Exodo 1
1 Estos son los nombres de los israelitas que entraron con Jacob en
Egipto, cada uno con su familia:
2 Rubén, Simeón, Leví, Judá,
3 Isacar, Zabulón, Benjamín,
4 Dan, Neftalí, Gad y Aser.
5 El número de los descendientes de Jacob era de setenta personas. José
estaba ya en Egipto.
6 Murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación;
7 pero los israelitas fueron fecundos y se multiplicaron; llegaron a
ser muy numerosos y fuertes y llenaron el país.
8 Se alzó en Egipto un nuevo rey, que nada sabía de José;
9 y que dijo a su pueblo: «Mirad, los israelitas son un pueblo más
númeroso y fuerte que nosotros.
10 Tomemos precauciones contra él para que no siga
multiplicándose, no sea que en caso de guerra se una
también él a nuestros enemigos para luchar contra
nosotros y salir del país.»
11 Les impusieron pues, capataces para aplastarlos bajo el peso de
duros trabajos; y así edificaron para Faraón las ciudades
de depósito: Pitom y Ramsés.
12 Pero cuanto más les oprimían, tanto más
crecían y se multiplicaban, de modo que los egipcios llegaron a
temer a los israelitas.
13 Y redujeron a cruel servidumbre a los israelitas,
14 les amargaron la vida con rudos trabajos de arcilla y ladrillos, con
toda suerte de labores del campo y toda clase de servidumbre que les
imponían por crueldad.
15 El rey de Egipto dio también orden a las parteras de las
hebreas, una de las cuales se llamaba Sifrá, y la otra
Puá,
16 diciéndoles: «Cuando asistáis a las hebreas,
observad bien las dos piedras: si es niño, hacedle morir; si es
niña dejadla con vida.»
17 Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron lo que les
había mandado el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los
niños.
18 Llamó el rey de Egipto a las parteras y les dijo:
«¿ Por qué habéis hecho esto y dejáis
con vida a los niños?»
19 Respondieron las parteras a Faraón: «Es que las hebreas
no son como las egipcias. Son más robustas, y antes que llegue
la partera, ya han dado a luz.»
20 Y Dios favoreció a las parteras. El pueblo se multiplicó y se hizo
muy poderoso.
21 Y por haber temido las parteras a Dios, les concedió numerosa prole.
22 Entonces Faraón dio a todo su pueblo esta orden: «Todo
niño que nazca lo echaréis al Río; pero a las
niñas las dejaréis con vida.»
Exodo 2
1 Un hombre de la casa de Leví fue a tomar por mujer una hija de Leví.
2 Concibió la mujer y dio a luz un hijo; y viendo que era hermoso lo
tuvo escondido durante tres meses.
3 Pero no pudiendo ocultarlo ya por más tiempo, tomó una
cestilla de papiro, la calafateó con betún y pez,
metió en ella al niño, y la puso entre los juncos, a la
orilla del Río.
4 La hermana del niño se apostó a lo lejos para ver lo que le pasaba.
5 Bajó la hija de Faraón a bañarse en el
Río y, mientras sus doncellas se paseaban por la orilla del
Río, divisó la cestilla entre los juncos, y envió
una criada suya para que la cogiera.
6 Al abrirla, vio que era un niño que lloraba. Se
compadeció de él y exclamó: «Es uno de los
niños hebreos.»
7 Entonces dijo la hermana a la hija de Faraón:
«¿Quieres que yo vaya y llame una nodriza de entre las
hebreas para que te críe este niño?»
8 «Vete», le contestó la hija de Faraón. Fue,
pues, la joven y llamó a la madre del niño.
9 Y la hija de Faraón le dijo: «Toma este niño y
críamelo que yo te pagaré.» Tomó la mujer al
niño y lo crió.
10 El niño creció, y ella lo llevó entonces a la
hija de Faraón, que lo tuvo por hijo, y le llamó
Moisés, diciendo: «De las aguas lo he sacado.»
11 En aquellos días, cuando Moisés ya fue mayor, fue a
visitar a sus hermanos, y comprobó sus penosos trabajos; vio
también cómo un egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de
sus hermanos.
12 Miró a uno y a otro lado, y no viendo a nadie, mató al egipcio y lo
escondió en la arena.
13 Salió al día siguiente y vio a dos hebreos que
reñían. Y dijo al culpable: «¿Por qué
pegas a tu compañero?»
14 El respondió: «¿Quién te ha puesto de
jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso estás pensando en
matarme como mataste al egipcio?» Moisés, lleno de temor,
se dijo: «La cosa ciertamente se sabe.»
15 Supo Faraón lo sucedido y buscaba a Moisés para
matarle; pero él huyó de la presencia de Faraón, y
se fue a vivir al país de Madián. Se sentó junto a
un pozo.
16 Tenía un sacerdote de Madián siete hijas, que fueron a
sacar agua y llenar los pilones para abrevar las ovejas de su padre.
17 Pero vinieron los pastores y las echaron. Entonces,
levantándose Moisés, salió en su defensa y les
abrevó el rebaño.
18 Al volver ellas a donde su padre Reuel, éste les dijo: «Cómo es que
venís hoy tan pronto?»
19 Respondieron: «Un egipcio nos libró de las manos de los
pastores, y además sacó agua para nosotras y
abrevó el rebaño.»
20 Preguntó entonces a sus hijas: «¿Y dónde
está? ¿Cómo así habéis dejado a ese
hombre? Llamadle para que coma.»
21 Aceptó Moisés morar con aquel hombre, que dio a Moisés su hija
Seforá.
22 Esta dio a luz un hijo y llamóle Guersom, pues dijo: «Forastero soy
en tierra extraña.»
23 Durante este largo período murió el rey de Egipto; los
israelitas, gimiendo bajo la servidumbre, clamaron, y su clamor, que
brotaba del fondo de su esclavitud, subió a Dios.
24 Oyó Dios sus gemidos, y acordóse Dios de su alianza con Abraham,
Isaac y Jacob.
25 Y miró Dios a los hijos de Israel y conoció...
Exodo 3
1 Moisés era pastor del rebaño de Jetró su suegro,
sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más
allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña
de Dios.
2 El ángel de Yahveh se le apareció en forma de llama de
fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero
que la zarza no se consumía.
3 Dijo, pues, Moisés: «Voy a acercarme para ver este
extraño caso: por qué no se consume la zarza.»
4 Cuando vio Yahveh que Moisés se acercaba para mirar, le
llamó de en medio de la zarza, diciendo:
«¡Moisés, Moisés!» El respondió:
«Heme aquí.»
5 Le dijo: «No te acerques aquí; quita las sandalias de
tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada.»
6 Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Moisés se
cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
7 Dijo Yahveh: «Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo
en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues
ya conozco sus sufrimientos.
8 He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de
esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche
y miel, al país de los cananeos, de los hititas, de los
amorreos, de los perizitas, de los jivitas y de los jebuseos.
9 Así pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta
mí y he visto además la opresión con que los
egipcios los oprimen.
10 Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón, para que saques a mi pueblo,
los israelitas, de Egipto.»
11 Dijo Moisés a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto
a los israelitas?»
12 Respondió: «Yo estaré contigo y esta será
para ti la señal de que yo te envío: Cuando hayas sacado
al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte .»
13 Contestó Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas
y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros";
cuando me pregunten: "¿Cuál es su nombre?",
¿qué les responderé?»
14 Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y
añadió: «Así dirás a los israelitas:
"Yo soy" me ha enviado a vosotros.»
15 Siguió Dios diciendo a Moisés: «Así
dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el
Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a
vosotros. Este es mi nombre para siempre, por él seré
invocado de generación en generación.»
16 «Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles:
"Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de
Jacob, se me apareció y me dijo: Yo os he visitado y he visto lo
que os han hecho en Egipto.
17 Y he decidido sacaros de la tribulación de Egipto al
país de los cananeos, los hititas, los amorreos, perizitas,
jivitas y jebuseos, a una tierra que mana leche y miel."
18 Ellos escucharán tu voz, y tú irás con los
ancianos de Israel donde el rey de Egipto; y le diréis: "Yahveh,
el Dios de los hebreos, se nos ha aparecido. Permite, pues, que vayamos
camino de tres días al desierto, para ofrecer sacrificios a
Yahveh, nuestro Dios."
19 Ya sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino forzado por mano
poderosa.
20 Pero yo extenderé mi mano y heriré a Egipto con toda
suerte de prodigios que obraré en medio de ellos y
después os dejará salir.»
21 «Yo haré que este pueblo halle gracia a los ojos de los
egipcios, de modo que cuando partáis, no saldréis con las
manos vacías,
22 sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que mora en su
casa objetos de plata, objetos de oro y vestidos, que pondréis a
vuestros hijos y a vuestras hijas, y así despojaréis a
los egipcios.»
Exodo 4
1 Respondió Moisés y dijo: «No van a creerme, ni
escucharán mi voz; pues dirán: "No se te ha aparecido
Yahveh."»
2 Díjole Yahveh: «¿Qué tienes en tu
mano?» «Un cayado», respondió él.
3 Yahveh le dijo: «Echalo a tierra.» Lo echó a
tierra y se convirtió en serpiente; y Moisés huyó
de ella.
4 Dijo Yahveh a Moisés: «Extiende tu mano y
agárrala por la cola.» Extendió la mano, la
agarró, y volvió a ser cayado en su mano...
5 «Para que crean que se te ha aparecido Yahveh, el Dios de sus
padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.»
6 Y añadió Yahveh: «Mete tu mano en el
pecho.» Metió él la mano en su pecho y cuando la
volvió a sacar estaba cubierta de lepra, blanca como la nieve.
7 Y le dijo: «Vuelve a meter la mano en tu pecho.» La
volvió a meter y, cuando la sacó de nuevo, estaba ya como
el resto de su carne.
8 «Así pues, si no te creen ni escuchan la voz por la primera señal,
creerán por la segunda.
9 Y si no creen tampoco por estas dos señales y no escuchan tu
voz, tomarás agua del Río y la derramarás en el
suelo; y el agua que saques del Río se convertirá en
sangre sobre el suelo.»
10 Dijo Moisés a Yahveh: «¡Por favor, Señor!
Yo no he sido nunca hombre de palabra fácil, ni aun
después de haber hablado tú con tu siervo; sino que soy
torpe de boca y de lengua.»
11 Le respondió Yahveh: «¿Quién ha dado al
hombre la boca? ¿? Quién hace al mudo y al sordo, al que
ve y al ciego? ¿No soy yo, Yahveh?
12 Así pues, vete, que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes
decir.»
13 El replicó: «Por favor, envía a quien quieras.»
14 Entonces se encendió la ira de Yahveh contra Moisés, y
le dijo: «¿No tienes a tu hermano Aarón el levita?
Sé que él habla bien; he aquí que justamente ahora
sale a tu encuentro, y al verte se alegrará su corazón.
15 Tu le hablarás y pondrás las palabras en su boca; yo
estaré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo
que habéis de hacer.
16 El hablará por ti al pueblo, él será tu boca y tú serás su dios.
17 Toma también en tu mano este cayado, porque con él has de hacer las
señales.»
18 Moisés volvió y regresó a casa de Jetró,
su suegro, y le dijo: «Con tu permiso, me vuelvo a ver a mis
hermanos de Egipto para saber si viven todavía.» Dijo
Jetró a Moisés: «Vete en paz.»
19 Yahveh dijo a Moisés en Madián: «Anda, vuelve a
Egipto ; pues han muerto todos los que buscaban tu muerte.»
20 Tomó, pues, Moisés a su mujer y a su hijo y,
montándolos sobre un asno, volvió a la tierra de Egipto.
Tomó también Moisés el cayado de Dios en su mano.
21 Y dijo Yahveh a Moisés: «Cuando vuelvas a Egipto,
harás delante de Faraón todos los prodigios que yo he
puesto en tu mano; yo, por mi parte, endureceré su
corazón, y no dejará salir al pueblo.
22 Y dirás a Faraón: Así dice Yahveh: Israel es mi hijo, mi primogénito.
23 Yo te he dicho: "Deja ir a mi hijo para que me dé culto,"
pero como tú no quieres dejarle partir, mira que yo voy a matar
a tu hijo, a tu primogénito.»
24 Y sucedió que en el camino le salió al encuentro
Yahveh en el lugar donde pasaba la noche y quiso darle muerte.
25 Tomó entonces Seforá un cuchillo de pedernal y,
cortando el prepucio de su hijo, tocó los pies de Moisés,
diciendo: «Tú eres para mí esposo de sangre.»
26 Y Yahveh le soltó; ella había dicho: «esposo de sangre», por la
circuncisión.
27 Dijo Yahveh a Aarón: «Vete al desierto al encuentro de
Moisés.» Partió, pues, y le encontró en el
monte de Dios y le besó.
28 Moisés contó a Aaron todas las palabras que Yahveh le
había encomendado y todas las señales que le había
mandado hacer.
29 Fueron, pues, Moisés y Aarón y reunieron a todos los ancianos de los
israelitas.
30 Aarón refirió todas las palabras que Yahveh
había dicho a Moisés, el cual hizo las señales
delante del pueblo.
31 El pueblo creyó, y al oír que Yahveh había
visitado a los israelitas y había visto su aflicción, se
postraron y adoraron.
Exodo 5
1 Después se presentaron Moisés y Aarón a
Faraón y le dijeron: «Así dice Yahveh, el Dios de
Israel: Deja salir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el
desierto.»
2 Respondió Faraón: «¿Quién es Yahveh
para que yo escuche su voz y deje salir a Israel? No conozco a Yahveh y
no dejaré salir a Israel.»
3 Ellos dijeron: «El Dios de los hebreos se nos ha aparecido;
permite, pues, que vayamos camino de tres días al desierto para
ofrecer sacrificios a Yahveh, nuestro Dios, no sea que nos castigue con
peste o espada.»
4 El rey de Egipto les replicó: «¿Por qué
vosotros, Moisés y Aarón, apartáis al pueblo de
sus trabajos? Idos a vuestra tarea.»
5 Y añadió Faraón: «Ahora que el pueblo de
esa región es numeroso ¿queréis interrumpir sus
trabajos?»
6 Aquel mismo día dio Faraón esta orden a los capataces del pueblo y a
los escribas:
7 «Ya no daréis como antes paja al pueblo para hacer ladrillos; que
vayan ellos mismos a buscársela.
8 Pero que hagan la misma cantidad de ladrillos que hacían
antes, sin rebajarla; pues son unos perezosos. Y por eso claman
diciendo: Vamos a ofrecer sacrificios a nuestro Dios.
9 Que se aumente el trabajo de estos hombres para que estén
ocupados en él y no den oídos a palabras mentirosas.
10 Salieron los capataces del pueblo diciendo: «Esto dice Faraón: No os
daré ya más paja;
11 id vosotros mismos a buscárosla donde la podáis
hallar. Pero vuestra tarea no se disminuirá en nada.»
12 Esparcióse, pues, el pueblo por el país de Egipto en busca de
rastrojo para emplearlo como paja.
13 Los capataces por su lado los apremiaban, diciendo: «Terminad
la tarea que os ha sido fijada para cada día, como cuando
había paja.»
14 A los escribas de los israelitas, que los capataces de Faraón
habían puesto al frente de aquéllos, se les
castigó, diciéndoles: «¿Por qué no
habéis hecho, ni ayer ni hoy, la misma cantidad de ladrillos que
antes?»
15 Los escribas de los israelitas fueron a quejarse a Faraón,
diciendo: «¿Por qué tratas así a tus siervos?
16 No se da paja a tus siervos y sin embargo nos dicen: "Haced
ladrillos." Y he aquí que tus siervos son castigados...»
17 El respondió: «Haraganes sois, grandes haraganes; por
eso decís: "Vamos a ofrecer sacrificios a Yahveh."
18 Pues, id a trabajar; no se os dará paja, y habéis de
entregar la cantidad de ladrillos señalada.»
19 Los escribas de los israelitas se vieron en grande aprieto, pues les
ordenaron: «No disminuiréis vuestra producción
diaria de ladrillos.»
20 Encontráronse, pues, con Moisés y Aarón, que
les estaban esperando a la salida de su entrevista con Faraón,
21 y les dijeron: Que Yahveh os examine y que él os juzgue por
habernos hecho odiosos a Faraón y a sus siervos y haber puesto
la espada en sus manos para matarnos.»
22 Volvióse entonces Moisés a Yahveh y dijo:
«Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo?
¿por qué me has enviado?
23 Pues desde que fui a Faraón para hablarle en tu nombre
está maltratando a este pueblo, y tú no haces nada por
librarle.»
Exodo 6
1 Respondió Yahveh a Moisés: «Ahora verás lo
que voy a hacer con Faraón; porque bajo fuerte mano
tendrá que dejarles partir y bajo fuerte mano él mismo
los expulsará de su territorio.»
2 Habló Dios a Moisés y le dijo: «Yo soy Yahveh.
3 Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como El Sadday; pero mi
nombre de Yahveh no se lo di a conocer.
4 También con ellos establecí mi alianza, para darles la
tierra de Canaán, la tierra en que peregrinaron y en la que
moraron como forasteros.
5 Y ahora, al oír el gemido de los israelitas, reducidos a esclavitud
por los egipcios, he recordado mi alianza.
6 Por tanto, di a los hijos de Israel: Yo soy Yahveh; Yo os
libertaré de los duros trabajos de los egipcios, os
libraré de su esclavitud y os salvaré con brazo tenso y
castigos grandes.
7 Yo os haré mi pueblo, y seré vuestro Dios; y
sabréis que yo soy Yahveh, vuestro Dios, que os sacaré de
la esclavitud de Egipto.
8 Yo os introduciré en la tierra que he jurado dar a Abraham, a
Isaac y a Jacob, y os la daré en herencia. Yo, Yahveh.»
9 Moisés dijo esto a los israelitas; pero ellos no escucharon a Moisés,
consumidos por la dura servidumbre.
10 Entonces Yahveh habló a Moisés diciendo:
11 «Ve a hablar con Faraón, rey de Egipto, para que deje salir a los
israelitas fuera de su territorio.»
12 Respondió Moisés ante Yahveh: «Si los israelitas
no escuchan: ¿cómo me va a escuchar Faraón, a
mí que soy torpe de palabra?»
13 Pero Yahveh habló a Moisés y a Aarón, y les dio
órdenes para los israelitas y para Faraón, rey de Egipto,
a fin de sacar del país de Egipto a los israelitas.
14 Estos son los jefes de sus casas paternas: Hijos de Rubén,
primogénito de Israel: Henoc, Pallú, Jesrón y
Karmí, éstas son las familias de Rubén.
15 Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yakín,
Sójar y Saúl, hijo de la cananea; éstas son las
familias de Simeón.
16 Y éstos son los nombres de los hijos de Leví por sus
linajes: Guerson, Quehat, Merarí. Los años de la vida de
Leví fueron 137.
17 Hijos de Guerson: Libní y Simei según sus familias.
18 Hijos de Quehat: Amram, Yishar, Hebrón y Uzziel. Los años de la vida
de Quehat fueron 133 años.
19 Hijos de Merarí: Majlí y Musí. Estas son las familias de los
levitas, por sus linajes.
20 Amram tomó por mujer a Yokébed, su tía, de la
cual nacieron Aarón y Moisés. Y los años de la
vida de Amram fueron 137.
21 Hijos de Yishar: Coré, Néfeg y Zikrí.
22 Hijos de Uzziel: Missael, Elsafán y Sitrí.
23 Aarón tomó por mujer a Isabel, hija de Amminadab,
hermana de Najsón; de la cual le nacieron Nadab, Abihú,
Eleazar e Itamar.
24 Hijos de Coré: Assir, Elcaná y Abiasaf. Estas son la familias de los
coreítas.
25 Eleazar, hijo de Aarón, tomó por mujer a una de las
hijas de Putiel y de ella nació Pinjás. Estos son los
jefes de las casas paternas de los levitas, según sus familias.
26 Estos son, pues, aquel Aarón y aquel Moisés a quienes
dijo Yahveh: «Sacad a los israelitas de la tierra de Egipto en
orden de campaña.»
27 Estos son los que hablaron a Faraón, rey de Egipto, para
sacar de Egipto a los israelitas. Estos son Moisés y
Aarón.
28 El día en que Yahveh habló a Moisés en el país de Egipto,
29 le dijo: «Yo soy Yahveh; di a Faraón, rey de Egipto, cuanto yo te
diga.»
30 Moisés respondió ante Yahveh: «Siendo yo torpe
de palabra, ¿cómo me va a escuchar Faraón?»
Exodo 7
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Mira que te he constituido como
dios para Faraón y Aarón, tu hermano, será tu
profeta;
2 tú le dirás cuanto yo te mande; y Aarón, tu
hermano, se lo dirá a Faraón, para que deje salir de su
país a los israelitas.
3 Yo, por mi parte, endureceré el corazón de
Faraón, y multiplicaré mis señales y mis prodigios
en el país de Egipto.
4 Faraón no os escuchará, pero yo pondré mi mano
sobre Egipto y sacaré de la tierra de Egipto a mi
ejército, mi pueblo, los israelitas, a fuerza de duros castigos.
5 Y los egipcios reconocerán que yo soy Yahveh, cuando extienda
mi mano sobre Egipto y saque de en medio de ellos a los hijos de
Israel.»
6 Moisés y Aarón hicieron lo que les mandó Yahveh.
7 Tenía Moisés ochenta años, y Aarón 83 cuando hablaron a Faraón.
8 Habló Yahveh a Moisés y Aarón, y dijo:
9 «Cuando Faraón os diga: Haced algún prodigio,
dirás a Aarón: "Toma tu cayado y échalo delante de
Faraón, y que se convierta en serpiente."»
10 Presentáronse, pues, Moisés y Aarón a
Faraón, e hicieron lo que Yahveh había ordenado:
Aarón echó su cayado delante de Faraón y de sus
servidores, y se convirtió en serpiente.
11 También Faraón llamó a los sabios y a los
hechiceros, y también ellos, los sabios egipcios, hicieron con
sus encantamientos las mismas cosas.
12 Echó cada cual su vara, y se trocaron en serpientes; pero el cayado
de Aarón devoró sus varas.
13 Sin embargo el corazón de Faraón se endureció,
y no les escuchó, conforme había predicho Yahveh.
14 Entonces dijo Yahveh a Moisés: «El corazón de
Faraón es obstinado; se niega a dejar salir al pueblo.
15 Preséntate a Faraón por la mañana, cuando vaya
a la ribera. Le saldrás al encuentro a la orilla del Río,
llevando en tu mano el cayado que se convirtió en serpiente.
16 Y le dirás: Yahveh, el Dios de los hebreos, me ha enviado a
ti para decirte: "Deja partir a mi pueblo, para que me den culto en el
desierto"; pero hasta el presente no has escuchado.
17 Así dice Yahveh: En esto conoceras que yo soy Yahveh: Mira
que voy a golpear con el cayado que tengo en la mano las aguas del
Río, y se convertirán en sangre.
18 Los peces del Río morirán, y el Río
quedará apestado de modo que los egipcios no podrán ya
beber agua del Río.»
19 Yahveh dijo a Moisés: «Di a Aarón: Toma tu
cayado, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus
canales, sobre sus ríos, sobre sus lagunas y sobre todos sus
depósitos de agua. Se convertirán en sangre; y
habrá sangre en toda la tierra de Egipto, hasta en los
árboles y la piedras.»
20 Moisés y Aarón hicieron lo que Yahveh les había
mandado: alzó el cayado y golpeó las aguas que hay en el
Rió en presencia de Faraón y de sus servidores, y todas
las aguas del Rió se convirtieron en sangre.
21 Los peces del Río murieron, el Río quedó
apestado de modo que los egipcios nos pudieron beber el agua del
Río; hubo sangre en todo el país de Egipto.
22 Pero lo mismo hicieron con sus encantamientos los magos de Egipto; y
el corazón de Faraón se endureció y no les
escuchó, como había dicho Yahveh.
23 Se volvió Faraón y entró en su casa sin hacer caso de ello.
24 Y todos los egipcios tuvieron que cavar en los alrededores del
Río en busca de agua potable, porque no podían beber las
aguas del Río.
25 Pasaron siete días desde que Yahveh hirió el Río.
26 Y dijo Yahveh a Moisés: «Preséntate a
Faraón y dile: Así dice Yahveh: "Deja salir a mi pueblo
para que me dé culto."
27 Si te niegas a dejarle partir infestaré de ranas todo tu país.
28 El Río bullirá de ranas, que subirán y
entrarán en tu casa, en tu dormitorio y en tu lecho, en las
casas de tus servidores y en tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas.
29 Subirán la ranas sobre ti, sobre tu pueblo, y sobre tus siervos.»
Exodo 8
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Di a Aarón: Extiende tu
mano con tu cayado sobre los canales, sobre los ríos y sobre las
lagunas, y haz que suban las ranas sobre la tierra de Egipto.»
2 Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto; subieron la ranas y
cubrieron la tierra de Egipto.
3 Pero los magos hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron
subir las ranas sobre la tierra de Egipto.
4 Faraón llamó a Moisés y a Aarón y dijo:
«Pedid a Yahveh que aparte las ranas de mí y de mi pueblo,
y yo dejaré salir al pueblo para que ofrezca sacrificios a
Yahveh.»
5 Respondió Moisés a Faraón: «Dígnate
indicarme cuándo he de rogar por ti, por tus siervos y por tu
pueblo, para que se alejen las ranas de ti y de tus casas, y queden
solamente en el Río.»
6 «Mañana», contestó el. Replicó
Moisés: «Será conforme a tu palabra, para que sepas
que no hay como Yahveh, nuestro Dios.
7 Las ranas se apartarán de ti, de tus casas, de tus siervos y
de tu pueblo, y quedarán sólo en el Río.»
8 Salieron Moisés y Aarón de la presencia de
Faraón, invocó Moisés a Yahveh acerca de las ranas
que afligían a Faraón,
9 y Yahveh hizo lo que Moisés pedía: murieron las ranas de las casas,
de los patios y de los campos.
10 Las juntaron en montones y el país apestaba.
11 Pero Faraón viendo que tenía este respiro,
endureció su corazón, y no les escuchó como
había predicho Yahveh.
12 Dijo Yahveh a Moisés: «Di a Aarón: extiende tu
cayado y golpea el polvo de la tierra que se convertirá en
mosquitos sobre todo el país de Egipto.»
13 Así lo hicieron: Aarón extendió su mano con el
cayado y golpeó el polvo de la tierra; y hubo mosquitos sobre
los hombres y sobre los ganados. Todo el polvo de la tierra se
convirtió en mosquitos sobre todo el país de Egipto.
14 Los magos intentaron con sus encantamientos hacer salir mosquitos,
pero no pudieron. Hubo, pues, mosquitos sobre hombres y ganados.
15 Dijeron los magos a Faraón: «¡es el dedo de
Dios!» Pero el corazón de Faraón se
endureció, y no les escuchó, como había dicho
Yahveh.
16 Yahveh dijo a Moisés: «Levántate muy de
mañana, preséntate a Faraón cuando vaya a la
ribera, y dile: Así dice Yahveh: "Deja salir a mi pueblo, para
que me dé culto."
17 Si no dejas salir a mi pueblo, mira que voy a enviar tábanos
contra ti, contra tus siervos, tu pueblo y tus casas, de manera que las
casas de los egipcios y hasta el suelo sobre el cual están se
llenarán de tábanos.
18 Pero exceptuaré ese día la región de Gosen,
donde está mi pueblo, para que no haya allí
tábanos, a fin de que sepas que yo soy Yahveh en medio de la
tierra;
19 haré distinción entre mi pueblo y el tuyo. Este prodigio sucederá
mañana.»
20 Así lo hizo Yahveh, y un enorme enjambre de tábanos
vino sobre la casa de Faraón y la casas de sus siervos; y toda
la tierra de Egipto; la tierra fue devastada por los tábanos.
21 Entonces llamó Faraón a Moisés y a Aarón
y les dijo: «Id y ofreced sacrificios a vuestro Dios en este
país.»
22 Moisés respondió: «No conviene que se haga
así, porque el sacrificio que ofrecemos a Yahveh, nuestro Dios,
es abominación para los egipcios. ¿No nos
apedrearían los egipcios si ofreciéramos ante sus ojos un
sacrificio que para ellos es abominable?
23 Iremos tres jornadas de camino por el desierto, y allí
ofreceremos sacrificios a Yahveh, nuestro Dios, según él
nos ordena.»
24 Contestó Faraón: «Os dejaré ir, para que
ofrezcáis en el desierto sacrificios a Yahveh, vuestro Dios, con
tal que no vayáis demasiado lejos. Rogad por mí.»
25 Moisés respondió: «En cuanto salga rogaré
a Yahveh, y mañana los tábanos se alejarán de
Faraón, de sus siervos y de su pueblo; pero que no nos siga
engañando Faraón, impidiendo que el pueblo vaya a ofrecer
sacrificios a Yahveh.»
26 Salió, pues, Moisés de la presencia de Faraón, y rogó a Yahveh.
27 Hizo Yahveh lo que Moisés pedía, y alejó los
tábanos del Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sin
quedar ni uno.
28 Pero también esta vez endureció Faraón su corazón y no dejó salir al
pueblo.
Exodo 9
1 Yahveh dijo a Moisés: «Preséntate a Faraón
y dile: Así dice Yahveh, el Dios de los hebreos: "Deja salir a
mi pueblo para que me den culto."
2 Si te niegas a dejarles salir y los sigues reteniendo,
3 mira que la mano de Yahveh caerá sobre tus ganados del campo,
sobre los caballos, sobre los asnos, sobre los camellos, sobre la
vacadas y sobre las ovejas; habrá una grandísima peste.
4 Pero Yahveh hará distinción entre el ganado de Israel y
el ganado de los egipcios, de modo que nada perecerá de lo
perteneciente a Israel.»
5 Y Yahveh fijó el plazo, diciendo: «Mañana hará esto Yahveh en el
país.»
6 Al día siguiente cumplió Yahveh su palabra y
murió todo el ganado de los egipcios; mas del ganado de los
israelitas no murió ni una sola cabeza.
7 Faraón mandó hacer averiguaciones, y se vio que del
ganado de Israel no había muerto ni un solo animal. Sin embargo,
se endureció el corazón de Faraón y no dejó
salir al pueblo.
8 Dijo Yahveh a Moisés y a Aarón: «Tomad dos
grandes puñados de hollín de horno, y que Moisés
lo lance hacia el cielo, en presencia de Faraón;
9 se convertirá en polvo fino sobre todo el territorio de
Egipto, y formará erupciones pustulosas, en hombres y ganados,
por toda la tierra de Egipto.»
10 Tomaron, pues, hollín de horno y presentándose ante
Faraón, lo lanzó Moisés hacia el cielo, y hubo
erupciones pustulosas en hombres y ganados.
11 Ni los magos pudieron permanecer delante de Moisés a causa de
las erupciones; pues los magos tenían las mismas erupciones que
todos los egipcios.
12 Pero Yahveh endureció el corazón de Faraón, que
nos les escuchó, según Yahveh había dicho a
Moisés.
13 Dijo Yahveh a Moisés: «Levántate de
mañana, preséntate a Faraón y dile: Así
dice Yahveh, el Dios de los hebreos: "Deja salir a mi pueblo para que
me den culto."
14 Porque esta vez voy a enviar todas mis plagas sobre ti, sobre tus
siervos y sobre tu pueblo para que sepas que no hay como yo en toda la
tierra.
15 Si yo hubiera extendido mi mano y te hubiera herido a ti y a tu
pueblo con peste, ya habrías desaparecido de la tierra;
16 pero te he dejado con vida, para hacerte ver mi poder, y para que
sea celebrado mi nombre sobre toda la tierra.
17 Tú te opones todavía a mi pueblo, para no dejarle salir.
18 Pues mira que mañana, a esta hora, haré llover una
granizada tan fuerte, como no hubo otra en Egipto desde el día
en que fue fundado hasta el presente.
19 Ahora, pues, manda poner a salvo tu ganado y cuanto tienes en del
campo; porque el granizo descargará sobre todos los hombres y
animales que se hallan en el campo, y cuantos no se hayan recogido bajo
techumbre perecerán.»
20 Aquéllos de los siervos de Faraón que temieron la
palabra de Yahveh pusieron al abrigo a sus siervos y su ganado;
21 mas los que no hicieron caso de la palabra de Yahveh, dejaron en el
campo a sus siervos y su ganado.
22 Dijo Yahveh a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo,
y que caiga granizo en toda la tierra de Egipto, sobre los hombres,
sobre los ganados y sobre todas las hierbas del campo que hay en la
tierra de Egipto.»
23 Extendió Moisés su cayado hacia el cielo, y Yahveh
envió truenos y granizo; cayeron rayos sobre la tierra, y Yahveh
hizo llover granizo sobre el país de Egipto.
24 El granizo y los rayos mezclados con el granizo cayeron con fuerza
tan extraordinaria que nunca hubo semejante en toda la tierra de Egipto
desde que comenzó a ser nación.
25 El granizo hirió cuanto había en el campo en todo el
país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados. El granizo
machacó también toda la hierba del campo, y quebró
todos los árboles del campo.
26 Tan sólo en la región de Gosen, donde habitaban los israelitas, no
hubo granizo.
27 Faraón hizo llamar a Moisés y a Aarón y les
dijo: «Ahora sí, he pecado; Yahveh es el justo, y yo y mi
pueblo somos inicuos.
28 Rogad a Yahveh que cesen ya los truenos y el granizo; y os
dejaré salir. No tendréis que quedaros más tiempo
aquí.»
29 Moisés le respondió: «Cuando salga de la ciudad
extenderé mis manos hacia Yahveh, cesarán los truenos, y
no habrá más granizo, para que sepas que la tierra es de
Yahveh.
30 Pero bien sé que ni tú ni tus siervos teméis todavía a Yahveh, Dios.»
31 Fueron destrozados el lino y la cebada, pues la cebada estaba ya en
espiga, y el lino en flor.
32 El trigo y la espelta no fueron destrozados por ser tardíos.
33 Dejando a Faraón, salió Moisés de la ciudad,
extendió las manos hacia Yahveh, y cesaron los truenos y
granizos, y no cayó más lluvia sobre la tierra.
34 Cuando Faraón vio que había cesado la lluvia, el
granizo y los truenos, volvió a pecar, endureciendo su
corazón, tanto él como sus siervos.
35 Endurecióse, pues, el corazón de Faraón y no
dejó salir a los israelitas como Yahveh había dicho por
boca de Moisés.
Exodo 10
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Ve a Faraón, porque he
endurecido su corazón y el corazón de sus siervos, para
obrar estas señales mías en medio de ellos;
2 y para que puedas contar a tu hijo, y al hijo de tu hijo, cómo
me divertí con Egipto y las señales que realicé
entre ellos, y sepáis que yo soy Yahveh.»
3 Fueron, pues, Moisés y Aarón donde Faraón y le
dijeron: «Así dice Yahveh, el Dios de los hebreos:
¿Hasta cuándo te resistirás a humillarte ante
mí? Deja salir a mi pueblo para que me dé culto.
4 Si te niegas a dejar salir a mi pueblo, mira que mañana traeré
langostas sobre tu territorio;
5 y cubrirán la superficie del país, de suerte que ni
podrá verse el suelo. Devorarán lo que os quedó de
la granizada, y comerán todos los árboles que os crecen
en el campo.
6 Llenarán tus casas, las casas de todos los egipcios, como
nunca vieron tus padres, ni los padres de tus padres, desde el
día en que existieron sobre la tierra hasta el día de
hoy.» Y retirándose salió de la presencia de
Faraón.
7 Dijeron entonces a Faraón sus siervos: «¿Hasta
cuándo ha de ser este hombre causa de nuestra ruina? Deja salir
a esa gente y que den culto a Yahveh, su Dios. ¿Te darás
cuenta a tiempo de que Egipto se pierde?»
8 Hicieron, pues, volver a Moisés y a Aarón a la
presencia de Faraón; el cual les dijo: «Id a dar culto a
Yahveh, vuestro Dios. ¿Quiénes van a ir?»
9 Respondió Moisés: «Saldremos con nuestros
niños y nuestros ancianos, con nuestros hijos y nuestras hijas,
con nuestras ovejas y nuestras vacadas; porque es nuestra fiesta de
Yahveh.»
10 Contestóles: «¡Así esté Yahveh con
vosotros como voy a dejaros salir a vosotros con vuestros
pequeños! Ved cómo a la vista están vuestras malas
intenciones.
11 No será así; salid si queréis los varones solos
y dad culto a Yahveh, pues eso es lo que buscabais.» Y fueron
echados de la presencia de Faraón.
12 Yahveh dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre la tierra
de Egipto para que venga la langosta; que suba sobre el país de
Egipto y coma toda la hierba del país, todo lo que dejó
el granizo.»
13 Moisés extendió su cayado sobre la tierra de Egipto; y
Yahveh hizo soplar el solano sobre el país todo aquel día
y toda la noche. Y cuando amaneció, el solano había
traído la langosta.
14 La langosta invadió todo el país de Egipto, y se
posó en todo el territorio egipcio, en cantidad tan grande como
nunca había habido antes tal plaga de langosta ni la
habría después.
15 Cubrieron toda la superficie del país hasta oscurecer la
tierra; devoraron toda la hierba del país y todos los frutos de
los árboles que el granizo había dejado; no quedó
nada verde ni en los árboles ni en las hierbas del campo en toda
la tierra de Egipto.
16 Entonces Faraón llamó a toda prisa a Moisés y a
Aaron, y dijo: «He pecado contra Yahveh, vuestro Dios, y contra
vosotros.
17 Ahora, pues, perdonad por favor mi pecado, siquiera por esta vez;
rogad a Yahveh, vuestro Dios, que aparte de mí al menos esta
mortandad.»
18 Salió Moisés de la presencia de Faraón y rogó a Yahveh.
19 Yahveh hizo que soplara con gran violencia un viento del mar que se
llevó la langosta y la echó al mar de Suf. No
quedó ni una langosta en todo el territorio de Egipto.
20 Pero Yahveh endureció el corazón de Faraón, que no dejó salir a los
israelitas.
21 Yahveh dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo,
y haya sobre la tierra de Egipto tinieblas que puedan palparse.»
22 Extendió, pues, Moisés su mano hacia el cielo, y hubo
por tres días densas tinieblas en todo el país de Egipto.
23 No se veían unos a otros, y nadie se levantó de su
sitio por espacio de tres días, mientras que todos los
israelitas tenían luz en sus moradas.
24 Llamó Faraón a Moisés y dijo: «Id y dad
culto a Yahveh; que se queden solamente vuestras ovejas y vuestras
vacadas. También vuestros pequeños podrán ir con
vosotros.»
25 Respondió Moisés: «Nos tienes que conceder
también sacrificios y holocaustos, para que los ofrendemos a
Yahveh, nuestro Dios.
26 También nuestro ganado ha de venir con nosotros. No
quedará ni una pezuña; porque de ellos hemos de tomar
para dar culto a Yahveh, nuestro Dios. Y no sabemos todavía
qué hemos de ofrecer a Yahveh hasta que lleguemos
allá.»
27 Yahveh endureció el corazón de Faraón, que no quiso dejarles salir.
28 Y dijo Faraón a Moisés: «¡Retírate
de mi presencia! ¡Guárdate de volver a ver mi rostro, pues
el día en que veas mi rostro, morirás!»
29 Respondió Moisés: «Tú lo has dicho: no volveré a ver tu rostro.»
Exodo 11
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Todavía traeré una
plaga más sobre Faraón y sobre Egipto; tras de lo cual os
dejará marchar de aquí y cuando, por fin, os deje salir
del país, él mismo os expulsará de aquí.
2 Habla, pues, al pueblo y que cada hombre pida a su vecino, y cada
mujer a su vecina, objetos de plata y objetos de oro.»
3 Yahveh hizo que el pueblo se ganase el favor de los egipcios.
Además, Moisés era un gran personaje en la tierra de
Egipto, tanto a los ojos de los servidores de Faraón como a los
ojos del pueblo.
4 Moisés dijo: «Así dice Yahveh: hacia media noche pasaré yo a través
de Egipto;
5 y morirá en el país de Egipto todo primogénito,
desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono
hasta el primogénito de la esclava encargada de moler,
así como todo primer nacido del ganado.
6 Y se elevará en todo el país de Egipto un alarido tan grande como
nunca lo hubo, ni lo habrá.
7 Pero entre los israelitas ni siquiera un perro ladrará ni
contra hombre ni contra bestia; para que sepáis cómo
Yahveh hace distinción entre Egipto e Israel.
8 Entonces vendrán a mí todos estos siervos tuyos y se
postrarán delante de mí, diciendo: Sal, tú y todo
el pueblo que te sigue. Y entonces, saldré.» Y, ardiendo
en cólera, salió de la presencia de Faraón.
9 Y dijo Yahveh a Moisés: «no os escuchará
Faraón, para que así pueda yo multiplicar mis prodigios
en la tierra de Egipto.»
10 Moisés y Aarón obraron todos estos prodigios ante
Faraón; pero Yahveh endureció el corazón de
Faraón, que no dejó salir de su país a los
israelitas.
Exodo 12
1 Dijo Yahveh a Moisés y Aarón en el país de Egipto:
2 «Este mes será para vosatros el comienzo de los meses; será el
primero de los meses del año.
3 Hablad a toda la comunidad de Israel y decid: El día diez de
este mes tomará cada uno para sí una res de ganado menor
por familia, una res de ganado menor por casa.
4 Y si la familia fuese demasiado reducida para una res de ganado
menor, traerá al vecino más cercano a su casa,
según el número de personas y conforme a lo que cada cual
pueda comer.
5 El animal será sin defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre los
corderos o los cabritos.
6 Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes; y toda
la asamblea de la comunidad de los israelitas lo inmolará entre
dos luces.
7 Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las
casas donde lo coman.
8 En aquella misma noche comerán la carne. La comerán asada al fuego,
con ázimos y con hierbas amargas.
9 Nada de él comeréis crudo ni cocido, sino asado, con su cabeza, sus
patas y sus entrañas.
10 Y no dejaréis nada de él para la mañana; lo que sobre al amanecer lo
quemaréis.
11 Así lo habéis de comer: ceñidas vuestras
cinturas, calzados vuestros pies, y el bastón en vuestra mano; y
lo comeréis de prisa. Es Pascua de Yahveh.
12 Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré
a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los
hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los
dioses de Egipto. Yo, Yahveh.
13 La sangre será vuestra señal en las casas donde
moráis. Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante
vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando
yo hiera el país de Egipto.
14 Este será un día memorable para vosotros, y lo
celebraréis como fiesta en honor de Yahveh de generación
en generación. Decretaréis que sea fiesta para
siempre».
15 «Durante siete días comeréis ázimos; ya
desde el primer día quitaréis de vuestras casas la
levadura. Todo el que desde el día primero hasta el día
séptimo coma pan fermentado, ese tal será exterminado de
en medio de Israel.
16 El primer día tendréis reunión sagrada;
también el día séptimo os reuniréis en
reunión sagrada. Ningún trabajo se hará en esos
días, salvo la comida para cada uno. Esto es lo único que
podréis hacer.
17 Guardad la fiesta de los Azimos, porque en ese mismo día
saqué yo vuestros ejércitos de la tierra de Egipto.
Guardad este día de generación en generación como
decreto perpetuo.
18 Comeréis ázimos en el mes primero, desde la tarde del
día catorce del mes hasta la tarde del día veintiuno.
19 No habrá levadura en vuestras casas por espacio de siete
días; todo aquel que coma algo fermentado, sea forastero o
natural del país, será exterminado de la comunidad de
Israel.
20 No comeréis nada fermentado; en todo lugar donde habitéis, comeréis
ázimos.»
21 Llamó Moisés a todos los ancianos de Israel y les
dijo: «Id en busca de reses menores para vuestras familias e
inmolad la pascua.
22 Tomaréis un manojo de hisopo, lo mojaréis en la sangre
que está en la vasija y untaréis el dintel y las dos
jambas con la sangre de la vasija; y ninguno de vosotros saldrá
de la puerta de su casa hasta la mañana.
23 Yahveh pasará y herirá a los egipcios, pero al ver la
sangre en el dintel y en las dos jambas, Yahveh pasará de largo
por aquella puerta y no permitirá que el Exterminador entre en
vuestras casas para herir.
24 Guardad este mandato como decreto perpetuo para vosotros y vuestros
hijos.
25 También guardaréis este rito cuando entréis en
la tierra que os dará Yahveh, según su promesa.
26 Y cuando os pregunten vuestros hijos: "¿Qué significa para vosotros
este rito?",
27 responderéis: "Este es el sacrificio de la Pascua de Yahveh,
que pasó de largo por las casas de los israelitas en Egipto
cuando hirió a los egipcios y salvó nuestras
casas."» Entonces el pueblo se postró para adorar.
28 Fueron los israelitas e hicieron lo que había mandado Yahveh
a Moisés y a Aarón; así lo hicieron.
29 Y sucedió que, a media noche, Yahveh hirió en el
país de Egipto a todos los primogénitos, desde el
primogénito de Faraón, que se sienta sobre su trono,
hasta el primogénito del preso en la cárcel, y a todo
primer nacido del ganado.
30 Levantóse Faraón aquella noche, con todos sus
servidores y todos los egipcios; y hubo grande alarido en Egipto,
porque no había casa donde no hubiese un muerto.
31 Llamó Faraón a Moisés y a Aarón, durante
la noche, y les dijo: «Levantaos y salid de en medio de mi
pueblo, vosotros y los israelitas, e id a dar culto a Yahveh, como
habéis dicho.
32 Tomad también vuestros rebaños y vuestras vacadas,
como dijisteis. Marchaos y bendecidme también a mí.»
33 Los egipcios por su parte instaban al pueblo para acelerar su salida
del país, pues decían. «Vamos a morir todos.»
34 Tomó, pues, el pueblo la masa, antes que fermentara y,
envolviendo en los mantos las artesas de la harina, se las cargaron a
hombros.
35 Los israelitas hicieron lo que les dijo Moisés y pidieron a
los egipcios objetos de plata, objetos de oro y vestidos.
36 Yahveh hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, los
cuales se los prestaron. Así despojaron a los egipcios.
37 Los israelitas partieron de Ramsés hacia Sukkot, unos 600.000
hombres de a pie, sin contar los niños.
38 Salió también con ellos una muchedumbre abigarrada y grandes rebaños
de ovejas y vacas.
39 De la masa que habían sacado de Egipto cocieron tortas
ázimas, porque no había fermentado todavía; pues
al ser echados de Egipto no pudieron tomar víveres ni
provisiones para el camino.
40 Los israelitas estuvieron en Egipto 430 años.
41 El mismo día que se cumplían los 430 años,
salieron de la tierra de Egipto todos los ejércitos de Yahveh.
42 Noche de guardia fue ésta para Yahveh, para sacarlos de la
tierra de Egipto. Esta misma noche será la noche de guardia en
honor de Yahveh para todos los israelitas, por todas sus generaciones.
43 Dijo Yahveh a Moisés y a Aarón: «Estas son las
normas sobre la Pascua: no comerá de ella ningún
extranjero.
44 Todo siervo, comprado por dinero, a quien hayas circuncidado, podrá
comerla.
45 Pero el residente y el jornalero no la comerán.
46 Se ha de comer dentro de casa; no sacaréis fuera de casa nada de
carne, ni le quebraréis ningún hueso.
47 Toda la comunidad de Israel la celebrará.
48 Si un forastero que habita contigo quiere celebrar la Pascua de
Yahveh, que se circunciden todos sus varones, y entonces podrá
acercarse para celebrarla, pues será como los nativos; pero
ningún incircunciso podrá comerla.
49 Una misma ley habrá para el nativo y para el forastero que habita en
medio de vosotros.»
50 Así lo hicieron todos los israelitas. Tal como había
mandado Yahveh a Moisés y a Aarón, así lo hicieron.
51 Y en aquel mismo día sacó Yahveh del país de Egipto a los israelitas
en orden de campaña.
Exodo 13
1 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:
2 «Conságrame todo primogénito, todo lo que abre el
seno materno entre los israelitas. Ya sean hombres o animales,
míos son todos.»
3 Dijo, pues, Moisés al pueblo: «Acordaos de este
día en que salisteis de Egipto, de la casa de servidumbre, pues
Yahveh os ha sacado de aquí con mano fuerte; y no comáis
pan fermentado.
4 Salís hoy, en el mes de Abib.
5 Así, cuando Yahveh te haya introducido en la tierra de los
cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los jivitas y de los
jebuseos, que juró a tus padres que te daría, tierra que
mana leche y miel, celebrarás ese rito en este mes.
6 Siete días comerás ázimos y el día séptimo será fiesta de Yahveh.
7 Se comerán ázimos durante siete días, y no se
verá pan fermentado en tu casa, ni levadura en tu casa, en todo
tu territorio.
8 En aquel día harás saber a tu hijo: "Esto es con motivo
de lo que hizo conmigo Yahveh cuando salí de Egipto."
9 Y esto te servirá como señal en tu mano, y como
recordatorio ante tus ojos, para que la ley de Yahveh esté en tu
boca; porque con mano fuerte te sacó Yahveh de Egipto.
10 Guardarás este precepto, año por año, en el tiempo debido.»
11 Cuando Yahveh te haya introducido en la tierra del cananeo, como lo
tiene jurado a ti y a tus padres, y te la haya dado,
12 consagrarás a Yahveh todo lo que abre el seno materno. Todo
primer nacido de tus ganados, si son machos, pertenecen también
a Yahveh.
13 Todo primer nacido del asno lo rescatarás con un cordero; y
si no lo rescatas lo desnucarás. Rescatarás
también todo primogénito de entre tus hijos.
14 Y cuando el día de mañana te pregunte tu hijo:
"¿Qué significa esto?", le dirás: "Con mano fuerte
nos sacó Yahveh de Egipto, de la casa de servidumbre."
15 Como Faraón se obstinó en no dejarnos salir, Yahveh
mató a todos los primogénitos en el país de
Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el
primogénito del ganado. Por eso sacrifico a Yahveh todo macho
que abre el seno materno, y rescato todo primogénito de mis
hijos.
16 Esto será como señal en tu mano y como insignia entre
tus ojos; porque con mano fuerte nos sacó Yahveh de
Egipto.»
17 Cuando Faraón dejó salir al pueblo, Dios no los
llevó por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era
más corto; pues se dijo Dios: «No sea que, al verse
atacado, se arrepienta el pueblo y se vuelva a Egipto.»
18 Hizo Dios dar un rodeo al pueblo por el camino del desierto del mar
de Suf. Los israelitas salieron bien equipados del país de
Egipto.
19 Moisés tomó consigo los huesos de José, pues
éste había hecho jurar solemnemente a los israelitas,
diciendo: « Ciertamente Dios os visitará, y entonces
llevaos de aquí mis huesos con vosotros."
20 Partieron de Sukkot y acamparon en Etam, al borde del desierto.
21 Yahveh iba al frente de ellos, de día en columna de nube para
guiarlos por el camino, y de noche en columna de fuego para
alumbrarlos, de modo que pudiesen marchar de día y de noche.
22 No se apartó del pueblo ni la columna de nube por el día, ni la
columna de fuego por la noche.
Exodo 14
1 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:
2 «Di a los israelitas que se vuelvan y acampen frente a Pi
Hajirot, entre Migdol y el mar, enfrente de Baal Sefón. Frente a
ese lugar acamparéis, junto al mar.
3 Faraón dirá de los israelitas: "Andan errantes en el país, y el
desierto les cierra el paso."
4 Yo endureceré el corazón de Faraón, y os
perseguirá; pero yo manifestaré mi gloria a costa de
Faraón y de todo su ejército, y sabrán los
egipcios que yo soy Yahveh.» Así lo hicieron.
5 Cuando anunciaron al rey de Egipto que había huido el pueblo,
se mudó el corazón de Faraón y de sus servidores
respecto del pueblo, y dijeron: «¿Qué es lo que
hemos hecho dejando que Israel salga de nuestro servicio?»
6 Faraón hizo enganchar su carro y llevó consigo sus tropas.
7 Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto,
montados por sus combatientes.
8 Endureció Yahveh el corazón de Faraón rey de
Egipto, el cual persiguió a los israelitas, pero los israelitas
salieron con la mano alzada.
9 Los egipcios los persiguieron: todos los caballos, los carros de
Faraón, con la gente de los carros y su ejército; y les
dieron alcance mientras acampaban junto al mar, cerca de Pi Hajirot,
frente a Baal Sefón.
10 Al acercarse Faraón, los israelitas alzaron sus ojos, y
viendo que los egipcios marchaban tras ellos, temieron mucho los
israelitas y clamaron a Yahveh.
11 Y dijeron a Moisés: «¿Acaso no había
sepulturas en Egipto para que nos hayas traído a morir en el
desierto? ¿Qué has hecho con nosotros sacándonos
de Egipto?
12 ¿No te dijimos claramente en Egipto: Déjanos en paz,
queremos servir a los egipcios? Porque mejor nos es servir a los
egipcios que morir en el desierto.»
13 Contestó Moisés al pueblo: «No temáis;
estad firmes, y veréis la salvación que Yahveh os
otorgará en este día, pues los egipcios que ahora veis,
no los volveréis a ver nunca jamás.
14 Yahveh peleará por vosotros, que vosotros no tendréis que
preocuparos.»
15 Dijo Yahveh a Moisés: «¿Por qué sigues
clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha.
16 Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y
divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie
enjuto.
17 Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que
los persigan, y me cubriré de gloria a costa de Faraón y
de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros de los
carros.
18 Sabrán los egipcios que yo soy Yahveh, cuando me haya
cubierto de gloria a costa de Faraón, de sus carros y de sus
jinetes.
19 Se puso en marcha el Angel de Yahveh que iba al frente del
ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También
la columna de nube de delante se desplazó de allí y se
colocó detrás,
20 poniéndose entre el campamento de los egipcios y el
campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa y
transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto unos con
otros en toda la noche.
21 Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yahveh hizo
soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó
el mar, y se dividieron las aguas.
22 Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto, mientras que
las aguas formaban muralla a derecha e izquierda.
23 Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras
ellos, en medio del mar, todos los caballos de Faraón, y los
carros con sus guerreros.
24 Llegada la vigilia matutina, miró Yahveh desde la columna de
fuego y humo hacia el ejército de los egipcios, y sembró
la confusión en el ejército egipcio.
25 Trastornó la ruedas de sus carros, que no podían
avanzar sino con gran dificultad. Y exclamaron los egipcios:
«Huyamos ante Israel, porque Yahveh pelea por ellos contra los
egipcios.»
26 Yahveh dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, y las
aguas volverán sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre los
guerreros de los carros.»
27 Extendió Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el
alba volvió el mar a su lecho; de modo que los egipcios, al
querer huir, se vieron frente a las aguas. Así precipitó
Yahveh a los egipcios en medio del mar,
28 pues al retroceder las aguas cubrieron los carros y a su gente, a
todo el ejército de Faraón, que había entrado en
el mar para perseguirlos; no escapó ni uno siquiera.
29 Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar,
mientras las aguas hacían muralla a derecha e izquierda.
30 Aquel día salvó Yahveh a Israel del poder de los
egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a orillas del mar.
31 Y viendo Israel la mano fuerte que Yahveh había desplegado
contra los egipcios, temió el pueblo a Yahveh, y creyeron en
Yahveh y en Moisés, su siervo.
Exodo 15
1 Entonces Moisés y los israelitas cantaron este cántico
a Yahveh. Dijeron: «Canto a Yahveh pues se cubrió de
gloria arrojando en el mar caballo y carro.
2 Mi fortaleza y mi canción es Yah. El es mi salvación.
El, mi Dios, yo le glorifico, el Dios de mi padre, a quien exalto.
3 ¡Un guerrero Yahveh, Yahveh es su nombre!
4 Los carros de Faraón y sus soldados precipitó en el mar. La flor de
sus guerreros tragó el mar de Suf;
5 cubriólos el abismo, hasta el fondo cayeron como piedra.
6 Tu diestra, Yahveh,relumbra por su fuerza; tu diestra, Yahveh,
aplasta al enemigo.
7 En tu gloria inmensa derribas tus contrarios, desatas tu furor y los
devora como paja.
8 Al soplo de tu ira se apiñaron las aguas, se irguieron las
olas como un dique, los abismos cuajaron en el corazón del mar.
9 Dijo el enemigo: «Marcharé a su alcance,
repartiré despojos, se saciará mi alma, sacaré mi
espada y los aniquilará mi mano.»
10 Mandaste tu soplo, cubriólos el mar; se hundieron como plomo en las
temibles aguas.
11 ¿Quién como tú, Yahveh, entre los dioses?
¿Quién como tú, glorioso en santidad, terrible en
prodigios, autor de maravillas?
12 Tendiste tu diestra y los tragó la tierra.
13 Guiaste en tu bondad al pueblo rescatado. Tu poder los condujo a tu
santa morada.
14 Oyéronlo los pueblos, se turbaron, dolor como de parto en Filistea.
15 Los príncipes de Edom se estremecieron, se angustiaron los
jefes de Moab y todas las gentes de Canaán temblaron.
16 Pavor y espanto cayó sobre ellos. La fuerza de tu brazo los
hizo enmudecer como una piedra, hasta que pasó tu pueblo, oh
Yahveh, hasta pasar el pueblo que compraste.
17 Tú le llevas y le plantas en el monte de tu herencia, hasta
el lugar que tú te has preparado para tu sede, ¡oh Yahveh!
Al santuario, Adonay, que tus manos prepararon.
18 ¡Yahveh reinará por siempre jamás!»
19 Porque cuando los caballos de Faraón y los carros con sus
guerreros entraron en el mar, Yahveh hizo que las aguas del mar
volvieran sobre ellos, mientras que los israelitas pasaron a pie enjuto
por medio del mar.
20 María, la profetisa, hermana de Aarón tomó en
sus manos un tímpano y todas la mujeres la seguían con
tímpanos y danzando en coro.
21 Y María les entonaba el estribillo: «Cantad a Yahveh
pues se cubrió de gloria. arrojando en el mar caballo y
carro.»
22 Moisés hizo partir a los israelitas del mar de Suf y se
dirigieron hacia el desierto de Sur: caminaron tres días por el
desierto sin encontrar agua.
23 Luego llegaron a Mará, porque era amarga. Por eso se llama aquel
lugar Mará.
24 El pueblo murmuró contra Moisés, diciendo: «¿Qué vamos a beber?»
25 Entonces Moisés invocó a Yahveh, y Yahveh le
mostró un madero que Moisés echó al agua, y el
agua se volvió dulce. Allí dio a Israel decretos y
normas, y allí le puso a prueba.
26 Y dijo: «Si de veras escuchas la voz de Yahveh, tu Dios, y
haces lo que es recto a sus ojos, dando oídos a sus mandatos y
guardando todos sus preceptos, no traeré sobre ti ninguna de las
plagas que envié sobre los egipcios; porque yo soy Yahveh, el
que te sana.»
27 Después llegaron a Elim, donde hay doce fuentes de agua y
setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas.
Exodo 16
1 Partieron de Elim, y toda la comunidad de los israelitas llegó
al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí, el
día quince del segundo mes después de su salida del
país de Egipto.
2 Toda la comunidad de los israelitas empezó a murmurar contra Moisés y
Aarón en el desierto.
3 Los israelitas les decían: «¡Ojalá
hubiéramos muerto a manos de Yahveh en la tierra de Egipto
cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando
comíamos pan hasta hartarnos! Vosotros nos habéis
traído a este desierto para matar de hambre a toda esta
asamblea.»
4 Yahveh dijo a Moisés: «Mira, yo haré llover sobre
vosotros pan del cielo; el pueblo saldrá a recoger cada
día la porción diaria; así le pondré a
prueba para ver si anda o no según mi ley.
5 Mas el día sexto, cuando preparen lo que hayan traído,
la ración será doble que la de los demás
días.»
6 Dijeron, pues, Moisés y Aarón a toda la comunidad de
los israelitas: «Esta tarde sabréis que es Yahveh quien os
ha sacado del país de Egipto;
7 y por la mañana veréis la gloria de Yahveh. Porque ha
oído vuestras murmuraciones contra Yahveh; pues
¿qué somos nosotros para que murmuréis contra
nosotros?»
8 Y añadió Moisés: «Yahveh os dará
esta tarde carne para comer, y por la mañana pan en abundancia;
porque Yahveh ha oído vuestras murmuraciones contra él;
pues ¿qué somos nosotros? No van contra nosotros vuestras
murmuraciones, sino contra Yahveh.»
9 Dijo entonces Moisés a Aarón: «Ordena a toda la
comunidad de los israelitas: Acercaos a Yahveh, pues él ha
oído vuestras murmuraciones.»
10 Aún estaba hablando Aarón a toda la comunidad de los
israelitas, cuando ellos miraron hacia el desierto, y he aquí
que la gloria de Yahveh se apareció en forma de nube.
11 Y Yahveh habló a Moisés, diciendo:
12 «He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: Al
atardecer comeréis carne y por la mañana os
hartaréis de pan; y así sabréis que yo soy Yahveh,
vuestro Dios.»
13 Aquella misma tarde vinieron las codornices y cubrieron el
campamento; y por la mañana había una capa de
rocío en torno al campamento.
14 Y al evaporarse la capa de rocío apareció sobre el
suelo del desierto una cosa menuda, como granos, parecida a la escarcha
de la tierra.
15 Cuando los israelitas la vieron, se decían unos a otros:
«¿Qué es esto?» Pues no sabían lo que
era. Moisés les dijo: «Este es el pan que Yahveh os da por
alimento.
16 He aquí lo que manda Yahveh: Que cada uno recoja cuanto
necesite para comer, un gomor por cabeza, según el número
de los miembros de vuestra familia; cada uno recogerá para la
gente de su tienda.»
17 Así lo hicieron los israelitas; unos recogieron mucho y otros poco.
18 Pero cuando lo midieron con el gomor, ni los que recogieron poco
tenían de menos. Cada uno había recogido lo que
necesitaba para su sustento.
19 Moisés les dijo: «Que nadie guarde nada para el día siguiente.»
20 Pero no obedecieron a Moisés, y algunos guardaron algo para
el día siguiente; pero se llenó de gusanos y se
pudrió; y Moisés se irritó contra ellos.
21 Lo recogían por las mañanas, cada cual según lo
que necesitaba; y luego, con el calor del sol, se derretía.
22 El día sexto recogieron doble racíon, dos gomor por
persona. Todos los jefes de la comunidad fueron a decírselo a
Moisés;
23 él les respondió: «Esto es lo que manda Yahveh:
Mañana es sábado, día de descanso consagrado a
Yahveh. Coced lo que se deba cocer, hervid lo que se tenga que hervir;
y lo sobrante, guardadlo como reserva para mañana.»
24 Ellos lo guardaron para el día siguiente, según la
orden de Moisés; y no se pudrió, ni se agusanó.
25 Dijo entonces Moisés: «Hoy comeréis esto, porque
es sábado de Yahveh; y en tal día no hallaréis
nada en el campo.
26 Seis días podéis recogerlo, pero el día
séptimo, que es sábado, no habrá nada.»
27 A pesar de todo, salieron algunos del pueblo a recogerlo el séptimo
día, pero no encontraron nada.
28 Yahveh dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mi
mandatos y mis leyes?
29 Mirad que Yahveh os ha puesto el sábado; por eso el
día sexto os da ración para dos días.
Quédese cada uno en su sitio, y que nadie se mueva de su lugar
el día séptimo.»
30 Y el día séptimo descansó el pueblo.
31 La casa de Israel lo llamó maná. Era como semilla de cilantro,
blanco, y con sabor a torta de miel.
32 Dijo Moisés: «Esto manda Yahveh: Llenad un gomor de
maná, y conservadlo, para vuestros descendientes, para que vean
el pan con que os alimenté en el desierto cuando os saqué
del país de Egipto.»
33 Dijo, pues, Moisés a Aarón: «Toma una vasija,
pon en ella un gomor lleno de maná, y colócalo ante
Yahveh, a fin de conservarlo para vuestros descendientes.»
34 Tal como Yahveh se lo mandó a Moisés, Aarón lo puso ante el
Testimonio para conservarlo.
35 Los israelitas comieron el maná por espacio de cuarenta
años, hasta que llegaron a tierra habitada. Lo estuvieron
comiendo hasta que llegaron a los confines del país de
Canaán.
36 El gomor es la décima parte de la medida.
Exodo 17
1 Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de
Sin, a la orden de Yahveh, para continuar sus jornadas; y acamparon en
Refidim, donde el pueblo no encontró agua para beber.
2 El pueblo entonces se querelló contra Moisés, diciendo:
«Danos agua para beber.» Respondióles Moisés:
«¿Por qué os querelláis conmigo? ¿Por
qué tentáis a Yahveh?»
3 Pero el pueblo, torturado por la sed, siguió murmurando contra
Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para
hacerme morir de sed, a mí, a mis hijos y a mis ganados?»
4 Clamó Moisés a Yahveh y dijo: «¿
Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me
apedreen.»
5 Respondió Yahveh a Moisés: «Pasa delante del
pueblo, llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva
también en tu mano el cayado con que golpeaste el Río y
vete,
6 que allí estaré yo ante ti, sobre la piña, en
Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua
para que beba el pueblo.» Moisés lo hizo así a la
vista de los ancianos de Israel.
7 Aquel lugar se llamó Massá y Meribá, a causa de
la querella de los israelitas, y por haber tentado a Yahveh, diciendo:
«¿Está Yahveh entre nosotros o no?»
8 Vinieron los amalecitas y atacaron a Israel en Refidim.
9 Moisés dijo a Josué: «Elígete algunos
hombres, y sal mañana a combatir contra Amalec. Yo me
pondré en la cima del monte, con el cayado de Dios en mi
mano.»
10 Josué cumplió las órdenes de Moisés, y
salió a combatir contra Amalec. Mientras tanto, Moisés,
Aarón y Jur subieron a la cima del monte.
11 Y sucedió que, mientras Moisés tenía alzadas
las manos, prevalecía Israel; pero cuando las bajaba,
prevalecía Amalec.
12 Se le cansaron las manos a Moisés, y entonces ellos tomaron
una piedra y se la pusieron debajo; él se sentó sobre
ella, mientras Aarón y Jur le sostenían las manos, uno a
un lado y otro al otro. Y así resistieron sus manos hasta la
puesta del sol.
13 Josué derrotó a Amalec y a su pueblo a filo de espada.
14 Yahveh dijo Moisés: «Escribe esto en un libro para que
sirva de recuerdo, y haz saber a Josué que yo borraré por
completo la memoria de Amalec de debajo de los cielos.»
15 Después edificó Moisés un altar, al que puso por nombre Yahveh Nissí
16 diciendo: «La bandera de Yahveh en la mano; Yahveh está
en guerra con Amalec de generación en generación.»
Exodo 18
1 Jetró, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, se
enteró de lo que había hecho Dios en favor de
Moisés y de Israel, su pueblo, y cómo Yahveh había
sacado a Israel de Egipto.
2 Entonces Jetró, suegro de Moisés, tomó a
Séfora, mujer de Moisés, a la que Moisés
había despedido,
3 y a sus hijos; el uno se llamaba Guersom, pues Moisés dijo:
«Forastero soy en tierra extraña,»
4 y el otro se llamaba Eliezer, pues dijo Moisés: «El Dios
de mi padre es mi protector y me ha librado de la espada de
Faraón.»
5 Llegó, pues, Jetró, suegro de Moisés, con los
hijos y la mujer de Moisés, al desierto, donde estaba acampado
junto al monte de Dios.
6 Y dijo a Moisés: Yo, Jetró, tu suegro, vengo a ti con tu mujer y sus
dos hijos.»
7 Moisés salió al encuentro de su suegro, se
postró y le besó. Se saludaron ambos y entraron en la
tienda.
8 Moisés contó a su suegro todo lo que Yahveh
había hecho a Faraón y a los egipcios, en favor de
Israel; todos los trabajos sufridos en el camino y cómo Yahveh
les había librado de ellos.
9 Jetró se alegró de todo el bien que Yahveh había
hecho a Israel, librándole de la mano de los egipcios.
10 Y dijo Jetró: «¡Bendito sea Yahveh, que os ha
librado de la mano de los egipcios y de la mano de Faraón y ha
salvado al pueblo del poder de los egipcios!
11 Ahora reconozco que Yahveh es más grande que todos los dioses...»
12 Después Jetró, suegro de Moisés, ofreció
un holocausto y sacrificios a Dios; y Aarón y todos los ancianos
de Israel fueron a comer con el suegro de Moisés en presencia de
Dios.
13 Al día siguiente, se sentó Moisés para juzgar
al pueblo; y el pueblo estuvo ante Moisés desde la mañana
hasta la noche.
14 El suegro de Moisés vio el trabajo que su yerno se
imponía por el pueblo, y dijo: «¿Cómo haces
eso con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo
haciendo que todo el pueblo tenga que permanecer delante de ti desde la
mañana hasta la noche?»
15 Contestó Moisés a su suegro: «Es que el pueblo viene a mí para
consultar a Dios.
16 Cuando tienen un pleito, vienen a mí; yo dicto sentencia
entre unos y otros, y les doy a conocer los preceptos de Dios y sus
leyes.»
17 Entonces el suegro de Moisés le dijo: «No está bien lo que estás
haciendo.
18 Acabarás agotándote, tú y este pueblo que
está contigo; porque este trabajo es superior a tus fuerzas; no
podrás hacerlo tú solo.
19 Así que escúchame; te voy a dar un consejo, y Dios
estará contigo. Sé tú el representante del pueblo
delante de Dios y lleva ante Dios sus asuntos.
20 Enséñales los preceptos y las leyes, dales a conocer
el camino que deben seguir y las obras que han de practicar.
21 Pero elige de entre el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios,
hombres fieles e incorruptibles, y ponlos al frente del pueblo como
jefes de mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta y jefes de diez.
22 Ellos juzgarán al pueblo en todo momento; te
presentarán a ti los asuntos más graves, pero en los
asuntos de menor importancia, juzgarán ellos. Así se
aliviará tu carga, pues ellos te ayudarán a llevarla.
23 Si haces esto, Dios te comunicará sus órdenes,
tú podrás resistir, y todo este pueblo por su parte
podrá volver en paz a su lugar.»
24 Escuchó Moisés la voz de su suegro e hizo todo lo que le había dicho.
25 Eligió, pues, hombres capaces de entre todo Israel, y los
puso al frente del pueblo, como jefes de mil, jefes de ciento, jefes de
cincuenta, y jefes de diez.
26 Estos juzgaban al pueblo en todo momento; los asuntos graves se los
presentaban a Moisés, mas en todos los asuntos menores juzgaban
por sí mismos.
27 Después Moisés despidió a su suegro, que se volvió a su tierra.
Exodo 19
1 Al tercer mes después de la salida de Egipto, ese mismo
día, llegaron los hijos de Israel al desierto de Sinaí.
2 Partieron de Refidim, y al llegar al desierto de Sinaí
acamparon en el desierto. Allí acampó Israel frente al
monte.
3 Moisés subió hacia Dios. Yahveh le llamó desde
el monte, y le dijo: «Así dirás a la casa de Jacob
y esto anunciarás a los hijos de Israel:
4 "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y
cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os
he traído a mí.
5 Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi
alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los
pueblos, porque mía es toda la tierra;
6 seréis para mí un reino de sacerdotes y una
nación santa." Estas son las palabras que has de decir a los
hijos de Israel.»
7 Fue, pues, Moisés y convocó a los ancianos del pueblo y
les expuso todas estas palabras que Yahveh le había mandado.
8 Todo el pueblo a una respondió diciendo: «Haremos todo
cuanto ha dicho Yahveh.» Y Moisés llevó a Yahveh la
respuesta del pueblo.
9 Dijo Yahveh a Moisés: «Mira: Voy a presentarme a ti en
una densa nube para que el pueblo me oiga hablar contigo, y así
te dé crédito para siempre.» Y Moisés
refirió a Yahveh las palabras del pueblo.
10 Yahveh dijo a Moisés: «Ve donde el pueblo y haz que se santifiquen
hoy y mañana; que laven sus vestidos
11 y estén preparados para el tercer día; porque al
día tercero descenderá Yahveh a la vista de todo el
pueblo sobre el monte Sinaí.
12 Deslinda el contorno de la montaña, y di: Guardaos de subir
al monte y aun de tocar su falda. Todo aquel que toque el monte
morirá.
13 Pero nadie pondrá la mano sobre el culpable, sino que
será lapidado o asaeteado; sea hombre o bestia, no
quedará con vida. Cuando resuene el cuerno, subirán ellos
al monte.»
14 Bajó, pues, Moisés del monte, adonde estaba el pueblo, y ellos
lavaron sus vestidos.
15 Y dijo al pueblo: «Estad preparados para el tercer día, y absteneos
de mujer.»
16 Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y
relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar
de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se
echó a temblar.
17 Entonces Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al
encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte.
18 Todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahveh había
descendido sobre él en el fuego. Subía el humo como de un
horno, y todo el monte retemblaba con violencia.
19 El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte;
Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno.
20 Yahveh bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte;
llamó Yahveh a Moisés a la cima de la montaña y
Moisés subió.
21 Dijo Yahveh a Moisés: «Baja y conjura al pueblo que no
traspase las lindes para ver a Yahveh, porque morirían muchos de
ellos;
22 aun los sacerdotes que se acercan a Yahveh deben santificarse para
que Yahveh no irrumpa contra ellos.»
23 Moisés respondió a Yahveh: «El pueblo no
podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos lo has
prohibido, diciendo: Señala un límite alrededor del monte
y decláralo sagrado.»
24 Yahveh le dijo: «Anda, baja, y luego subes tú y
Aarón contigo; pero los sacerdotes y el pueblo no
traspasarán las lindes para subir hacia Yahveh a fin de que no
irrumpa contra ellos."
25 Bajó, pues, Moisés adonde estaba el pueblo y les dijo...
Exodo 20
1 Entonces pronunció Dios todas estas palabras diciendo:
2 «Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la
casa de servidumbre.
3 No habrá para ti otros dioses delante de mí.
4 No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba
en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en
las aguas debajo de la tierra.
5 No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque
yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los
padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los
que me odian,
6 y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis
mandamientos.
7 No tomarás en falso el nombre de Yahveh, tu Dios; porque
Yahveh no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso.
8 Recuerda el día del sábado para santificarlo.
9 Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos,
10 pero el día séptimo es día de descanso para
Yahveh, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú,
ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el
forastero que habita en tu ciudad.
11 Pues en seis días hizo Yahveh el cielo y la tierra, el mar y
todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso
bendijo Yahveh el día del sábado y lo hizo sagrado.
12 Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre
la tierra que Yahveh, tu Dios, te va a dar.
13 No matarás.
14 No cometerás adulterio.
15 No robarás.
16 No darás testimonio falso contra tu prójimo.
17 No codiciarás la casa de tu prójimo, ni
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su
sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu
prójimo.»
18 Todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el
sonido de la trompeta y el monte humeante, y temblando de miedo se
mantenía a distancia.
19 Dijeron a Moisés: «Habla tú con nosotros, que
podremos entenderte, pero que no hable Dios con nosotros, no sea que
muramos.»
20 Respondió Moisés al pueblo: «No temáis,
pues Dios ha venido para poneros a prueba, para que su temor
esté ante vuestros ojos, y no pequéis».
21 Y el pueblo se mantuvo a distancia, mientras Moisés se acercaba a la
densa nube donde estaba Dios.
22 Dijo Yahveh a Moisés: Así dirás a los
israelitas: Vosotros mismos habéis visto que os he hablado desde
el cielo.
23 No haréis junto a mí dioses de plata, ni os haréis dioses de oro.
24 Hazme un altar de tierra para ofrecer sobre él tus
holocaustos y tus sacrificios de comunión, tus ovejas y tus
bueyes. En todo lugar donde haga yo memorable mi nombre, vendré
a ti y te bendeciré.
25 Y si me haces un altar de piedra, no lo edificarás de piedras
labradas; porque al alzar tu cincel sobre ella queda profanada.
26 Tampoco subirás por gradas a mi altar, para que no se descubra tu
desnudez sobre él.
Exodo 21
1 Estas con las normas que has de dar:
2 Cuando compres un esclavo hebreo, servirá seis años, y
el séptimo quedará libre sin pagar rescate.
3 Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, su mujer saldrá con él.
4 Si su amo le dio mujer, y ella le dio a luz hijos o hijas, la mujer y
sus hijos serán del amo, y él saldrá solo.
5 Si el esclavo declara: «Yo quiero a mi señor, a mi mujer y a mis
hijos; renucio a la libertad»
6 su amo le llevará ante Dios y, arrimándolo a la puerta
o a la jamba, su amo le horadará la oreja con una lezna; y
quedará a su servicio para siempre.
7 Si un hombre vende a su hija por esclava, ésta no saldrá de la
esclavitud como salen los esclavos.
8 Si no agrada a su señor que la había destinado para
sí, éste permitirá su rescate; y no podrá
venderla a gente extraña, tratándola con engaño.
9 Si la destina para su hijo, le dará el mismo trato que a sus hijas.
10 Si toma para sí otra mujer, no le disminuirá a la
primera la comida, ni el vestido ni los derechos conyugales.
11 Y si no le da estas tres cosas, ella podrá salirse de balde sin
pagar rescate.
12 El que hiera mortalmente a otro, morirá;
13 pero si no estaba al acecho, sino que Dios se lo puso al alcance de
la mano, yo te señalaré un lugar donde éste pueda
refugiarse.
14 Pero al que se atreva a matar a su prójimo con alevosía, hasta de mi
altar le arrancarás para matarle.
15 El que pegue a su padre o a su madre morirá.
16 Quien rapte a una persona - la haya vendido o esté todavía en su
poder - morirá.
17 Quien maldiga a su padre o a su madre morirá.
18 Si dos hombres riñen y uno hiere a otro con una piedra o con
el puño, pero no muere, sino que, después de guardar cama,
19 puede levantarse y andar por la calle, apoyado en su bastón,
el que le hirió quedará exculpado, pero pagará el
tiempo perdido y los gastos de la curación completa.
20 Si un hombre golpea a su siervo o a su sierva con un palo y muere a
sus manos, cae bajo la ley de venganza.
21 Pero si sobrevive un día o dos, no será vengado, pues lo había
comprado con dinero.
22 Si unos hombres, en el curso de una riña, dan un golpe a una
mujer encinta, y provocan el parto sin más daño, el
culpable será multado conforme a lo que imponga el marido de la
mujer y mediante arbitrio.
23 Pero si resultare daño, darás vida por vida,
24 ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,
25 quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal.
26 Si un hombre hiere a su siervo o a su sierva en el ojo y le deja
tuerto, le dará libertad en compensación del ojo.
27 Si uno salta un diente a su siervo o a su sierva, le pondrá en
libertad en compensación del diente.
28 Si un buey acornea a un hombre o a una mujer, y le causa la muerte,
el buey será apedreado, y no se comerá su carne, pero el
dueño del buey quedará exculpado.
29 Mas si el buey acorneaba ya desde tiempo atrás, y su
dueño, aun advertido, no le vigiló, y ese buey mata a un
hombre o a una mujer, el buey será apedreado, y también
su dueño morirá.
30 Si se le impone un precio por ello, dará en rescate de su vida
cuanto le impongan.
31 Si acornea a un muchacho o a una muchacha, se seguirá esta misma
norma.
32 Si el buey acornea a un siervo o a una sierva, se pagarán
treinta siclos de plata al dueño de ellos, y el buey será
apedreado.
33 Si un hombre deja abierto un pozo, o si cava un pozo y no lo tapa, y
cae en él un buey o un asno,
34 el propietario del pozo pagará al dueño de ellos el precio en
dinero, y el animal muerto será suyo.
35 Si el buey de uno acornea al buey de otro, causándole la
muerte, venderán el buey vivo y se repartirán el precio,
repartiendo igualmente el buey muerto.
36 Pero si era notorio que el buey acorneaba desde tiempo atrás,
y su dueño no le vigiló, pargará buey por buey y
el buey muerto será suyo.
37 Si un hombre roba un buey o una oveja, y los mata o vende,
pagará cinco bueyes por el buey, y cuatro ovejas por la oveja.
Exodo 22
1 Si el ladrón, sorprendido al perforar la pared, es herido
mortalmente, no habrá venganza de sangre.
2 Mas si esto sucede salido ya el sol, su sangre será vengada. -
Debe restituir; si no tiene con qué, será vendido para
restituir por su robo.
3 Si lo robado, sea buey, asno u oveja, fuere hallado vivo en su poder,
restituirá el doble.
4 Si un hombre causa daño en un campo o en una viña,
dejando suelto su ganado de modo que pazca en campo ajeno,
restituirá con lo mejor de su propio campo y lo mejor de su
propia viña.
5 Si se declara un fuego, y se incrementa con zarzales de modo que se
abrasen las hacinas, la mies, o el campo, el autor del incendio
deberá resarcir el daño.
6 Cuando un hombre dé a otro dinero o utensilios en
depósito para que se lo guarde, y son robados de la casa de
éste, el ladrón, si es hallado, restituirá el
doble.
7 Pero si no es hallado, el dueño de la casa se
presentará ante Dios para declarar que no ha puesto su mano
sobre los bienes de su prójimo.
8 En todo caso delictivo, ya se trate de buey, asno, oveja, ropa o de
cualquier cosa desaparecida, de la que uno diga: «Es esto»,
la causa de ambos se llevará ante Dios; y aquel a quien Dios
declare culpable, restituirá el doble a su prójimo.
9 Si un hombre entrega a otro un asno, buey, oveja, o cualquier otro
animal para su custodia, y éstos mueren o sufren daño o
son robados sin que nadie lo vea,
10 mediará entre los dos el juramento de Yahveh para atestiguar
que el depositario no ha puesto su mano sobre la hacienda de su
prójimo; el dueño tomará lo que quede y el otro no
tendrá que restituir.
11 Pero si el animal le ha sido robado estando él cerca, restituirá a
su dueño.
12 Si el animal ha sido despedazado, que traiga como testimonio los
despojos y no tendrá que restituir.
13 Si un hombre pide a otro que le preste un ganado y éste sufre
un daño o muere, en ausencia de su dueño, tendrá
que restituir.
14 Si estaba presente su dueño, nada se restituirá. Si lo
había alquilado, el dueño recibirá el precio del
alquiler.
15 Si un hombre seduce a una virgen, no desposada, y se acuesta con
ella, le pagará la dote, y la tomará por mujer.
16 Y si el padre de ella no quiere dársela, el seductor pagará el
dinero de la dote de las vírgenes.
17 A la hechicera no la dejarás con vida.
18 Todo el que peque con bestia, morirá.
19 El que ofrece sacrificios a otros dioses, será entregado al anatema.
20 No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros
fuisteis vosotros en el país de Egipto.
21 No vejarás a viuda ni a huérfano.
22 Si le vejas y clama a mí, no dejaré de oír su clamor,
23 se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras
mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.
24 Si prestas dinero a uno de mi pueblo, al pobre que habita contigo,
no serás con él un usurero; no le exigiréis
interés.
25 Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás al
ponerse el sol,
26 porque con él se abriga; es el vestido de su cuerpo.
¿Sobre qué va a dormir, si no? Clamará a
mí, y yo le oiré, porque soy compasivo.
27 No blasfemarás contra Dios, ni maldecirás al principal de tu pueblo.
28 No tardarás en ofrecerme de tu abundancia y de tus jugos. Me darás
el primogénito de tus hijos.
29 Lo mismo has de hacer con el de tus vacas y ovejas. Siete
días estará con su madre, y al octavo me lo darás.
30 Hombres santos seréis para mí. No comáis la
carne despedazada por una fiera en el campo; echádsela a los
perros.
Exodo 23
1 No levantes testimonio falso, ni ayudes al malvado dando testimonio
injusto.
2 No sigas a la mayoría para hacer el mal; ni te inclines en un proceso
por la mayoría en contra de la justicia.
3 Tampoco favorecerás al pobre en su pleito.
4 Si encuentras el buey de tu enemigo o su asno extraviado, se lo
llevarás.
5 Si ves caído bajo la carga el asno del que te aborrece, no rehúses tu
ayuda. Acude a ayudarle.
6 No tuerzas el derecho de tu pobre en su pleito.
7 Aléjate de causas mentirosas, no quites la vida al inocente y justo;
y no absuelvas al malvado.
8 No recibas regalos; porque el regalo ciega a los perspicaces y
pervierte las causas justas.
9 No oprimas al forastero; ya sabéis lo que es ser forastero,
porque forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
10 Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto;
11 al séptimo la dejarás descansar y en barbecho, para
que coman los pobres de tu pueblo, y lo que quede lo comerán los
animales del campo. Harás lo mismo con tu viña y tu
olivar.
12 Seis días harás tus trabajos, y el séptimo
descansarás, para que reposen tu buey y tu asno, y tengan un
respiro el hijo de tu sierva y el forastero.
13 Guardad todo lo que os he dicho. No invocarás el nombre de otros
dioses: ni se oiga en vuestra boca.
14 Tres veces al año me celebrarás fiesta.
15 Guardarás la fiesta de los Azimos. Durante siete días
comerás ázimos, como te he mandado, en el tiempo
señalado, en el mes de Abib; pues en él saliste de
Egipto. Nadie se presentará delante de mí con las manos
vacías.
16 También guardarás la fiesta de la Siega, de las
primicias de tus trabajos, de lo que hayas sembrado en el campo; y la
fiesta de la Recolección al término del año, al
recoger del campo los frutos de tu trabajo.
17 Tres veces al año se presentarán tus varones delante de Yahveh, el
Señor.
18 No ofrecerás la sangre de mi sacrificio con pan fermentado ni
guardarás hasta el día siguiente la grasa de mi fiesta.
19 Llevarás a la Casa de Yahveh, tu Dios, las mejores primicias
de tu suelo. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.
20 He aquí que yo voy a enviar un ángel delante de ti,
para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo
preparado.
21 Pórtate bien en su presencia y escucha su voz; no le seas
rebelde, que no perdonará vuestras transgresiones, pues en
él está mi Nombre.
22 Si escuchas atentamente su voz y haces todo lo que yo diga, tus
enemigos serán mis enemigos y tus adversarios mis adversarios.
23 Mi ángel caminará delante de ti y te
introducirá en el país de los amorreos, de los hititas,
de los perizitas, de los cananeos, de los jivitas y de los jebuseos; y
yo los exterminaré.
24 No te mostrarás ante sus dioses, ni les darás culto,
ni imitarás su conducta; al contrario, los destruirás por
completo y romperás sus estelas.
25 Vosotros daréis culto a Yahveh, vuestro Dios, yo
bendeciré tu pan y tu agua. Y apartaré de ti las
enfermedades.
26 No habrá en tu tierra mujer que aborte ni que sea
estéril; y colmaré el número de tus días.
27 «Sembraré delante de ti mi terror; llenaré de
turbación a todos los pueblos donde llegues; y haré que
todos tus enemigos huyan ante ti.
28 Enviaré avispas delante de ti que ahuyentarán de tu presencia al
jivita, al cananeo y al hitita.
29 No les expulsaré de tu presencia en un solo año, no
sea que al quedar desierta la tierra se multipliquen contra ti las
fieras del campo.
30 Les expulsaré de tu vista poco a poco, hasta que tú te multipliques
y te apoderes de la tierra.
31 Y fijaré tus confines desde el mar de Suf hasta el mar de los
filisteos, y desde el desierto hasta el Río, pues
entregaré en tus manos a los habitantes del país para que
los arrojes de tu presencia.
32 No hagas pacto con ellos ni con sus dioses.
33 No habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra
mí, pues dando culto a sus dioses caerías en un
lazo.»
Exodo 24
1 Dijo a Moisés: «Sube donde Yahveh, tú,
Aarón, Nadab y Abihú, con setenta de los ancianos de
Israel; os postraréis desde lejos.
2 Sólo Moisés se acercará a Yahveh; ellos no se
acercarán. Tampoco el pueblo subirá con ellos.»
3 Vino, pues, Moisés y refirió al pueblo todas las
palabras de Yahveh y todas sus normas. Y todo el pueblo
respondió a una voz: «Cumpliremos todas las palabras que
ha dicho Yahveh.»
4 Entonces escribió Moisés todas las palabras de Yahveh;
y, levantándose de mañana, alzó al pie del monte
un altar y doce estelas por las doce tribus de Israel.
5 Luego mandó a algunos jóvenes, de los israelitas, que
ofreciesen holocaustos e inmolaran novillos como sacrificios de
comunión para Yahveh.
6 Tomó Moisés la mitad de la sangre y la echó en vasijas; la otra mitad
la derramó sobre el altar.
7 Tomó después el libro de la Alianza y lo leyó
ante el pueblo, que respondió: «Obedeceremos y haremos
todo cuanto ha dicho Yahveh.»
8 Entonces tomó Moisés la sangre, roció con ella
al pueblo y dijo: «Esta es la sangre de la Alianza que Yahveh ha
hecho con vosotros, según todas estas palabras.»
9 Moisés subió con Aarón, Nadab y Abihú y setenta de los ancianos de
Israel,
10 y vieron al Dios de Israel. Bajo sus pies había como un pavimento de
zafiro tan puro como el mismo cielo.
11 No extendió él su mano contra los notables de Israel, que vieron a
Dios, comieron y bebieron.
12 Dijo Yahveh a Moisés: «Sube hasta mí, al monte;
quédate allí, y te daré las tablas de piedra - la
ley y los mandamientos - que tengo escritos para su
instrucción.»
13 Se levantó Moisés, con Josué, su ayudante; y subieron al monte de
Dios.
14 Dijo a los ancianos: «Esperadnos aquí que volvamos a
vosotros. Ahí quedan con vosotros Aarón y Jur. El que
tenga alguna cuestión que recurra a ellos.»
15 Y subió Moisés al monte. La nube cubrió el monte.
16 La gloria de Yahveh descansó sobre el monte Sinaí y la
nube lo cubrió por seis días. Al séptimo
día, llamó Yahveh a Moisés de en medio de la nube.
17 La gloria de Yahveh aparecía a la vista de los hijos de Israel como
fuego devorador sobre la cumbre del monte.
18 Moisés entró dentro de la nube y subió al
monte. Y permaneció Moisés en el monte cuarenta
días y cuarenta noches.
Exodo 25
1 Yahveh habló a Moisés diciendo:
2 Di a los israelitas que reserven ofrendas para mí. Me
reservaréis la ofrenda de todo aquel a quien su corazón
mueva.
3 De ellos reservaréis lo siguiente: oro, plata y bronce;
4 púrpura violeta y escarlata, carmesí, lino fino y pelo de cabra;
5 pieles de carnero teñidas de rojo, cueros finos y maderas de acacia;
6 aceite para el alumbrado, aromas para el óleo de la unción y para el
incienso aromático;
7 piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral.
8 Me harás un Santuario para que yo habite en medio de ellos.
9 Lo haréis comforme al modelo de la Morada y al modelo de todo su
mobiliario que yo voy a mostrarte.
10 Harás un arca de madera de acacia de dos codos y medio de largo,
codo y medio de ancho y codo y medio de alto.
11 La revestirás de oro puro; por dentro y por fuera la
revestirás; y además pondrás en su derredor una
moldura de oro.
12 Fundirás para ella cuatro anillas de oro, que pondrás
en sus cuatro pies, dos anillas a un costado, y dos anillas al otro.
13 Harás también varales de madera de acacia, que revestirás de oro,
14 y los pasarás por las anillas de los costados del arca, para
transportarla.
15 Los varales deben quedar en las anillas del arca, y no se sacarán de
allí.
16 En el arca pondrás el Testimonio que yo te voy a dar.
17 Harás asimismo uno propiciatorio de oro puro, de dos codos y medio
de largo y codo y medio de ancho.
18 Harás, además, dos querubines de oro macizo; los harás en los dos
extremos del propiciatorio:
19 haz el primer querubín en un extremo y el segundo en el otro.
Los querubines formarán un cuerpo con el propiciatorio, en sus
dos extremos.
20 Estarán con las alas extendidas por encima, cubriendo con
ellas el propiciatorio, uno frente al otro, con las caras vueltas hacia
el propiciatorio.
21 Pondrás el propiciatorio encima del arca; y pondrás dentro del arca
el Testimonio que yo te daré.
22 Allí me encontraré contigo; desde encima del
propiciatorio, de en medio de los dos querubines colocados sobre el
arca del Testimonio, te comunicaré todo lo que haya de ordenarte
para los israelitas.
23 Harás una mesa de madera de acacia, de dos codos de largo, uno de
ancho, y codo y medio de alto.
24 La revestirás de oro puro y le pondrás alrededor una moldura de oro.
25 Harás también en torno de ella un reborde de una palma de ancho, con
una moldura de oro alrededor del mismo.
26 Le harás cuatro anillas de oro, y pondrás las anillas
en los cuatro ángulos correspondientes a sus cuatro pies.
27 Estarán las anillas junto al reborde, para pasar por ellas los
varales y transportar la mesa.
28 Harás los varales de madera de acacia y los revestirás de oro. Con
ellos se transportará la mesa.
29 Harás también las fuentes, los vasos, los jarros y las
tazas para las libaciones. De oro puro los harás.
30 Y sobre la mesa pondrás perpetuamente delante de mí el pan de la
Presencia.
31 Harás también un candelabro de oro puro. Harás
de oro macizo el candelabro, su pie y su tallo. Sus cálices -
corolas y flores - formarán un cuerpo con él.
32 Saldrán seis brazos de sus lados: tres brazos de un lado y tres del
otro.
33 El primer brazo tendrá tres cálices en forma de flor
de almendro, con corola y flor; también el segundo brazo
tendrá tres cálices en forma de flor de almendro, con
corola y flor; y así los seis brazos que salen del candelabro.
34 En el mismo candelabro habrá cuatro cálices en forma de flor de
almendro, con sus corolas y sus flores:
35 una corola debajo de los dos primeros brazos que forman cuerpo con
el candelabro; una corola, debajo de los dos siguientes, y una corola,
debajo de los dos últimos brazos; así con los seis brazos
que salen del candelabro.
36 Las corolas y los brazos formarán un cuerpo con el
candelabro. Todo ello formará un cuerpo de oro puro macizo.
37 Harás sus siete lámparas que colocarás encima de manera que den luz
al frente.
38 Sus despabiladeras y sus ceniceros serán de oro puro.
39 Se empleará un talento de oro puro para hacer el candelabro con
todos estos utensilios.
40 Fíjate para que lo hagas según los modelos que te han sido mostrados
en el monte.
Exodo 26
1 Harás la Morada con diez tapices, de lino fino torzal, de
púrpura violeta y escarlata y de carmesí; bordarás
en ellos unos querubines.
2 La longitud de cada tapiz será de veintiocho codos y la
anchura de cuatro. Todos los tapices tendrán las mismas medidas.
3 Cinco tapices estarán unidos entre sí y lo mismo los otros cinco.
4 Pondrás lazos de púrpura violeta en el borde del tapiz
con que termina la primera serie, y lo mismo harás en el borde
del tapiz con que termina el segundo conjunto.
5 Pondrás cincuenta lazos en el primer tapiz y otros cincuenta
en el borde del último tapiz del segundo conjunto,
correspondiéndose los lazos unos a otros.
6 Harás cincuenta broches de oro y con los broches
enlazarás entre sí los tapices, para que la Morada forme
un espacio único.
7 Tejerás también piezas de pelo de cabra para que a modo
de tienda cubran la Morada. Tejerás once de estas piezas.
8 La longitud de cada pieza será de treinta codos; de cuatro, la
anchura. Las once piezas tendrán las mismas medidas.
9 Juntarás cinco piezas en una parte y seis en la otra y doblarás la
sexta pieza ante la fachada de la Tienda.
10 Harás cincuenta lazos en el borde de la última pieza
del primer conjunto, y cincuenta lazos en el borde de la última
pieza del segundo conjunto.
11 Harás cincuenta broches de bronce e introducirás los
broches en los lazos, uniendo así la Tienda de modo que forme un
espacio único.
12 Como las piezas de la Tienda exceden en amplitud, harás
extender la mitad de la pieza excedente por detrás de la Morada.
13 Lo que excede en longitud de las piezas de la Tienda - un codo por
cada lado - se extenderá a ambos lados de la Morada, a un lado y
a otro, para cubrirla.
14 También harás para la Tienda un toldo de pieles de
carnero teñidas de rojo; y encima otro toldo de cueros finos.
15 También harás para la Morada tableros de madera de acacia, y los
pondrás de pie.
16 Cada tablero tendrá diez codos de largo y codo y medio de ancho.
17 Tendrá además dos espigas paralelas. Harás lo mismo para todos los
tableros de la Morada.
18 Pondrás veinte de los tableros en el flanco del Négueb, hacia el sur.
19 Harás cuarenta basas de plata para colocarlas debajo de los
veinte tableros: dos basas debajo de un tablero para sus dos espigas y
dos basas debajo del otro tablero para sus dos espigas.
20 Para el segundo flanco de la Morada, la parte del norte, otros
veinte tableros,
21 con sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de un tablero y
dos basas debajo de otro tablero.
22 Para la parte posterior de la Morada, hacia el occidente, harás seis
tableros;
23 y para los ángulos de la Morada, en su parte posterior, dos más,
24 que estarán unidos, desde abajo hasta arriba, hasta la
primera anilla. Así se hará con los dos tableros
destinados a los dos ángulos.
25 Serán, pues, ocho tableros con sus basas de plata; dieciséis basas,
dos debajo del otro tablero.
26 Harás, además, cinco travesaños de madera de acacia para los
tableros de un flanco de la Morada,
27 cinco travesaños para los tableros del otro flanco, y cinco
travesaños para los tableros de la parte posterior de la Morada,
hacia el occidente.
28 El travesaño central pasará a media altura de los tableros, de un
extremo al otro.
29 Revestirás de oro los tableros y les harás anillas de
oro, para pasar los travesaños. También revestirás
de oro los travesaños.
30 Erigirás la Morada según la norma que te ha sido mostrada en el
monte.
31 Harás un velo de púrpura violeta y escarlata, de
carmesí y lino fino torzal; bordarás en él unos
querubines.
32 Lo colgarás de cuatro postes de acacia, revestidos de oro,
provistos de ganchos de oro y de sus cuatro basas de plata.
33 Colgarás el velo debajo de los broches; y allá,
detrás del velo, llevarás el arca del Testimonio, y el
velo os servirá para separar el Santo del Santo de los Santos.
34 Pondrás el propiciatorio sobre el arca del Testimonio, en el Santo
de los Santos.
35 Fuera del velo colocarás la mesa, y frente a la mesa, en el
lado meridional de la Morada, el candelabro; pondrás la mesa en
el lado norte.
36 Harás para la entrada de la Tienda una cortina de
púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino
torzal, labor de recamador.
37 Para la cortina harás cinco postes de acacia, que
revestirás de oro; sus ganchos serán también de
oro, y fundirás para ellos cinco basas de bronce.
Exodo 27
1 Harás el altar de madera de acacia de cinco codos de largo y
cinco de ancho; será cuadrado y tendrá tres codos de alto.
2 Harás sobresalir de sus cuatro ángulos unos cuernos,
que formarán un cuerpo con él; lo revestirás de
bronce.
3 Le harás ceniceros para la grasa incinerada, badiles y
acetres, tenedores y braseros. Fundirás de bronce todos estos
utensilios.
4 Fabricarás para él una rejilla de bronce, en forma de
red; y en los cuatro extremos de la red fijarás cuatro anillas
de bronce.
5 La colocarás bajo la cornisa inferior del altar, de modo que llegue
desde abajo hasta la mitad del altar.
6 Harás varales para el altar, varales de madera de acacia, que
revestirás de bronce.
7 Para transportar el altar, se pasarán estos varales por las anillas
de ambos lados del altar.
8 Harás el altar hueco, de paneles; conforme a lo que se te ha mostrado
en el monte, así lo harás.
9 También harás el atrio de la Morada. Del lado del
Négueb, hacia el sur, el atrio tendrá un cortinaje de
lino fino torzal, en una longitud de cien codos a uno de los lados.
10 Sus veinte postes descansarán sobre veinte basas de bronce; sus
ganchos y varillas serán de plata.
11 A lo largo del lado septenrional habrá igualmente un
cortinaje en una longitud de cien codos, con sus veinte postes que
descansarán sobre veinte basas de bronce; los ganchos de los
postes y sus varillas serán de plata.
12 A lo ancho del atrio, por el lado occidental, habrá un
cortinaje de cincuenta codos; sus postes serán diez, y diez
igualmente las basas en que descansarán.
13 La anchura del atrio, al este, al oriente, será de cincuenta codos.
14 Quince codos tendrá el cortinaje de un lado, con sus tres postes y
sus tres basas.
15 Por el otro lado, otro cortinaje de quince codos, con sus tres
postes y sus tres basas.
16 La puerta del atrio tendrá un tapiz de veinte codos, de
púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino
torzal, labor de recamador. Tendrá cuatro postes y cuatro basas.
17 Todos los postes que rodean al atrio tendrán varillas de
plata; sus ganchos serán de plata y sus basas de bronce.
18 El atrio tendrá cien codos de largo, cincuenta codos de ancho
y cinco codos de alto; todo de lino fino torzal y con sus basas de
bronce.
19 Todos los utensilios de la Morada para toda clase de servicios con
todo su clavazón y toda la clavazón del atrio,
serán de bronce.
20 Mandarás a los israelitas que te traigan aceite puro de oliva
molida para el alumbrado, para alimentar continuamente la llama.
21 Aarón y sus hijos lo tendrán dispuesto delante de
Yahveh desde la tarde hasta la mañana en Tienda del Encuentro,
fuera del velo que cuelga delante del Testimonio. Decreto perpetuo
será éste para las generaciones de los israelitas.
Exodo 28
1 Manda acercarse a ti de en medio de los israelitas a tu hermano
Aarón, con sus hijos, para que ejerza mi sacerdocio:
Aarón, con Nadab y Abihú, Eleazar e Itamar, hijos de
Aarón.
2 Harás para Aarón, tu hermano, vestiduras sagradas, que le den
majestad y esplendor.
3 Hablarás tú con todos los artesanos hábiles a
quienes he llenado de espíritu de sabiduría; ellos
harán las vestiduras de Aarón para que sea consagrado
sacerdote mío.
4 Harán las vestituras siguientes: un pectoral, un efod, un
manto, una túnica bordada, una tiara y una faja. Harán,
pues, a tu hermano Aarón y a sus hijos vestiduras sagradas para
que ejerzan mi sacerdocio.
5 Tomarán para ello oro, púrpura violeta y escarlata, carmesí y lino
fino.
6 Bordarán el efod de oro, púrpura violeta y escarlata, carmesí y lino
fino torzal.
7 Se le pondrán dos hombreras y se fijará por sus dos extremos.
8 La cinta con que se ciña el efod será de la misma
hechura y formará con él una misma pieza: de oro,
púrpura violeta y escarlata, carmesí y lino fino torzal.
9 Tomarás dos piedras de ónice, sobre las cuales grabarás los nombres
de los hijos de Israel:
10 seis de sus nombres en una piedra y los seis restantes en la otra,
por orden de nacimiento.
11 Como se tallan las piedras y se graban los sellos, así
harás grabar esas dos piedras con los nombres de los hijos de
Israel; las harás engarzar en engastes de oro.
12 Después pondrás las dos piedras sobre las hombreras
del efod, como piedras que me hagan recordar a los hijos de Israel, y
así llevará Aarón sus nombres sobre sus dos
hombros para recuerdo delante de Yahveh.
13 Harás engarces de oro;
14 y también dos cadenillas de oro puro; las harás
trenzadas a manera de cordones, y fijarás las cadenillas
trenzadas en los engarces.
15 Bordarás también el pectoral del juicio; lo
harás al estilo de la labor del efod. Lo harás de oro,
púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino
torzal.
16 Será cuadrado y doble, de un palmo de largo y otro de ancho.
17 Lo llenarás de pedrería, poniendo cuatro filas de
piedras: en la primera fila, un sardio, un topacio y una esmeralda;
18 en la segunda fila, un rubí, un zafiro y un diamante;
19 en la tercera fila, un ópalo, una ágata y una amatista;
20 en la cuarta fila, un crisólito, un ónice y un jaspe; todas estarán
engastadas en oro.
21 Las piedras corresponderán a los nombres de los hijos de
Israel: doce, como los nombres de ellos. Estarán grabadas como
los sellos, cada una con su nombre, conforme a las doce tribus.
22 Para el pectoral harás cadenillas de oro puro, trenzadas a manera de
cordones;
23 y harás también para el pectoral dos anillas de oro que fijarás en
sus dos extremos.
24 Pasarás los dos cordones de oro por las dos anillas, en los extremos
del pectoral;
25 unirás los dos extremos de los dos cordones a los dos
engarces, y los fijarás en la parte delantera de las hombreras
del efod.
26 Harás otras dos anillas de oro que pondrás en los dos
extremos del pectoral, en el borde interior que mira hacia el efod.
27 Harás otras dos anillas de oro y las fijarás en la
parte inferior de las dos hombreras del efod, por delante, cerca de su
unión encima de la cinta del efod.
28 Sujetarán el pectoral por sus anillas a las anillas del efod,
con un cordón de púrpura violeta, para que el pectoral
quede sobre la cinta del efod y no se desprenda del efod.
29 Así llevará Aarón sobre su corazón los
nombres de los hijos de Israel, en el pectoral del juicio, siempre que
entre en el Santuario, para recuerdo perpetuo delante de Yahveh.
30 En el pectoral del juicio pondrás el Urim y el Tummim, que
estarán sobre el corazón de Aarón cuando se
presente ante Yahveh. Así llevará Aarón
constantemente sobre su corazón, delante de Yahveh, el
oráculo de los hijos de Israel.
31 Tejerás el manto del efod todo él de púrpura violeta.
32 Habrá en su centro una abertura para la cabeza; esta abertura
llevará en derredor una orla, tejida como el cuello de una cota,
para que no se rompa.
33 En todo su ruedo inferior harás granadas de púrpura
violeta y escarlata, de carmesí y lino fino torzal; y entre
ellas, también alrededor, pondrás campanillas de oro:
34 una campanilla de oro y una granada; otra campanilla de oro y otra
granada; así por todo el ruedo inferior del manto.
35 Aarón lo llevará en su ministerio y se oirá el
tintineo cuando entre en el Santuario, ante Yahveh, y cuando salga;
así no morirá.
36 Harás, además, una lámina de oro puro y en ella
grabarás como se graban los sellos: «"Consagrado a
Yahveh.»
37 La sujetarás con un cordón de púrpura violeta,
de modo que esté fija sobre la tiara; estará en la parte
delantera de la tiara.
38 Quedará sobre la frente de Aarón; pues Aarón
cargará con las faltas cometidas por los israelitas en las cosas
sagradas; es decir, al ofrecer toda clase de santas ofrendas. La
tendrá siempre sobre su frente, para que hallen favor delante de
Yahveh.
39 Tejerás la túnica con lino fino; harás también la tiara de lino
fino, y la faja con brocado.
40 Para los hijos de Aarón harás túnicas. Les
harás también fajas y mitras que les den majestad y
esplendor.
41 Vestirás así a tu hermano Aarón y a sus hijos;
los ungirás, los investirás y los consagrarás para
que ejerzan mi sacerdocio.
42 Hazles también calzones de lino, para cubrir su desnudez desde la
cintura hasta los muslos.
43 Aarón y sus hijos los llevarán al entrar en la Tienda
del Encuentro, o al acercarse al altar para oficiar en el Santuario,
para que no incurran en culpa y mueran. Decreto perpetuo será
éste para él y su posteridad.
Exodo 29
1 Para consagrarlos a mi sacerdocio has de proceder con ellos de esta
manera. Toma un novillo y dos carneros sin defecto,
2 panes ázimos y tortas sin levadura: unas, amasadas con aceite,
y otras, untadas en aceite. Las harás con flor de harina de
trigo.
3 Las pondrás en un canastillo y las presentarás en él junto con el
novillo y los dos carneros.
4 Mandarás que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada
de la Tienda del Encuentro, donde los bañarás con agua.
5 Tomarás las vestiduras y vestirás a Aarón con la
túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, que
ceñirás con la cinta del efod.
6 Pondrás la tiara sobre su cabeza, y sobre la tiara colocarás la
diadema sagrada.
7 Entonces tomarás el óleo de la unción, lo
derramarás sobre su cabeza y así le ungirás.
8 Harás igualmente que se acerquen sus hijos y los vestirás con túnicas;
9 ceñirás a Aarón y a sus hijos las fajas y les
pondrás las mitras. A ellos les corresponderá el
sacerdocio por decreto perpetuo. Así investirás a
Aarón y a sus hijos.
10 Presentarás el novillo ante la Tienda del Encuentro, y
Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre la cabeza del
novillo.
11 Luego inmolarás el novillo delante de Yahveh, a la entrada de la
Tienda del Encuentro.
12 Tomando sangre del novillo, untarás con tu dedo los cuernos
del altar, y derramarás toda la sangre al pie del altar.
13 Saca todo el sebo que cubre las entrañas, el que queda junto
al hígado, y los dos riñones con el sebo que los
envuelve, para quemarlo en el altar.
14 Pero quemarás fuera del campamento la carne del novillo, con su piel
y sus excrementos. Es sacrificio por el pecado.
15 Después tomarás uno de los carneros y Aarón y
sus hijos impondrán las manos sobre la cabeza del carnero.
16 Una vez inmolado el carnero, tomarás su sangre y la derramarás en
torno al altar.
17 Luego despedazarás el carnero, lavarás sus
entrañas y sus patas; las pondrás sobre sus porciones y
sobre su cabeza,
18 y quemarás todo el carnero en el altar. Es holocausto para
Yahveh, calmante aroma de manjares abrasados en honor de Yahveh.
19 Tomarás también el segundo carnero, y Aarón y
sus hijos impondrán las manos sobre la cabeza del carnero.
20 Una vez inmolado, tomarás su sangre y untarás con ella
el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y el lóbulo
de la oreja derecha de sus hijos; el pulgar de su mano derecha y el
pulgar de su pie derecho, y derramarás la sangre alrededor del
altar.
21 Tomarás luego sangre de la que está sobre el altar, y
óleo de la unción, para rociar a Aarón y sus
vestiduras, a sus hijos y las vestiduras de sus hijos juntamente con
él. Así quedará consagrado él y sus
vestiduras y con él sus hijos y las vestiduras de sus hijos.
22 Toma después el sebo de este carnero: la cola, el sebo que
cubre las entrañas, el que queda junto al hígado, los dos
riñones con el sebo que lo envuelve y la pierna derecha, porque
se trata del carnero de la investidura.
23 Toma del canastillo de los ázimos que está delante de
Yahveh un pan redondo, una torta de pan de aceite y otra, untada de
aceite.
24 Lo pondrás todo sobre las palmas de las manos de Aarón
y de sus hijos; y lo mecerás como ofrenda mecida delante de
Yahveh.
25 Después lo tomarás de sus manos y lo quemarás
en el altar junto al holocausto como calmante aroma ante Yahveh. Es un
manjar abrasado en honor de Yahveh.
26 Tomarás también el pecho del carnero inmolado por la
investidura de Aarón, y lo mecerás como ofrenda mecida
delante de Yahveh; esa será tu porción.
27 Así santificarás el pecho de la ofrenda mecida y la
pierna de la ofrenda reservada, es decir, lo que ha sido mecido y
reservado del carnero de la investidura de Aarón y de sus hijos;
28 según decreto perpetuo, pertenecerán a Aarón y
a sus hijos, como porción recibida de los israelitas, porque es
ofrenda reservada; será reservada de lo que ofrecen los
israelitas, en sus sacrificios de comunión como ofrenda
reservada a Yahveh.
29 Las vestiduras sagradas de Aarón serán, después
de él, para sus hijos, de modo que, vestidos con ellas, sean
ungidos e investidos.
30 Por siete días las vestirá aquel de sus hijos que le
suceda como sacerdote y entre en la Tienda del Encuentro para oficiar
en el Santuario.
31 Tomarás después el carnero de la investidura y cocerás su carne en
lugar sagrado;
32 Aarón y sus hijos comerán a la entrada de la Tienda
del Encuentro la carne del carnero y el pan del canastillo.
33 Comerán aquello que ha servido para su expiación al
investirlos y consagrarlos; pero que ningún laico coma de ello,
porque es cosa sagrada.
34 Si a la mañana siguiente sobra algo de la carne o del pan de
la investidura, quemarás este resto; no ha de comerse, porque es
cosa sagrada.
35 Harás, pues, con Aarón y con sus hijos de esta manera,
según todo lo que te he mandado. Siete días
invertirás en la investidura.
36 Cada día ofrecerás un novillo en expiación como
sacrificio por el pecado; y purificarás, mediante tu
expiación, el altar, que ungirás para consagrarlo.
37 Siete días harás la expiación por el altar, y
lo santificarás; el altar será cosa sacratísima;
todo cuanto toque al altar quedará consagrado.
38 He aquí lo que has de ofrecer sobre el altar: dos corderos primales
cada día, perpetuamente.
39 Ofrecerás un cordero por la mañana y el otro entre dos luces;
40 y con el primer cordero, una décima de medida de flor de
harina, amasada con un cuarto de sextario de aceite de oliva molida, y
como libación un cuarto de sextario de vino.
41 Ofrecerás el otro cordero entre dos luces; lo
ofrecerás con la misma oblación que a la mañana y
con la misma libación, como calmante aroma del manjar abrasado
en honor de Yahveh,
42 en holocausto perpetuo, de generación en generación,
ante Yahveh, a la entrada de la Tienda del Encuentro, donde me
encontraré contigo, para hablarte allí.
43 Me encontraré con los israelitas en ese lugar que será consagrado
por mi gloria.
44 Consagraré la Tienda del Encuentro y el altar, y
consagraré también a Aarón y a sus hijos para que
ejerzan mi sacerdocio.
45 Moraré en medio de los israelitas, y seré para ellos Dios.
46 Y reconocerán que yo soy Yahveh, su Dios, que los
saqué del país de Egipto para morar entre ellos. Yo,
Yahveh, su Dios.
Exodo 30
1 Harás también un altar para quemar el incienso. De madera de acacia
lo harás.
2 Será cuadrado: de un codo de largo y otro de ancho; su altura
será de dos codos. Sus cuernos formarán un solo cuerpo
con él.
3 Lo revestirás de oro puro, tanto su parte superior como sus
costados, así como sus cuernos. Pondrás en su derredor
una moldura de oro,
4 y debajo de la moldura, a los costados, harás dos anillas. Las
harás a ambos lados, para meter por ellas los varales con que
transportarlo.
5 Harás los varales de madera de acacia y los revestirás de oro.
6 Colocarás el altar delante del velo que está junto al
arca del Testimonio y ante el propiciatorio que cubre el Testimonio,
donde yo me encontraré contigo.
7 Aarón quemará en él incienso aromático;
lo quemará todas la mañanas, al preparar las
lámparas,
8 y lo quemará también cuando al atardecer alimente las
lámparas. Será incienso continuo ante Yahveh, de
generación en generación.
9 No ofrezcáis sobre él incienso profano, ni holocausto
ni oblación, ni derraméis sobre él libación
alguna.
10 Aarón una vez al año hará expiación
sobre los cuernos de este altar. Con la sangre del sacrificio por el
pecado, es decir, el de la expiación, una vez cada año
hará expiación por él en vuestras sucesivas
generaciones. Cosa sacratísima es el altar en honor de Yahveh.
11 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:
12 Cuando cuentes el número de los israelitas para hacer su
censo, cada uno pagará a Yahveh el rescate por su vida al ser
empadronado, para que no haya plaga entre ellos con motivo del
empadronamiento.
13 Esto es lo que ha de dar cada uno de los comprendidos en el censo:
medio siclo, en siclos del Santuario. Este siclo es de veinte
óbolos. El tribruto reservado a Yahveh es medio siclo.
14 Todos los comprendidos en el censo, de veinte años en adelante,
pagarán el tributo reservado a Yahveh.
15 El rico no dará más, ni el pobre menos del medio
siclo, al pagar el tributo a Yahveh como rescate de vuestras vidas.
16 Tomarás el dinero del rescate de parte de los israelitas, y
lo darás para el servicio de la Tienda del Encuenro; y
será para los israelitas como recordatorio ante Yahveh por el
rescate de sus vidas.
17 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:
18 Haz una pila de bronce, con su base de bronce, para las abluciones.
Colócala entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echa agua
en ella,
19 para que Aarón y sus hijos se laven las manos y los pies con su agua.
20 Antes de entrar en la Tienda del Encuentro se han de lavar con agua
para que no mueran; también antes de acercarse al altar para el
ministerio de quemar los manjares que se abrasan en honor de Yahveh.
21 Se lavarán las manos y los pies, y no morirán. Este
será decreto perpetuo para ellos, para Aarón y su
posteridad, de generación en generación.
22 Habló Yahveh a Moisés, diciendo:
23 Toma tú aromas escogidos: de mirra pura, quinientos siclos;
de cinamomo, la mitad, o sea, 250; de caña aromática, 250;
24 de casia, quinientos, en siclos del Santuario, y un sextario de
aceite de oliva.
25 Prepararás con ello el óleo para la unción
sagrada, perfume aromático como lo prepara el perfumista. Este
será el óleo para la unción sagrada.
26 Con él ungirás la Tienda del Encuentro y el arca del Testimonio,
27 la mesa con todos sus utensilios, el candelabro con todos sus
utensilios, el altar del incienso,
28 el altar del holocausto con todos sus utensilios y la pila con su
base.
29 Así los consagrarás y serán cosa sacratísima. Todo cuanto los toque
quedará santificado.
30 Ungirás también a Aarón y a sus hijos y los consagrarás para que
ejerzan mi sacerdocio.
31 Hablarás a los israelitas, diciendo: Este será para
vosotros el óleo de la unción sagrada de
generación en generación.
32 No debe derramarse sobre el cuerpo de ningún hombre; no
haréis ningún otro de composición parecida a la
suya. Santo es y lo tendréis por cosa sagrada.
33 Cualquiera que prepare otro semejante, o derrame de él sobre un
laico, será exterminado de su pueblo.
34 Dijo Yahveh a Moisés: Procúrate en cantidades iguales
aromas: estacte, uña marina y gálbano, especias
aromáticas e incienso puro.
35 Prepara con ello, según el arte del perfumista, un incienso
perfumado, sazonado con sal, puro y santo;
36 pulverizarás una parte que pondrás delante del
Testimonio, en la Tienda del Encuentro, donde yo me encontraré
contigo. Será para vosotros cosa sacratísima.
37 Y en cuanto a la composición de este incienso que vas a
hacer, no la imitéis para vuestro uso. Lo tendrás por
consagrado a Yahveh.
38 Cualquiera que prepare otro semejante para aspirar su fragancia,
será exterminado de en medio de su pueblo.
Exodo 31
1 Habló Yahveh a Moisés diciendo:
2 Mira que he designado a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la
tribu de Judá;
3 y le he llenado del espíritu de Dios concediéndole habilidad, pericia
y experiencia en toda clase de trabajos;
4 para concebir y realizar proyectos en oro, plata y bronce;
5 para labrar piedras de engaste, tallar la madera y ejecutar cualquier
otra labor.
6 Mira que yo le he dado por colaborador a Oholiab, hijo de Ajisamak,
de la tribu de Dan; y además, en el corazón de todos los
hombres hábiles he infundido habilidad para que hagan todo lo
que te he mandado:
7 la Tienda del Encuentro, el arca del Testimonio, el propiciatorio que
la cubre y todos los utensilios de la Tienda;
8 la mesa con sus utensilios, el candelabro con todos sus utensilios,
el altar del incienso,
9 el altar del holocausto con todos sus utensilios, la pila con su base;
10 las vestiduras de ceremonia, las vestiduras sagradas del sacerdote
Aarón, y las vestiduras de sus hijos para las funciones
sacerdotales:
11 el óleo de la unción y el incienso aromático
para el Santuario. Ellos lo harán conforme a todo lo que te he
ordenado.
12 Habló Yahveh a Moisés diciendo:
13 Habla tú a los israelitas y diles: No dejéis de
guardar mis sábados; porque el sábado es una señal
entre yo y vosotros, de generación en generación, para
que sepáis que yo, Yahveh, soy el que os santifico.
14 Guardad el sábado, porque es sagrado para vosotros. El que lo
profane morirá. Todo el que haga algún trabajo en
él será exterminado de en medio de su pueblo.
15 Seis días se trabajará; pero el día
séptimo será día de descanso completo, consagrado
a Yahveh. Todo aquel que trabaje en sábado, morirá.
16 Los israelitas guardarán el sábado celebrándolo
de generación en generación como alianza perpetua.
17 Será entre yo y los israelitas una señal perpetua;
pues en seis días hizo Yahveh los cielos y la tierra, y el
día séptimo descansó y tomó respiro.
18 Después de hablar con Moisés en el monte Sinaí,
le dio las dos tablas del Testimonio, tablas de piedra, escritas por el
dedo de Dios.
Exodo 32
1 Cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte, se
reunió el pueblo en torno a Aarón y le dijeron:
«Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, ya que no
sabemos qué ha sido de Moisés, el hombre que nos
sacó de la tierra de Egipto.»
2 Aarón les respondió: «Quitad los pendientes de
oro de las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y vuestras
hijas, y traédmelos.»
3 Y todo el pueblo se quitó los pendientes de oro que llevaba en las
orejas, y los entregó a Aarón.
4 Los tomó él de sus manos, hizo un molde y fundió
un becerro. Entonces ellos exclamaron: «Este es tu Dios, Israel,
el que te ha sacado de la tierra de Egipto.»
5 Viendo esto Aarón, erigió un altar ante el becerro y
anunció: «Mañana habrá fiesta en honor de
Yahveh.»
6 Al día siguiente se levantaron de madrugada y ofrecieron
holocaustos y presentaron sacrificios de comunión. Luego se
sentó el pueblo a comer y beber, y después se levantaron
para solazarse.
7 Entonces habló Yahveh a Moisés, y dijo:
«¡Anda, baja! Porque tu pueblo, el que sacaste de la tierra
de Egipto, ha pecado.
8 Bien pronto se han apartado el camino que yo les había
prescrito. Se han hecho un becerro fundido y se han postrado ante
él; le han ofrecido sacrificios y han dicho: "Este es tu Dios,
Israel, el que te ha sacado de la tierra de Egipto."»
9 Y dijo Yahveh a Moisés: «Ya veo que este pueblo es un pueblo de dura
cerviz.
10 Déjame ahora que se encienda mi ira contra ellos y los devore; de
ti, en cambio, haré un gran pueblo.»
11 Pero Moisés trató de aplacar a Yahveh su Dios,
diciendo: "¿Por qué, oh Yahveh, ha de encenderse tu ira
contra tu pueblo, el que tú sacaste de la tierra de Egipto con
gran poder y mano fuerte?
12 ¿Van a poder decir los egipcios: Por malicia los ha sacado,
para matarlos en las montañas y exterminarlos de la faz de la
tierra? Abandona el ardor de tu cólera y renuncia a lanzar el
mal contra tu pueblo.
13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, siervos tuyos, a
los cuales juraste por ti mismo: Multiplicaré vuestra
descendencia como las estrellas del cielo; toda esta tierra que os
tengo prometida, la daré a vuestros descendientes, y ellos la
poseerán como herencia para siempre.»
14 Y Yahveh renunció a lanzar el mal con que había amenazado a su
pueblo.
15 Volvióse Moisés y bajó del monte, con las dos
tablas del Testimonio en su mano, tablas escritas por ambos lados; por
una y otra cara estaban escritas.
16 Las tablas eran obra de Dios, y la escritura, grabada sobre las
mismas, era escritura de Dios.
17 Cuando Josué oyó la voz del pueblo que gritaba, dijo a
Moisés: «Gritos de guerra en el campamento.»
18 Respondió Moisés: «No son gritos de victoria, ni
alarido de derrota. Cantos a coro es lo que oigo.»
19 Cuando Moisés llegó cerca del campamento y vio el
becerro y las danzas, ardió en ira, arrojó de su mano las
tablas y las hizo añicos al pie del monte.
20 Luego tomó el becerro que habían hecho, lo
quemó y lo molió hasta redurcirlo a polvo, que
esparció en el agua, y se lo dio a beber a los israelitas.
21 Y dijo Moisés a Aarón: «¿Qué te
hizo este pueblo para que hayas traído sobre él tan gran
pecado?»
22 Aarón respondió: «No se encienda la ira de mi
señor. Tú mismo sabes que este pueblo es inclinado al mal.
23 Me dijeron: "Haznos un dios que vaya delante de nosotros, ya que no
sabemos qué le ha sucedido a Moisés, el hombre que nos
sacó de la tierra de Egipto."
24 Yo les contesté: "El que tenga oro despréndase." Ellos
se lo quitaron y me lo dieron; yo lo eché al fuego y
salió este becerro.»
25 Vio Moisés al pueblo desenfrenado - pues Aarón les
había permitido entregarse a la idolatría en medio de sus
adversarios -
26 y se puso Moisés a la puerta del campamento, y
exclamó: «¡A mí los de Yahveh!» y se le
unieron todos los hijos de Leví.
27 El les dijo: «Así dice Yahveh, el Dios de Israel:
Cíñase cada uno su espada al costado; pasad y repasad por
el campamento de puerta en puerta, y matad cada uno a su hermano, a su
amigo y a su pariente.»
28 Cumplieron los hijos de Leví la orden de Moisés; y cayeron aquel día
unos 3000 hombres del pueblo.
29 Y dijo Moisés: «Hoy habéis recibido la
investidura como sacerdotes de Yahveh, cada uno a costa de vuestros
hijos y vuestros hermanos, para que él os dé hoy la
bendición.»
30 Al día siguiente dijo Moisés al pueblo:
«Habéis cometido un gran pecado. Yo voy a subir ahora
donde Yahveh; acaso pueda obtener la expiación de vuestro
pecado.»
31 Volvió Moisés donde Yahveh y dijo: «¡Ay!
Este pueblo ha cometido un gran pecado al hacerse un dios de oro.
32 Con todo, si te dignas perdonar su pecado..., y si no, bórrame del
libro que has escrito.»
33 Yahveh respondió a Moisés: Al que peque contra mí, le borraré yo de
mi libro.
34 Ahora ve y conduce al pueblo adonde te he dicho. He aquí que
mi ángel irá delante de ti, mas en el día de mi
visita los castigaré yo por su pecado.»
35 Y Yahveh castigó al pueblo a causa del becerro fabricado por Aarón.
Exodo 33
1 Dijo Yahveh a Moisés: «Anda, sube de aquí,
tú y el pueblo que sacaste de Egipto, a la tierra que yo
prometí con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: "A
tu posteridad se la daré."
2 Enviaré delante de ti un ángel y expulsaré al
cananeo, al amorreo, al hitita, al perizita, al jivita y al jebuseo.
3 Sube a una tierra que mana leche y miel; que yo no subiré
contigo, pues eres un pueblo de dura cerviz; no sea que te destruya en
el camino.»
4 Al oír el pueblo estas duras palabras, hizo duelo y nadie se vistió
sus galas.
5 Dijo entonces Yahveh a Moisés: «Di a los israelitas:
Vosotros sois un pueblo de dura cerviz. Si yo saliera contigo, aunque
fuera un solo momento, te destruiría. Ahora, pues,
quítate tus galas, para que yo sepa qué he de hacer
contigo.»
6 Y los israelitas se despojaron de sus galas a partir del monte Horeb.
7 Tomó Moisés la Tienda y la plantó para él
a cierta distancia fuera del campamento; la llamó Tienda del
Encuentro. De modo que todo el que tenía que consultar a Yahveh
salía hacia la Tienda del Encuentro, que estaba fuera del
campamento.
8 Cuando salía Moisés hacia la Tienda, todo el pueblo se
levantaba y se quedaba de pie a la puerta de su tienda, siguiendo con
la vista a Moisés hasta que entraba en la Tienda.
9 Y una vez entrado Moisés en la tienda, bajaba la columna de
nube y se detenía a la puerta de la Tienda, mientras Yahveh
hablaba con Moisés.
10 Todo el pueblo veía la columna de nube detenida a la puerta
de la Tienda y se levantaba el pueblo, y cada cual se postraba junto a
la puerta de su tienda.
11 Yahveh hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre
con su amigo. Luego volvía Moisés al campamento, pero su
ayudante, el joven Josué, hijo de Nun, no se apartaba del
interior de la Tienda.
12 Dijo Moisés a Yahveh: «Mira, tú me dices: Haz
subir a este pueblo; pero no me has indicado a quién
enviarás conmigo; a pesar de que me has dicho: "Te conozco por
tu nombre", y también: "Has hallado gracia a mis ojos."
13 Ahora, pues, si realmente he hallado gracia a tus ojos, hazme saber
tu camino, para que yo te conozca y halle gracia a tus ojos, y mira que
esta gente es tu pueblo.»
14 Respondió él: «Yo mismo iré contigo y te daré descanso.»
15 Contestóle: «Si no vienes tú mismo, no nos hagas partir de aquí.
16 Pues ¿en qué podrá conocerse que he hallado
gracia a tus ojos, yo y tu pueblo, sino en eso, en que tú
marches con nosotros? Así nos distinguiremos, yo y tu pueblo, de
todos los pueblos que hay sobre la tierra.»
17 Respondió Yahveh a Moisés: «Haré
también esto que me acabas de pedir, pues has hallado gracia a
mis ojos, y yo te conozco por tu nombre.»
18 Entonces dijo Moisés: «Déjame ver, por favor, tu gloria.»
19 El le contestó: «Yo haré pasar ante tu vista
toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre de Yahveh;
pues hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia con quien
tengo misericordia.»
20 Y añadió: «Pero mi rostro no podrás
verlo; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo.»
21 Luego dijo Ya