciudades y pueblos; después de ocupar las posiciones estratégicas, causaba al enemigo grandes pérdidas.
7Prefería la noche como aliada para tales incursiones. La fama de su valor se extendía por todas partes.
8Al ver Filipo que este hombre progesaba paulatinamente y que sus éxitos eran cada día más frecuentes, escribió a Tolomeo, estratega de Celesiria y Fenicia para que viniese en ayuda de los intereses del rey.
9Este designó enseguida a Nicanor, hijo de Patroclo, uno de sus primeros amigos, y le envió al frente de no menos de 20.000 hombres de todas las naciones para exterminar la raza entera de Judea. Puso a su lado a Gorgias, general con experiencia en lides guerreras.
10Nicanor intentaba, por su parte, saldar con la venta de prisioneros judíos, el tributo de 2.000 talentos que el rey debía a los romanos.
11Pronto envió a las ciudades marítimas una invitación para que vinieran a comprar esclavos judíos, prometiendo entregar noventa esclavos por un talento sin esperarse el castigo del Todopoderoso que estaba a punto de caer sobre él.
12Llegó a Judas la noticia de la expedición de Nicanor. Cuando comunicó a los que le acompañaban que el ejército se acercaba,
13los cobardes y desconfiados de la justicia divina, comenzaron a escaparse y alejarse del lugar;
14los demás vendían todo lo que les quedaba, y pedían al mismo tiempo al Señor que librara a los que el impío Nicanor tenía vendidos aun ante de haberse enfrentado.
15Si no por ellos, sí por las alianzas con sus padres y porque invocaban en su favor el venerable y majestuoso Nombre.
16Después de reunir a los suyos, en número de 6.000, el Macabeo les exhortaba a no dejarse amedrentar por los enemigos y a no temer a la muchedumbre de gentiles que injustamente venían contra ellos, sino a combatir con valor,
17teniendo a la vista el ultraje que inicuamente habían inferido al Lugar Santo, los suplicios infligidos a la ciudad y la abolición de las instituciones ancestrales.
18«Ellos, les dijo, confían en sus armas y en su audacia; pero nosotros tenemos nuestra confianza puesta en Dios  Todopoderoso, que puede abatir con un gesto a los que vienen contra nosotros y al mundo entero.»
19Les enumeró los auxilios dispensados a sus antecesores, especialmente frente a Senaquerib, cuando perecieron 185.000,
20y el recibido en Babilonia, en la batalla contra los gálatas, cuando entraron en acción todos los 8.000 judíos junto a los 4.000 macedonios, y cuando los macedonios se hallaban en apuros, los 8.000 derrotaron a 120.000, gracias al auxilio que les llegó del cielo, y se hicieron con un gran botín.
21Después de haberlos enardecido con estas palabras y de haberlos dispuesto a morir por las leyes y por la patria, dividió el ejército en cuatro cuerpos.
22Puso a sus hermanos, Simón, José y Jonatán, al frente de cada cuerpo, dejando a las órdenes de cada uno 1.500 hombres.
23Además mandó a Esdrías que leyera el libro sagrado; luego, dando como consigna «Auxilio de Dios», él mismo al frente del primer cuerpo trabó combate con Nicanor.
24Al ponerse el Todopoderoso de su parte en la lucha, dieron muerte a más de 9.000 enemigos, hirieron y mutilaron  a la mayor parte del ejército de Nicanor, y a todos los demás los pusieron en fuga.
25Se apoderaron del dinero de los que habían venido a comprarlos. Después de haberlos perseguido bastante tiempo, se volvieron, obligados por la hora,
26pues era víspera del sábado, y por esta causa no continuaron en su persecución.
27Una vez que hubieron amontonado las armas y recogido los despojos de los enemigos, comenzaron la celebración del  sábado, desbordándose en bendiciones y alabanzas al Señor que en aquel día les había salvado, estableciendo  el comienzo de su misericordia.
28Al acabar el sábado, dieron una parte del botín a los que habían sufrido la persecución, así como a las viudas  y huérfanos; ellos y sus hijos se repartieron el resto.
29Hecho esto, en rogativa pública rogaron al Señor misericordioso que se reconciliara del todo con sus siervos.
30En su combate con las tropas de Timoteo y Báquides, mataron a éstos más de 20.000 hombres, se adueñaron por completo de altas fortalezas y dividieron el inmenso botín en partes iguales, una para ellos y otra para los que  habían sufrido la persecución, los huérfanos y las viudas, así como para los ancianos.
31Con todo cuidado reunieron las armas capturadas en lugares convenientes y llevaron a Jerusalén el resto de los  despojos.
32Mataron al filarca de la escolta de Timoteo, hombre muy impío que había causado mucho pesar a los judíos.
33Mientras celebraban la victoria en su patria, quemaron a los que habían incendiado los portones sagrados, así como a Calístenes, que estaban refugiados en una misma casita, y que recibieron así la merecida paga de su  impiedad.
34Nicanor, tres veces criminal, que había traído a los mil comerciantes para la venta de los judíos,
35con el auxilio del Señor, quedó humillado por los mismos que él despreciaba como los más viles; despojándose de  sus galas, como un fugitivo a campo través, buscando la soledad llegó hasta Antioquía con mucha suerte, después del desastre de su ejército.
36El que había pretendido saldar el tributo debido a los romanos con la venta de los prisioneros de Jerusalén, proclamaba que los judíos tenían a Alguien que les defendía, y que los judíos eran invulnerables por el hecho de que seguían las leyes prescritas por Aquél.

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II Macabeos   9
1Sucedió por este tiempo que Antíoco hubo de retirarse desordenadamente de las regiones de Persia.
2En efecto, habiendo entrado en la ciudad llamada Persépolis, pretendió saquear el santuario y oprimir la ciudad; ante ello, la muchedumbre sublevándose acudió a las armas y le puso en fuga; y sucedió que Antíoco, ahuyentado por los naturales del país, hubo de emprender una vergonzosa retirada.
3Cuando estaba en Ecbátana, le llegó la noticia de lo ocurrido a Nicanor y a las tropas de Timoteo.
4Arrebatado de furor, pensaba vengar en los judíos la afrenta de los que le habían puesto en fuga, y por eso ordenó al conductor que hiciera avanzar el carro sin parar hasta el término del viaje. Pero ya el juicio del Cielo  se cernía sobre él, pues había hablado así con orgullo: «En cuanto llegue a Jerusalén, haré de la ciudad una fosa común de judíos.»
5Pero el Señor Dios de Israel que todo lo ve, le hirió con una llaga incurable e invisible: apenas pronunciada esta frase, se apoderó de sus entrañas un dolor irremediable, con agudos retortijones internos,
6cosa totalmente justa para quien había hecho sufrir las entrañas de otros con numerosas y desconocidas torturas.
7Pero él de ningún modo cesaba en su arrogancia; estaba lleno todavía de orgullo, respiraba el fuego de su furor contra los judíos y mandaba acelerar la marcha. Pero sucedió que vino a caer de su carro que corría velozmente  y, con la violenta caída, todos los miembros de su cuerpo se le descoyuntaron.
8El que poco antes pensaba dominar con su altivez de superhombre las olas del mar, y se imaginaba pesar en una balanza las cimas de las montañas, caído por tierra, era luego transportado en una litera, mostrando a todos  de forma manifiesta el poder de Dios,
9hasta el punto que de los ojos del impío pululaban gusanos, caían a pedazos sus carnes, aun estando con vida, entre dolores y sufrimientos, y su infecto hedor apestaba todo el ejército.
10Al que poco antes creía tocar los astros del cielo, nadie podía ahora llevarlo por la insoportable repugnancia  del hedor.
11Así comenzó entonces, herido, a abatir su excesivo orgullo y a llegar al verdadero conocimiento bajo el azote divino, en tensión a cada instante por los dolores.
12Como ni él mismo podía soportar su propio hedor, decía: «Justo es estar sumiso a Dios y que un mortal no pretenda igualarse a la divinidad.»
13Pero aquel malvado rogaba al Soberano de quien ya no alcanzaría misericordia, prometiendo
14que declararía libre la ciudad santa, a la que se había dirigido antes a toda prisa para arrasarla y transformarla  en fosa común,
15que equipararía con los atenienses a todos aquellos judíos que había considerado dignos, no de una sepultura, sino de ser arrojados con sus niños como pasto a las fieras;
16que adornaría con los más bellos presentes el Templo Santo que antes había saqueado; que devolvería multiplicados todos los objetos sagrados; que suministraría a sus propias expensas los fondos que se gastaban en los sacrificios;
17y, además, que se haría judío y recorrería todos los lugares habitados para proclamar el poder de Dios.
18Como sus dolores de ninguna forma se calmaban, pues había caído sobre él el justo juicio de Dios, desesperado de su estado, escribió a los judíos la carta copiada a continuación, en forma de súplica, con el siguiente contenido:
19«A los honrados judíos, ciudadanos suyos, con los mejores deseos de dicha, salud y prosperidad, saluda el rey y estratega Antíoco.
20Si os encontráis bien vosotros y vuestros hijos, y vuestros asuntos van conforme a vuestros deseos, damos por ello rendidas gracias.
21En cuanto a mí, me encuentro postrado sin fuerza en mi lecho, con un amistoso recuerdo de vosotros. A mi vuelta de las regiones de Persia, contraje una molesta enfermedad y he considerado necesario preocuparme de vuestra seguridad común.
22No desespero de mi situación, antes bien tengo grandes esperanzas de salir de esta enfermedad;
23pero considerando que también mi padre, con ocasión de salir a campaña hacia las regiones altas, designó su futuro sucesor,
24para que, si ocurría algo sorprendente o si llegaba alguna noticia desagradable, los habitantes de las provincias  no se perturbaran, por saber ya a quién quedaba confiado el gobierno;
25dándome cuenta además de que los soberanos de alrededor, vecinos al reino, acechan las oportunidades y aguardan lo que pueda suceder, he nombrado rey a mi hijo Antíoco, a quien muchas veces, al recorrer las satrapías  altas, os he confiado y recomendado a gran parte de vosotros. A él le he escrito lo que sigue.
26Por tanto os exhorto y ruego que acordándoos de los beneficios recibidos en común y en particular, guardéis cada uno también con mi hijo la benevolencia que tenéis hacia mí.
27Pues estoy seguro de que él, realizando con moderación y humanidad mis proyectos, se entenderá bien con vosotros.»
28Así pues, aquel asesino y blasfemo, sufriendo los peores padecimientos, como los había hecho padecer a otros, terminó la vida en tierra extranjera, entre montañas, en el más lamentable infortunio.
29Filipo, su compañero, trasladaba su cuerpo; mas, por temor al hijo de Antíoco, se retiró a Egipto, junto a Tolomeo Filométor.

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II Macabeos  10
1Macabeo y los suyos, guiados por el Señor, recuperaron el Templo y la ciudad,
2destruyeron los altares levantados por los extranjeros en la plaza pública, así como los recintos sagrados.
3Después de haber purificado el Templo, hicieron otro altar; tomando fuego de pedernal del que habían sacado chispas, tras dos años de intervalo ofrecieron sacrificios, el incienso y las lámparas, y colocaron los panes de la Presencia.
4Hecho esto, rogaron al Señor, postrados sobre el vientre, que no les permitiera volver a caer en tales desgracias, sino que, si alguna vez pecaban, les corrigiera con benignidad, y no los entregara a los gentiles blasfemos y bárbaros.
5Aconteció que el mismo día en que el Templo había sido profanado por los extranjeros, es decir, el veinticinco  del mismo mes que es Kisléu, tuvo lugar la purificación del Templo.
6Lo celebraron con alegría durante ocho días, como en la fiesta de las Tiendas, recordando cómo, poco tiempo antes, por la fiesta de las Tiendas, estaban cobijados como fieras en montañas y cavernas.
7Por ello, llevando tirsos, ramas hermosas y palmas, entonaban himnos hacia Aquél que había llevado a buen término la purificación de su lugar.
8Por público decreto y voto prescribieron que toda la nación de los judíos celebrara anualmente aquellos mismos  días.
9Tales fueron las circunstancias de la muerte de Antíoco, apellidado Epífanes.
10Vamos a exponer ahora lo referente a Antíoco Eupátor, hijo de aquel impío, resumiendo las desgracias debidas a las guerras.
11En efecto, una vez heredado el reino, puso al frente de sus asuntos a un tal Lisias, estratega supremo de Celesiria y Fenicia.
12Pues Tolomeo, el llamado Macrón, el primero en observar la justicia con los judíos, debido a la injusticia con que se les había tratado, procuraba resolver pacíficamente lo que a ellos concernía;
13acusado ante Eupátor a consecuencia de ello por los amigos del rey, oía continuamente que le llamaban traidor, por haber abandonado Chipre, que Filométor le había confiado, y por haberse pasado a Antíoco Epífanes. Al no poder honrar debidamente la dignidad de su cargo, envenenándose, dejó esta vida.
14Gorgias, hecho estratega de la región, mantenía tropas mercenarias y en toda ocasión hostigaba a los judíos.
15Al mismo tiempo los idumeos, dueños de fortalezas estratégicas, causaban molestias a los judíos, y acogiendo a los fugitivos de Jerusalén procuraban fomentar la guerra.
16Macabeo y sus compañeros, después de haber celebrado una rogativa y haber pedido a Dios que luchara junto a ellos, se lanzaron contra las fortalezas de los idumeos;
17después de atacarlos con ímpetu, se apoderaron de las posiciones e hicieron retroceder a todos los que combatían sobre la muralla; daban muerte a cuantos caían en sus manos. Mataron por lo menos 20.000.
18No menos de 9.000 hombres se habían refugiado en dos torres muy bien fortificadas y abastecidas de cuanto era necesario para resistir un sitio.
19Macabeo dejó entonces a Simón y José, y además a Zaqueo y a los suyos, en número suficiente para asediarles, y él mismo partió hacia otros lugares de mayor urgencia.
20Pero los hombres de Simón, ávidos de dinero, se dejaron sobornar por algunos de los que estaban en las torres; por 70.000 dracmas dejaron que algunos se escapasen.
21Cuando se dio a Macabeo la noticia de lo sucedido, reunió a los jefes del pueblo y acusó a aquellos hombres de haber vendido a sus hermanos por dinero al soltar enemigos contra ellos.
22Hizo por tanto ejecutarles por traidores e inmediatamente se apoderó de las dos torres.
23Con atinada dirección y con las armas en las manos, mató en las dos fortalezas a más de 20.000 hombres.
24Timoteo, que antes había sido vencido por los judíos, después de reclutar numerosas fuerzas extranjeras y de reunir no pocos caballos traídos de Asia, se presentó con la intención de conquistar Judea por las armas.
25Ante su avance, los hombres de Macabeo, en rogativas a Dios, cubrieron de polvo su cabeza y ciñeron de sayal la cintura;
26y, postrándose delante del Altar, a su pie, pedían a Dios que, mostrándose propicio con ellos, se hiciera enemigo de sus enemigos y adversario de sus adversarios, como declara la Ley.
27Al acabar la plegaria, tomaron las armas y avanzaron un buen trecho fuera de la ciudad; cuando estaban cerca de sus enemigos, se detuvieron.
28A poco de difundirse la claridad del sol naciente, ambos bandos se lanzaron al combate; los unos tenían como garantía del éxito y de la victoria, además de su valor, el recurso al Señor; los otros combatían con la furia como guía de sus luchas.
29En lo recio de la batalla, aparecieron desde el cielo ante los adversarios cinco hombres majestuosos montados en caballos con frenos de oro, que se pusieron al frente de los judíos;
30colocaron a Macabeo en medio de ellos y, cubriéndole con sus armaduras, le hacían invulnerable; arrojaban sobre los adversarios saetas y rayos, por lo que heridos de ceguera se dispersaban en completo desorden.
3120.500 infantes fueron muertos y seiscientos jinetes.
32El mismo Timoteo se refugió en una fortaleza, muy bien guardada, llamada Gázara, cuyo estratega era Quereas.
33Las tropas de Macabeo, alborozadas, asediaron la ciudadela durante cuatro días.
34Los de dentro, confiados en lo seguro de la posición, blasfemaban sin cesar y proferían palabras impías.
35Amanecido el quinto día, veinte jóvenes de las tropas de Macabeo, encendidos en furor a causa de las blasfemias, se lanzaron valientemente contra la muralla y con fiera bravura herían a cuantos se ponían delante.
36Otros, subieron igualmente por el lado opuesto contra los de dentro, prendieron fuego a las torres y, encendiendo  hogueras, quemaron vivos a los blasfemos. Aquéllos, entretanto, rompián las puertas, y tras abrir paso al resto del ejército, se apoderaron de la ciudad.
37Mataron a Timoteo, que estaba escondido en una cisterna, así como a su hermano Quereas y a Apolófanes.
38Al término de estas proezas, con himnos y alabanzas bendecían al Señor que hacía grandes beneficios a Israel y a ellos les daba la victoria.

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II Macabeos  11
1Muy poco tiempo después, Lisias, tutor y pariente del rey, que estaba al frente de los negocios, muy contrariado  por lo sucedido,
2reunió unos 80.000 hombres con toda la caballería, y se puso en marcha contra los judíos, con la intención de hacer de la ciudad una población de griegos,
3convertir el Templo en fuente de recursos, como los demás recintos sagrados de los gentiles, y poner cada año en venta la dignidad del sumo sacerdocio.
4No tenía en cuenta en absoluto el poder de Dios, engreído como estaba con sus miríadas de infantes, sus millares de jinetes y sus ochenta elefantes.
5Entró en Judea, se acercó a Bet Sur, plaza fuerte que dista de Jerusalén unas cinco esjenas, y la cercó estrechamente.
6En cuanto los hombres de Macabeo supieron que Lisias estaba sitiando las fortalezas, comenzaron a implorar al Señor con gemidos y lágrimas, junto con la multitud, que enviase un ángel bueno para salvar a Israel.
7Macabeo en persona tomó el primero las armas y exhortó a los demás a que juntamente con él afrontaran el peligro y auxiliaran a sus hermanos. Ellos se lanzaron juntos con entusiasmo.
8Cuando estaban cerca de Jerusalén, apareció poniéndose al frente de ellos, un jinete vestido de blanco, blandiendo armas de oro.
9Todos a una bendijeron entonces a Dios misericordioso y y sintieron enardecerse sus ánimos, dispuestos a atravesar  no sólo a hombres, sino aun a las fieras más salvajes murallas de hierro.
10Avanzaban equipados, con el aliado enviado del Cielo, porque el Señor se había compadecido de ellos.
11Se lanzaron como leones sobre los enemigos, abatieron 11.000 infantes y 1.600 jinetes, y obligaron a huir a todos  los demás.
12La mayoría de éstos escaparon heridos y desarmados; el mismo Lisias se salvó huyendo vergonzosamente.
13Pero Lisias no era hombre sin juicio. Reflexionando sobre la derrota que acababa de sufrir, y comprendiendo que los hebreos eran invencibles porque el Dios poderoso luchaba con ellos,
14les propuso por una embajada la reconciliación bajo toda clase de condiciones justas; y que además obligaría al rey a hacerse amigo de ellos.
15Macabeo asintió a todo lo que Lisias proponía, preocupado por el interés público; pues el rey concedió cuanto Macabeo había pedido por escrito a Lisias acerca de los judíos.
16La carta escrita por Lisias a los judíos decía lo siguiente: «Lisias saluda a la población de los judíos.
17Juan y Absalón, vuestros enviados, al entregarme el documento copiado a continuación, me han rogado una respuesta sobre lo que en el mismo se significaba.
18He dado cuenta al rey de todo lo que debía exponérsele; lo que era de mi competencia lo he concedido.
19Por consiguiente, si mantenéis vuestra buena disposición hacia el Estado, también yo procuraré en adelante colaborar en vuestro favor.
20En cuanto a los detalles, tengo dada orden a vuestros enviados y a los míos de que los discutan con vosotros.
21Seguid bien. Año 148, el veinticuatro de Dióscoro.»
22La carta del rey decía lo siguiente: «El rey Antíoco saluda a su hermano Lisias.
23Habiendo pasado nuestro padre donde los dioses, deseamos que los súbditos del reino vivan sin inquietudes para entregarse a sus propias ocupaciones.
24Teniendo oído que los judíos no están de acuerdo en adoptar las costumbres griegas, como era voluntad de mi padre, sino que prefieren seguir sus propias costumbres, y ruegan que se les permita acomodarse a sus leyes,
25deseosos, por tanto, de que esta nación esté tranquila, decidimios que se les restituya el Templo y que puedan  vivir según las costumbres de sus antepasados.
26Bien harás, por tanto, en enviarles emisarios que les den la mano, para que al saber nuestra determinación, se  sientan confiados y se dediquen con agrado a sus propias ocupaciones.»
27La carta del rey a la nación era como sigue: «El rey Antíoco saluda al Senado de los judíos y a los demás judíos.
28Sería nuestro deseo que os encontrarais bien; también nosotros gozamos de salud.
29Menelao nos ha manifestado vuestro deseo de volver a vuestros hogares.
30A los que vuelvan antes del treinta del mes de Xántico se les ofrece la mano y libertad
31para que los judíos se sirvan de sus propios alimentos y leyes como antes, y ninguno de ellos sea molestado en modo alguno a causa de faltas cometidas por ignorancia.
32He enviado a Menelao para que os anime.
33Seguid bien. Año 148, día quince de Xántico.»
34También los romanos les enviaron una carta con el siguiente contenido: «Quinto Memmio, Tito Manilio, Manio Sergio, legados de los romanos, saludan al pueblo de los judíos.
35Nosotros damos nuestro consentimiento a lo que Lisias, pariente del rey, os ha concedido.
36Pero en relación con lo que él decidió presentar al rey, mandadnos algún emisario en cuanto lo hayáis examinado, para que lo expongamos en la forma que os conviene, ya que nos dirigimos a Antioquía,
37Daos prisa, por tanto; enviadnos a algunos, para que también nosotros conozcamos cuál es vuestra opinión.
38Seguid en buena salud. Año 148, día quince de Dióscoro.»

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II Macabeos  12
1Una vez terminados estos tratados, Lisias se volvió junto al rey, mientras los judíos se entregaban a las labores  del campo.
2Pero algunos de los estrategas en plaza, Timoteo y Apolonio, hijo de Genneo, y también Jerónimo y Demofón, además de Nicanor, el Chipriarca, no les dejaban vivir en paz ni disfrutar de sosiego.
3Los habitantes de Joppe, por su parte, perpetraron la enorme impiedad que sigue: invitaron a los judíos que vivían  con ellos, a subir con mujeres y niños a las embarcaciones que habían preparado, como si no guardaran contra ellos ninguna enemistad.
4Conforme a la común decisión de la ciudad, aceptaron los judíos, por mostrar sus deseos de vivir en paz y que no tenían el menor recelo; pero, cuando se hallaban en alta mar, los echaron al fondo, en número no inferior  a doscientos.
5Cuando Judas se enteró de la crueldad cometida con sus compatriotas, se lo anunció a sus hombres;
6y después de invocar a Dios, el justo juez, se puso en camino contra los asesinos de sus hermanos, incendió por la noche el puerto, quemó las embarcaciones y pasó a cuchillo a los que se habían refugiado allí.
7Al encontrar cerrada la plaza, se retiró con la intención de volver de nuevo y exterminar por completo a la población  de Joppe.
8Enterado de que también los de Yamnia querían actuar de la misma forma con los judíos que allí habitaban,
9atacó también de noche a los yamnitas e incendió el puerto y la flota, de modo que el resplandor de las llamas se veía hasta en Jerusalén y eso que había 240 estadios de distancia.
10Marchando contra Timoteo, se alejaron de allí nueve estadios, cuando le atacaron no menos de 5.000 árabes y quinientos jinetes.
11En la recia batalla trabada, las tropas de Judas lograron la victoria, gracias al auxilio recibido de Dios; los nómadas, vencidos, pidieron a Judas que les diera la mano, prometiendo entregarle ganado y serle útiles en adelante.
12Judas, dándose cuenta de que verdaderamente en muchos casos podían ser de utilidad, consintió en hacer las paces con ellos; estrechada la mano se retiraron a las tiendas.
13Judas atacó también a cierta ciudad fortificada con terraplenes, rodeada de murallas, y habitada por una población mixta de varias naciones, por nombre Caspín.
14Los sitiados, confiados en la solidez de las murallas y en la provisión de víveres, trataban groseramente con insultos a los hombres de Judas, profiriendo además blasfemias y palabras sacrílegas.
15Los hombres de Judas, después de invocar al gran Señor del mundo, que sin arietes ni máquinas de guerra había derruido a Jericó en tiempo de Josué, atacaron ferozmente la muralla.
16Una vez dueños de la ciudad por la voluntad de Dios, hicieron una indescriptible carnicería hasta el punto de que el lago vecino, con su anchura de dos estadios, parecía lleno con la sangre que le había llegado.
17Se alejaron de allí 750 estadios y llegaron a Járaca, donde los judíos llamados tubios.
18Pero no encontraron en aquellos lugares a Timoteo, que al no lograr nada se había ido de allí, dejando con todo en determinado lugar una fortísima guarnición.
19Dositeo y Sosípatro, capitanes de Macabeo, en una incursión mataron a los hombres que Timoteo había dejado en la fortaleza, más de 10.000.
20Macabeo distribuyó su ejército en cohortes, puso a aquellos dos a su cabeza y se lanzó contra Timoteo que tenía consigo 20.000 infantes y 2.500 jinetes.
21Al enterarse Timoteo de la llegada de Judas, mandó por delante las mujeres, los niños y el resto de la impedimenta al sitio llamado Carnión; pues era un lugar inexpugnable y de acceso difícil, por la angostura de todos sus pasos.
22En cuanto apareció, la primera, la cohorte de Judas, se apoderó de los enemigos el miedo y el temor al manifestarse ente ellos Aquél que todo lo ve, y se dieron a la fuga cada cual por su lado, de modo que muchas veces eran heridos por sus propios compañeros y atravesados por las puntas de sus espadas.
23Judas seguía tenazmente en su persecución, acuchillando a aquellos criminales; llegó a matar hasta 30.000 hombres.
24El mismo Timoteo cayó en manos de los hombres de Dositeo y Sosípatro; les instaba con mucha palabrería que le dejaran ir salvo, pues alegaba tener en su poder a parientes entre los cuales había hermanos de muchos de ellos, de cuya vida nadie se cuidaría.
25Cuando él garantizó, después de muchas palabras, la determinación de restituirlos sanos y salvos, le dejaron libre con ánimo de liberar a sus hermanos.
26Habiéndose dirigido al Carnión y al Atargateion, Judas dio muerte a 25.000 hombres.
27Después de haber derrotado (y destruido) a estos enemigos, dirigió una expedición contra la ciudad fuerte de Efrón, donde habitaba Lisanias, con una multitud de toda estirpe. Jóvenes vigorosos, apostados ante las murallas, combatían con valor; en el interior había muchas reservas de máquinas de guerra y proyectiles.
28Después de haber invocado al Señor que aplasta con energía las fuerzas de los enemigos, los judíos se apoderaron de la ciudad y abatieron por tierra a unos 25.000 de los que estaban dentro.
29Partiendo de allí se lanzaron contra Escitópolis, ciudad que dista de Jerusalén sesenta estadios.
30Pero como los judíos allí establecidos atestiguaron que los habitantes de la ciudad habían sido benévolos con ellos y les habían dado buena acogida en los tiempos de desgracia,
31Judas y los suyos se lo agradecieron y les exhortaron a que también en lo sucesivo se mostraran bien dispuestos con su raza. Llegaron a Jerusalén en la proximidad de la fiesta de las Semanas.
32Después de la fiesta llamada de Pentecostés, se lanzaron contra Gorgias, el estratega de Idumea.
33Salió éste con 3.000 infantes y cuatrocientos jinetes,
34y sucedió que cayeron algunos de los judíos que les habían presentado batalla.
35Un tal Dositeo, jinete valiente, del cuerpo de los tubios, se apoderó de Gorgias, y agarrándole por la clámide, le arrastraba por la fuerza con el deseo de capturar vivo a aquel maldito; pero un jinete tracio se echó  sobre Dositeo, le cortó el hombro, y Gorgias huyó hacia Marisá.
36Ante la fatiga de los hombres de Esdrías que llevaban mucho tiempo luchando, Judas suplicó al Señor que se mostrase  su aliado y su guía en el combate.
37Entonó entonces en su lengua patria el grito de guerra y algunos himnos, irrumpió de improviso sobre las tropas  de Gorgias y las derrotó.
38Judas, después de reorganizar el ejército, se dirigió hacia la ciudad de Odolam. Al llegar el día séptimo, se purificaron según la costumbre y celebraron allí el sábado.
39Al día siguiente, fueron en busca de Judas (cuando se hacía ya necesario), para recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres.
40Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que  la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres.
41Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas,
42y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas recomendó  a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido.
43Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio  por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección.
44Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos;
45mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento  santo y piadoso.
46Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado.

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II Macabeos  13
1El año 149, los hombres de Judas se enteraron de que Antíoco Eupátor marchaba sobre Judea con numerosas tropas,
2y que con él venía Lisias, su tutor y encargado de los negocios, cada uno con un ejército griego de 110.000 infantes, 5.300 jinetes, veintidós elefantes y trescientos carros armados de hoces.
3También Menelao se unió a ellos e incitaba muy taimadamente a Antíoco, no por salvar a su patria, sino con la idea  de establecerse en el poder.
4Pero el Rey de reyes excitó la cólera de Antíoco contra aquel malvado; Lisias demostró al rey que aquel hombre  era el causante de todos los males, y Antíoco ordenó conducirle a Berea y darle allí muerte, según las  costumbres del lugar.
5Hay en aquel lugar una torre de cincuenta codos, llena de ceniza, provista de un dispositivo giratorio, en pendiente por todos los lados hacia la ceniza.
6Al reo de robo sacríleg o al que ha perpetrado algún otro crimen horrendo, lo suben allí y lo precipitan para su perdición.
7Y sucedió que con tal suplicio murió aquel inicuo Menelao que ni siquiera tuvo la suerte de encontrar la tierra que le recibiera.
8Y muy justamente fue así, pues, después de haber cometido muchos pecados contra el altar, cuyo fuego y ceniza eran sagrados, en la ceniza encontró la muerte.
9Marchaba, pues, el rey embargado de bárbaros sentimientos, dispuesto a mostrar a los judíos peores cosas que las sucedidas en tiempo de su padre.
10Al saberlo Judas mandó a la tropa que invocara al Señor día y noche, para que también en esta ocasión, como en otras, viniera en ayuda de los que estaban a punto de ser privados de la Ley, de la patria y del Templo santo,
11y no permitiera que aquel pueblo, que todavía hacía poco había recobrado el ánimo, cayera en manos de gentiles de mala fama.
12Una vez que todos juntos cumplieron la orden y suplicaron al Señor misericordioso con lamentaciones y ayunos y postraciones durante tres días seguidos, Judas les animó y les mandó que estuvieran preparados.
13Después de reunirse en privado con los Ancianos, decidió que, antes que el ejército del rey entrara en Judea y se hiciera dueño de la ciudad, salieran los suyos para resolver la situación con el auxilio de Dios.
14Judas, dejando la decisión al Creador del mundo, animó a sus hombres a combatir heroicamente hasta la muerte por la causa de las leyes, el Templo, la ciudad, la patria y las instituciones; y acampó en las cercanías de Modín.
15Dio a los suyos como consigna «Victoria de Dios» y atacó de noche con lo más escogido de los jóvenes la tienda  del rey. Mató en el campamento a unos 2.000 hombres y los suyos hirieron al mayor de los elefantes junto con su conductor;
16llenaron finalmente el campamento de terror y confusión, y se retiraron victoriosos
17cuando el día despuntaba. Todo ello sucedió, gracias a la protección que el Señor había brindado a Judas.
18El rey, que había probado ya la osadía de los judíos, intentó alcanzar las posiciones con estratagemas.
19Se aproximó a Bet Sur, plaza fuerte de los judíos; pero fue rechazado, derrotado y vencido.
20Judas hizo llegar a los de dentro lo que necesitaban.
21Pero Rodoco, uno del ejército judío, revelaba los secretos a los enemigos; fue buscado, capturado y ejecutado.
22El rey parlamentó por segunda vez con los de Bet Sur, dio y tomó la mano y luego se retiró. Atacó a las tropas de Judas, y fue vencido.
23Supo entonces que Filipo, a quien había dejado en Antioquía al frente de los negocios, se había sublevado. Consternado, llamó a los judíos, se avino a sus deseos, y prestó juramento sobre todas las condiciones justas. Se reconcilió y ofreció un sacrificio, honró al santuario y se mostró generoso con el Lugar Santo.
24Prestó buena acogida a Macabeo y dejó a Hegemónides como estratega desde Tolemaida hasta la región de los guerraínos.
25Salió hacia Tolemaida; pero los habitantes de la ciudad estaban muy disgustados por este tratado: estaban en verdad indignados por los acuerdos, que ellos querían abolir.
26Lisias entonces subió a la tribuna e hizo la mejor defensa que pudo; les convenció y calmó, y les dispuso a la benevolencia. Luego partió hacia Antioquía. Así sucedió con la expedición y la retirada del rey.

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II Macabeos  14
1Después de tres años de intervalo, los hombres de Judas supieron que Demetrio, hijo de Seleuco, había atracado en el puerto de Trípoli con un fuerte ejército y una flota,
2y que se había apoderado de la región, después de haber dado muerte a Antíoco y a su tutor Lisias.
3Un tal Alcimo, que antes había sido sumo sacerdote, pero que se había contaminado voluntariamente en tiempo de la rebelión, pensando que de ninguna forma había para él salvación ni acceso posible al altar sagrado,
4fue al encuentro del rey Demetrio, hacia el año 151, y le ofreció una corona de oro, una palma, y además, los rituales ramos de olivo del Templo. Y por aquel día no hizo más.
5Pero encontró una ocasión propicia para su demencia, al ser llamado por Demetrio a consejo y al ser preguntado sobre las disposiciones y designios de los judíos.
6Respondió: «Los judíos llamados asideos, encabezados por Judas Macabeo, fomentan guerras y rebeliones, para no dejar que el reino viva en paz.
7Por eso aunque despojado de mi dignidad ancestral, me refiero al sumo sacerdocio, he venido aquí
8en primer lugar con verdadera preocupación por los intereses del rey, y en segundo lugar, con la mirada puesta en mis propios compatriotas, pues por la locura de los hombres que he mencionado, toda nuestra raza padece no pocos males.
9Informado con detalle de todo esto, ¡oh rey!, mira por nuestro país y por nuestra nación por todas partes asediada, con esa accesible benevolencia que tienes para todos;
10pues mientras Judas subsista, le es imposible al Estado alcanzar la paz.»
11En cuanto él dijo esto, los demás amigos que sentían aversión hacia lo de Judas, se apresuraron a encender más el ánimo de Demetrio.
12Designó inmediatamente a Nicanor, que había llegado a ser elefantarca, le nombró estratega de Judea y le envió
13con órdenes de hacer morir a Judas, dispersar a todos sus hombres y restablecer a Alcimo como sumo sacerdote del más grande de los templos.
14Los gentiles de Judea, fugitivos de Judas, se unieron en masa a Nicanor, imaginándose que las desgracias y reveses de los judíos serían sus propios éxitos.
15Al tener noticia de la expedición de Nicanor y del asalto de los gentiles, esparcieron sobre sí polvo e imploraron a Aquél que por siempre había establecido a su pueblo y que siempre protegía a su propia heredad con sus manifestaciones.
16Por orden de su jefe, salieron inmediatamente de allí y trabaron lucha con ellos junto al pueblo de Dessáu.
17Simón, hermano de Judas, había entablado combate con Nicanor, pero, a causa de la repentina llegada de los enemigos, sufrió un ligero revés.
18Pero con todo, Nicanor, al tener noticia de la bravura de los hombres de Judas y del valor con que combatían por su patria, temía resolver la situación por la sangre.
19Por este motivo envió a Posidonio, Teodoto y Matatías para concertar la paz.
20Después de maduro examen de las condiciones, el jefe se las comunicó a las tropas y, ante el parecer unánime, aceptaron el tratado.
21Fijaron la fecha en que se reunirían los jefes en privado. Se adelantó un vehículo de cada lado y prepararon asientos.
22Judas dispuso en lugares estratégicos hombres armados, preparados para el caso de que se produjera alguna repentina traición de parte enemiga. Tuvieron la entrevista en buen acuerdo.
23Nicanor pasó algún tiempo en Jerusalén sin hacer nada inoportuno y despidió a las turbas que, en masa, se le habían reunido.
24Siempre tenía a Judas consigo; sentía una cordial inclinación hacia este hombre.
25Le aconsejó que se casara y tuviera descendencia. Judas se casó, vivió con tranquilidad, y disfrutó de la vida.
26Alcimo, al ver la recíproca comprensión, se hizo con una copia del acuerdo concluido y se fue donde Demetrio. Le decía que Nicanor tenía sentimientos contrarios a los intereses del Estado, pues había designado como sucesor suyo a Judas, el conspirador contra el reino.
27Fuera de sí el rey, excitado por las calumnias de aquel maligno, escribió a Nicanor comunicándole que estaba disgustado con el acuerdo y ordenándole que inmediatamente mandara encadenado a Macabeo a Antioquía.
28Cuando Nicanor recibió la comunicación, quedó consternado, pues le desagradaba mucho tener que anular lo convenido, sin que hubiera cometido aquel hombre injusticia alguna.
29Pero, como no era posible oponerse al rey, aguardaba la oportunidad de ejecutar la orden con alguna estratagema.
30Cuando Macabeo, por su parte, notó que Nicanor se portaba más secamente con él y que le trataba con más frialdad en sus habituales relaciones, pensó que tal sequedad no procedía de las mejores disposiciones. Reunió a muchos de los suyos y procuró ocultarse de Nicanor.
31Este otro, al darse cuenta de que aquel hombre le había vencido con nobleza, se presentó en el más grande y santo Templo en el momento en que los sacerdotes ofrecían los sacrificios rituales y les exigió que le entregaran a aquel hombre.
32Aseguraron ellos con juramento que no sabían dónde estaba el hombre que buscaba.
33Entonces él extendiendo la diestra hacia el santuario, hizo este juramento: «Si no me entregáis encadenado a Judas, arrasaré este recinto sagrado de Dios, destruiré el altar, y aquí mismo levantaré un espléndido Templo a Dióniso.»
34Y, dicho esto, se fue. Los sacerdotes con las manos tendidas al cielo, invocaban a Aquél que sin cesar había combatido en favor de nuestra nación, diciendo:
35«Tú, Señor, que nada necesitas, te has complacido en que el santuario de tu morada se halle entre nosotros.
36También ahora, Señor santo de toda santidad, preserva siempre limpia de profanación esta Casa recién purificada.»
37Razías, uno de los ancianos de Jerusalén, fue denunciado a Nicanor. Era hombre amante de sus conciudadanos, muy bien considerado, llamado por su buen corazón «Padre de los judíos»,
38pues, en los tiempos que precedieron a la sublevación, había sido acusado de Judaísmo, y por el Judaísmo había expuesto cuerpo y vida con gran constancia.
39Queriendo Nicanor hacer patente la hostilidad que le embargaba hacia los judíos, envió más de quinientos soldados para arrestarlo,
40pues le parecía que arrestándole causaba un gran perjuicio a los judíos.
41Cuando las tropas estaban a punto de apoderarse de la torre, forzando la puerta del patio y con orden de prender fuego e incendiar las puertas, Razías, acosado por todas partes, se echó sobre la espada.
42Prefirió noblemente la muerte antes que caer en manos criminales y soportar afrentas indignas de su nobleza.
43Pero, como por la precipitación del combate no había acertado al herirse y las tropas irrumpían puertas adentro, subió valerosamente a lo alto del muro y se precipitó con bravura sobre las tropas;
44pero al retroceder éstas rápidamente, dejando un hueco, vino él a caer en medio del espacio libre.
45Con aliento todavía y enardecido su ánimo, se levantó derramando sangre a torrentes; a pesar de las graves heridas, atravesó corriendo por entre las tropas, y se puso sobre una roca escarpada.
46Ya completamente exangüe, se arrancó las entrañas y tomándolas con ambas manos, las arrojó contra las tropas. Y después de invocar al Dueño de la vida y del espíritu que otra vez se dignara devolvérselas, llegó de este modo al tránsito.

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II Macabeos  15
1Supo Nicanor que los hombres de Judas se hallaban en la región de Samaría y decidió atacarlos sin riesgo en el día del descanso.
2Los judíos, que le acompañaban a la fuerza, le dijeron: «No mates así de modo tan salvaje y bárbaro; respeta y honra más bien el día que con preferencia ha sido santificado por Aquél que todo lo ve.»
3Aquel hombre tres veces malvado preguntó si en el cielo había un Soberano que hubiera prescrito celebrar el día  del sábado.
4Ellos le replicaron: «Es el mismo Señor que vive como Soberano en el cielo el que mandó observar el día séptimo.»
5Entonces el otro dijo: «También yo soy soberano en la tierra: el que ordena tomar las armas y prestar servicio  al rey.» Sin embargo no pudo realizar su malvado designio.
6Nicanor, jactándose con altivez, deliberaba erigir un trofeo común con los despojos de los hombres de Judas.
7Macabeo, por su parte, mantenía incesantemente su confianza, con la entera esperanza de recibir ayuda de parte del Señor,
8y exhortaba a los que le acompañaban a no temer el ataque de los gentiles, teniendo presentes en la mente los auxilios que antes les habían venido del Cielo, y a esperar también entonces la victoria que les habría de venir de parte del Todopoderoso.
9Les animaba citando la Ley y los Profetas, y les recordaba los combates que habían llevado a cabo; así les infundía mayor ardor.
10Después de haber levantado sus ánimos, les puso además de manifiesto la perfidia de los gentiles y la violación  de sus juramentos.
11Armó a cada uno de ellos, no tanto con la seguridad de los escudos y las lanzas, como con la confianza de sus buenas palabras. Les refirió además un sueño digno de crédito, una especie de visión, que alegró a todos.
12Su visión fue tal como sigue: Onías, que había sido sumo sacerdote, hombre bueno y bondadoso, afable, de suaves maneras, distinguido en su conversación, preocupado desde la niñez por la práctica de la virtud, suplicaba con las manos tendidas por toda la comunidad de los judíos.
13Luego se apareció también un hombre que se distinguía por sus blancos cabellos y su dignidad, rodeado de admirable y majestuosa soberanía.
14Onías había dicho: «Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo y por la ciudad santa, Jeremías, el profeta de Dios.»
15Jeremías, tendiendo su diestra, había entregado a Judas una espada de oro, y al dársela había pronunciado estas palabras:
16«Recibe, como regalo de parte de Dios, esta espada sagrada, con la que destrozarás a los enemigos.»
17Animados por estas bellísimas palabras de Judas, capaces de estimular al valor y de robustecer las almas jóvenes, decidieron no resguardarse en la defensa, sino lanzarse valerosamente a la ofensiva y que, en un cuerpo  a cuerpo, la fortuna decidiera, porque peligraban la ciudad, la religión y el Templo.
18En verdad que el cuidado por sus mujeres e hijos, por sus hermanos y parientes quedaba en segundo término; el primero y principal era por el Templo consagrado.
19Igualmente para los que habían quedado en la ciudad no era menor la ansiedad, preocupados como estaban por el ataque en campo raso.
20Todos aguardaban la decisión inmimente. Los enemigos se habían concentrado y el ejército se había alineado en orden de batalla. Los elefantes se habían situado en lugar apropiado y la caballería estaba dispuesta en las alas.
21Entonces Macabeo, al observar la presencia de las tropas, la variedad de las armas preparadas y el fiero aspecto  de los elefantes, extendió las manos al cielo e invocó al Señor que hace prodigios, pues bien sabía que, no por medio de las armas, sino según su decisión, concede él la victoria a los que la merecen.
22Decía su invocación de la siguiente forma: «Tú, Soberano, enviaste tu ángel a Ezequías, rey de Judá, que dio muerte a cerca de 185.000 hombres del ejército de Senaquerib;
23ahora también, Señor de los cielos, envía un ángel bueno delante de nosotros para infundir el temor y el espanto.
24¡Que el poder de tu brazo hiera a los que han venido blasfemando a atacar a tu pueblo santo!» Así terminó sus palabras.
25Mientras la gente de Nicanor avanzaba al son de trompetas y cantos de guerra,
26los hombres de Judas entablaron combate con el enemigo entre invocaciones y plegarias.
27Luchando con las manos, pero orando a Dios en su corazón, abatieron no menos de 35.000 hombres, regocijándose mucho por la manifestación de Dios.
28Al volver de su empresa, en gozoso retorno, reconocieron a Nicanor caído, con su armadura.
29Entre clamores y tumulto, bendecían al Señor en su lengua patria.
30Entonces, el que en primera fila se había entregado, en cuerpo y alma, al bien de sus conciudadanos, el que había guardado hacia sus compatriotas los buenos sentimientos de su juventud, mandó cortar la cabeza de Nicanor y su brazo, hasta el hombro, y llevarlos a Jerusalén.
31Llegado allí convocó a sus compatriotas, puso a los sacerdotes ante el altar y mandó buscar a los de la Ciudadela.
32Les mostró la cabeza del abominable Nicanor y la mano que aquel infame había tendido insolentemente hacia la santa Casa del Todopoderoso;
33y después de haber cortado la lengua del impío Nicanor, ordenó que se diera en trozos a los pájaros y que se colgara frente al santuario la paga de su insensatez.
34Todos entonces levantaron hacia el cielo sus bendiciones en honor del Señor que se les había manifestado, diciendo: «Bendito el que ha conservado puro su Lugar Santo.»
35La cabeza de Nicanor fue colgada de la Ciudadela, como señal manifiesta y visible para todos del auxilio del Señor.
36Decretaron todos por público edicto no dejar pasar aquel día sin solemnizarlo, y celebrarlo el día trece del duodécino mes, llamado Adar en arameo, la víspera del Día de Mardoqueo.
37Así pasaron los acontecimientos relacionados con Nicanor. Como desde aquella época la ciudad quedó en poder de los hebreos, yo también terminaré aquí mismo mi relato.
38Si ha quedado bello y logrado en su composición, eso es lo que yo pretendía; si imperfecto y mediocre, he hecho  cuanto me era posible.
39Como el beber vino solo o sola agua es dañoso, y en cambio, el vino mezclado con agua es agradable y de un gusto delicioso, igualmente la disposición grata del relato encanta los oídos de los que dan en leer la obra. Y aquí pongamos fin.


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