5Negra soy, pero graciosa, hijas de Jerusalén, como las
tiendas de Quedar, como los pabellones de Salmá.
6No os fijéis en que estoy morena: es que el sol me ha quemado. Los
hijos de mi madre se airaron contra mí; me pusieron a guardar las
viñas, ¡mi propia viña no la había guardado!
7Indícame, amor de mi alma, dónde apacientas el rebaño, dónde lo llevas
a sestear a mediodía, para que no ande yo como errante tras los rebaños
de tus compañeros.
8Si
no lo sabes, ¡oh la más bella de las mujeres! , sigue las huellas de
las ovejas, y lleva a pacer tus cabritas junto al jacal de los
pastores.
9A mi yegua, entre los carros de Faraón, yo te comparo, amada mía.
10Graciosas son tus mejillas entre los zarcillos, y tu cuello entre los
collares.
11Zarcillos de oro haremos para ti, con cuentas de plata.
12 Mientras el rey se halla en su diván, mi nardo exhala su fragancia.
13Bolsita de mirra es mi amado para mí, que reposa entre mis
pechos.
14Racimo de alheña es mi amado para mí, en las viñas de Engadí.
15 ¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! ¡Palomas son tus ojos!
16 ¡Qué hermoso eres, amado mío, qué delicioso! Puro verdor es nuestro
lecho.
17 Las vigas de nuestra casa son de cedro, nuestros artesonados, de
ciprés.
Cantar2
1 Yo soy el narciso de Sarón, el lirio de los valles.
2 Como el lirio entre los cardos, así mi amada entre las mozas.
3 Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los
mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al
paladar.
4Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es Amor.
5Confortadme con pasteles de pasas, con manzanas reanimadme, que
enferma estoy de amor.
6Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza.
7 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas, por las ciervas
del campo, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.
8¡La voz de mi amado! Helo aquí que ya viene, saltando por los montes,
brincando por los collados.
9Semejante es mi amado a una gacela, o un joven cervatillo. Vedle ya
que se para detrás de nuestra cerca, mira por las ventanas, atisba por
las rejas.
10Empieza a hablar mi amado, y me dice: «Levántate, amada mía,
hermosa mía, y vente.
11Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se
han ido.
12Aparecen las flores en la tierra, el tiempo de las canciones es
llegado, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra.
13Echa la higuera sus yemas, y las viñas en cierne exhalan su
fragancia. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente!
14Paloma
mía, en las grietas de la roca, en escarpados escondrijos, muéstrame tu
semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y gracioso tu
semblante. »
15Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que devastan las viñas,
pues nuestras viñas están en flor.
16Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado: él pastorea entre los
lirios.
17Antes que sople la brisa del día y se huyan las sombras, vuelve, sé
semejante, amado mío, a una gacela o a un joven cervatillo por los
montes de Béter.
Cantar3
1En mi lecho, por las noches, he buscado al amor de mi alma. Busquéle y
no le hallé.
2Me levantaré, pues, y recorreré la ciudad. Por las calles y las plazas
buscaré al amor de mi alma. Busquéle y no le hallé.
3Los centinelas me encontraron, los que hacen la ronda en la ciudad:
«¿Habéis visto al amor de mi alma?»
4Apenas habialos pasado, cuando encontré al amor de mi alma. Le
aprehendí y no le soltaré hasta que le haya introducido en la casa de
mi madre, en la alcoba de la que me concibió.
5Yo
os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas, por las ciervas del
campo, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.
6¿Qué es eso que sube del desierto, cual columna de humo sahumado de
mirra y de incienso, de todo polvo de aromas exóticos?
7Ved la litera de Salomón. Sesenta valientes en torno a ella, la flor
de los valientes de Israel:
8todos diestros en la espada, veteranos en la guerra. Cada uno lleva su
espada al cinto, por las alarmas de la noche.
9El rey Salomón se ha hecho un palanquín de madera del Líbano.
10Ha hecho de plata sus columnas, de oro su respaldo, de púrpura su
asiento; su interior, tapizado de amor por las hijas de Jerusalén.
11Salid a contemplar, hijas de Sión, a Salomón el rey, con la diadema
con que le coronó su madre el día de sus bodas, el día del gozo de su
corazón.
Cantar4
1¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! Palomas son tus ojos a
través de tu velo; tu melena, cual rebaño de cabras, que ondulan por el
monte Galaad.
2Tus dientes, un rebaño de ovejas de esquileo que salen de bañarse:
todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril.
3Tus labios, una cinta de escarlata, tu hablar, encantador. Tus
mejillas, como cortes de granada a través de tu velo.
4Tu cuello, la torre de David, erigida para trofeos: mil
escudos penden de ella, todos paveses de valientes.
5Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela, que pacen entre
lirios.
6Antes que sople la brisa del día, y se huyan las sombras, me iré al
monte de la mirra, a la colina del incienso.
7¡Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti!
8Ven del Líbano, novia mía, ven del Líbano, vente. Otea desde la cumbre
del Amaná, desde la cumbre del Sanir y del Hermón, desde las guaridas
de leones, desde los montes de leopardos.
9Me robaste el corazón, hermana mía, novia, me robaste el
corazón con una mirada tuya, con una vuelta de tu collar.
10¡Qué hermosos tus amores, hermosa mía, novia! ¡Qué sabrosos tus
amores! ¡más que el vino! ¡Y la fragancia de tus perfumes, más que
todos los bálsamos!
11Miel virgen destilan tus labios, novia mía. Hay miel y leche debajo
de tu lengua; y la fragancia de tus vestidos, como la fragancia del
Líbano.
12Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado,
fuente sellada.
13Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos:
14nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de
incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos.
15¡Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas, corrientes que del
Líbano fluyen!
16¡Levántate, cierzo, ábrego, ven! ¡Soplad en mi huerto, que exhale sus
aromas! ¡Entre mi amado en su huerto y coma sus frutos exquisitos!
Cantar5
1Ya he entrado en mi huerto, hermana mía, novia; he tomado mi mirra con
mi bálsamo, he comido mi miel con mi panal, he bebido mi vino con mi
leche. ¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!
2Yo dormía, pero mi corazón velaba. ¡La voz de mi amado que llama! :
«¡Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi
cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche. »
3 «Me he quitado mi túnica, ¿cómo ponérmela de nuevo?He lavado
mis pies, ¿cómo volver a mancharlos?»
4¡Mi amado metió la mano por la hendedura; y por él se estremecieron
mis entrañas.
5Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos destilaron mirra, mirra
fluida mis dedos, en el pestillo de la cerradura.
6Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido de largo. El alma se me
salió a su huída. Le busqué y no le hallé, le llamé, y no me repondió.
7Me
encontraron los centinelas, los que hacen la ronda en la ciudad. Me
golpearon, me hirieron, me quitaron de encima mi chal los guardias de
las murallas.
8Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, ¿qué le
habéis de anunciar? Que enferma estoy de amor.
9¿Qué distingue a tu amado de los otros, oh la más bella de las
mujeres? ¿Qué distingue a tu amado de los otros, para que así nos
conjures?
10Mi amado es fúlgido y rubio, distinguido entre diez mil.
11Su cabeza es oro, oro puro; sus guedejas, racimos de palmera, negras
como el cuervo.
12Sus ojos como palomas junto a arroyos de agua, bañándose en leche,
posadas junto a un estanque.
13Sus mejillas, eras de balsameras, macizos de perfumes. Sus labios son
lirios que destilan mirra fluida.
14Sus manos, aros de oro, engastados de piedras de Tarsis. Su vientre,
de pulido marfil, recubierto de zafiros.
15Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de
oro puro. Su porte es como el Líbano, esbelto cual los cedros.
16Su paladar, dulcísimo, y todo él, un encanto. Así es mi amado, así mi
amigo, hijas de Jerusalén.
Cantar6
1¿A dónde se fue tu amado, oh la más bella de las mujeres? ¿A dónde tu
amado se volvió, para que contigo le busquemos?
2Mi amado ha bajado a su huerto, a las eras de balsameras, a apacentar
en los huertos, y recoger lirios.
3Yo soy para mi amado y mi amado es para mí: él pastorea entre los
lirios.
4Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como Jerusalén,
imponente como batallones.
5Retira de mí tus ojos, que me subyugan. Tu melena cual rebaño
de cabras que ondulan por el monte Galaad.
6Tus dientes, un rebaño de ovejas, que salen de bañarse. Todas tienen
mellizas, y entre ellas no hay estéril.
7Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo.
8Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, (e innumerables las
doncellas).
9Unica es mi paloma, mi perfecta. Ella, la única de su madre, la
preferida de la que la engendró. Las doncellas que la ven la felicitan,
reinas y concubinas la elogian:
10«¿Quién es ésta que surge cual la aurora, bella como la
luna, refulgente como el sol, imponente como batallones?»
11Al nogueral había yo bajado para ver la floración del valle, a ver si
la vid estaba en cierne, y si florecían los granados.
12¡Sin saberlo, mi deseo me puso en los carros de Aminadib!
Cantar7
1¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve, que te miremos! ¿Por qué
miráis a la Sulamita, como en una danza de dos coros?
2¡Qué lindos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe! Las
curvas de tus caderas son como collares, obra de manos de artista.
3Tu ombligo es un ánfora redonda, donde no falta el vino. Tu vientre,
un montón de trigo, de lirios rodeado.
4Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela.
5Tu
cuello, como torre de marfil. Tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a
la puerta de Bat Rabbim. Tu nariz, como la torre del Líbano, centinela
que mira hacia Damasco.
6Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y tu melena, como la púrpura; ¡un
rey en esas trenzas está preso!
7¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias!
8Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos.
9Me
dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como
racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas,
10tu paladar como vino generoso! El va derecho hacia mi amado, como
fluye en los labios de los que dormitan.
11Yo soy para mi amado, y hacia mí tiende su deseo.
12¡Oh, ven, amado mío, salgamos al campo! Pasaremos la noche en las
aldeas.
13De mañana iremos a las viñas; veremos si la vid está en cierne, si
las yemas se abren, y si florecen los granados. Allí te entregaré el
don de mis amores.
14Las mandrágoras exhalan su fragancia. A nuestras puertas hay toda suerte de frutos exquisitos. Los nuevos, igual que los añejos, los he guardado, amado mío, para ti.
Cantar8
1¡Ah, si
fueras tú un hermano mío, amamantado a los pechos de mi madre! Podría
besarte, al encontrarte afuera, sin que me despreciaran.
2Te llevaría, te introduciría en la casa de mi madre, y tú me
enseñarías. Te daría a beber vino aromado, el licor de mis granadas.
3Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza.
4Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, no despertéis, no desveléis al
amor, hasta que le plazca.
5¿Quién
es ésta que sube del desierto, apoyada en su amado?Debajo del manzano
te desperté, allí donde te concibió tu madre, donde concibió la que te
dio a luz.
6Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello en
tu brazo. Porque es fuerte el amor como la Muerte, implacable como el
seol la pasión. Saetas de fuego, sus saetas, una llama de Yahveh.
7Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si
alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se
granjearía desprecio.
8Tenemos una hermana pequeña: no tiene pechos todavía. ¿Qué
haremos con nuestra hermana el día que se hable de ella?
9 Si es una muralla, construiremos sobre ella almenas de plata si es
una puerta, apoyaremos contra ella barras de cedro.
10 Yo soy una muralla, y mis pechos, como torres. Así soy a sus ojos
como quien ha hallado la paz.
11Salomón tenía una viña en Baal Hamón. Encomendó la viña a los
guardas, y cada uno le traía por sus frutos mil siclos de plata.
12Mi viña, la mía, está ante mí; los mil siclos para ti,
Salomón; y doscientos para los guardas de su fruto.
13¡Oh tú, que moras en los huertos, mis compañeros prestan oído a tu
voz: ¡deja que la oiga!
14¡Huye, amado mío, sé como la gacela o el joven cervatillo, por los
montes de las balsameras!