PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL
LORCA






























EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 


CAPÍTULOS
1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16


Marcos 1
1Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
2Conforme está escrito en Isaías el profeta:  Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino.
3 Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas,
4apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados.
5Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.
6Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre.
7Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa  de sus sandalias.
8Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»
9Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.
10En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.
11Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»
12A continuación, el Espíritu le empuja al desierto,
13y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los  ángeles le servían.
14Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:
15«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»
16Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran  pescadores.
17Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.»
18Al instante, dejando las redes, le siguieron.
19Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca  arreglando las redes;
20y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.
21Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar.
22Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
23Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar:
24«¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.»
25Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él.»
26Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.
27Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.»
28Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.
29Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella.
31Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
32Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados;
33la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.
34Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar  a los demonios, pues le conocían.
35De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.
36Simón y sus compañeros fueron en su busca;
37al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.»
38El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»
39Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
40Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.»
41Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.»
42Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.
43Le despidió al instante prohibiéndole severamente:
44«Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»
45Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús  presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían  a él de todas partes.

INICIO

Marcos 2
1Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa.
2Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra.
3Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro.
4Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la  abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.
5Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»
6Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones:
7«¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?»
8Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?
9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate, toma tu camilla y anda?”
10Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -:
11“A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.”»
12Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados  y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»
13Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba.
14Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.
15Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían.
16Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?»
17Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»
18Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?»
19Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan  consigo al novio no pueden ayunar.
20Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.
21Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor.
22Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.
23Y sucedió que un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando  espigas.
24Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?»
25El les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre,
26cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?»
27Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado.
28De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.»

INICIO

Marcos 3
1Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada.
2Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle.
3Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio.»
4Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban.
5Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» El la extendió y quedó restablecida su mano.
6En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.
7Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea,
8de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al  oír lo que hacía, acudió a él.
9Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran.
10Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle.
11Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»
12Pero él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.
13Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él.
14Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar
15con poder de expulsar los demonios.
16Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro;
17a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno;
18a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo
19y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.
20Vuelve a casa. Se aglomera otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer.
21Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de él, pues decían: «Está fuera de sí.»
22Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios.»
23El, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?
24Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir.
25Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir.
26Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin.
27Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear  su casa.
28Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas  sean.
29Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.»
30Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo.»
31Llegan su madre y sus hermanos, y quedándose fuera, le envían a llamar.
32Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.»
33El les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?»
34Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos.
35Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

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Marcos 4
1Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar.
2Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción:
3«Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar.
4Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron.
5Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura de tierra;
6pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó.
7Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto.
8Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento.»
9Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
10Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas.
11El les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas,
12para que  por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone.»
13Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas?
14El sembrador siembra la Palabra.
15Los que están a lo largo del camino donde se siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos.
16De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría,
17pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumben en seguida.
18Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la Palabra,
19pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan  la Palabra, y queda sin fruto.
20Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento.»
21Les decía también: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero?
22Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser  descubierto.
23Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
24Les decía también: «Atended a lo que escucháis. Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces.
25Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.»
26También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra;
27duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.
28La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga.
29Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
30Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?
31Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra;
32pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.»
33Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle;
34no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.
35Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos a la otra orilla.»
36Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él.
37En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca.
38El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»
39El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino  una gran bonanza.
40Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?»
41Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le  obedecen?»

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Marcos 5
1Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos.
2Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo
3que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas,
4pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle.
5Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras.
6Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él
7y gritó con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.»
8Es que él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre.»
9Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Le contesta: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos.»
10Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región.
11Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte;
12y le suplicaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos.»
13Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara - unos 2.0000  se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar.
14Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había  ocurrido.
15Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor.
16Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos.
17Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término.
18Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él.
19Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.»
20El se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.
21Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar.
22Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies,
23y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.»
24Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.
25Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años,
26y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor,
27habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto.
28Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.»
29Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal.
30Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?»
31Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”»
32Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho.
33Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le  contó toda la verdad.
34El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»
35Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?»
36Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe.»
37Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos.
39Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.»
40Y se burlaban de él. Pero él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los  suyos, y entra donde estaba la niña.
41Y tomando la mano de la niña, le dice: « Talitá kum », que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.»
42La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor.
43Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

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Marcos 6
1Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen.
2Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus  manos?
3¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él.
4Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.»
5Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.
6Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.
7Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos.
8Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja;
9sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas.»
10Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí.
11Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.»
12Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran;
13expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
14Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»
15Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas.»
16Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado.»
17Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado.
18Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.»
19Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía,
20pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.
21Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea.
22Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.»
23Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.»
24Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.»
25Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.»
26El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales.
27Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel
28y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.
29Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
30Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.
31El, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer.
32Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.
33Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos.
34Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
35Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: «El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada.
36Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer.»
37El les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos le dicen: «¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»
38El les dice: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.» Después de haberse cerciorado, le dicen: «Cinco, y dos peces.»
39Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba.
40Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.
41Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes  y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces.
42Comieron todos y se saciaron.
43Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces.
44Los que comieron los panes fueron 5.000 hombres.
45Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir a la barca y a ir por delante hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente.
46Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar.
47Al atardecer, estaba la barca en medio del mar y él, solo, en tierra.
48Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo.
49Pero ellos viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar,
50pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero él, al instante, les habló, diciéndoles: «¡Animo!, que soy  yo, no temáis.»
51Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos,
52pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.
53Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.
54Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida,
55recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba.
56Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que  tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.

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Marcos 7
1Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén.
2Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas,
3- es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos,
4y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la  purificación de copas, jarros y bandejas -.
5Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?»
6El les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito:  Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
7 En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.   
8Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.»
9Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición!
10Porque Moisés dijo:  Honra a tu padre y a tu madre  y:  el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte.  Pero vosotros decís:
11Si uno dice a su padre o a su madre: “Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán - es decir: ofrenda -“,
12ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre,
13anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.»
14Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended.
15Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
16Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
17Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola.
18El les dijo: «¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle,
19pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» - así declaraba puros todos los alimentos -.
20Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
21Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos,
22adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez.
23Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»
24Y partiendo de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido,
25sino que, en seguida, habiendo oído hablar de él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró a sus pies.
26Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio.
27El le decía: «Espera que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»
28Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños.»
29El, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho, vete; el demonio ha salido de tu hija.»
30Volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido.
31Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis.
32Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él.
33El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.
34Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo:  «Effatá», que quiere decir: «¡Abrete!»
35Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente.
36Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban.
37Y se maravillaban sobremanera y decían  «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

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Marcos 8
1Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice:
2«Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer.
3Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos.»
4Sus discípulos le respondieron: «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?»
5El les preguntaba: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos le respondieron: «Siete.»
6Entonces él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió  e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente.
7Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran.
8Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas.
9Fueron unos 4.000; y Jesús los despidió.
10Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanutá.
11Y salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a  prueba.
12Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: «¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará, a esta generación ninguna señal.»
13Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.
14Se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan.
15El les hacía esta advertencia: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.»
16Ellos hablaban entre sí que no tenían panes.
17Dándose cuenta, les dice: «¿Por qué estáis hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada?
18 ¿Teniendo ojos no véis y teniendo oídos no oís?  ¿No os acordáis de
19cuando partí los cinco panes para los 5.000? ¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?» «Doce», le dicen.
20«Y cuando partí los siete entre los 4.000, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?» Le dicen: «Siete.»
21Y continuó: «¿Aún no entendéis?»
22Llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que le toque.
23Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos  y le preguntaba: «¿Ves algo?»
24El, alzando la vista, dijo: «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan.»
25Después, le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía de lejos claramente todas las cosas.
26Y le envió a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo.»
27Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus  discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?»
28Ellos le dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.»
29Y él les preguntaba: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo.»
30Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él.
31Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días.
32Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle.
33Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.»
34Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí  mismo, tome su cruz y sígame.
35Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.
36Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?
37Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?
38Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.»

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Marcos 9
1Les decía también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios.»
2Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos,
3y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de  blanquearlos de ese modo.
4Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.
5Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti,  otra para Moisés y otra para Elías»;
6- pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados -.
7Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Este es mi Hijo amado,  escuchadle.»
8Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.
9Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara  de entre los muertos.
10Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos.»
11Y le preguntaban: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?»
12El les contestó: «Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado?
13Pues bien, yo os digo: Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido, según estaba escrito de él.»
14Al llegar donde los discípulos, vio a mucha gente que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos.
15Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle.
16El les preguntó: «¿De qué discutís con ellos?»
17Uno de entre la gente le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo
18y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espurnarajos, rechinar de dientes y le deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.»
19El les responde: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!»
20Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba  echando espumarajos.
21Entonces él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?» Le dijo: «Desde niño.
22Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete  de nosotros.»
23Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!»
24Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!»
25Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo  mando: sal de él y no entres más en él.»
26Y el espíritu salió dando gritos y agitándole con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto.
27Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso en pie.
28Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?»
29Les dijo: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración.»
30Y saliendo de allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera,
31porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le  matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.»
32Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle.
33Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?»
34Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor.
35Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.»
36Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo:
37«El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado.»
38Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.»
39Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea  capaz de hablar mal de mí.
40Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.»
41«Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su  recompensa.»
42«Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar.
43Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga.
45Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser  arrojado a la gehenna.
47Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna,
48donde  su gusano no muere y el fuego no se apaga;
49pues todos han de ser salados con fuego.
50Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y tened paz unos  con otros.»

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Marcos 10
1Y levantándose de allí va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde él y, como acostumbraba, les enseñaba.
2Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?»
3El les respondió: ¿Qué os prescribió Moisés?»
4Ellos le dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla.»
5Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto.
6Pero desde el comienzo de la creación,  El los hizo varón y hembra.
7 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre,
8 y los dos se harán una sola carne.  De manera que ya no son dos, sino  una sola carne.
9Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.»
10Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto.
11El les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla;
12y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.»
13Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían.
14Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.
15Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.»
16Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.
17Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿ qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?»
18Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios.
19Ya sabes los mandamientos:  No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio,  no seas injusto,  honra a tu padre y a tu madre.»
20El, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.»
21Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los  pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.»
22Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.
23Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el  Reino de Dios!»
24Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios!
25Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.»
26Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?»
27Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para  Dios.»
28Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
29Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio,
30quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.
31Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros.»
32Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le  seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder:
33«Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le  condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles,
34y se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará.»
35Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: «Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos.»
36El les dijo: «¿Qué queréis que os conceda?»
37Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
38Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?»
39Ellos le dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado;
40pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.»
41Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan.
42Jesús, llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores  absolutos y sus grandes las oprimen con su poder.
43Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor,
44y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos,
45que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»
46Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.
47Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»
48Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
49Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Animo, levántate! Te llama.»
50Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.
51Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!»
52Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

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Marcos 11
1Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, envía a dos de  sus discípulos,
2diciéndoles: «Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y no bien entréis en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desatadlo y traedlo.
3Y si alguien os dice: “¿Por qué hacéis eso?”, decid: “El Señor lo necesita, y que lo devolverá en seguida”.»
4Fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera, en la calle, y lo desataron.
5Algunos de los que estaban allí les dijeron: «¿Qué hacéis desatando el pollino?»
6Ellos les contestaron según les había dicho Jesús, y les dejaron.
7Traen el pollino donde Jesús, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él.
8Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos.
9Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: « ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
10¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David!  ¡Hosanna  en las alturas!»
11Y entró en Jerusalén, en el Templo, y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania.
12Al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre.
13Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró  más que hojas; es que no era tiempo de higos.
14Entonces le dijo: «¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!» Y sus discípulos oían esto.
15Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el  Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas
16y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo.
17Y les enseñaba, diciéndoles: «¿No está escrito:  Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes?  ¡Pero vosotros la tenéis hecha una  cueva de bandidos! »
18Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina.
19Y al atardecer, salía fuera de la ciudad.
20Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz.
21Pedro, recordándolo, le dice: «¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca.»
22Jesús les respondió: «Tened fe en Dios.
23Yo os aseguro que quien diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar” y no vacile en su corazón sino que crea  que va a suceder lo que dice, lo obtendrá.
24Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis.
25Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que  está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.»
27Vuelven a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos,
28y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?»
29Jesús les dijo: «Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y os diré con qué autoridad hago esto.
30El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme.»
31Ellos discurrían entre sí: «Si decimos: “Del cielo”, dirá: “Entonces, ¿por qué no le creísteis?”
32Pero ¿vamos a decir: “De los hombres?”» Tenían miedo a la gente; pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta.
33Responden, pues, a Jesús: «No sabemos.» Jesús entonces les dice: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»

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Marcos 12
1Y se puso a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó  una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.
2Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña.
3Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías.
4De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron.
5Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros.
6Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: “A mi hijo le respetarán”.
7Pero aquellos labradores dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.”
8Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.
9¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.
10¿No habéis leído esta Escritura:  La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido;
11 fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?»
12Trataban de detenerle - pero tuvieron miedo a la gente - porque habían comprendido que la parábola la había dicho  por ellos. Y dejándole, se fueron.
13Y envían donde él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra.
14Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?»
15Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea.»
16Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.»
17Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él.
18Se le acercan unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le preguntaban:
19«Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano.
20Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia;
21también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo.
22Ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos, murió también la mujer.
23En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.»
24Jesús les contestó: «¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios?
25Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos.
26Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le  dijo:  Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
27No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error.»
28Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál  es el primero de todos los mandamientos?»
29Jesús le contestó: «El primero es:  Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,
30 y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma,  con toda tu mente y  con todas tus fuerzas.
31El segundo es:  Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  No existe otro mandamiento mayor que éstos.»
32Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que  El es único y que no hay otro fuera de El,
33 y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo  vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»
34Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
35Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo  de David?
36David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo:  Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.
37El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?» La muchedumbre le oía con agrado.
38Decía también en su instrucción: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas,
39ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes;
40y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa.
41Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos  echaban mucho.
42Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as.
43Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro.
44Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

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Marcos 13
1Al salir del Templo, le dice uno de sus discípulos: «Maestro, mira qué piedras y qué construcciones.»
2Jesús le dijo: «¿Ves estas grandiosas construcciones? No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.»
3Estando luego sentado en el monte de los Olivos, frente al Templo, le preguntaron en privado Pedro, Santiago, Juan y Andrés:
4«Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de que todas estas cosas están para cumplirse.»
5Jesús empezó a decirles: «Mirad que no os engañe nadie.
6Vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: “Yo soy”, y engañarán a muchos.
7Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os alarméis; porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin.
8Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre: esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento.
9«Pero vosotros mirad por vosotros mismos; os entregarán a los tribunales, seréis azotados en las sinagogas y compareceréis ante gobernadores y reyes por mi causa, para que deis testimonio ante ellos.
10Y es preciso que antes sea proclamada la Buena Nueva a todas las naciones.
11«Y cuando os lleven para entregaros, no os preocupéis de qué vais a hablar; sino hablad lo que se os comunique en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu Santo.
12Y entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán.
13Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
14«Pero cuando veáis  la abominación de la desolación  erigida donde no debe (el que lea, que entienda), entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes;
15el que esté en el terrado, no baje ni entre a recoger algo de su casa,
16y el que esté por el campo, no regrese en busca de su manto.
17¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!
18Orad para que no suceda en invierno.
19Porque aquellos días habrá  una tribulación cual no la hubo  desde el principio de la creación, que hizo Dios,  hasta el presente,  ni la volverá a haber.
20Y si el Señor no abreviase aquellos días, no se salvaría nadie, pero en atención a los elegidos que él escogió, ha abreviado los días.
21Entonces, si alguno os dice: “Mirad, el Cristo aquí” “Miradlo allí”, no lo creáis.
22Pues surgirán falsos cristos y falsos profetas y realizarán señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, a los elegidos.
23Vosotros, pues, estad sobre aviso; mirad que os lo he predicho todo.
24«Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor,
25las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas.
26Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria;
27entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28«De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.
29Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que El está cerca, a las puertas.
30Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
32Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.
33«Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento.
34Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena  al portero que vele;
35velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada.
36No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos.
37Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!»

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Marcos 14
1Faltaban dos días para la Pascua y los Azimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarle.
2Pues decían: «Durante la fiesta no, no sea que haya alboroto del pueblo.»
3Estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, recostado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de  alabastro con perfume puro de nardo, de mucho precio; quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza.
4Había algunos que se decían entre sí indignados: «¿Para qué este despilfarro de perfume?
5Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios y habérselo dado a los pobres.» Y refunfuñaban contra ella.
6Mas Jesús dijo: «Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una obra buena en mí.
7Porque pobres tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis; pero a mí no me tendréis siempre.
8Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura.
9Yo os aseguro: dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.»
10Entonces, Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue donde los sumos sacerdotes para entregárselo.
11Al oírlo ellos, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él andaba buscando cómo le entregaría en momento oportuno.
12El primer día de los Azimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?»
13Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle
14y allí donde entre, decid al dueño de la casa: “El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?”
15El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para  nosotros.»
16Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
17Y al atardecer, llega él con los Doce.
18Y mientras comían recostados, Jesús dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo.»
19Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: «¿Acaso soy yo?»
20El les dijo: «Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato.
21Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»
22Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo.»
23Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella.
24Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos.
25Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.»
26Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
27Jesús les dice: «Todos os vais a escandalizar, ya que está escrito:  Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas.
28Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»
29Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no.»
30Jesús le dice: «Yo te aseguro: hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres.»
31Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Lo mismo decían también todos.
32Van a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración.»
33Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia.
34Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.»
35Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora.
36Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú.»
37Viene entonces y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar?
38Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»
39Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras.
40Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían qué contestarle.
41Viene por tercera vez y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo  del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
42¡Levantaos! ¡vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca.»
43Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas  y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos.
44El que le iba a entregar les había dado esta contraseña: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es, prendedle y llevadle con cautela.»
45Nada más llegar, se acerca a él y le dice: «Rabbí», y le dio un beso.
46Ellos le echaron mano y le prendieron.
47Uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la oreja.
48Y tomando la palabra Jesús, les dijo: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos?
49Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis. Pero es para que se cumplan  las Escrituras.»
50Y abandonándole huyeron todos.
51Un joven le seguía cubierto sólo de un lienzo; y le detienen.
52Pero él, dejando el lienzo, se escapó desnudo.
53Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y se reúnen todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas.
54También Pedro le siguió de lejos, hasta dentro del palacio del Sumo Sacerdote, y estaba sentado con los criados, calentándose al fuego.
55Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte; pero no lo encontraban.
56Pues muchos daban falso testimonio contra él, pero los testimonios no coincidían.
57Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio:
58«Nosotros le oímos decir: Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho  por hombres.»
59Y tampoco en este caso coincidía su testimonio.
60Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y poniéndose en medio, preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?»
61Pero él seguía callado y no respondía nada. El Sumo Sacerdote le preguntó de nuevo: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?»
62Y dijo Jesús: «Sí, yo soy, y veréis  al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir entre las nubes  del cielo.»
63El Sumo Sacerdote se rasga las túnicas y dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
64Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?» Todos juzgaron que era reo de muerte.
65Algunos se pusieron a escupirle, le cubrían la cara y le daban bofetadas, mientras le decían: «Adivina», y los  criados le recibieron a golpes.
66Estando Pedro abajo en el patio, llega una de las criadas del Sumo Sacerdote
67y al ver a Pedro calentándose, le mira atentamente y le dice: «También tú estabas con Jesús de Nazaret.»
68Pero él lo negó: «Ni sé ni entiendo qué dices», y salió afuera, al portal, y cantó un gallo.
69Le vio la criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: «Este es uno de ellos.»
70Pero él lo negaba de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: «Ciertamente eres de ellos pues además eres galileo.»
71Pero él, se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre de quien habláis!»
72Inmediatamente cantó un gallo por segunda vez. Y Pedro recordó lo que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo  cante dos veces, me habrás negado tres.» Y rompió a llorar.

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Marcos 15
1Pronto, al amanecer, prepararon una reunión los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín y, después de haber atado a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato.
2Pilato le preguntaba: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» El le respondió: «Sí, tú lo dices.»
3Los sumos sacerdotes le acusaban de muchas cosas.
4Pilato volvió a preguntarle: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.»
5Pero Jesús no respondió ya nada, de suerte que Pilato estaba sorprendido.
6Cada Fiesta les concedía la libertad de un preso, el que pidieran.
7Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el motín habían cometido un asesinato.
8Subió la gente y se puso a pedir lo que les solía conceder.
9Pilato les contestó: «¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?»
10(Pues se daba cuenta de que los sumos sacerdotes le habían entregado por envidia.)
11Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente a que dijeran que les soltase más bien a Barrabás.
12Pero Pilato les decía otra vez: «Y ¿qué voy a hacer con el que llamáis el Rey de los judíos?»
13La gente volvió a gritar: «¡Crucifícale!»
14Pilato les decía: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaron con más fuerza: «Crucifícale!»
15Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado.
16Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio y llaman a toda la cohorte.
17Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen.
18Y se pusieron a saludarle: «¡Salve, Rey de los judíos!»
19Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
20Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacan fuera para crucificarle.
21Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz.
22Le conducen al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario.
23Le daban vino con mirra, pero él no lo tomó.
24Le crucifican y se reparten sus vestidos, echando a suertes a ver qué se llevaba cada uno.
25Era la hora tercia cuando le crucificaron.
26Y estaba puesta la inscripción de la causa de su condena: «El Rey de los judíos.»
27Con él crucificaron a dos salteadores, uno a su derecha y otro a su izquierda.
29Y los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo levantas en tres días,
30¡sálvate a ti mismo bajando de la cruz!»
31Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban entre ellos junto con los escribas diciendo: «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse.
32¡El Cristo, el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.» También le injuriaban  los que con él estaban crucificados.
33Llegada la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
34A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz:  «Eloí, Eloí, ¿lema sabactaní?», - que quiere decir -  «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»
35Al oír esto algunos de los presentes decían: «Mira, llama a Elías.»
36Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber, diciendo: «Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarle.»
37Pero Jesús lanzando un fuerte grito, expiró.
38Y el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo.
39Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, dijo: «Verdaderamente este hombre  era Hijo de Dios.»
40Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé,
41que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
42Y ya al atardecer, como era la Preparación, es decir, la víspera del sábado,
43vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía  de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús.
44Se extraño Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo.
45Informado por el centurión, concedió el cuerpo a José,
46quien, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba  excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro.
47María Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto.

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Marcos 16
1Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarle.
2Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro.
3Se decían unas otras: «¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?»
4Y levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande.
5Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron.
6Pero él les dice: «No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron.
7Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.»
8Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo...
9Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios.
10Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos.
11Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron.
12Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea.
13Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos.
14Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado.
15Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.
16El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.
17Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,
18agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
19Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
20Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales  que la acompañaban.

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