PARROQUIA DE SANTIAGO APÓSTOL
LORCA






























SABIDURÍA

CAPÍTULOS
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Sabiduría   1
1Amad la justicia, los que juzgáis la tierra, pensad rectamente del Señor y con sencillez de corazón buscadle.
2Porque se deja hallar de los que no le tientan, se manifesta a los que no desconfían de él.
3Pues los pensamientos tortuosos apartan de Dios y el Poder, puesto a prueba, rechaza a los insensatos.   
4En efecto, en alma fraudulenta no entra la Sabiduría, no habita en cuerpo sometido al pecado;
5pues el espíritu santo que nos educa huye del engaño, se aleja de los pensamientos necios y se ve rechazado al sobrevenir la iniquidad.
6La Sabiduría es un espíritu que ama al hombre, pero no deja sin castigo los labios del blasfemo; que Dios es testigo de sus riñones, observador veraz de su corazón y oye cuanto dice su lengua.
7Porque el espíritu del Señor llena la tierra y él, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento    de toda palabra.
8Nadie, pues, que profiera iniquidades quedará oculto, ni le pasará por alto la Justicia vengadora.
9Las deliberaciones del impío serán examinadas; el eco de sus palabras llegará hasta el Señor para castigo de sus maldades.
10Un oído celoso lo escucha todo, no se le oculta ni el rumor de la murmuración.
11Guardaos, pues, de murmuraciones inútiles, preservad vuestra lengua de la maledicencia; que la palabra más secreta no se pronuncia en vano, y la boca mentirosa da muerte al alma.
12No os busquéis la muerte con los extravíos de vuestra, vida, no os atraigáis la ruina con las obras de vuestras    manos;
13que no fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes;
14él todo lo creó para que subsistiera, las criaturas del mundo non saludables, no hay en ellas veneno de muerte ni imperio del Hades sobre la tierra,
15porque la justicia es inmortal.
16Pero los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte; teniéndola por amiga, se desviven por ella, y con ella conciertan un pacto, pues bien merecen que les tenga por suyos.

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Sabiduría   2
1Porque se dicen discurriendo desacertadamente: «Corta es y triste nuestra vida; no hay remedio en la muerte del hombre ni se sabe de nadie que haya vuelto del Hades.
2Por azar llegamos a la existencia y luego seremos como si nunca hubiéramos sido. Porque humo es el aliento de nuestra nariz y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro    corazón;
3al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente.
4Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras obras; pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y por su calor vencida.
5Paso de una sombra es el tiempo que vivimos, no hay retorno en nuestra muerte; porque se ha puesto el sello y nadie regresa.
6Venid, pues, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud.
7Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes, no se nos pase ninguna flor primaveral,
8coronémonos de rosas antes que se marchiten;
9ningún prado quede libre de nuestra orgía, dejemos por doquier constancia de nuestro negocijo; que nuestra parte es ésta, ésta nuestra herencia.
10Oprimamos al justo pobre, no perdonemos a la viuda, no respetemos las canas llenas de años del anciano.
11Sea nuestra fuerza norma de la justicia, que la debilidad, como se ve, de nada sirve.
12Tendamos lazos al justo, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación.
13Se gloría de tener el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.
14Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible,
15lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños.
16Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y se ufana de tener a Dios por padre.
17Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito.
18Pues si el justo es hijo de Dios, él le asistirá y le librará de las manos de sus enemigos.
19Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza.
20Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará.»
21Así discurren, pero se equivocan; los ciega su maldad;
22no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables.
23Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza;
24mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen.
   
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Sabiduría   3
1En cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno.
2A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto; se tuvo por quebranto su salida,
3y su partida de entre nosotros por completa destrucción; pero ellos están en la paz.
4Aunque, a juicio de los hombres, hayan sufrido castigos, su esperanza estaba llena de inmortalidad;
5por una corta corrección recibirán largos beneficios. pues Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí;
6como oro en el crisol los probó y como holocausto los aceptó.
7El día de su visita resplandecerán, y como chispas en rastrojo correrán.
8Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos y sobre ellos el Señor reinará eternamente.
9Los que en él confían entenderán la verdad y los que son fieles permanecerán junto a él en el    amor, porque la gracia y la misericordia son para sus santos    y su visita para sus elegidos.
10En cambio, los impíos tendrán la pena que sus pensamientos merecen, por desdeñar al justo y separarse del Señor.
11Desgraciados los que desprecian la sabiduría y la instrucción;vana es su esperanza, sin provecho sus fatigas, inútiles sus obras;
12sus mujeres son insensatas, malvados sus hijos, maldita su posteridad.
13Dichosa la estéril sin mancilla, la que no conoce lecho de pecado; tendrá su fruto en la visita de las almas.
14Dichoso también el eunuco que con sus manos no obra iniquidad ni fomenta pensamientos perversos contra el Señor; por su fidelidad se le dará una escogida recompensa, una herencia muy agradable en el Santurario del Señor.   
15Que el fruto de los esfuerzos nobles es glorioso, imperecedera la raíz de la prudencia.
16En cambio los hijos de adúlteros no llegarán a sazón, desaparecerá la raza nacida de una unión culpable.
17Si viven largos años, no alcanzarán estima alguna y al fin su ancianidad carecerá de honor.
18Y si mueren pronto, no tendrán esperanza ni consuelo en el día de la sentencia,
19pues duro es el fin de una raza inicua.
   
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Sabiduría   4
1Mejor es carencia de hijos acompañada de virtud, pues hay inmortalidad en su recuerdo, porque es conocida por Dios y por los hombres;
2presente, la imitan, ausente, la añoran; en la eternidad, ceñida de una corona, celebra su    triunfo porque venció en la lucha por premios incorruptibles.
3En cambio, la numerosa prole de los impíos será inútil; viniendo de renuevos bastardos, no echará raíces    profundas ni se asentará sobre fundamento sólido.
4Aunque despliegue por su tiempo su ramaje, precariamente arraigada, será sacudida por el viento, arrancada de raíz por la furia del vendaval;
5se quebrarán sus ramas todavía tiernas, inútiles serán sus frutos, sin sazón para comerlos, para nada servirán.
6Que los hijos nacidos de sueños culpables son testigos, en su examen, de la maldad de los    padres.
7El justo, aunque muera prematuramente, halla el descanso.
8La ancianidad venerable no es la de los muchos días ni se mide por el número de años;
9la verdadera canicie para el hombre es la prudencia, y la edad provecta, una vida inmaculada.
10Agradó a Dios y fue amado, y como vivía entre pecadores, fue trasladado.
11Fue arrebatado para que la maldad no pervitiera su inteligencia o el engaño sedujera su alma;
12pues la fascinación del mal empaña el bien y los vaivenes de la concupiscencia corrompen el    espíritu ingenuo.
13Alcanzando en breve la perfección, llenó largos años.
14Su alma era del agrado del Señor, por eso se apresuró a sacarle de entre la maldad. Lo ven las gentes y no comprenden, ni caen en cuenta
15que la gracia y la misericordia son para sus elegidos y su visita para sus santos.
16El justo muerto condena a los impíos vivos, y la juventud pronto consumada, la larga ancianidad    del inicuo.
17Ven la muerte del sabio, mas no comprenden los planes del Señor sobre él ni por qué le ha puesto en seguridad;
18lo ven y lo desprecian, pero el Señor se reirá de ellos.
19Después serán cadáveres despreciables, objeto de ultraje entre los muertos para siempre. Porque el Señor los quebrará lanzándolos de cabeza, sin    habla, los sacudirá de sus cimientos; quedarán totalmentes asolados, sumidos en el dolor, y su recuerdo se perderá.
20Al tiempo de dar cuenta de sus pecados irán acobardados, y sus iniquidades se les enfrentarán acusándoles.
 
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Sabiduría   5
1Estará entonces el justo en pie con gran confianza en presencia de los que le afligieron y despreciaron    sus trabajos.
2Al verle, quedarán estremecidos de terrible espanto, estupefactos por lo inesperado de su salvación.
3Se dirán mudando de parecer, gimiendo en la angustia de su espíritu:
4«Este es aquel a quien hicimos entonces objeto de nuestras burlas, a quien dirigíamos, insensatos, nuestros insultos. Locura nos pareció su vida y su muerte, una ignominia.
5¿Cómo, pues, ha sido contado entre los hijos de Dios y tiene su herencia entre los santos?
6Luego vagamos fuera del camino de la verdad; la luz de la justicia no nos alumbró, no salió el sol para nosotros.
7Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición, atravesamos desiertos intransitables; pero el camino del Señor, no lo conocimos.
8¿De qué nos sirvió nuestro orgullo? ¿De qué la riqueza y la jactancia?
9Todo aquello pasó como una sombra, como noticia que va corriendo;
10como nave que atraviesa las aguas agitadas, y no es posible descubrir la huella de su paso ni el rastro de su quilla en las olas;
11como pájaro que volando atraviesa el aire, y de su vuelo no se encuentra vestigio alguno; con el golpe de sus remos azota el aire ligero, lo corta con agudo silbido, se abre camino batiendo las alas y después, no se descubre señal de su paso;
12como flecha disparada al blanco; el aire hendido refluye al instante sobre sí y no sabe el camino que la flecha siguió.
13Lo mismo nosotros: apenas nacidos, dejamos de existir, y no podemos mostrar vestigio alguno de virtud; nos gastamos en nuestra maldad.»
14En efecto, la esperanza del impío es como brizna arrebatada por el viento, como espuma ligera acosada por el huracán, se desvanece como el humo con el viento; pasa como el recuerdo del huésped de un día.
15Los justos, en cambio, viven eternamente; en el Señor está su recompensa, y su cuidado a cargo del Altísimo.
16Recibirán por eso de mano del Señor la corona real del honor y la diadema de la hermosura;    pues con su diestra los protegerá y los escudará con su brazo.
17Tomará su celo como armadura, y armará a la creación para rechazar a sus enemigos;
18por coraza vestirá la justicia, se pondrá por casco un juicio sincero,
19tomará por escudo su santidad invencible,
20afilará como espada su cólera inexorable, y el universo saldrá con él a pelear contra los    insensatos.
21Partirán certeros los tiros de los rayos, de las nubes, como de arco bien tendido, saltarán al    blanco,
22de una ballesta se disparará furioso granizo; las olas del mar se encresparán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad;
23se levantará contra ellos un viento poderoso y como huracán los aventará. Así la iniquidad asolará la tierra entera y la maldad derribará los tronos de los que están en    el poder.
 
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Sabiduría   6
1Oíd, pues, reyes, y enteded. Aprended, jueces de los confines de la tierra.
2Estad atentos los que gobernáis multitudes y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros    pueblos.
3Porque del Señor habéis recibido el poder, del Altísimo, la soberanía; él examinará vuestras obras y sondeará vuestras    intenciones.
4Si, como ministros que sois de su reino, no habéis juzgado rectamente, ni observado la ley, ni caminado siguiendo la voluntad de Dios,
5terrible y repentino se presentará ante vosotros. Porque un juicio implacable espera a los que están en lo    alto;
6al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán poderosamente examinados.
7Que el Señor de todos ante nadie retrocede, no hay grandeza que se le imponga; al pequeño como al grande él mismo los hizo y de todos tiene igual cuidado,
8pero una investigación severa aguarda a los que están en el poder.
9A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras para que aprendaís sabiduría y no faltéis;
10porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos, y los que se dejen instruir en ellas, encontrarán    defensa.
11Desead, pues, mis palabras; ansiadlas, que ellas os instruirán.
12Radiante e inmarcesible es la Sabiduría. Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan.
13Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan.
14Quien madruge para buscarla, no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada.
15Pensar en ella es la perfección de la prudencia, y quien por ella se desvele, pronto se verá sin    cuidados.
16Pues ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella: se les muestra benévola en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos.
17Pues su comienzo es el deseo más verdadero de instrucción, la preocupación por la instrucción es el amor,
18el amor es la observancia de sus leyes, la atención a las leyes es la garantía de la    incorruptibilidad
19y la incorruptibilidad hace estar cerca de Dios;
20por tanto, el deseo de la Sabiduría conduce a la realeza.
21Si, pues, gustáis de tronos y cetros, soberanos de los pueblos, apreciad la Sabiduría para reinéis eternamente.
22Qué es la Sabiduría y cómo ha nacido lo voy a declarar; no os ocultaré los misterios, sino que seguiré sus huellas desde el comienzo de su    existencia, pondré su conocimiento al descubierto y no me apartaré de la verdad.
23Tampoco me acompañará en mi camino la envidia mezquina, que nada tiene que ver con la Sabiduría.
24Pues la abundancia de sabios es la salvación del mundo y un rey prudente, la estabilidad del pueblo.
25Dejaos, pues, instruir por mis palabras: os serán útiles.
 
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Sabiduría   7
1Yo también soy un hombre mortal como todos, un descendiente del primero que fue formado de la    tierra. En el seno de una madre fui hecho carne;
2durante diez meses fui modelado en su sangre, de una semilla de hombre y del placer que acompaña al    sueño.
3Yo también, una vez nacido, aspiré el aire común, caí en la tierra que a todos recibe por igual y mi primera voz fue la de todos: lloré.
4Me crié entre pañales y cuidados.
5Pues no hay rey que haya tenido otro comienzo de su existencia;
6una es la entrada en la vida para todos y una misma la salida.
7Por eso pedí y se me concedió la prudencia; supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría.
8Y la preferí a cetros y tronos y en nada tuve a la riqueza en comparación de ella.
9Ni a la piedra más preciosa la equiparé, porque todo el oro a su lado es un puñado de arena y barro parece la plata en su presencia.
10La amé más que la salud y la hermosura y preferí tenerla a ella más que a la luz, porque la claridad que de ella nace no conoce noche.
11Con ella me vinieron a la vez todos los bienes, y riquezas incalculables en sus manos.
12Y yo me regocijé con todos estos bienes porque la Sabiduría los trae, aunque ignoraba que ella fuese su madre.
13Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico; no me guardo ocultas sus riquezas
14porque es para los hombres un tesoro inagotable y los que lo adquieren se granjean la amistad de Dios recomendados por los dones que les trae la    instrucción.
15Concédame Dios hablar según él quiere y concebir pensamientos dignos de sus dones, porque él es quien guía a la Sabiduría y quien dirige    a los sabios;
16que nosotros y nuestras palabras en sus manos estamos con toda nuestra prudencia y destreza en el obrar.
17Fue él quien me concedió un conocimiento verdadero de los seres, para conocer la estructura del mundo y la actividad de    los elementos,
18el principio, el fin y el medio de los tiempos, los cambios de los solsticios y la sucesión de las    estaciones,
19los ciclos del año y la posición de las estrellas,
20la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras, el poder de los espíritus y los pensamientos de los    hombres, las variedades de las plantas y las    virtudes de las raíces.
21Cuanto está oculto y cuanto se ve, todo lo conocí, porque el artífice de todo, la Sabiduría, me lo    enseñó.
22Pues hay en ella un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, perspicaz, inmaculado, claro, impasible, amante del bien, agudo,
23incoercible, bienhechor, amigo del hombre, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, todo lo observa, penetra todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más sutiles.
24Porque a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría, todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza.
25Es un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente, por lo que nada manchado llega a alcanzarla.
26Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad.
27Aun siendo sola, lo puede todo; sin salir de sí misma, renueva el universo; en todas las edades, entrando en las almas santas, forma en ellas amigos de Dios y profetas,
28porque Dios no ama sino a quien vive con la Sabiduría.
29Es ella, en efecto, más bella que el sol, supera a todas las constelaciones; comparada con la luz, sale vencedora,
30porque a la luz sucede la noche, pero contra la Sabiduría no prevalece la maldad.
 
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Sabiduría   8
1Se despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo y gobierna de excelente manera el universo.
2Yo la amé y la pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su belleza.
3Realza su nobleza por su convivencia con Dios, pues el Señor de todas las cosas la amó.
4Pues está iniciada en la ciencia de Dios y es la que elige sus obras.
5Si en la vida la riqueza es una posesión deseable, ¿qué cosa más rica que la Sabiduría que todo lo hace?   
6Si la inteligencia es creadora, ¿quién sino la Sabiduría es el artífice de cuanto    existe?
7¿Amas la justicia? Las virtudes son sus empeños, pues ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza: lo más provechoso para el hombre en la vida.
8¿Deseas además gran experiencia? Ella conoce el pasado y conjetura el porvenir, sabe interpretar las máximas y resolver los enigmas, conoce de antemano las señales y los prodigios, así como la sucesión de épocas y tiempos.
9Decidí, pues, tomarla por compañera de mi vida, sabiendo que me sería una consejera para el bien y un aliento en las preocupaciones y penas:
10«Tendré gracias a ella gloria entre la gente, y, aunque joven, honor ante los ancianos.
11Apareceré agudo en el juicio y en presencia de los poderosos seré admirado.
12Si callo, esperarán; si hablo, prestarán atención; si me alargo hablando, pondrán la mano en su boca.
13Gracias a ella tendré la inmortalidad y dejaré recuerdo eterno a los que después de mí    vengan.
14Gobernaré a los pueblos, y las naciones me estarán sometidas.
15Oyendo hablar de mí, soberanos terribles temerán. Me mostraré bueno entre las multitudes y valiente en la    guerra.
16Vuelto a casa, junto a ella descansaré, pues no causa amargura su compañía ni tristeza la convivencia con ella, sino satisfacción y alegría».
17Pensando esto conmigo mismo y considerando en mi corazón que se encuentra la inmortalidad en emparentar con la    Sabiduría,
18en su amistad un placer bueno, en los trabajos de sus manos inagotables riquezas, prudencia en cultivar su trato y prestigio en conversar con ella, por todos los medios buscaba la manera de hacérmela    mía.
19Era yo un muchacho de buen natural, me cupo en suerte un alma buena,
20o más bien, siendo bueno, vine a un cuerpo incontaminado;
21pero, comprendiendo que no podría poseer la Sabiduría si Dios no me la daba, - y ya era un fruto de la prudencia saber de quién    procedía esta gracia - recurrí al Señor y le pedí, y dije con todo mi corazón:
 
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Sabiduría   9
1«Dios de los Padres, Señor de la misericordia, que hiciste el universo con tu palabra,
2y con tu Sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre los seres por ti creados,
3administrase el mundo con santidad y justicia y juzgase con rectitud de espíritu,
4dame la Sabiduría, que se sienta junto a tu trono, y no me excluyas del número de tus hijos.
5Que soy un siervo tuyo, hijo de tu sierva, un hombre débil y de vida efímera, poco apto para entender la justicia y las leyes.
6Pues, aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, si le falta la Sabiduría que de ti procede, en nada    será tenido.
7Tú me elegiste como rey de tu pueblo, como juez de tus hijos y tus hijas;
8tú me ordenaste edificar un santuario en tu monte santo y un altar en la ciudad donde habitas, imitación de la Tienda santa que habías preparado    desde el principio.
9Contigo está la Sabiduría que conoce tus obras, que estaba presente cuando hacías el mundo, que sabe lo que es agradable a tus ojos, y lo que es conforme a tus mandamientos.
10Envíala de los cielos santos, mándala de tu trono de gloria para que a mi lado participe en mis trabajos y sepa yo lo que te es agradable,
11pues ella todo lo sabe y entiende. Ella me guiará prudentemente en mis empresas y me protegerá con su gloria.
12Entonces mis obras serán aceptables, juzgaré a tu pueblo con justicia y seré digno del trono de mi padre.
13¿Qué hombre, en efecto, podrá conocer la voluntad de Dios? ¿Quién hacerse idea de lo que el Señor quiere?
14Los pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas,
15pues un cuerpo corruptible agobia el alma y esta tienda de tierra abruma el espíritu lleno de    preocupaciones.
16Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre la tierra y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance; ¿quién, entonces, ha rastreado lo que está en los    cielos?
17Y ¿quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieses dado la Sabiduría y no le hubieses enviado de lo alto tu espíritu santo?   
18Sólo así se enderezaron los caminos de los moradores de la tierra, así aprendieron los hombres lo que a ti te agrada y gracias a la Sabiduría se salvaron.»
 
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Sabiduría  10
1Ella protegió al primer modelado, padre del mundo, que había sido creado solo; ella le sacó de su caída
2y le dio el poder de dominar sobre todas las cosas.
3Pero cuando un injusto, en su cólera, se apartó de ella, pereció por su furor fraticida.
4Cuando por su causa la tierra se vio sumergida, de nuevo la Sabiduría la salvó conduciendo al justo en un vulgar leño.
5En la confusión que siguió a la común perversión de las naciones, ella conoció al justo, le conservó irreprochable ante    Dios y le mantuvo firme contra el entrañable amor a su    hijo.
6Ella, en el exterminio de los impíos, libró al justo cuando escapaba del fuego que bajaba sobre Pentápolis.   
7Como testimonio de aquella maldad queda todavía una tierra desolada humeando, unas plantas cuyos frutos no alcanzan sazón a su    tiempo, y, como monumento de un alma incrédula, se alza una    columna de sal.
8Pues, por haberse apartado del camino de la Sabiduría, no sólo sufrieron la desgracia de no conocer el bien, sino que dejaron además a los vivientes un recuerdo de    su insensatez, para que ni sus faltas pudieran quedar ocultas.
9En cambio, a sus servidores la Sabiduría los libró de sus fatigas.
10Ella al justo que huía de la cólera de su hermano le guió por caminos rectos; le mostró el reino de Dios y le dio el conocimiento de cosas santas; le dio éxito en sus duros trabajos y multiplicó el fruto de sus fatigas;
11le asistió contra la avaricia de sus opresores y le enriqueció;
12le preservó de sus enemigos y le protegió de los que le tendían asechanzas; y le concedió la palma en un duro combate para enseñarle que la piedad contra todo prevalece.
13Ella no desamparó al justo vendido, sino que le libró del pecado;
14bajó con él a la cisterna y no le abandonó en las cadenas, hasta entregarle el cetro real y el poder sobre sus tiranos, hasta mostrar mentirosos a sus difamadores y concederle una gloria eterna.
15Ella libró de una nación opresora a un pueblo santo y a una raza irreprochable.
16Entró en el alma de un servidor del Señor e hizo frente a reyes temibles con prodigios y    señales;
17pagó a los santos el salario de sus trabajos; los guió por un camino maravilloso, fue para ellos cobertura durante el día y lumbre de estrellas durante la noche;
18les abrió paso por el mar Rojo y los condujo a través de las inmensas aguas,
19mientras a sus enemigos los sumergió y luego los hizo saltar de las profundidades del    abismo.
20De este modo los justos despojaron a los impíos; entonaron cantos, Señor, a tu santo Nombre y unánimes celebraron tu mano protectora,
21porque la Sabiduría abrió la boca de los mudos e hizo claras las lenguas de los pequeñuelos.
 
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Sabiduría  11
1Ella dirigió felizmente sus empresas por medio de un profeta santo.
2Atravesaron un desierto deshabitado y fijaron sus tiendas en parajes inaccesibles;
3hicieron frente a sus enemigos y rechazaron a sus adversarios.
4Tuvieron sed y te invocaron: de una roca abrupta se les dio agua, de una piedra dura, remedio para su sed.
5Lo mismo que fue para sus enemigos un castigo, fue para ellos en su apuro un beneficio.
6En vez de la fuente perenne de un río enturbiado por una mezcla de sangre y barro
7en pena de su decreto infanticida, diste a los tuyos inesperadamente un agua abundante,
8mostrándoles por la sed que entonces sufrieron de qué modo habías castigado a sus adversarios.
9Pues cuando sufrieron su prueba - si bien con misericordia corregidos - conocieron cómo los impíos, juzgados con cólera, eran    torturados;
10pues a ellos los habías probado como padre que amonesta, pero a los otros los habías castigado como rey severo    que condena.
11Tanto estando lejos como cerca, igualmente se consumían,
12pues una doble tristeza se apoderó de ellos, y un lamento con el recuerdo del pasado:
13porque, al oír que lo mismo que era su castigo, era para los otros un beneficio, reconocieron al Señor;
14pues al que antes hicieron exponer y luego rechazaron con escarnio, al final de los acontecimientos le admiraron después de padecer una sed bien diferente de la de los    justos.
15Por sus locos e inicuos pensamientos por los que, extraviados, adoraban reptiles sin razón    y bichos despreciables, les enviaste en castigo muchedumbre de animales sin    razón,
16para que aprendiesen que, por donde uno peca, por allí es castigado.
17Pues bien podía tu mano omnipotente - ella que de informe materia había creado el mundo - enviar contra ellos muchedumbre de osos o audaces    leones,
18o bien fieras desconocidas, entonces creadas, llenas de furor,respirando aliento de fuego, lanzando humo hediondo o despidiendo de sus ojos terribles centellas,
19capaces, no ya de aniquilarlos con sus ataques, sino de destruirlos con sólo su estremecedor aspecto.
20Y aun sin esto, de un simple soplo podían sucumbir, perseguidos por la Justicia, aventados por el soplo de tu poder. Pero tú todo lo dispusiste con medida, número y peso.
21Pues el actuar con inmenso poder siempre está en tu mano. ¿Quién se podrá oponer a la fuerza de tu brazo?
22Como lo que basta a inclinar una balanza, es el mundo entero en tu presencia, como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la    tierra.
23Te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se    arrepientan.
24Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho.
25Y ¿cómo habría permanecido algo si no hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses    llamado?
26Mas tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida,
 
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Sabiduría  12
1pues tu espíritu incorruptible está en todas ellas.
2Por eso mismo gradualmente castigas a los que caen; les amonestas recordándoles en qué pecan para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor.
3A los antiguos habitantes de tu tierra santa
4los odiabas, porque cometían las más nefastas acciones, prácticas de hechicería, iniciaciones impías.
5A estos despiadados asesinos de sus hijos, devoradores de entrañas en banquetes de carne humana y    de sangre, a estos iniciados en bacanales,
6padres asesinos de seres indefensos, habías querido destruirlos a manos de nuestros padres,   
7para que la tierra que te era la más apreciada de todas, recibiera una digna colonia de hijos de Dios.
8Pero aun con éstos, por ser hombres, te mostraste indulgente, y les enviaste avispas, como precursoras de tu    ejército, que les fuesen poco a poco destruyendo.
9No porque no pudieses en batalla campal entregar a los impíos en manos de los justos, o aniquilarlos de una vez con feroces fieras o con una    palabra inexorable,
10sino que les concedías, con un castigo gradual, una ocasión de arrepentirse; aun sabiendo que era su natural perverso, su malicia innata, y que jamás cambiaría su manera de pensar
11por ser desde el comienzo una raza maldita. Tampoco por temor a nadie concedías la impunidad a sus    pecados.
12Pues ¿quién podría decirte: «¿Qué has hecho?» ¿Quién se opondría a tu sentencia? ¿Quién te citaría a juicio por destruir naciones por    ti creadas? ¿Quién se alzaría contra ti como vengador de hombres    inicuos?
13Pues fuera de ti no hay un Dios que de todas las cosas cuide, a quien tengas que dar cuenta de la justicia de tus    juicios;
14ni hay rey ni soberano que se te enfrente en favor de los que has castigado.
15Sino que, como eres justo, con justicia administras el universo, y miras como extraño a tu poder condenar a quien no merece ser castigado.
16Tu fuerza es el principio de tu justicia y tu señorío sobre todos los seres te hace indulgente    con todos ellos
17Ostentas tu fuerza a los que no creen en la plenitud de tu poder, y confundes la audacia de los que la conocen.
18Dueño de tu fuerza, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia porque, con sólo quererlo, lo puedes todo.
19Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo del hombre, y diste a tus hijos la buena esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.
20Pues si a los enemigos de tus hijos, merecedores de la muerte,con tanto miramiento e indulgencia los castigaste dándoles tiempo y lugar para apartarse de la maldad,
21¿con qué consideración no juzgaste a los hijos tuyos, a cuyos padres con juramentos y pactos tan buenas    promesas hiciste?
22Así pues, para aleccionarnos, a nuestros enemigos los flagelas con moderación, para que, al juzgar, tengamos en cuenta tu bondad y, al ser juzgados, esperemos tu misericordia.
23Por tanto, también a los que inicuamente habían vivido una vida insensata les atormentaste con sus mismas abominaciones.
24Demasiado, en verdad, se habían desviado por los caminos del error, teniendo por dioses a los más viles y despreciables,    animales, dejándose engañar como pequeñuelos inconscientes.
25Por eso, como a niños sin seso, les enviaste una irrisión de castigo.
26Pero los que con una reprimenda irrisoria no se enmendaron, iban a experimentar un castigo digno de Dios.
27A la vista de los seres que les atormentaban y les indignaban,de aquellos seres que tenían por dioses y eran ahora    su castigo, abrieron los ojos y reconocieron por el Dios verdadero    a aquel que antes se negaban a conocer. Por lo cual el supremo castigo descargó sobre ellos.
 
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Sabiduría  13
1Sí, vanos por naturaleza todos los hombres en quienes había ignorancia de Dios y no fueron capaces de conocer por las cosas buenas    que se ven a Aquél que es, ni, atendiendo a las obras, reconocieron al Artífice;
2sino que al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a las    lumbreras del cielo los consideraron como dioses, señores del mundo.
3Que si, cautivados por su belleza, los tomaron por dioses, sepan cuánto les aventaja el Señor de éstos, pues fue el Autor mismo de la belleza quien los creó.
4Y si fue su poder y eficiencia lo que les dejó sobrecogidos, deduzcan de ahí cuánto más poderoso es Aquel que los    hizo;
5pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor.
6Con todo, no merecen éstos tan grave reprensión, pues tal vez caminan desorientados buscando a Dios y queriéndole hallar.
7Como viven entre sus obras, se esfuerzan por conocerlas, y se dejan seducir por lo que ven. ¡Tan bellas se    presentan a los ojos!
8Pero, por otra parte, tampoco son éstos excusables;
9pues si llegaron a adquirir tanta ciencia que les capacitó para indagar el mundo, ¿cómo no llegaron primero a descubrir a su Señor?
10Desgraciados, en cambio, y con la esperanza puesta en seres sin vida, los que llamaron dioses a obras hechas por mano de    hombre, al oro, a la plata, trabajados con arte, a representaciones de animales o a una piedra inútil, esculpida por mano antigua.
11Un leñador abate con la sierra un árbol conveniente, lo despoja diestramente de toda su corteza, lo trabaja con habilidad y fabrica un objeto útil a las necesidades de la vida.   
12Con los restos de su trabajo se prepara la comida que le deja satisfecho.
13Queda todavía un resto del árbol que para nada sirve, un tronco torcido y lleno de nudos. Lo toma y lo labra para llenar los ratos de ocio, le da forma con la destreza adquirida en sus tiempos    libres; le da el parecido de una imagen de hombre
14o bien la semejanza de algún vil animal. Lo pinta de bermellón, colorea de rojo su cuerpo y salva todos sus defectos bajo la capa de pintura.
15Luego le prepara un alojamiento digno y lo pone en una pared asegurándolo con un hierro.
16Mira por él, no se le caiga, pues sabe que no puede valerse por sí mismo, que sólo es una imagen y necesita que le ayuden.
17Pues bien, cuando por su hacienda, bodas o hijos ruega, no se le cae la cara al dirigirse a este ser sin vida.Y pide salud a un inválido,
18vida a un muerto, auxilio al más inexperto, un viaje feliz al que ni de los pies se puede valer,
19y para sus ganancias y empresas, para el exito en el trabajo de sus manos, al ser más desmañado le pide destreza.
 
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Sabiduría  14
1Otro, preparándose a embarcar para cruzar el mar bravío, invoca a un leño más frágil que la nave que le lleva.
2Que a la nave, al fin, la inventó el afán de lucro, y la sabiduría fue el artífice que la construyó;
3y es tu Providencia, Padre, quien la guía, pues también en el mar abriste un camino, una ruta segura a través de las olas,
4mostrando así que de todo peligro puedes salvar para que hasta el inexperto pueda embarcarse.
5No quieres que queden inactivas las obras de tu Sabiduría; por eso, a un minúsculo leño fían los hombres su vida,    cruzan el oleaje en una barquichuela y arriban salvos    a puerto.
6También al principio, mientras los soberbios gigantes perecían, se refugió en una barquichuela la esperanza del mundo,    y, guiada por tu mano, dejó al mundo semilla de una    nueva generación.
7Pues bendito es el leño por el que viene la justicia,
8pero el ídolo fabricado, maldito él y el que lo hizo; uno por hacerle, el otro porque, corruptible, es    llamado dios,
9y Dios igualmente aborrece al impío y su impiedad;
10ambos, obra y artífice, serán igualmente castigados.
11Por eso también habrá una visita para los ídolos de las naciones, porque son una abominación entre las criaturas de    Dios, un escándalo para las almas de los hombres, un lazo para los pies de los insensatos.
12La invención de los ídolos fue el principio de la fornicación;su descubrimiento, la corrupción de la vida.
13No los hubo al principio ni siempre existirán;
14por la vanidad de los hombres entraron en el mundo y, por eso, está decidido su rápido fin.
15Un padre atribulado por un luto prematuro encarga una imagen del hijo malogrado; al hombre muerto de ayer, hoy como un dios le venera y transmite a los suyos misterios y ritos.
16Luego, la impía costumbre, afianzada con el tiempo, se acata como ley.
17También por decretos de los soberanos recibían culto las estatuas. Unos hombres que, por vivir apartados, no les podían    honrar en persona, representaron su lejana figura encargando una imagen, reflejo del rey venerado; así lisonjearían con su celo al ausente como si    presente se hallara.
18A extender este culto contribuyó la ambición del artista y arrastró incluso a quienes nada del rey sabían;
19pues deseoso, sin duda, de complacer al soberano, alteró con su arte la semejanza para que saliese más    bella,
20y la muchedumbre seducida por el encanto de la obra, al que poco antes como hombre honraba, le consideró ya    objeto de adoración.
21De aquí provino la asechanza que se le tendió a la vida: que, víctimas de la desgracia o del poder de los    soberanos, dieron los hombres a piedras y leños el Nombre    incomunicable.
22Luego, no bastó con errar en el conocimiento de Dios; viviendo además la guerra que esta ignorancia les    mueve, ellos a tan graves males les dan el nombre de paz.
23Con sus ritos infanticidas, sus misterios secretos, sus delirantes orgías de costumbres extravagantes,
24ni sus vidas ni sus matrimonios conservan ya puros. Uno elimina a otro a traición o le aflige dándole    bastardos;
25por doquiera, en confusión, sangre y muerte, robo y fraude, corrupción, deslealtad, agitación, perjurio,
26trastorno del bien, olvido de la gratitud, inmundicia en las almas, inversión en los sexos, matrimonios libres, adulterios, libertinaje.
27Que es culto de los ídolos sin nombre principio, causa y término de todos los males.
28Porque o se divierten alocadamente, o manifiestan oráculos falsos, o viven una vida de injusticia, o con toda facilidad perjuran:
29como los ídolos en que confían no tienen vida, no esperan que del perjurio se les siga algún mal.
30Una justa sanción les alcanzará, sin embargo, por doble motivo: por formarse de Dios una idea falsa al darse a los    ídolos y por jurar injustamente contra la verdad con desprecio de toda santidad.
31Que no es el poder de aquellos en cuyo nombre juran; es la sanción que merece todo el que peca, la que persigue siempre la transgresión de los    inicuos.
 
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Sabiduría  15
1Mas tú, Dios nuestro, eres bueno y verdadero, paciente y que con misericordia gobiernas el universo.   
2Aunque pequemos, tuyos somos, porque conocemos tu poder; pero no pecaremos, porque sabemos que somos contados    por tuyos.
3Pues el conocerte a ti es la perfecta justicia y conocer tu poder, la raíz de la inmortalidad.
4A nosotros no nos extraviaron las creaciones humanas de un arte perverso, ni el inútil trabajo de los pintores, figuras embadurnadas de colores abigarrados,
5cuya contemplación despierta la pasión en los insensatos que codician la figura sin aliento de una imagen    muerta.
6Apasionados del mal son y dignos de tales esperanzas los que las crean, los que las codician, los que las    adoran.
7Un alfarero trabaja laboriosamente la tierra blanda y modela diversas piezas, todas para nuestro uso; unas van destinadas a usos nobles, otras al contrario,    pero todas las modela de igual manera y de la misma    arcilla. Sobre el servicio diverso que unas y otras han de prestar,    es el alfarero quien decide.
8Pero luego - ¡mala pena que se toma! - de la misma arcilla modela una vana divinidad. Y la modela él, que poco ha nació de la tierra y que pronto habrá de volver a la tierra de donde fue    sacado, cuando le reclamen la devolución de su alma.
9Pero no se preocupa de que va a morir, de que es efímera su vida; antes rivaliza con orfebres y plateros, imita las obras del broncista y se ufana de modelar falsificaciones.
10Escoria es su corazón, más vil que la tierra su esperanza, más abyecta que la arcilla su vida,
11porque desconoció al que le modeló a él, al que le inspiró un alma activa y le infundió un espíritu vivificante.
12Piensa que la existencia es un juego de niños y la vida, un lucrativo mercado: «Es preciso ganar, dice, por todos los medios, aun    malos.»
13Este hombre más que nadie sabe que peca, como quien de una misma masa de tierra fabrica    frágiles piezas y estatuas de ídolos.
14Insensatos todos en sumo grado y más infelices que el alma de un niño, los enemigos de tu pueblo que un día le oprimieron;
15como que tuvieron por dioses a todos los ídolos de los gentiles, que no pueden valerse de los ojos para ver, ni de la nariz para respirar, ni de los oídos para oír, ni de los dedos de las manos para tocar, y sus pies son torpes para andar.
16Al fin, un hombre los hizo, uno que recibió en préstamo el espíritu los modeló; y no hay hombre que modele un dios igual a sí mismo;
17mortal como es, un ser muerto produce con sus manos impías. Vale ciertamente más que las cosas que adora: él, un tiempo al menos, goza de vida, ellos jamás.
18Adoran, además, a los bichos más repugnantes que en estupidez superan a todos los demás;
19ni siquiera poseen la belleza de los animales que, a su modo, cautiva al contemplarlos; están excluidos de la aprobación de Dios y de su    bendición.
 
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Sabiduría  16
1Por eso, mediante seres semejantes, fueron justamente castigados; una multitud de bichos les sometieron a tormento.
2En vez de tal castigo, concediste favores a tu pueblo: para satisfacer su voraz apetito, les preparaste como alimento un manjar exquisito: codornices;
3para que aquéllos, aun ansiando el alimento, por el asqueroso aspecto de los bichos que les    enviabas, hasta el apetito natural perdiesen, y éstos, pasadas unas breves privaciones, viniesen a gustar manjares exquisitos.
4Era razón que aquéllos, los opresores, sufrieran un hambre irremediable, mientras a éstos bastaba mostrarles la clase de    tormento que sus enemigos padecían.
5Incluso cuando cayó sobre ellos la ira terrible de animales feroces, cuando por mordeduras de sinuosas serpientes perecían,    no persistió tu cólera hasta el fin.
6Como advertencia se vieron atribulados por breve tiempo, pues tenían una señal de salvación como recuerdo del    mandamiento de tu Ley;
7y el que a ella se volvía, se salvaba, no por lo que contemplaba, sino por ti, Salvador de todos.
8De este modo convenciste a nuestros enemigos de que tú eres el que libras de todo mal:
9a ellos picaduras de langostas y moscas los mataban, - y bien merecían que bichos tales los castigasen - sin que remedio hallaran para su vida;
10a tus hijos, en cambio, ni dientes de serpientes venenosas los vencieron, pues vino tu misericordia en su socorro y los sanó.
11Las mordeduras - pronto curadas - les recordaban tus preceptosno fuera que, cayendo en profundo olvido, se vieran excluidos de tu liberalidad.
12Ni los curó hierba ni emplasto alguno, sino tu palabra, Señor, que todo lo sana.
13Pues tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir.
14El hombre, en cambio, puede matar por su maldad, pero no hacer tornar al espíritu que se fue, ni liberar al alma ya acogida en el Hades.
15Es imposible escapar de tu mano.
16Los impíos que rehusaban conocerte fueron fustigados por la fuerza de tu brazo; lluvias insólitas, granizadas, aguaceros implacables    los persigueron y el fuego los devoró.
17Y lo más extraño era que con el agua, que todo lo apaga, el fuego cobraba una violencia mayor. El universo, en efecto, combate en favor de los justos.
18Las llamas unas veces se amansaban para no consumir a los animales enviados contra los    impíos, y darles a entender, por lo que veían, que el juicio    de Dios les hostigaba;
19pero otras, aun en medio de las aguas, abrasaban con fuerza superior a la del fuego para destruir las cosechas de una tierra inicua.
20A tu pueblo, por el contrario, le alimentaste con manjar de ángeles; les suministraste, sin cesar desde el ciel un pan ya    preparado que podía brindar todas las delicias y satisfacer    todos los gustos.
21El sustento que les dabas revelaba tu dulzura con tus hijos pues, adaptándose al deseo del que lo tomaba, se tranformaba en lo que cada uno quería.
22Nieve y hielo resistían al fuego sin fundirse, para que supieran que el fuego, para destruir las    cosechas de sus enemigos, entre el granizo abrasaba y fulguraba entre la lluvia,   
23mientras que, para que los justos pudieran sustentarse, hasta de su natural poder se olvidaba.
24Porque la creación, sirviéndote a ti, su Hacedor, se embravece para castigo de los inicuos y se amansa en favor de los que en ti confían.
25Por eso, también entonces, cambiándose en todo, servía a tu liberalidad que a todos sustenta, conforme al deseo de los necesitados.
26De este modo enseñabas a tus hijos queridos, Señor, que no son las diversas especies de frutos los que    alimentan al hombre, sino que es tu palabra la que mantiene a los que creen    en ti.
27El fuego no alcanzaba a disolver lo que sencillamente derretía el calor de un breve    rayo de sol.
28Con ello le enseñabas que debían adelantarse al sol para darte gracias y recurrir a ti al rayar el día,
29pues la esperanza del ingrato como escarcha invernal se derrite y corre como agua inútil.
 
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Sabiduría  17
1Grandes son en verdad tus juicios e inenarrables, por donde almas ignorantes se vinieron a engañar.
2Imaginaban los impíos que podrían oprimir a una nación santa; y se encontraron prisioneros de tinieblas, en larga    noche trabados, recluidos en sus casas, desterrados de la Providencia    eterna.
3Creían que se mantendrían ocultos con sus secretos pecados bajo el oscuro velo del olvido; y se vieron dispersos, presa de terrible espanto, sobresaltados por apariciones.
4Pues ni el escondrijo que les protegía les libraba del miedo; que también allí resonaban ruidos escalofriantes y se aparecían espectros sombríos de lúgubre aspecto.
5No había fuego intenso capaz de alumbrarles, ni las brillantes llamas de las estrellas alcanzaban a esclarecer aquella odiosa noche.
6Tan sólo una llamarada, por sí misma encendida, se dejaba entrever sembrando el terror; pues en su espanto, al desaparecer la visión, imaginaban más horrible aún lo que acababan de ver.
7Los artificios de la magia resultaron ineficaces; con gran afrenta quedó refutado su pretendido saber,
8pues los que prometían expulsar miedos y sobresaltos de las almas enloquecidas, enloquecían ellos mismos con ridículos temores.
9Incluso cuando otro espanto no les atemorizara, sobresaltados por el paso de los bichos y el silbido    de los reptiles,
10se morían de miedo, y rehusaban mirar aquel aire que de ninguna manera    podían evitar.
11Cobarde es, en efecto, la maldad y ella a sí misma se condena;acosada por la conciencia imagina siempre lo peor;
12pues no es otra cosa el miedo sino el abandono del apoyo que presta la reflexión;
13y cuanto menos se cuenta con los recursos interiores, tanto mayor parece la desconocida causa que produce el    tormento.
14Durante aquella noche verdaderamente inerte, surgida de las profundidades del inerte Hades, en un mismo sueño sepultados,
15al invadirles un miedo repentino e inesperado, se vieron, de un lado, perseguidos de espectrales    apariciones y, de otro, paralizados por el abandono de su alma.
16De este modo, cualquiera que en tal situación cayera, quedaba encarcelado, encerrado en aquella prisión sin    hierros;
17ya fuera labrador o pastor, o bien un obrero dedicado en la soledad a su trabajo, sorprendido, soportaba la ineludible necesidad,
18atados todos como estaban por una misma cadena de tinieblas. El silbido del viento, el melodioso canto de las aves en la enramada, el ruido regulado del agua que corría impetuosa,
19el horrísimo fragor de rocas que caían de las alturas, la invisible carrera de animales que saltando pasaban,    el rugido de las fieras más salvajes, el eco que devolvían las oquedades de las montañas, todo les aterrorizaba y les dejaba paralizados.
20Estaba entonces el mundo entero iluminado de luz esplendorosa,y, sin traba alguna, se ocupaba en sus quehaceres;
21sólo sobre ellos se extendía pesada noche, imagen de las tinieblas que les esperaban recibir. Aunque ellos a sí mismos se eran más pesados que las    tinieblas.
 
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Sabiduría  18
1Entre tanto para tus santos había una grandísima luz. Los egipcios, que oían su voz aunque no distinguían su figura, les proclamaban dichosos por no haber padecido ellos    también;
2les daban gracias porque agraviados no se vengaban y les pedían perdón por su conducta hostil.
3En vez de tinieblas, diste a los tuyos una columna de fuego, guía a través de rutas desconocidas, y sol inofensivo en su gloriosa emigración.
4Bien merecían verse de luz privados y prisioneros de tinieblas, los que en prisión tuvieron encerrados a aquellos    hijos tuyos que habían de dar al mundo la luz incorruptible de la    Ley.
5Por haber decretado matar a los niños de los santos, salvándose de los hijos expuestos uno tan sólo, les arrebataste en castigo la multitud de sus hijos y a ellos, a una, les hiciste perecer bajo la    violencia de las aguas.
6Aquella noche fue previamente conocida por nuestros padres, para que se confortasen al reconocer firmes los juramentos  en que creyeron.
7Tu pueblo esperaba a la vez la salvación de los justos y la destrucción de sus    enemigos.
8Y, en efecto, con el castigo mismo de nuestros adversarios, nos colmaste de gloria llamándonos a ti.
9Los santos hijos de los buenos ofrecieron sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina: que los santos correrían en común las mismas aventuras    y riesgos; y, previamente, cantaron ya los himnos de los Padres.
10A estos cánticos respondía el discordante clamor de sus enemigos, se disfundían los lamentos de los que lloraban a sus    hijos.
11Un mismo castigo alcanzaba al esclavo y al señor; el hombre del pueblo sufría la misma pena que el rey.
12Todos a la vez contaban con muertos innumerables abatidos por un mismo género de muerte. Los vivos no se bastaban a darles sepultura, como que, de un solo golpe, había caído la flor de su    descendencia.
13Mantenidos en absoluta incredulidad por los artificios de la magia, acabaron por confesar, ante la muerte de sus    primogénitos, que aquel pueblo era hijo de Dios.
14Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en la mitad de su carrera,
15tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, saltó del cielo, desde el trono real, en medio de una tierra condenada al exterminio. Empuñando como afilada espada tu decreto irrevocable,
16se detuvo y sembró la muerte por doquier; y tocaba el cielo mientras pisaba la tierra.
17Entonces, de repente, sueños y horribles visiones les sobresaltaron, les sobrevinieron terrores imprevistos.
18Aquí y allá tendidos, ya moribundos, daban a conocer la causa de su muerte,
19pues los sueños que les habían pertubado, se lo habían indicado a tiempo para que no muriesen sin saber la razón de su    desgracia.
20También a los justos les alcanzó la prueba de la muerte; una multitud de ellos pereció en el desierto. Pero no duró la Cólera mucho tiempo,
21que pronto un hombre irreprochable salió en su defensa. Con las armas de su propio ministerio, la oración y el incienso expiatorio, se enfrentó a la ira y dio fin a la plaga, mostrando con ello que era en verdad siervo tuyo.
22Y venció a la Cólera no con la fuerza de su cuerpo, ni con el poder de las armas, sino que sometió con su palabra al que traía el    castigo recordándole los juramentos hechos a los Padres y las    alianzas.
23Cuando ya los muertos, unos sobre otros, yacían hacinados, frenó, interponiéndose, el avance de la Cólera y le cerró el camino hacia los que todavía vivían.
24Llevaba en su vestido talar el mundo entero, grabados en cuatro hileras de piedras los nombres    gloriosos de los Padres y tu majestad en la diadema de su cabeza.
25Ante esto, el Exterminador cedió y se atemorizó; pues era suficiente la sola experiencia de tu Cólera.
 
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Sabiduría  19
1Pero, sobre los impíos, descargó hasta el fin una ira sin misericordia, pues Dios sabía de antemano lo que iban a tramar:
2que, luego de permitir marchar a su pueblo y apremiarle en su partida, mudando de parecer, saldrían a perseguirle.
3Ocupados estaban todavía en su duelo y lamentándose junto a las tumbas de sus muertos, cuando concibieron otro proyecto insensato: a los que con ruegos despacharon, dieron en    perseguirlos como fugitivos.
4Una justa fatalidad los arrastraba a tales extremos y les borraba el recuerdo de los sucesos precedentes; así completarían con un nuevo castigo lo que a sus    tormentos faltaba,
5así mientras tu pueblo gozaba de un viaje maravilloso, ellos encontrarían una muerte extraña.
6Pues para preservar a tus hijos de todo daño, la creación entera, obediente a tus órdenes, se rehízo de nuevo en su propia naturaleza.
7Se vio una nube proteger con su sombra el campamento, emerger del agua que la cubría una tierra enjuta, del mar Rojo un camino expedito, una verde llanura del oleaje impetuoso,
8por donde, formando un solo pueblo, pasaron los que tu mano protegía mientras contemplaban tan admirables prodigios.
9Como caballos se apacentaban, y retozaban como corderos alabándote a ti, Señor que los habías liberado.
10Recordaban todavía lo sucedido en su destierro, cómo, en vez de nacer los mosquitos de animales, los    produjo la tierra, cómo, en vez de nacer las ranas de seres acuáticos,    las vomitó el Río en abundancia.
11Más tarde, vieron además un modo nuevo de nacer las aves; cuando, llevados de la gula, pidieron manjares    delicados,
12para satisfacerles, subieron codornices desde el mar.
13Mas sobre los pecadores cayeron los castigos, precedidos, como aviso, de la violencia de los rayos. Con toda justicia sufrían por sus propias maldades, por haber extremado su odio contra el extranjero.
14Otros no recibieron a unos desconocidos a su llegada. pero éstos redujeron a esclavitud a huéspedes    bienhechores.
15Además habrá una visita para ellos porque recibieron hostilmente a los extranjeros...
16pero éstos, después de acoger con fiestas a los que ya participaban en los mismos derechos que    ellos, los aplastaron con terribles trabajos.
17Por eso, también fueron éstos heridos de ceguera, como aquéllos a las puertas del justo, cuando, envueltos en inmensas tinieblas, buscaba cada uno el acceso a su puerta.
18Los elementos se adaptaron de una nueva manera entre sí como cambian la naturaleza del ritmo los sonidos en un    salterio sin que cambie por eso su tonalidad, cosa que se puede deducir claramente examinando lo    sucedido.
19Seres terrestres se tornaban acuáticos, y los que nadan pasaban a caminar sobre la tierra.
20El fuego aumentaba en el agua su fuerza natural y el agua olvidaba su poder de apagar.
21Por el contrario, las llamas no consumían las carnes de los endebles animales que sobre ellas    caminaban, ni fundían aquel alimento divino, parecido a la escarcha, tan fácil de derretirse.
22En verdad, Señor, que en todo engrandeciste a tu pueblo y le glorificaste, y no te descuidaste en asistirle en todo tiempo y en    todo lugar.

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