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ÍNDICE
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1ª Parte
La profesión de la fe |
1ª Sección
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El hombre es "capaz" de Dios
Dios al encuentro del hombre
La rspuesta del hombre a Dios
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2ª Parte
La celebración del misterio cristiano |
1ª Sección
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El Misterio Pascual en el tiempo de la Iglesia
La celebración sacramental del Misterio Pascual
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2ª Sección
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Los Sacramentos de la iniciación cristiana
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2ª Sección
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Creo en Dios Padre
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Los Sacramentos de curación
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Creo en Jesucristo, hijo uníco de Dios
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Los Sacramentos al servicio de la comunidad
Otras celebraciones litúrgicas |
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Creo en el Espíritu Santo
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3ª Parte
La vida en Cristo |
1ª Sección
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La dignidad de la persona humana
La comunidad humana La salvación de Dios: La Ley y la Gracia |
4ª Parte
La oración cristiana |
1ª Sección
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La revelación de la oración
La tradición de la oración La vida de oración |
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2ª Sección
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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con
toda tu alma y con todas tus fuerzas
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2ª Sección
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Resumen de todo el Evangelio
Padre nuestro que estás en los cielos Las siete peticiones |
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Amarás a tu prójimo como a ti mismo
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Prólogo al Catecismo
"PADRE, esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo" (Jn 17,3). "Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tim 2,3-4). "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos" (Hch 4,12), sino el nombre de JESÚS.
I. LA VIDA DEL HOMBRE: CONOCER Y AMAR A DIOS
1
Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en sí mismo, en un
designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para que tenga
parte en su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo
lugar, está cerca del hombre. Le llama y le ayuda a buscarlo, a
conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los
hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, la Iglesia.
Lo hace mediante su Hijo que envió como Redentor y Salvador al llegar
la plenitud de los tiempos. En él y por él, llama a los hombres a ser,
en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos
de su vida bienaventurada.
2 Para que esta llamada resuene en
toda la tierra, Cristo envió a los apóstoles que había escogido,
dándoles el mandato de anunciar el evangelio: "Id, pues, y haced
discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo
os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta
el fin del mundo" (Mt 28,19-20). Fortalecidos con esta misión, los
apóstoles "salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor
con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban"
(Mc 16,20).
3 Quienes con la ayuda de Dios han acogido el llamamiento de Cristo y
han respondido libremente a ella, se sienten por su parte urgidos por
el amor de Cristo a anunciar por todas partes en el mundo la Buena
Nueva. Este tesoro recibido de los apóstoles ha sido guardado fielmente
por sus sucesores. Todos los fieles de Cristo son llamados a
transmitirlo de generación en generación, anunciando la fe, viviéndola
en la comunión fraterna y celebrándola en la liturgia y en la oración
(cf. Hch 2,42).
II TRANSMITIR LA FE: LA CATEQUESIS
4
Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados
en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer
que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que, por la fe, tengan la vida en
su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así
el Cuerpo de Cristo (cf. Juan Pablo II, CT 1,2).
5 En su sentido
más restringido, "globalmente, se puede considerar aquí que la
catequesis es una educación en la fe de los niños, de los jóvenes y
adultos que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina
cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a
iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana" (CT 18).
6 Sin confundirse con ellos, la catequesis se articula dentro de un
cierto número de elementos de la misión pastoral de la Iglesia, que
tienen un aspecto catequético, que preparan para la catequesis o que
derivan de ella: primer anuncio del Evangelio o predicación misionera
para suscitar la fe; búsqueda de razones para creer; experiencia de
vida cristiana: celebración de los sacramentos; integración en la
comunidad eclesial; testimonio apostólico y misionero (cf. CT 18).
7 "La catequesis está unida íntimamente a toda la vida de la Iglesia.
No sólo la extensión geográfica y el aumento numérico de la Iglesia,
sino también y más aún su crecimiento interior, su correspondencia con
el designio de Dios dependen esencialmente de ella" (CT 13).
8 Los periodos de renovación de la Iglesia son también tiempos fuertes
de la catequesis. Así, en la gran época de los Padres de la Iglesia,
vemos a santos obispos consagrar una parte importante de su ministerio
a la catequesis. Es la época de S. Cirilo de Jerusalén y de S. Juan
Crisóstomo, de S. Ambrosio y de S. Agustín, y de muchos otros Padres
cuyas obras catequéticas siguen siendo modelos.
9 El ministerio de la catequesis saca energías siempre nuevas de los
Concilios. El Concilio de Trento constituye a este respecto un ejemplo
digno de ser destacado: dio a la catequesis una prioridad en sus
constituciones y sus decretos; de él nació el Catecismo Romano que
lleva también su nombre y que constituye una obra de primer orden como
resumen de la doctrina cristiana; este Concilio suscitó en la Iglesia
una organización notable de la catequesis; promovió, gracias a santos
obispos y teólogos como S. Pedro Canisio, S. Carlos Borromeo, S.
Toribio de Mogrovejo, S. Roberto Belarmino, la publicación de numerosos
catecismos.
10 No es extraño, por ello, que, en el dinamismo del Concilio Vaticano
segundo (que el Papa Pablo VI consideraba como el gran catecismo de los
tiempos modernos), la catequesis de la Iglesia haya atraído de nuevo la
atención. El "Directorio general de la catequesis" de 1971, las
sesiones del Sínodo de los Obispos consagradas a la evangelización
(1974) y a la catequesis (1977), las exhortaciones apostólicas
correspondientes, "Evangelii nuntiandi" (1975) y "Catechesi tradendae"
(1979), dan testimonio de ello. La sesión extraordinaria del Sínodo de
los Obispos de 1985 pidió "que sea redactado un catecismo o compendio
de toda la doctrina católica tanto sobre la fe como sobre la moral"
(Relación final II B A 4). El santo Padre, Juan Pablo II, hizo suyo
este deseo emitido por el Sínodo de los Obispos reconociendo que
"responde totalmente a una verdadera necesidad de la Iglesia universal
y de las Iglesias particulares" (Discurso del 7 de Diciembre de 1985).
El Papa dispuso todo lo necesario para que se realizara la petición de
los padres sinodales.
III FIN Y DESTINATARIOS DE ESTE CATECISMO
11
Este catecismo tiene por fin presentar una exposición orgánica y
sintética de los contenidos esenciales y fundamentales de la doctrina
católica tanto sobre la fe como sobre la moral, a la luz del Concilio
Vaticano II y del conjunto de la Tradición de la Iglesia. Sus fuentes
principales son la Sagrada Escritura, los Santos Padres, la Liturgia y
el Magisterio de la Iglesia. Está destinado a servir "como un punto de
referencia para los catecismos o compendios que sean compuestos en los
diversos países" (Sínodo de los Obispos 1985. Relación final II B A 4).
12 Este catecismo está destinado principalmente a los responsables
de la catequesis: en primer lugar a los Obispos, en cuanto doctores de
la fe y pastores de la Iglesia. Les es ofrecido como instrumento en la
realización de su tarea de enseñar al Pueblo de Dios. A través de los
obispos se dirige a los redactores de catecismos, a los sacerdotes y a
los catequistas. Será también de útil lectura para todos los demás
fieles cristianos.
IV LA ESTRUCTURA DE ESTE CATECISMO
13 El plan de este catecismo se inspira en la gran tradición de los catecismos los cuales articulan la catequesis en torno a cuatro "pilares": la profesión de la fe bautismal (el Símbolo), los Sacramentos de la fe, la vida de fe (los Mandamientos), la oración del creyente (el Padre Nuestro).
Primera parte: la profesión de la fe
14 Los que por la fe y el Bautismo pertenecen a Cristo deben confesar su fe bautismal delante de los hombres (cf. Mt 10,32; Rom 10,9). Para esto, el Catecismo expone en primer lugar en qué consiste la Revelación por la que Dios se dirige y se da al hombre, y la fe, por la cual el hombre responde a Dios (Sección primera). El Símbolo de la fe resume los dones que Dios hace al hombre como Autor de todo bien, como Redentor, como Santificador y los articula en torno a los "tres capítulos" de nuestro Bautismo -la fe en un solo Dios: el Padre Todopoderoso, el Creador; y Jesucristo, su Hijo, nuestro Señor y Salvador; y el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia (Sección segunda).
Segunda parte: Los sacramentos de la fe
15 La segunda parte del catecismo expone cómo la salvación de Dios, realizada una vez por todas por Cristo Jesús y por el Espíritu Santo, se hace presente en las acciones sagradas de la liturgia de la Iglesia (Sección primera), particularmente en los siete sacramentos (Sección segunda).
Tercera parte: La vida de fe
16 La tercera parte del catecismo presenta el fin último del hombre, creado a imagen de Dios: la bienaventuranza, y los caminos para llegar a ella: mediante un obrar recto y libre, con la ayuda de la ley y de la gracia de Dios (Sección primera); mediante un obrar que realiza el doble mandamiento de la caridad, desarrollado en los diez Mandamientos de Dios (Sección segunda).
Cuarta parte: La oración en la vida de la fe
17 La última parte del Catecismo trata del sentido y la importancia de la oración en la vida de los creyentes (Sección primera). Se cierra con un breve comentario de las siete peticiones de la oración del Señor (Sección segunda). En ellas, en efecto, encontramos la suma de los bienes que debemos esperar y que nuestro Padre celestial quiere concedernos.
V INDICACIONES PRACTICAS PARA EL USO DE ESTE CATECISMO
18
Este Catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la
fe católica. Es preciso, por tanto, leerlo como una unidad. Numerosas
referencias en el interior del texto y el índice analítico al final del
volumen permiten ver cada tema en su vinculación con el conjunto de la
fe.
19 Con frecuencia, los textos de la Sagrada Escritura no son
citados literalmente, sino indicando sólo la referencia (mediante cf).
Para una inteligencia más profunda de esos pasajes, es preciso recurrir
a los textos mismos. Estas referencias bíblicas son un instrumento de
trabajo para la catequesis.
20 Cuando, en ciertos pasajes, se emplea letra pequeña, con ello se
indica que se trata de puntualizaciones de tipo histórico, apologético
o de exposiciones doctrinales complementarias.
21 Las citas, en letra pequeña, de fuentes patrísticas, litúrgicas,
magisteriales o hagiográficas tienen como fin enriquecer la exposición
doctrinal. Con frecuencia estos textos han sido escogidos con miras a
un uso directamente catequético.
22 Al final de cada unidad temática, una serie de textos breves resumen
en fórmulas condensadas lo esencial de la enseñanza. Estos "resúmenes"
tienen como finalidad ofrecer sugerencias para fórmulas sintéticas y
memorizables en la catequesis de cada lugar.
VI LAS ADAPTACIONES NECESARIAS
23
El acento de este Catecismo se pone en la exposición doctrinal. Quiere,
en efecto, ayudar a profundizar el conocimiento de la fe. Por lo mismo
está orientado a la maduración de esta fe, su enraizamiento en la vida
y su irradiación en el testimonio (cf. CT 20-22; 25).
24 Por su
misma finalidad, este Catecismo no se propone dar una respuesta
adaptada, tanto en el contenido cuanto en el método, a las exigencias
que dimanan de las diferentes culturas, de edades, de la vida
espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes
se dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden
a catecismos propios de cada lugar, y más aún a aquellos que toman a su
cargo instruir a los fieles:
El que enseña debe "hacerse todo a todos" (1 Cor 9,22), para ganarlos a
todos para Jesucristo...¡Sobre todo que no se imagine que le ha sido
confiada una sola clase de almas, y que, por consiguiente, le es lícito
enseñar y formar igualmente a todos los fieles en la verdadera piedad,
con un único método y siempre el mismo! Que sepa bien que unos son, en
Jesucristo, como niños recién nacidos, otros como adolescentes, otros
finalmente como poseedores ya de todas sus fuerzas... Los que son
llamados al ministerio de la predicación deben, al transmitir la
enseñanza del misterio de la fe y de las reglas de las costumbres,
acomodar sus palabras al espíritu y a la inteligencia de sus oyentes
(Catech. R., Prefacio, 11).
25 Por encima de todo la Caridad. Para concluir esta presentación es
oportuno recordar el principio pastoral que enuncia el Catecismo
Romano:
Toda la finalidad de la doctrina y de la enseñanza debe ser puesta en
el amor que no acaba. Porque se puede muy bien exponer lo que es
preciso creer, esperar o hacer; pero sobre todo se debe siempre hacer
aparecer el Amor de Nuestro Señor a fin de que cada uno comprenda que
todo acto de virtud perfectamente cristiano no tiene otro origen que el
Amor, ni otro término que el Amor (Catech. R., Prefacio, 10).