Ezequiel2
1Me dijo: «Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte».
2El espíritu entró en mí como se me había dicho y me hizo tenerme en
pie; y oí al que me hablaba.
3Me dijo: «Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a la nación de
los rebeldes, que se han rebelado contra mí. Ellos y sus padres me han
sido contumaces hasta este mismo día.
4Los hijos tienen la cabeza dura y el corazón empedernido; hacia ellos
te envío para decirles: Así dice el señor Yahveh.
5Y ellos, escuchen o no escuchen, ya que son una casa de rebeldía,
sabrán que hay un profeta en medio de ellos.
6Y tú, hijo de hombre, no les tengas miedo, no tengas miedo de sus
palabras si te contradicen y te desprecian y si te ves sentado sobre
escorpiones. No tengas miedo de sus palabras, no te asustes de ellos,
porque son una casa de rebeldía.
7Les comunicarás mis palabras, escuchen o no escuchen, porque son una
casa de rebeldía.
8«Y tú, hijo de hombre, esucha lo que voy a decirte, no seas rebelde
como esa casa de rebeldía. Abre la boca y come lo que te voy a dar. »
9Yo miré: vi una mano que estaba tendida hacia mí, y tenía dentro un
libro enrollado.
10Lo desenrolló ante mi vista: estaba escrito por el anverso y por el
reverso; había escrito: «Lamentaciones, gemidos y ayes. »
Ezequiel3
1Y me dijo: «Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo
y ve luego a hablar a la casa de Israel. »
2Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo,
3y me dijo: «Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo
te doy. » Lo comí y fue en mi boca dulce como la miel.
4Entonces me dijo: «Hijo de hombre, ve a la casa de Israel y háblales
con mis palabras.
5Pues no eres enviado a un pueblo de habla oscura y de lengua difícil,
sino a la casa de Israel.
6No a pueblos numerosos, de habla oscura y de lengua difícil cuyas
palabras no entenderías. Si te enviara a ellos, ¿no es verdad que te
escucharían?
7Pero la casa de Israel no quiere escucharte a ti porque no quiere
escucharme a mí, ya que toda la casa de Israel tiene la cabeza dura y
el corazón empedernido.
8Mira, yo he hecho tu rostro duro como su rostro, y tu frente tan dura
como su frente;
9yo te hecho tu frente dura como el diamante, que es más duro que la
roca. No los temas, no tengas miedo de ellos, porque son una casa de
rebeldía. »
10Luego me dijo: «Hijo de hombre, todas las palabras que yo te dirija,
guárdalas en tu corazón y escúchalas atentamente,
11y luego, anda, ve donde los deportados, donde los hijos de tu pueblo;
les hablarás y les dirás: "Así dice el Señor Yahveh", escuchen o no
escuchen. »
12Entonces, el espíritu me levantó y oí detrás de mí el ruido de una
gran trepidación: «Bendita sea la gloria de Yahveh, en el lugar donde
está»,
13el ruido que hacían las alas de los seres al batir una contra otra, y
el ruido de las ruedas junto a ellos, ruido de gran trepidación.
14Y el espíritu me levantó y me arrebató; yo iba amargado con quemazón
de espíritu, mientras la mano de Yahveh pesaba fuertamente sobre mí.
15Llegué donde los deportados de Tel Abib que residían junto al río
Kebar era aquí donde ellos residían , y permanecí allí siete días,
aturdido, en medio de ellos.
16Al cabo de los siete días, la palabra de Yahveh me fue dirigida en
estos términos:
17«Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel.
Oirás de mi boca la palabra y les advertirás de mi parte.
18Cuando yo diga al malvado: "Vas a morir", si tú no le adviertes, si
no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, a fin
de que viva, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo
te pediré cuentas a ti.
19Si por el contrario adviertes al malvado y él no se aparta de su
maldad y de su mala conducta, morirá él por su culpa, pero tú habrás
salvado tu vida.
20Cuando el justo se aparte de su justicia para cometer injusticia, yo
pondré un obstáculo ante él y morirá; por no haberle advertido tú,
morirá él por su pecado y no se recordará la justicia que había
practicado, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti.
21Si por el contrario adviertes al justo que no peque, y él no peca,
vivirá él por haber sido advertido, y tú habrás salvado tu vida. »
22Allí fue sobre mí la mano de Yahveh; me dijo: «Levántate, sal a la
vega, y allí te hablaré. »
23Me levanté y salí a la vega, y he aquí que la gloria de Yahveh estaba
parada allí, semejante a la gloria que yo había visto junto al río
Kebar, y caí rostro en tierra.
24Entonces, el espíritu entró en mí y me hizo tenerme en pie, y me
habló. Me dijo: «Ve a encerrarte en tu casa.
25Hijo de hombre, he aquí que se te van a echar cuerdas con las que
serás atado, para que no aparezcas en medio de ellos.
26Yo haré que tu lengua se te pegue al paladar, quedarás mudo y dejarás
de ser su censor, porque son una casa de rebeldía.
27Mas cuando yo te hable, abriré tu boca y les dirás: Así dice el Señor
Yahveh; quien quiera escuchar, que escuche, y quien no quiera, que lo
deje; porque son una casa de rebeldía. »
Ezequiel4
1Tú, hijo de hombre, toma un ladrillo y ponlo delante de ti; grabarás
en él una ciudad, Jerusalén,
2y emprenderás contra ella un asedio: construirás contra ella
trincheras, levantarás contra ella terraplenes, emplazarás contra ella
campamentos, instalarás contra ella arietes, todo alrededor.
3Toma luego una sartén de hierro y colócala como un muro de hierro
entre ti y la ciudad. Fijarás tu rostro sobre ella, y quedará en estado
de sitio: tú la sitiarás. Es una señal para la casa de Israel.
4Acuéstate del lado izquierdo y pon sobre ti la culpa de la casa de
Israel. Todo el tiempo que estés acostado así, llevarás su culpa.
5Yo te he impuesto los años de su culpa en una duración de trescientos
noventa días, durante los cuales cargarás con la culpa de la casa de
Israel.
6Cuando hayas terminado estos últimos, te acostarás otra vez del lado
derecho, y llevarás la culpa de la casa de Judá durante cuarenta días.
Yo te he impuesto un día por año.
7Después fijarás tu rostro y tu brazo desnudo sobre el asedio de
Jerusalén, y profetizarás contra ella.
8He aquí que yo te he atado con cuerdas, y no te darás vuelta de un
lado a otro hasta que no hayas cumplido los días de tu reclusión.
9Toma, pues, trigo, cebada, habas, lentejas, mijo, espelta: ponlo en
una misma vasija y haz con ello tu pan. Durante todo el tiempo que
estés acostado de un lado trescientos noventa días comerás de ello.
10El alimento que comas será de un peso de veinte siclos por día, que
comerás de tal a tal hora.
11También beberás el agua con medida, beberás la sexta parte de un
sextario, de tal a tal hora.
12Comerás este alimento en forma de galleta de cebada que será cocida,
a la vista de ellos, sobre excrementos humanos. »
13Y dijo Yahveh: «Así comerán los israelitas su alimento impuro en
medio de las naciones donde yo los arrojaré. »
14Yo dije entonces: «¡Ah, Señor Yahveh!, mi alma no está impura. Desde
mi infancia hasta el presente jamás he comido bestia muerta o
despedazada, ni carne corrompida entró en mi boca. »
15El me dijo: «Bien, en lugar de excrementos humanos te permito usar
boñiga de buey para que hagas tu pan encima. »
16Luego me dijo: «Hijo de hombre, he aquí que yo voy a destruir la
provisión de pan en Jerusalén: comerán el pan con peso y con angustia;
y el agua con medida y con ansiedad la beberán,
17porque faltarán el pan y el agua: quedarán pasmados todos juntos y se
consumirán por sus culpas. »
Ezequiel5
1Tú, hijo de hombre, toma una espada afilada, tómala como navaja de
barbero, y pásatela por tu cabeza y tu barba. Luego tomarás una balanza
y dividirás en partes lo que hayas cortado.
2A un tercio le prenderás fuego en medio de la ciudad, al cumplirse los
días del asedio. El otro tercio lo tomarás y lo cortarás con la espada
todo alrededor de la ciudad. El último tercio lo espacirás al viento, y
yo desenvainaré la espada detrás de ellos.
3Pero de aquí tomarás una pequeña cantidad que recogerás en el vuelo de
tu manto,
4y de éstos tomarás todavía un poco, lo echarás en medio del fuego y lo
quemarás en él. De ahí saldrá el fuego hacia toda la casa de Israel.
5Así dice el Señor Yahveh: Esta es Jerusalén; yo lo había colocado en
medio de las naciones, y rodeado de países.
6Pero ella se ha rebelado contra mis normas con más perversidad que las
naciones, y contra mis decretos más que los países que la rodean. Sí,
han rechazado mis normas y no se han conducido según mis decretos.
7Por eso, así dice el Señor Yahveh: Porque vuestro tumulto es mayor que
el de las naciones que os rodean, porque no os habéis conducido según
mis decretos ni habéis observado mis normas, y ni siquiera os habéis
ajustado a las normas de las naciones que os rodean,
8por eso, así dice el Señor Yahveh: También yo me declaro contra ti,
ejecutaré mis juicios en medio de ti a los ojos de las naciones,
9y haré contigo lo que jamás he hecho y lo que no volveré a hacer
jamás, a causa de todas tus abominaciones.
10Por eso, los padres devorarán a sus hijos, en medio de ti, y los
hijos devorarán a sus padres. Yo haré justicia de ti y esparciré lo que
quede de ti a todos los vientos.
11Por eso, por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que de la misma
manera que tú has contaminado mi santuario con todos tus horrores y
todas tus abominaciones, yo también te rechazaré a ti sin una mirada de
piedad, tampoco yo perdonaré.
12Un tercio de los tuyos morirá de peste o perecerá de hambre en medio
de ti, otro tercio caerá a espada, en tus alrededores, y al otro tercio
lo esparciré yo a todos los vientos, desenvainando la espada detrás de
ellos.
13Mi cólera se desahogará y saciaré en ellos mi furor; me vengaré y
sabrán entonces que yo, Yahveh, he hablado en mi celo, cuando desahogue
mi furor en ellos.
14Y haré de ti una ruina, un oprobio entre las naciones que te rodean,
a los ojos de todos los transeúntes.
15Serás oprobio y blanco de insultos, ejemplo y asombro para las
naciones que te rodean, cuando yo haga justicia de ti con cólera y
furor, con furiosos escarmientos. Yo, Yahveh, he hablado.
16Cuando lance contra ellos las terribles flechas del hambre, que
causan el exterminio, y que yo enviaré para exterminaros, añadiré el
hambre contra vosotros, y destruiré vuestras provisiones de pan.
17Enviaré contra vosotros el hambre y las bestias feroces, que te
dejarán sin hijos; la peste y la sangre pasarán por ti, y haré venir
contra ti la espada. Yo, Yahveh, he hablado.
Ezequiel6
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia los montes de Israel y
profetiza contra ellos.
3Dirás: Montes de Israel, escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así
dice el Señor Yahveh a los montes, a las colinas, a los barrancos y a
los valles: He aquí que yo voy a hacer venir contra vosotros la espada
y destruiré vuestros altos.
4Vuestros altares serán devastados, vuestros braseros de incienso serán
rotos, haré caer a vuestros habitantes, acribillados, delante de
vuestras basuras,
5pondré los cadáveres de los israelitas delante de sus basuras, y
esparciré sus huesos alrededor de vuestros altares.
6En todo lugar donde habitéis, las ciudades quedarán en ruinas y los
altos serán devastados, de forma que vuestros altares queden en ruinas,
como cosa culpable, vuestras basuras sean destrozadas y aventadas,
vuestros braseros de incienso hechos pedazos y aniquiladas vuestras
obras.
7Caerán las víctimas en medio de vosotros, y sabréis que yo soy Yahveh.
8Pero haré que os queden, entre las naciones, algunos supervivientes de
la espada, cuando seáis dispersados por los países.
9Y vuestros supervivientes se acordarán de mí, entre las naciones
adonde hayan sido deportados, aquellos a quienes yo haya quebrantado el
corazón adúltero que se apartó de mí y los ojos que se prostituyeron
detrás de sus basuras. Tendrán horror de sí mismos por las maldades que
cometieron con todas sus abominaciones.
10Y sabrán que yo soy Yahveh: no había hablado en vano de infligirles
todos estos males.
11Así dice el Señor Yahveh. Bate las manos, patalea y di: «¡Ay!», por
todas las execrables abominaciones de la casa de Israel, que va a caer
por la espada, el hambre y la peste.
12El que esté lejos morirá de peste, el que esté cerca caerá a espada,
el que quede sitiado morirá de hambre, porque yo desahogaré mi furor en
ellos.
13Y sabréis que yo soy Yahveh, cuando sus víctimas queden allí entre
sus basuras alrededor de sus altares, en toda colina elevada, en la
cima de todos los montes, bajo todo árbol verde, bajo toda encina
frondosa, dondequiera que ofrecen calmante aroma a todas sus basuras.
14Extenderé mi mano contra ellos y haré de esta tierra una soledad
desolada, desde el desierto hasta Riblá, en todo lugar donde habiten; y
sabrán que yo soy Yahveh.
Ezequiel7
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, di: Así dice el Señor Yahveh a la tierra de Israel:
¡El fin! Llega el fin sobre los cuatro extremos de esta tierra.
3Ahora es el fin para ti; voy a desencadenar mi cólera contra ti, para
juzgarte según tu conducta y pedirte cuentas de todas tus
abominaciones.
4No tendré para ti una mirada de piedad, no te perdonaré, sino que te
pediré cuentas de tu conducta; aparecerán tus abominaciones en medio de
ti, y sabréis que yo soy Yahveh.
5Así dice el Señor Yahveh: ¡Desgracia única! ¡Ya viene la desgracia!
6Se acerca el fin, el fin se acerca vigilante sobre ti, es ya
inminente.
7Te llega el turno, habitante del país. Llega el tiempo, está cercano
el día, consternación, que no ya ¡hurra!, en los montes.
8Ahora voy a derramar sin tregua mi furor sobre ti y a desahogar mi
cólera en ti; voy a juzgarte según tu conducta y a pedirte cuentas de
todas tus abominaciones.
9No tendré una mirada de piedad, no perdonaré; te pediré cuentas de tu
conducta; tus abominaciones aparecerán en medio de ti, y sabréis que yo
soy Yahveh, el que hiere.
10He aquí el día, hele que viene: sale el turno, la vara está florida,
florida la insolencia.
11Se ha erguido la violencia para hacerse vara de maldad. . .
12Ha llegado el momento, está cercano el día. No se alegre el
comprador, no se entristezca el vendedor, porque la ira es contra toda
su multitud.
13El vendedor no volverá a lo vendido, mientras viva entre los vivos,
pues la ira contra toda su multitud no será revocada; y nadie, por su
iniquidad, tendrá segura su vida.
14Se tocará la trompeta, todo estará a punto, pero nadie marchará al
combate, porque mi ira es contra toda su multitud.
15Está la espada afuera, la peste y el hambre dentro. El que se
encuentre en el campo morirá a espada, y al que esté en la ciudad, el
hambre y la peste lo devorarán.
16Sus supervivientes escaparán, andarán por los montes, como las
palomas de los valles, todos ellos gimiendo, cada uno por sus culpas.
17Todas las manos desmayarán, todas las rodillas se irán en agua.
18Se ceñirán ellos de sayal, un escalofrío los invadirá. En todos los
rostros la vergüenza, todas las cabezas rasuradas.
19Arrojarán su plata por las calles y su oro se convertirá en
inmundicia; ni su plata, ni su oro les podrán salvar el día del enojo
de Yahveh. No se saciarán más, no llenarán más su vientre, porque ello
era la ocasión de su culpa.
20De la hermosura de sus joyas hicieron el objeto de su orgullo: con
ellas fabricaron las imágenes de sus monstruos abominables; por eso yo
se lo convertiré en inmundicia.
21Yo lo entregaré al saqueo de los extranjeros, al despojo de los más
impíos de la tierra, que lo profanarán.
22Retiraré mi rostro de ellos, mi tesoro será profanado: los invasores
penetrarán en él y lo profanarán.
23Haz una cadena, porque esta tierra está llena de delitos de sangre,
la ciudad repleta de violencia.
24Yo haré venir a las naciones más crueles, que se apoderarán de sus
casas. Pondré fin al orgullo de los poderosos y sus santuarios serán
profanados.
25Llega el terror; ellos buscarán la paz, pero no la habrá.
26Vendrá desastre tras desastre, noticia tras noticia: se pedirá al
profeta una visión, le faltará al sacerdote la ley, el consejo a los
ancianos.
27El rey estará en duelo, el príncipe hundido en la desolación, las
manos del pueblo de la tierra temblarán. Yo los trataré según su
conducta, los juzgaré según sus juicios, y sabrán que yo soy Yahveh.
Ezequiel8
1El año sexto, el día cinco del sexto mes, estaba yo sentado en mi casa
y los ancianos de Judá sentados ante mí, cuando se posó allí sobre mí
la mano del Señor Yahveh.
2Miré: había allí una forma con aspecto de hombre. Desde lo que
parecían ser sus caderas para abajo era de fuego, y desde sus caderas
para arriba era algo como un resplandor, como el fulgor del electro.
3Alargó una especie de mano y me agarró por un mechón de mi cabeza; el
espíritu me elevó entre el cielo y la tierra y me llevó a Jerusalén, en
visiones divinas, a la entrada del pórtico interior que mira al norte,
allí donde se alza el ídolo de los celos, que provoca los celos.
4Y he aquí que la gloria del Dios de Israel estaba allí; tenía el
aspecto de lo que yo había visto en la vega.
5El me dijo: «Hijo de hombre, lévanta tus ojos hacia el norte. »
Levanté mis ojos hacia el norte y vi que al norte del pórtico del altar
estaba este ídolo de los celos, a la entrada.
6Me dijo: «Hijo de hombre, ¿ves lo que hacen éstos, las grandes
abominaciones que la casa de Israel comete aquí para alejarme de mi
santuario? Todavía has de ver otras grandes abominaciones».
7Me llevó a la entrada del atrio. Yo miré: había un agujero en la
pared.
8Y me dijo: «Hijo de hombre, perfora la pared. » Perforé la pared y se
hizo una abertura.
9Y me dijo: «Entra y contempla las execrables abominaciones que éstos
cometen ahí. »
10Entré y observé: toda clase de representaciones de reptiles y
animales repugnantes, y todas las basuras de la casa de Israel estaban
grabados en la pared, todo alrededor.
11Y setenta hombres, de los ancianos de la casa de Israel uno de ellos
era Yazanías, hijo de Safán , estaban de pie delante de ellos cada uno
con su incensario en la mano. Y el perfume de la nube de incienso
subía.
12Me dijo entonces: «¿Has visto, hijo de hombre, lo que hacen en la
oscuridad los ancianos de la casa de Israel, cada uno en su estancia
adornada de pinturas? Están diciendo: "Yahveh no nos ve, Yahveh ha
abandonado esta tierra. "»
13Y me dijo: «Todavía les verás cometer otras grandes abominaciones. »
14Me llevó a la entrada del pórtico de la Casa de Yahveh que mira al
norte, y vi que allí estaban sentadas las mujeres, plañiendo a Tammuz.
15Me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre? Todavía verás abominaciones
mayores que éstas. »
16Me condujo luego al atrio interior de la Casa de Yahveh. Y he aquí
que a la entrada del santuario de Yahveh, entre el vestíbulo y el
altar, había unos veinticinco hombres que, vuelta la espalda al
santuario de Yahveh y la cara a oriente, se postraban en dirección a
oriente hacia el sol.
17Y me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre? ¿Aún no le bastan a la casa
de Judá las abominaciones que cometen aquí, para que llenen también la
tierra de violencia y vuelvan a irritarme? Mira cómo se llevan el ramo
a la nariz.
18Pues yo también he de obrar con furor; no tendré una mirada de
piedad, no perdonaré. Con voz fuerte gritarán a mis oídos, pero yo no
les escucharé.
Ezequiel9
1Entonces gritó a mis oídos con voz fuerte: «¡Se acercan los castigos
de la ciudad, cada uno con su azote en la mano!»
2Y en esto vinieron, de la dirección del pórtico superior que mira al
norte, seis hombres, cada cual con su azote en la mano. En medio de
ellos había un hombre vestido de lino con una cartera de escriba a la
cintura. Entraron y se detuvieron ante al altar de bronce.
3La gloria del Dios de Israel se levantó de sobre los querubines sobre
los cuales estaba, hacia el umbral de la Casa. Llamó entonces al hombre
vestido de lino que tenía la cartera de escriba a la cintura;
4y Yahveh le dijo: «Pasa por la ciudad, por Jerusalén, y marca una cruz
en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las
abominaciones que se cometen en medio de ella. »
5Y a los otros oí que les dijo: «Recorred la ciudad detrás de él y
herid. No tengáis una mirada de piedad, no perdonéis;
6a viejos, jóvens, doncellas, niños y mujeres matadlos hasta que no
quede uno. Pero al que lleve la cruz en la frente, no le toquéis.
Empezad a partir de mi santuario. » Empezaron, pues, por los ancianos
que estaban delante de la Casa.
7Luego les dijo: «Manchad la Casa, llenad de víctimas los atrios;
salid. » Salieron y fueron hiriendo por la ciudad.
8Mientras ellos herían, yo quedé solo allí y caí rostro en tierra.
Exclamé: «¡Ah, Señor Yahveh!, ¿vas a exterminar a todo el resto de
Israel, derramando tu furor contra Jerusalén?»
9Me dijo: «La culpa de la casa de Israel y de Judá es muy grande,
mucho; la tierra está llena de sangre, la ciudad llena de perversidad.
Pues dicen: "Yahveh ha abandonado la tierra, Yahveh no ve nada. "
10Pues bien, tampoco yo tendré una mirada de piedad ni perdonaré. Haré
caer su conducta sobre su cabeza».
11En aquel momento el hombre vestido de lino que llevaba la cartera a
la cintura, vino a hacer su relación: «He ejecutado lo que me
ordenaste. »
Ezequiel 10
1Miré y vi que sobre el firmamento que estaba sobre la cabeza de los
querubines aparecía, semejante a la piedra de zafiro, algo como una
forma de trono, por encima de ellos.
2Y dijo al hombre vestido de lino: «Métete entre las ruedas, debajo de
los querubines, toma a manos llenas brasas ardientes de entre los
querubines y espárcelas por la ciudad. » Y él entró, ante mis ojos.
3Los querubines estaban parados a la derecha de la Casa cuando el
hombre entró, y la nube llenaba el atrio interior.
4La gloria de Yahveh se elevó de encima de los querubines hacia el
umbral de la Casa y la Casa se llenó de la nube, mientras el atrio
estaba lleno del resplandor de la gloria de Yahveh.
5Y el ruido de las alas de los querubines llegaba hasta el atrio
exterior, semejante a la voz del Dios Sadday cuando habla.
6Cuando dio esta orden al hombre vestido de lino: «Toma fuego de en
medio de las ruedas, de entre los querubines», el hombré fue y se
detuvo junto a la rueda;
7el querubín alargó su mano de entre los querubines hacia el fuego que
había en medio de los querubines, lo tomó y lo puso en las manos del
hombre vestido de lino. Este lo tomó y salió.
8Entonces apareció en los querubines una especie de mano humana debajo
de sus alas.
9Miré: había cuatro ruedas al lado de los querubines, cada rueda junto
a cada querubín, y el aspecto de las ruedas era como el destello del
crisólito.
10Las cuatro parecían tener la misma forma, como si una rueda estuviese
dentro de la otra.
11En su marcha, avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían en
su marcha; seguían, en efecto, la dirección del lado adonde miraba la
cabeza, y no se volvían en su marcha.
12Y todo su cuerpo, su espalda, sus manos y sus alas, así como las
ruedas, estaban llenos de destellos todo alrededor; sus ruedas, las de
los cuatro.
13Oí que a las ruedas se les daba el nombre de «galgal».
14Y cada uno tenía cuatro caras: la primera era la cara del querubín,
la segunda una cara de hombre, la tercera una cara de león y la cuarta
una cara de águila.
15Los querubines se levantaron: era el ser que yo había visto sobre el
río Kebar.
16Cuando los querubines avanzaban, avanzaban las ruedas a su lado;
cuando los querubines desplegaban sus alas para elevarse del suelo, las
ruedas no se volvían tampoco de su lado.
17Cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se
elevaban, se elevaban con ellos las ruedas, porque el espíritu del ser
estaba en ellas.
18La gloria de Yahveh salió de sobre el umbral de la Casa y se posó
sobre los querubines.
19Los querubines desplegaron sus alas y se elevaron del suelo ante mis
ojos, al salir, y las ruedas con ellos. Y se detuvieron a la entrada
del pórtico oriental de la Casa de Yahveh; la gloria del Dios de Israel
estaba encima de ellos.
20Era el ser que yo había visto debajo del Dios de Israel en el río
Kebar; y supe que eran querubines.
21Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas, y bajo sus alas formas de
manos humanas.
22En cuanto a la forma de sus caras, tenían la apariencia de las caras
que yo había visto junto al río Kebar. Cada uno marchaba de frente a
derecho.
Ezequiel 11
1El espíritu me elevó y me condujo al pórtico oriental de la Casa de
Yahveh, el que mira a oriente. Y he aquí que a la entrada del pórtico
había veinticinco hombres, entre los cuales vi a Yazanías, hijo de
Azzur, y a Pelatías, hijo de Benaías, jefes del pueblo.
2El me dijo: «Hijo de hombre, éstos son los hombres que maquinan el
mal, que dan malos consejos en esta ciudad.
3Dicen: "¡No es para pronto el construir casas! Ella es la olla y
nosotros somos la carne. "
4Por eso, profetiza contra ellos, profetiza, hijo de hombre. »
5El espíritu de Yahveh irrumpió en mí y me dijo: «Di: Así dice Yahveh:
Eso es lo que habéis dicho, casa de Israel, conozco bien vuestra
insolencia.
6Habéis multiplicado vuestras víctimas en esta ciudad; habéis llenado
de víctimas sus calles.
7Por eso, así dice el Señor Yahveh: Las víctimas que habéis tirado en
medio de ella son la carne, y ella es la olla; pero yo os haré salir de
ella.
8Teméis la espada, pues yo traeré espada contra vosotros, oráculo del
Señor Yahveh.
9Os sacaré de la ciudad, os entregaré en mano de extranjeros, y haré
justicia de vosotros.
10A espada caeréis; en el término de Israel os juzgaré yo, y sabréis
que yo soy Yahveh.
11Esta ciudad no será olla para vosotros, ni vosotros seréis carne en
medio de ella; dentro del término de Israel os juzgaré yo.
12Y sabréis que yo soy Yahveh cuyos preceptos no habéis seguido y cuyas
normas no habéis guardado por el contrario habíes obrado según las
normas de las naciones que os circundan. »
13En esto, mientras yo estaba profetizando, Pelatías, hijo de Benaías,
murió. Yo caí rostro en tierra y grité con voz fuerte: «¡Ah, Señor
Yahveh!, ¿vas a aniquilar al resto de Israel?»
14Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
15«Hijo de hombre; de cada uno de tus hermanos, de tus parientes y de
toda la casa de Israel, dicen los habitantes de Jerusalén: Seguid lejos
de Yahveh; a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión.
16Por eso, di: Así dice el Señor Yahveh: Sí, yo los he alejado entre
las naciones, y los he dispersado por los países, pero yo he sido un
santuario para ellos, por poco tiempo, en los países adonde han ido.
17Por eso, di: Así dice el Señor Yahveh: Yo os recogeré de en medio de
los pueblos, os congregaré de los países en los que habéis sido
dispersados, y os daré la tierra de Israel.
18Vendrán y quitarán de ella todos sus monstruos y abominaciones;
19yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo:
quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne,
20para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las
pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios.
21En cuanto a aquellos cuyo corazón va en pos de sus monstruos y
abominaciones, yo haré recaer su conducta sobre su cabeza, oráculo del
Señor Yahveh. »
22Los querubines desplegaron sus alas y las ruedas les siguieron,
mientras la gloria del Dios de Israel estaba encima de ellos.
23La gloria de Yahveh se elevó de en medio de la ciudad y se detuvo
sobre el monte que está al oriente de la ciudad.
24El espíritu me elevó y me llevó a Caldea, donde los desterrados, en
visión, en el espíritu de Dios; y la visión que había contemplado se
retiró de mí.
25Yo conté a los desterrados todo lo que Yahveh me había dado a ver.
Ezequiel 12
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, tú vives en medio de la casa de rebeldía: tienen ojos
para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son una casa de
rebeldía.
3Ahora, pues, hijo de hombre, prepárate un equipo de deportado y sal
deportado en pleno día, a sus propios ojos. Saldrás del lugar en que te
encuentras hacia otro lugar, ante sus ojos. Acaso vean que son una casa
de rebeldía.
4Arreglarás tu equipo como un equipo de deportado, de día, ante sus
ojos. Y saldrás por la tarde, ante sus ojos, como salen los deportados.
5Haz a vista de ellos un agujero en la pared, por donde saldrás.
6A sus ojos, cargarás con tu equipaje a la espalda y saldrás en la
oscuridad; te cubrirás el rostro para no ver la tierra, porque yo he
hecho de ti un símbolo para la casa de Israel.
7Yo hice como se me había ordenado; preparé de día mi equipo, como un
equipo de deportado, y por la tarde hice un agujero en la pared con la
mano. Y salí en la oscuridad, cargando con el equipaje a mis espaldas,
ante sus ojos.
8Por la mañana la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
9Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, esta casa de
rebeldía: «Qué es lo que haces»?
10Diles: Así dice el Señor Yahveh. Este oráculo se refiere a Jerusalén
y a toda la casa de Israel que está en medio de ella.
11Di: Yo soy un símbolo para vosotros; como he hecho yo, así se hará
con ellos; serán deportados, irán al destierro.
12El príncipe que está en medio de ellos cargará con su equipo a la
espalda, en la oscuridad, y saldrá; horadarán la muralla para hacerle
salir por ella; y se tapará la cara para no ver la tierra con sus
propios ojos.
13Mas yo tenderé mi lazo sobre él y quedará preso en mi red; le
conduciré a Babilonia, al país de los caldeos; pero no lo verá, y
morirá allí.
14Y a todo su séquito, su guardia y todas sus tropas, yo los esparciré
a todos los vientos y desenvainaré la espada detrás de ellos.
15Y sabrán que yo soy Yahveh cuando los disperse entre las naciones y
los esparza por los países.
16Sin embargo, dejaré que un pequeño número de ellos escapen a la
espada, al hambre y a la peste, para que cuenten todas sus
abominaciones entre las naciones adonde vayan, a fin de que sepan que
yo soy Yahveh.
17La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
18Hijo de hombre, comerás tu pan con temblor y beberás tu agua con
inquietud y angustia;
19y dirás al pueblo de la tierra: Así dice el Señor Yahveh a los
habitantes de Jerusalén que andan por el suelo de Israel: comerán su
pan con angustia, beberán su agua con estremecimiento, para que esta
tierra y los que en ella se encuentran queden libres de la violencia de
todos sus habitantes.
20Las ciudades populosas serán destruidas y esta tierra se convertirá
en desolación; y sabréis que yo soy Yahveh.
21La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
22Hijo de hombre, ¿qué queréis decir con ese proberbio que circula
acerca del suelo de Israel: Los días se prolongan y toda visión se
desvanece?
23Pues bien diles: Así dice el Señor Yahveh: Yo haré que calle ese
proverbio; no se le repetirá más en Israel. Diles en cambio: Llegan los
días en que toda visión se cumplirá,
24pues ya no habrá ni visión vana ni presagio mentiroso en medio de la
casa de Israel.
25Yo, Yahveh, hablaré, y lo que yo hablo es una palabra que cumple sin
dilación. Sí, en vuestros días, casa de rebeldía, yo pronunciaré una
palabra y la ejecutaré, oráculo del Señor Yahveh.
26La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
27Hijo de hombre, mira, la casa de Israel está diciendo: «La visión que
éste contempla es para días lejanos, éste profetiza para una época
remota. »
28Pues bien, diles: Así dice el Señor Yahveh: Ya no habrá más dilación
para ninguna de mis palabras. Lo que yo hablo es una palabra que se
cumple, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 13
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel; profetiza y
di a los que profetizan por su propia cuenta: Escuchad la palabra de
Yahveh.
3Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de los profetas insensatos que siguen su
propia inspiración, sin haber visto nada!
4Como chacales entre las ruinas, tales han sido tus profetas, Israel.
5No habéis escalado a las brechas, no habéis construido una muralla en
torno a la casa de Israel, para que pueda resistir en el combate, en el
día de Yahveh.
6Tienen visiones vanas, presagio mentiroso los que dicen: «Oráculo de
Yahveh», sin que Yahveh les haya enviado; ¡y esperan que se confirme su
palabra!
7¿No es cierto que no tenéis más que visiones vanas, y no anunciáis más
que presagios mentirosos, cuando decís: «Oráculo de Yahveh», siendo así
que yo no he hablado?
8Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Por causa de vuestras palabras
vanas y vuestras visiones mentirosas, sí, aquí estoy contra vosotros,
oráculo del Señor Yahveh.
9Extenderé mi mano contra los profetas de visiones vanas y presagios
mentirosos; no serán admitidos en la asamblea de mi pueblo, no serán
inscritos en el libro de la casa de Israel, no entrarán en el suelo de
Israel, y sabréis que yo soy el Señor Yahveh.
10Porque, en efecto, extravían a mi pueblo diciendo: «¡Paz!», cuando no
hay paz. Y mientras él construye un muro, ellos le recubren de
argamasa.
11Di a los que lo recubren de argamasa: ¡Que haya una lluvia
torrencial, que caiga granizo y un viento de tormenta se desencadene,
12y ved ahí el muro derrumbado! ¿No se os dirá entonces: «¿Dónde está
la argamasa con que lo recubristeis?»
13Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Voy a desencadenar en mi furor
un viento de tormenta, una lluvia torrencial habrá en mi cólera,
granizos caerán en mi furia destructora.
14Derribaré el muro que habéis recubierto de argamasa, lo echaré por
tierra, y sus cimientos quedarán al desnudo. Caerá y vosotros
pereceréis debajo de él, y sabréis que yo soy Yahveh.
15Cuando haya desahogado mi furor contra el muro y contra los que lo
recubren de argamasa, os diré: Ya no existe el muro ni los que lo
revocaban,
16los profetas de Israel que profetizaban sobre Jerusalén y veían para
ella visiones de paz, cuando no había paz, oráculo del Señor Yahveh.
17Y tú, hijo de hombre, vuélvete hacia las hijas de tu pueblo que
profetizan pro su propia cuenta, y profetiza contra ellas.
18Dirás: Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de aquellas que cosen bandas
para todos los puños, que hacen velos para cabezas de todas las tallas,
con ánimo de atrapar a las almas! Vosotras atrapáis a las almas de mi
pueblo, ¿y vais a asegurar la vida de vuestras propias almas?
19Me deshonráis delante de mi pueblo por unos puñados de cebada y unos
pedazos de pan, haciendo morir a las almas que no deben morir y dejando
vivir a las almas que no deben vivir, diciendo mentiras al pueblo que
escucha la mentira.
20Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Heme aquí contra vuestras bandas
con las cuales atrapáis a las almas como pájaros. Yo las desgarraré en
vuestros brazos, y soltaré libres las almas que atrapáis como pájaros.
21Rasgaré vuestros velos y libraré a mi pueblo de vuestras manos; ya no
serán más presa en vuestras manos, y sabréis que yo soy Yahveh.
22Porque afligís el corazón del justo con mentiras, cuando yo no lo
aflijo, y aseguráis las manos del malvado para que no se convierta de
su mala conducta a fin de salvar su vida,
23por eso, no veréis más visiones vanas ni pronunciaréis más presagios.
Yo libraré a mi pueblo de vuestras manos, y sabréis que yo soy Yahveh.
Ezequiel 14
1Algunos ancianos de Israel vinieron a mi casa y se sentaron ante mí.
2Entonces la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
3Hijo de hombre, estos hombres han erigido sus basuras en su corazón,
han puesto delante de su rostro la ocasión de sus culpas, ¿y voy a
dejarme consultar por ellos?
4Habla, pues, y diles: Así dice el Señor Yahveh: A todo aquel de la
casa de Israel que erija sus basuras en su corazón o que ponga delante
de su rostro la ocasión de sus culpas, y luego se presente al profeta,
yo mismo, Yahveh, le responderé, a causa de la multitud de sus basuras,
5a fin de prender a la casa de Israel en su corazón, a aquellos que se
han alejado de mí a causa de todas sus basuras.
6Por eso, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Convertíos,
apartaos de vuestras basuras, de todas vuestras abominaciones apartad
vuestro rostro,
7porque a todo hombre de la casa de Israel, o de los forasteros
residentes en Israel, que se aleje de mí para erigir sus basuras en su
corazón, que ponga delante de su rostro la ocasión de sus culpas, y se
presente al profeta para consultarme, yo mismo, Yahveh, le responderé.
8Volveré mi rostro contra ese hombre, haré de él ejemplo y proverbio,
le extirparé de en medio de mi pueblo, y sabréis que yo soy Yahveh.
9Y si el profeta se deja seducir y pronuncia una palabra, es que yo,
Yahveh, he seducido a ese profeta; extenderé mi mano contra él y le
exterminaré de en medio de mi pueblo Israel.
10Cargarán con el peso de sus culpas ambos: la culpa del profeta será
como la del que le consulte.
11Así, la casa de Israel no se desviará más lejos de mí ni seguirá
manchándose con todas sus culpas. Ellos serán mi pueblo y yo seré su
Dios, oráculo del Señor Yahveh.
12La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
13Hijo de hombre, si un país peca contra mí cometiendo infidelidad, y
yo extiendo mi mano contra él, destruyo su provisión de pan y envío
contra él el hambre para extirpar de allí hombres y bestias,
14y en ese país se hallan estos tres hombres, Noé, Danel y Job, ellos
salvarán su vida por su justicia, oráculo del Señor Yahveh.
15Si yo suelto las bestias feroces contra ese país para privarle de sus
hijos y convertirle en una desolación por donde nadie pase a causa de
las bestias,
16y en ese país se hallan esos tres hombres: por mi vida, oráculo del
Señor Yahveh, que ni hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a
sí mismos, pero el país quedará convertido en desolación.
17O bien, si yo hago venir contra ese país la espada, si digo: «Pase la
espada por este país», y extirpo de él hombres y bestias,
18y esos tres hombres se hallan en ese país: por mi vida, oráculo del
Señor Yahveh, que no podrán salvar ni hijos ni hijas; ellos solos se
salvarán.
19O si envío la peste sobre ese país y derramo en sangre mi furor
contra ellos, extirpando de él hombres y bestias,
20y en ese país se hallan Noé, Danel y Job: por mi vida, oráculo del
Señor Yahveh, que ni hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a
sí mismos por su justicia.
21Pues así dice el Señor Yahveh: Aun cuando yo mande contra Jerusalén
mis cuatro terribles azotes: espada, hambre, bestias feroces y peste,
para extirpar de ella hombres y bestias,
22he aquí que quedan en ella algunos supervivientes que han podido
salir, hijos e hijas; y he aquí que salen hacia vosotros, para que
veáis su conducta y sus obras y os consoléis de la desgracia que yo he
acarreado sobre Jerusalén, de todo lo que he acarreado sobre ella.
23Ellos os consolarán cuando veáis su conducta y sus obras, y sabréis
que no sin motivo hice yo todo lo que hice en ella, oráculo del Señor
Yahveh.
Ezequiel 15
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, ¿en qué vale más el leño de la vid que el leño de
cualquier rama que haya entre los árboles del bosque?
3¿Se toma de él madera para hacer alguna cosa? ¿Se hace con él un
gancho para colgar algún objeto?
4No, se tira al fuego para que lo devore: el fuego devora los dos
cabos; el centro está quemado, ¿sirve aún para hacer algo?
5Si ya, cuando estaba intacto, no se podía hacer nada con él, ¡cuánto
menos, cuando lo ha devorado el fuego y lo ha quemado, se podrá hacer
con él alguna cosa!
6Por eso, así dice el Señor Yahveh:Lo mismo que el leño de la vid,
entre los árboles del bosque, al cual he arrojado al fuego para que lo
devore, así he entregado a los habitantes de Jerusalén.
7He vuelto mi rostro contra ellos. Han escapado al fuego, pero el fuego
los devorará. Y sabréis que yo soy Yahveh, cuando vuelva mi rostro
contra ellos.
8Convertiré esta tierra en desolación, porque han cometido infidelidad,
oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 16
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, haz saber a Jerusalén sus abominaciones.
3Dirás: Así dice el Señor Yahveh a Jerusalén: Por tu origen y tu
nacimiento eres del país de Canaán. Tu padre era amorreo y tu madre
hitita.
4Cuando naciste, el día en que viniste al mundo, no se te cortó el
cordón, no se te lavó con agua para limpiarte, no se te frotó con sal,
ni se te envolvió en pañales.
5Ningún ojo se apiadó de ti para brindarte alguno de estos menesteres,
por compasión a ti. Quedaste expuesta en pleno campo, porque dabas
repugnancia, el día en que viniste al mundo.
6Yo pasé junto a ti y te vi agitándote en tu sangre. Y te dije, cuando
estabas en tu sangre: «Vive»,
7y te hice crecer como la hierba de los campos. Tú creciste, te
desarrollaste, y llegaste a la edad núbil. Se formaron tus senos, tu
cabellera creció; pero estabas completamente desnuda.
8Entonces pasé yo junto a ti y te vi. Era tu tiempo, el tiempo de los
amores. Extendí sobre ti el borde de mi manto y cubrí tu desnudez; me
comprometí con juramento, hice alianza contigo oráculo del señor Yahveh
y tú fuiste mía.
9Te bañé con agua, lavé la sangre que te cubría, te ungí con óleo.
10Te puse vestidos recamados, zapatos de cuero fino, una banda de lino
fino y un manto de seda.
11Te adorné con joyas, puse brazaletes en tus muñecas y un collar a tu
cuello.
12Puse un anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas, y una
espléndida diadema en tu cabeza.
13Brillabas así de oro y plata, vestida de lino fino, de seda y
recamados. Flor de harina, miel y aceite era tu alimento. Te hiciste
cada día más hermosa, y llegaste al esplendor de una reina.
14Tu nombre se difundió entre las naciones, debido a tu belleza, que
era perfecta, gracias al esplendor de que yo te había revestido oráculo
del Señor Yahveh.
15Pero tú te pagaste de tu belleza, te aprovechaste de tu fama para
prostituirte, prodigaste tu lascivia a todo transeúnte entregándote a
él.
16Tomaste tus vestidos para hacerte altos de ricos colores y te
prostituiste en ellos.
17Tomaste tus joyas de oro y plata que yo te había dado y te hiciste
imágenes de hombres para prostituirte ante ellas.
18Tomaste tus vestidos recamados y las recubriste con ellos; y pusiste
ante ellas mi aceite y mi incienso.
19El pan que yo te había dado, la flor de harina, el aceite y la miel
con que yo te alimentaba, lo presentaste ante ellas como calmante
aroma. Y sucedió incluso oráculo del Señor Yahveh
20que tomaste a tus hijos y a tus hijas que me habías dado a luz y se
los sacrificaste como alimento. ¿Acaso no era suficiente tu
prostitución,
21que inmolaste también a mis hijos y los entregaste haciéndoles pasar
por el fuego en su honor?
22Y en medio de todas tus abominaciones y tus prostituciones no te
acordaste de los días de tu juventud, cuando estabas completamente
desnuda, agitándote en tu sangre.
23Y para colmo de maldad ¡ay, ay de ti!, oráculo del Señor Yahveh
24te construiste un prostíbulo, te hiciste una altura en todas las
plazas.
25En la cabecera de todo camino te construiste tu altura y allí
contaminaste tu hermosura, entregaste tu cuerpo a todo transeúnte y
multiplicaste tus prostituciones.
26Te prostituiste a los egipcios, tus vecinos, de cuerpos fornidos, y
multiplicaste tus prostituciones para irritarme.
27Entonces yo levanté mi mano contra ti. Disminuí tu ración y te
entregué a la animosidad de tus enemigas, las hijas de los filisteos,
que se avergonzaban de la infamia de tu conducta.
28Y no harta todavía, te prostituiste a los asirios; te prostituiste
sin hartarte tampoco.
29Luego, multiplicaste tus prostituciones en el país de los mercaderes,
en Caldea, y tampoco esta vez quedaste harta.
30¡Oh, qué débil era tu corazón oráculo del Señor Yahveh para cometer
todas estas acciones, dignas de una prostituta descarada!
31Cuando te contruías un prostíbulo a la cabecera de todo camino,
cuando te hacías una altura en todas las plazas, despreciando el
salario, no eras como la prostituta.
32La mujer adúltera, en lugar de su marido, toma ajenos.
33A toda prostituta se le da un regalo. Tú, en cambio, dabas regalos a
todos tus amantes, y los atraías con mercedes para que vinieron a ti de
los alrededores y se prestasen a tus prostituciones.
34Contigo ha pasado en tus prostituciones al revés que con las otras
mujeres; nadie andaba solicitando detrás de ti; eras tú la que pagabas,
y no se te pagaba: ¡ha sido al revés!
35Pues bien, prostituta, escucha la palabra de Yahveh.
36Así dice el Señor Yahveh: Por haber prodigado tu bronce y descubierto
tu desnudez en tus prostituciones con tus amantes y con todas tus
abominables basuras, por la sangre de tus hijos que les has dado,
37por esto he aquí que yo voy a reunir a todos los amantes a quienes
complaciste, a todos los que amaste y también a los que aborreciste;
los voy a congregar de todas partes contra ti, y descubriré tu desnudez
delante de ellos, para que vean toda tu desnudez.
38Voy a aplicarte el castigo de las mujeres adúlteras y de las que
derraman sangre: te entregaré al furor y a los celos,
39te entregaré en sus manos, ellos arrasarán tu prostíbulo y demolerán
tus alturas, te despojarán de tus vestidos, te arrancarán tus joyas y
te dejarán completamente desnuda.
40Luego, incitarán a la multitud contra ti, te lapidarán, te
acribillarán con sus espadas,
41prenderán fuego a tus casas y harán justicia de ti, a la vista de una
multitud de mujeres; yo pondré fin a tus prostituciones, y no volverás
a dar salario de prostituta.
42Desahogaré mi furor en ti; luego mis celos se retirarán de ti, me
apaciguaré y no me airaré más.
43Porque no te has acordado de los días de tu juventud, y con todas
estas cosas me has provocado, he aquí que también yo por mi parte haré
recaer tu conducta sobre tu cabeza, oráculo del Señor Yahveh. Pues ¿no
has cometido infamia con todas tus abominaciones?
44Mira, todos los autores de proverbios harán uno a propósito de ti,
diciendo: «Cual la madre, tal la hija. »
45Hija eres, sí, de tu madre, que dejó de amar a sus maridos y a sus
hijos, y hermana de tus hermanas, que dejaron de amar a sus maridos y a
sus hijos. Vuestra madre era una hitita y vuestro padre un amorreo.
46Tu hermana mayor es Samaria, que habita a tu izquierda con sus hijas.
Tu hermana menor es Sodoma, que habita a tu derecha con sus hijas.
47No has sido parca en imitar su conducta y en cometer sus
abominaciones; te has mostrado más corrompida que ellas en toda tu
conducta.
48Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que tu hermana Sodoma y sus
hijas no obraron como habéis obrado vosotras, tú y tus hijas.
49Este fue el crimen de tu hermana Sodoma: orgullo, voracidad,
indolencia de la dulce vida tuvieron ella y sus hijas; no socorrieron
al pobre y al indigente,
50se enorgullecieron y cometieron abominaciones ante mí: por eso las
hice desaparecer, como tú viste.
51En cuanto a Samaria, ni la mitad de tus pecados ha cometido. Tú has
cometido muchas más abominaciones que ellas y, al cometer tantas
abominaciones, has hecho parecer justas a tus hermanas.
52Así, pues, carga con tu ignominia por haber decidido el fallo en
favor de tus hermanas: a causa de los pecados que has cometido, mucho
más abominables que los suyos, ellas resultan ser más justas que tú.
Avergüénzate, pues, y carga con tu ignominia por hacer parecer justas a
tus hermanas.
53Yo las restableceré. Restableceré a Sodoma y a sus hijas,
restableceré a Samaria y a sus hijas, y después te restableceré a ti en
medio de ella,
54a fin de que soportes tu ignominia y te avergüences de todo lo que
has hecho, para consuelo de ellas.
55Tu hermana Sodoma y sus hijas serán restablecidas en su antiguo
estado. Samaria y sus hijas serán restablecidas en su antiguo estado.
Tú y tus hijas seréis restablecidas también en vuestro antiguo estado.
56¿No hiciste burla de tu hermana Sodoma, el día de tu orgullo,
57antes que fuese puesta al descubierto tu desnudez? Como ella, eres tú
ahora el blanco de las burlas de las hijas de Edom y de todas las de
los alrededores, de las hijas de los filisteos, que por todas partes te
agobian a desprecios.
58Tú misma soportas las consecuencias de tu infamia y tus
abominaciones, oráculo de Yahveh.
59Pues así dice el Señor Yahveh: Yo haré contigo como has hecho tú, que
menospreciaste el juramento, rompiendo la alianza.
60Pero yo me acordaré de mi alianza contigo en los días de tu juventud,
y estableceré en tu favor una alianza eterna.
61Y tú te acordarás de tu conducta y te avergonzarás de ella, cuando
acojas a tus hermanas, las mayores y las menores, y yo te las dé como
hijas, si bien no en virtud de tu alianza.
62Yo mismo restableceré mi alianza contigo, y sabrás que yo soy Yahveh,
63para que te acuerdes y te avergüences y no oses más abrir la boca de
vergüenza, cuando yo te haya perdonado todo lo que has hecho, oráculo
del Señor Yahveh.
Ezequiel 17
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, propón un enigma, presenta una parábola a la casa de
Israel.
3Dirás: Así dice el Señor Yahveh:El águila grande, de grandes alas, de
enorme envergadura, de espeso plumaje abigarrado, vino al Líbano y
cortó la cima del cedro;
4arrancó la punta más alta de sus ramas, la llevó a un país de
mercaderes y la colocó en una ciudad de comerciantes.
5Luego, tomó de la semilla de la tierra y la puso en un campo de
siembra; junto a una corriente de agua abundante la colocó como un
sauce.
6Y brotó y se hizo una vid desbordante, de pequeña talla, que volvió
sus ramas hacia el águila, mientras sus raíces estaban bajo ella. Se
hizo una vid, echó cepas y alargó sarmientos.
7Había otra águila grande, de grandes alas, de abundante plumaje, y he
aquí que esta vid tendió sus raíces hacia ella, hacia ella alargó sus
ramas, para que la regase desde el terreno donde estaba plantada.
8En campo fértil, junto a una corriente de agua abundante, estaba
plantada, para echar ramaje y dar fruto, para hacerse una vid
magnífica.
9Di: Así dice el Señor Yahveh: ¿Le saldrá bien acaso? ¿No arrancará sus
raíces el águila, no cortará sus frutos, de suerte que se sequen todos
los brotes tiernos que eche, sin que sea menester brazo grande ni
pueblo numeroso para arrancarla de raíz?
10Vedla ahí plantada, ¿prosperará tal vez?Al soplar el viento del este,
¿no se secará totalmente?En el terreno en que brotó, se secará.
11La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
12Di a esa casa de rebeldía: ¿No sabéis lo que significa esto? Di:
Mirad, el rey de Babilonia vino a Jerusalén; tomó al rey y a los
príncipes y los llevó con él a Babilonia.
13Escogió luego a uno de estirpe real, concluyó un pacto con él y le
hizo prestar juramento, después de haberse llevado a los grandes del
país,
14a fin de que el reino quedase modesto y sin ambición, para guardar su
alianza y mantenerla.
15Pero este príncipe se ha rebelado contra él enviando mensajeros a
Egipto en busca de caballos y tropas en gran número. ¿Le saldrá bien?
¿Se salvará el que ha hecho esto? Ha roto el pacto ¡y va a salvarse!
16Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que en el lugar del rey que le
puso en el trono, cuyo juramento despreció y cuyo pacto rompió, allí en
medio de Babilonia morirá.
17Ni con su gran ejército y sus numerosas tropas le salvará Faraón en
la guerra, cuando se levanten terraplenes y se hagan trincheras para
exterminar muchas vidas humanas.
18Ha despreciado el juramento, rompiendo el pacto; aun después de haber
dado su mano, ha hecho todo esto: ¡no tendrá remedio!
19Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por mi vida que el juramento mío
que ha despreciado, mi alianza que ha roto, lo haré recaer sobre su
cabeza.
20Extenderé mi lazo sobre él y quedará preso en mi red; le llevaré a
Babilonia y allí le pediré cuentas de la infidelidad que ha cometido
contra mí.
21Lo más selecto, entre todas sus tropas, caerá a espada, y los que
queden serán dispersados a todos los vientos. Y sabréis que yo, Yahveh,
he hablado.
22Así dice el Señor Yahveh:También yo tomaré de la copa del alto cedro,
de la punta de sus ramas escogeré un ramo y lo plantaré yo mismo en una
montaña elevada y excelsa:
23en la alta montaña de Israel lo plantaré. Echará ramaje y producirá
fruto, y se hará un cedro magnífico. Debajo de él habitarán toda clase
de pájaros, toda clase de aves morarán a la sombra de sus ramas.
24Y todos los árboles del campo sabrán que yo, Yahveh, humillo al árbol
elevado y elevo al árbol humilde, hago secarse al árbol verde y
reverdecer al árbol seco. Yo, Yahveh, he hablado y lo haré.
Ezequiel 18
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2¿Por qué andáis repitiendo este proverbio en la tierra de Israel:Los
padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera?
3Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no repetiréis más este
proverbio en Israel.
4Mirad: todas las vidas son mías, la vida del padre lo mismo que la del
hijo, mías son. El que peque es quien morirá.
5El que es justo y practica el derecho y la justicia,
6no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de
Israel, no contamina a la mujer de su prójimo, ni se acerca a una mujer
durante su impureza,
7no oprime a nadie, devuelve la prenda de una deuda, no comete rapiñas,
da su pan al hambriento y viste al desnudo,
8no presta con usura ni cobra intereses, aparta su mano de la
injusticia, dicta un juicio honrado entre hombre y hombre,
9se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme
a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda, oráculo del Señor
Yahveh.
10Si éste engendra un hijo violento y sanguinario, que hace alguna de
estas cosas
11que él mismo no había hecho, un hijo que come en los montes,
contamina a la mujer de su prójimo,
12oprime al pobre y al indigente, comete rapiñas, no devuelve la
prenda, alza sus ojos a las basuras, comete abominación,
13presta con usura y cobra intereses, éste no vivirá en modo alguno
después de haber cometido todas estas abominaciones; morirá sin
remedio, y su sangre recaerá sobre él.
14Y si éste, a su vez, engendra un hijo que ve todos los pecados que ha
cometido su padre, que los ve sin imitarlos,
15que no come en los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa
de Israel, no contamina a la mujer de su prójimo,
16no oprime a nadie, no guarda la prenda, no comete rapiñas, da su pan
al hambriento, viste al desnudo,
17aparta su mano de la injusticia, no presta con usura, ni cobra
intereses, practica mis normas y se conduce según mis preceptos, éste
no morirá por la culpa de su padre, vivirá sin duda.
18Su padre, porque fue violento, cometió rapiñas y no obró bien en
medio de su pueblo, por eso morirá a causa de su culpa.
19Y vosotros decís: «¿Por qué no carga el hijo con la culpa de su
padre?» Pero el hijo ha practicado el derecho y la justicia, ha
observado todos mis preceptos y los ha puesto en práctica: vivirá sin
duda.
20El que peque es quien morirá; el hijo no cargará con la culpa de su
padre, ni el padre con la culpa de su hijo: al justo se le imputará su
justicia y al malvado su maldad.
21En cuanto al malvado, si se aparta de todos los pecados que ha
cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la
justicia, vivirá sin duda, no morirá.
22Ninguno de los crímenes que cometió se le recordará más; vivirá a
causa de la justicia que ha practicado.
23¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado oráculo del Señor
Yahveh y no más bien en que se convierta de su conducta y viva?
24Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando
todas las abominaciones que comete el malvado, ¿vivirá acaso? No, no
quedará ya memoria de ninguna de las obras justas que había practicado,
sino que, a causa de la infidelidad en que ha incurrido y del pecado
que ha cometido, morirá.
25Y vosotros decís: «No es justo el proceder del Señor. » Escuchad,
casa de Israel: ¿Que no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro
proceder el que no es justo?
26Si el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, a causa
del mal que ha cometido muere.
27Y si el malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el
derecho y la justicia, conservará su vida.
28Ha abierto los ojos y se ha apartado de todos los crímenes que había
cometido; vivirá sin duda, no morirá.
29Y sin embargo la casa de Israel dice: «No es justo el proceder del
Señor. » ¿Que mi proceder no es justo, casa de Israel? ¿No es más bien
vuestro proceder el que no es justo?
30Yo os juzgaré, pues, a cada uno según su proceder, casa de Israel,
oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y apartaos de todos vuestros
crímenes; no haya para vosotros más ocasión de culpa.
31Descargaos de todos los crímenes que habéis cometido contra mí, y
haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de morir,
casa de Israel?
32Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo
del Señor Yahveh. Convertíos y vivid.
Ezequiel 19
1Y tú entona una elegía sobre los príncipes de Israel.
2Dirás: ¿Qué era tu madre? Una leona entre leones. Echada entre los
leoncillos, criaba a sus cachorros.
3Exaltó a uno de sus cachorros, que se hizo un león joven; y aprendió a
desgarrar su presa, devoró hombres.
4Oyeron hablar de él las naciones, en su fosa quedó preso; con garfios
le llevaron al país de Egipto.
5Vio ella que su espera era fallida, fallida su esperanza; y tomo otro
de sus cachorros, le hizo un león joven.
6Andaba éste entre los leones, se hizo un león joven, aprendió a
desgarrar su presa, devoró hombres;
7derribó sus palacios, devastó sus ciudades; la tierra y sus habitantes
estaban aterrados por la voz de su rugido.
8Se alzaron contra él las naciones, las provincias circundantes;
tendieron sobre él su red y en su fosa quedó preso.
9Con garfios le cerraron en jaula, le llevaron al rey de Babilonia en
calabozos le metieron, para que no se oyese más su voz por los montes
de Israel.
10Tu madre se parecía a una vid plantada a orillas de las aguas. Era
fecunda, exuberante, por la abundancia de agua.
11Tenía ramas fuertes para ser cetros reales; su talla se elevó hasta
dentro de las nubes. Era imponente por su altura, por su abundancia de
ramaje.
12Pero ha sido arrancada con furor, tirada por tierra; el viento del
este ha agostado su fruto; ha sido rota, su rama fuerte se ha secado,
la ha devorado el fuego.
13Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequía y de sed.
14Ha salido fuego de su rama, ha devorado sus sarmientos y su fruto. No
volverá a tener su rama fuerte, su cetro real. Esto es una elegía; y de
elegía sirvió.
Ezequiel 20
1El año séptimo, el día diez del quinto mes, algunos de los ancianos de
Israel vinieron a consultar a Yahveh y se sentaron ante mí.
2Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
3Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel. Les dirás: Así dice el
Señor Yahveh: ¿A consultarme venís? Por mi vida, que no me dejaré
consultar por vosotros, oráculo del Señor Yahveh.
4¿Vas a juzgarlos? ¿Vas a juzgar, hijo de hombre? Hazles saber las
abominaciones de sus padres.
5Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: El día que yo elegí a Israel,
alcé mi mano hacia la raza de la casa de Jacob, me manifesté a ellos en
el país de Egipto, y levanté mi mano hacia ellos diciendo: Yo soy
Yahveh, vuestro Dios.
6Aquel día alcé mi mano hacia ellos jurando sacarlos del país de Egipto
hacia una tierra que había explorado para ellos, que mana leche y miel,
la más hermosa de todas las tierras.
7Y les dije: Arrojad cada uno los montruos que seducen vuestros ojos,
no os contaminéis con las basuras de Egipto; yo soy Yahveh, vuestro
Dios.
8Pero ellos se rebelaron contra mí y no quisieron escucharme. Ninguno
arrojó los monstruos que seducían sus ojos; ninguno abandonó las
basuras de Egipto. Pensé entonces, derramar mi furor sobre ellos y
desahogar en ellos mi cólera, en medio del país de Egipto.
9Pero tuve consideración a mi nombre y procedí de modo que no fuese
profanado a los ojos de las naciones entre las que ellos se
encontraban, y a la vista de las cuales me había manifestado a ellos,
sacándolos del país de Egipto.
10Por eso, los saqué del país de Egipto y los conduje al desierto.
11Les di mis perceptos y les di a conocer mis normas, por las que el
hombre vive, si las pone en práctica.
12Y les di además mis sábados como señal entre ellos y yo, para que
supieran que yo soy Yahveh, que los santifico.
13Pero la casa de Israel se rebeló contra mí en el desierto; no se
condujeron según mis preceptos, rechazaron mis normas por las que vive
el hombre, si las pone en práctica, y no hicieron más que profanar mis
sábados. Entonces pensé en derramar mi furor sobre ellos en el
desierto, para exterminarlos.
14Pero tuve consideración a mi nombre, y procedí de modo que no fuese
profanado a los ojos de las naciones, a la vista de las cuales los
había sacado.
15Y, una vez más alcé mi mano hacia ellos en el desierto, jurando que
no les dejaría entrar en la tierra que les había dado, que mana leche y
miel, la más hermosa de todas las tierras.
16Pues habían despreciado mis normas, no se habían conducido según mis
preceptos y habían profanado mis sábados; porque su corazón se iba tras
sus basuras.
17Pero tuve una mirada de piedad para no exterminarlos, y no acabé con
ellos en el desierto.
18Y dije a sus hijos en el desierto: No sigáis las reglas de vuestros
padres, no imitéis sus normas, no os contaminéis con sus basuras.
19Yo soy Yahveh, vuestro Dios. Seguid mis preceptos, guardad mis normas
y ponedlas en práctica.
20Santificad mis sábados; que sean una señal entre yo y vosotros, para
que se sepa que yo soy Yahveh, vuestro Dios.
21Pero los hijos se rebelaron contra mí, no se condujeron según mis
preceptos, no guardaron ni pusieron en práctica mis normas, aquéllas
por las que vive el hombre, si las pone en práctica, y profanaron mis
sábados. Entonces pensé en derramar mi furor sobre ellos y desahogar en
ellos mi cólera, en el desierto.
22Pero retiré mi mano y tuve consideración a mi nombre, procediendo de
modo que no fuese profanado a los ojos de las naciones, a la vista de
las cuales los había sacado.
23Pero una vez más alcé mi mano hacia ellos, en el desierto, jurando
dispersarlos entre las naciones y esparcirlos por los países.
24Porque no habían puesto en práctica mis normas, habían despreciado
mis preceptos y profanado mis sábados, y sus ojos se habían ido tras
las basuras de sus padres.
25E incluso llegué a darles preceptos que no eran buenos y normas con
las que no podrían vivir,
26y los contaminé con sus propias ofrendas, haciendo que pasaran por el
fuego a todo primogénito, a fin de infundirles horror, para que
supiesen que yo soy Yahveh.
27Por eso, hijo de hombre, habla a la casa de Israel. Les dirás: Así
dice el Señor Yahveh: En esto todavía me ultrajaron vuestros padres
siéndome infieles.
28Yo les conduje a la tierra que, mano en alto, había jurado darles.
Allí vieron toda clase de colinas elevadas, toda suerte de árboles
frondosos, y en ellos ofrecieron sus sacrificios y presentaron sus
ofrendas provocadoras; allí depositaron el calmante aroma y derramaron
sus libaciones.
29Y yo les dije: ¿Qué es el alto adonde vosotros vais?; y se le puso el
nombre de Bamá , hasta el día de hoy.
30Pues bien, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Conque
vosotros os contamináis conduciéndoos como vuestros padres,
prostituyéndoos detrás de sus monstruos,
31presentando vuestras ofrendas, haciendo pasar a vuestros hijos por el
fuego; os contamináis con todas vuestras basuras, hasta el día de hoy,
¿y yo voy a dejarme consultar por vosotros, casa de Israel? Por mi
vida, oráculo del Señor Yahveh, que no me dejaré consultar por
vosotros.
32Y no se realizará jamás lo que se os pasa por la imaginación, cuando
decís: «Seremos como las naciones, como las tribus de los otros países,
adoradores del leño y de la piedra. »
33Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo reinaré sobre vosotros,
con mano fuerte y tenso brazo, con furor derramado.
34Os haré salir de entre los pueblos y os reuniré de los países donde
fuisteis dispersados, con mano fuerte y tenso brazo, con furor
derramado;
35os conduciré al desierto de los pueblos y allí os juzgaré cara a
cara.
36Como juzgué a vuestros padres en el desierto de Egipto, así os
juzgaré a vosotros, oráculo del Señor Yahveh.
37Os haré pasar bajo el cayado y os haré entrar por el aro de la
alianza;
38separaré de vosotros a los rebeldes, a los que se han rebelado contra
mí: les haré salir del país en que residen, pero no entrarán en la
tierra de Israel, y sabréis que yo soy Yahveh.
39En cuanto a vosotros, casa de Israel, así dice el Señor Yahveh: Que
vaya cada uno a servir a sus basuras; después, yo juro que me
escucharéis y no profanaréis más mi santo nombre con vuestras ofrendas
y vuestras basuras.
40Porque será en mi santa montaña, en la alta montaña de Israel oráculo
del Señor Yahveh donde me servirá toda la casa de Israel, toda ella en
esta tierra. Allí los acogeré amorosamente y allí solicitaré vuestras
ofrendas y las primicias de vuestros dones, con todas vuestras cosas
santas.
41Como calmante aroma yo os acogeré amorosamente, cuando os haya hecho
salir de entre los pueblos, y os reúna de en medio de los países en los
que habéis sido dispersados; y por vosotros me mostraré santo a los
ojos de las naciones.
42Sabréis que yo soy Yahveh, cuando os conduzca al suelo de Israel, a
la tierra que, mano en alto, juré dar a vuestros padres.
43Allí os acordaréis de vuestra conducta y de todas las acciones con
las que os habéis contaminado, y cobraréis asco de vosotros mismos por
todas las maldades que habéis cometido.
44Sabréis que yo soy Yahveh, cuando actúe con vosotros por
consideración a mi nombre, y no con arreglo a vuestra mala conducta y a
vuestras corrompidas acciones, casa de Israel, oráculo del Señor
Yahveh.
Ezequiel 21
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia el mediodía, destila tus
palabras hacia el sur, profetiza contra el bosque de la región del
Négueb.
3Dirás al bosque del Négueb: Escucha la palabra de Yahveh. Así dice el
Señor Yahveh: He aquí que yo te prendo fuego, que devorará todo árbol
verde y todo árbol seco; será una llama que no se apagará, y arderá
todo, desde el Négueb hasta el Norte.
4Todo el mundo verá que yo, Yahveh, lo he encendido; y no se apagará.
5 Yo dije: ¡Ah, Señor Yahveh!, ésos andan diciendo de mí: «¿No es éste
un charlatán de parábolas?»
6Entonces, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
7Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Jerusalén, destila tus palabras
hacia su santuario y profetiza contra la tierra de Israel.
8Dirás a la tierra de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy
contra ti; voy a sacar mi espada de la vaina y extirparé de ti al justo
y al malvado.
9Para extirpar de ti al justo y al malvado va a salir mi espada de la
vaina, contra toda carne, desde el Négueb hasta el Norte.
10Y todo el mundo sabrá que yo, Yahveh, he sacado mi espada de la
vaina; no será envainada.
11Y tú, hijo de hombre, lanza gemidos, con corazón quebrantado. Lleno
de amargura, lanzarás gemidos ante sus ojos.
12Y si acaso te dicen: «¿Por qué esos gemidos?», dirás: «Por causa de
una noticia a cuya llegada todos los corazones desfallecerán,
desmayarán todos los brazos, todos los espíritus se amilanarán, y todas
las rodillas se irán en agua. Ved que ya llega; es cosa hecha, oráculo
del Señor Yahveh. »
13La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
14Hijo de hombre, profetiza. Dirás: Así dice el Señor. Di: ¡Espada,
espada!Afilada está, bruñida.
15Para la matanza está afilada, para centellear está bruñida. . .
16Se la ha hecho bruñir para empuñarla; ha sido afilada la espada, ha
sido bruñida para ponerla en mano de matador.
17Grita, da alaridos, hijo de hombre, porque está destinada a mi
pueblo, a todos los príncipes de Israel destinados a la espada con mi
pueblo. Por eso golpéate el pecho,
18pues la prueba está hecha. . . oráculo del Señor Yahveh.
19Y tú, hijo de hombre, profetiza y bate palmas. ¡Golpee la espada dos,
tres veces, la espada de las víctimas, la espada de la gran víctima,
que les amenaza en torno!
20A fin de que desmaye el corazón y abunden las ocasiones de caída, en
todas las puertas he puesto yo matanza por la espada, hecha para
centellear, bruñida para la matanza.
21¡Toma un rumbo: a la derecha, vuélvete a la izquierda, donde tus
filos sean requeridos!
22Yo también batiré palmas, saciaré mi furor. Yo, Yahveh, he hablado.
23La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24Y tú, hijo de hombre, marca dos caminos por donde venga la espada del
rey de Babilonia, que salgan los dos del mismo país, y marca una
señalización, márcala en la cabecera del camino de la ciudad;
25trazarás el camino para que venga la espada hacia Rabbá de los
ammonitas y hacia Judá, a la fortaleza de Jerusalén.
26Porque el rey de Babilonia se ha detenido en el cruce, en la cabecera
de los dos caminos, para consultar a la suerte. Ha sacudido las
flechas, ha interrogado a los terafim, ha observado el hígado.
27En su mano derecha está la suerte de Jerusalén: para situar arietes,
dar la orden de matanza, lanzar el grito de guerra, situar arietes
contra las puertas, levantar un terraplén, hacer trincheras.
28Para ellos y a sus ojos, no es más que un vano presagio: se les había
dado un juramento. Pero él recuerda las culpas por las que caerán
presos.
29Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por haber hecho recordar vuestras
culpas, descubriendo vuestros crímenes, haciendo aparecer vuestros
pecados en todas vuestras acciones, y porque así se os ha recordado,
caeréis presos en su mano.
30En cuanto a ti, vil criminal, príncipe de Israel, cuya hora ha
llegado con la última culpa,
31así dice el Señor Yahveh: La tiara se quitará, se depondrá la corona,
todo será transformado; lo humilde será elevado, lo elevado será
humillado.
32Ruina, ruina, ruina, eso es lo que haré con él, como jamás la hubo,
hasta que llegue aquel a quien corresponde el juicio y a quien yo se lo
entregaré.
33Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh a los
ammonitas y sus burlas. Dirás: ¡La espada, la espada está desenvainada
para la matanza, bruñida para devorar, para centellear
34 mientras se tienen para ti visiones vanas, y para ti se presagia la
mentira , para degollar a los viles criminales cuya hora ha llegado con
la última culpa!
35Vuélvela a la vaina. En el lugar donde fuiste creada, en tu tierra de
origen, te juzgaré yo;
36derramaré sobre ti mi ira, soplaré contra ti el fuego de mi furia, y
te entregaré en manos de hombres bárbaros, agentes de destrucción.
37Serás pasto del fuego, tu sangre correrá en medio del país, no
quedará de ti recuerdo alguno, porque yo, Yahveh, he hablado.
Ezequiel 22
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Y tú, hijo de hombre, ¿no vas a juzgar? ¿No vas a juzgar a la ciudad
sanguinaria? Hazle saber todas sus abominaciones.
3Dirás: Así dice el Señor Yahveh: Ciudad que derramas sangre en medio
de ti para que llegue tu hora, que haces basuras en tu suelo para
contaminarte,
4por la sangre que derramaste te has hecho culpable, con las basuras
que hiciste te has contaminado; has adelantado tu hora, ha llegado el
término de tus años. Por eso yo he hecho de ti la burla de las naciones
y la irrisión de todos los países.
5Próximos y lejanos, se reirán de ti, ciudad de nombre impuro, llena de
desórdenes.
6Ahí están dentro de ti los príncipes de Israel, cada uno según su
poder, sólo ocupados en derramar sangre.
7En ti se desprecia al padre y a la madre, en ti se maltrata al
forastero residente, en ti se oprime al huérfano y a la viuda.
8No tienes respeto a mis cosas sagradas, profanas mis sábados.
9Hay en ti gente que calumnia para verter sangre. En ti se come en los
montes, y se comete infamia.
10En ti se descubre la desnudez del propio padre, en ti se hace
violencia a la mujer en estado de impureza.
11Un comete abominación con la mujer de su prójimo, el otro se
contamina de manera infame con su nuera, otro hace violencia a su
hermana, la hija de su propio padre;
12en ti se acepta soborno para derramar sangre; tomas a usura e
interés, explotas a tu prójimo con violencia, y te has olvidado de mí,
oráculo del Señor Yahveh.
13Mira, yo voy a batir palmas a causa de los actos de pillaje que has
cometido y de la sangre que corre en medio de ti.
14¿Podrá tu corazón resistir y tus manos seguir firmes el día en que yo
actúe contra ti? Yo, Yahveh, he hablado y lo haré.
15Te dispersaré entre las naciones, te esparciré por los países,
borraré la impureza que hay en medio de ti,
16por ti misma te verás profanada a los ojos de las naciones, y sabrás
que yo soy Yahveh.
17La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
18Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria;
todos son cobre, estaño, hierro, plomo, en medio de un horno; ¡escoria
son!
19Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por haberos convertido todos
vosotros en escoria, por eso voy a juntaros en medio de Jerusalén.
20Como se pone junto plata, cobre, hierro, plomo y estaño en el horno,
y se atiza el fuego por debajo para fundirlo todo, así os juntaré yo en
mi cólera y mi furor; os pondré y os fundiré.
21Os reuniré, atizaré contra vosotros el fuego de mi furia, y os
fundiré en medio de la ciudad.
22Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos
vosotros en medio de ella, y sabréis que yo, Yahveh, he derramado mi
furor sobre vosotros.
23La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24Hijo de hombre, dile: Eres una tierra que no ha tenido lluvia ni
inundación en el día de la Ira;
25los príncipes que en ella residen son como un león rugiente que
desgarra su presa. Han devorado a la gente, se han apoderado de
haciendas y joyas, han multiplicado las viudas en medio de ella.
26Sus sacerdotes han violado mi ley y profanado mis cosas sagradas; no
han hecho diferencia entre lo sagrado y lo profano, ni han enseñado a
distinguir entre lo puro y lo impuro; se han tapado los ojos para no
ver mis sábados, y yo he sido deshonrado en medio de ellos.
27Sus jefes, en medio de ella, son como lobos que desgarran su presa,
que derraman sangre, matando a las personas para robar sus bienes.
28Sus profetas los han recubierto de argamasa con sus vanas visiones y
sus presagios mentirosos, diciendo: «Así dice el Señor Yahveh», cuando
Yahveh no había hablado.
29El pueblo de la tierra ha hecho violencia y cometido pillaje, ha
oprimido al pobre y al indigente, ha maltratado al forastero sin ningún
derecho.
30He buscado entre ellos alguno que construyera un muro y se mantuviera
de pie en la brecha ante mí, para proteger la tierra e impedir que yo
la destruyera, y no he encontrado a a nadie.
31Entonces he derramado mi ira sobre ellos; en el fuego de mi furia los
he exterminado: he hecho caer su conducta sobre su cabeza, oráculo del
Señor Yahveh.
Ezequiel 23
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre: Había dos mujeres, hijas de la misma madre.
3Se prostituyeron en Egipto; se prostituyeron en su juventud. Allí
fueron palpados sus pechos y acariciado su seno virginal.
4Estos eran sus nombres: Oholá, la mayor, y Oholibá, su hermana. Fueron
mías y dieron a luz hijos e hijas. Sus nombres: Oholá es Samaria;
Oholibá, Jerusalén.
5Oholá se prostituyó cuando me pertenecía a mí; se enamoró perdidamente
de sus amantes, los asirios sus vecinos,
6vestidos de púrpura, gobernadores y prefectos, todos ellos jóvenes
apuestos y hábiles caballeros.
7Les otorgó sus favores eran todos ellos la flor de los asirios y, con
todos aquellos de los que se había enamorado, se contaminó al contacto
de todas sus basuras.
8No cejó en sus prostituciones comenzadas en Egipto, donde se habían
acostado con ella en su juventud, acariciando su seno virginal, y
desahogando con ella su lascivia.
9Por eso yo la entregué en manos de sus amantes, en manos de los
asirios de los que se había enamorado.
10Estos descubrieron su desnudez, se llevaron a sus hijos y sus hijas,
y a ella misma la mataron a espada. Vino así a ser ejemplo para las
mujeres, porque se había hecho justicia de ella.
11Su hermana Oholibá vio esto, pero su pasión y sus prostituciones
fueron todavía más escandalosas que las de su hermana.
12Se enamoró de los asirios, gobernadores y prefectos, vecinos suyos,
magníficamente vestidos, hábiles caballeros, y todos ellos jóvenes
apuestos.
13Yo vi que estaba impura; la conducta era la misma para las dos,
14pero ésta superó sus prostituciones: vio hombres pintados en la
pared, figuras de caldeos pintadas con bermellón,
15con cinto en las caderas y amplios turbantes en sus cabezas, con
aspecto de escuderos todos ellos, que representaban a los babilonios,
caldeos de origen,
16y en cuanto los vio se enamoró de ellos y les envió mensajeros a
Caldea.
17Los babilonios vinieron donde ella, a compartir el lecho de los
amores y a contaminarla con su lascivia; y cuando se contaminó con
ellos, su deseo se apartó de ellos.
18Dejó así al descubierto sus prostituciones y su desnudez; y yo me
aparté de ella como me había apartado de su hermana.
19Pero ésta multiplicó sus prostituciones, acordándose de los días de
su juventud, cuando se prostituía en el país de Egipto,
20y se enamoraba de aquellos disolutos de carne de asnos y miembros de
caballos.
21Has renovado así la inmoralidad de tu juventud, cuando en Egipto
acariciaban tu busto palpando tus pechos juveniles.
22Pues bien, Oholibá, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo suscito
contra ti a todos tus amantes, de los que te has apartado; los voy a
traer contra ti de todas partes,
23a los babilonios y a todos los caldeos, los de Pecod, de Soa y de
Coa, y con ellos a todos los asirios, jóvenes apuestos, gobernadores y
prefectos, todos ellos escuderos de título y hábiles caballeros;
24y vendrán contra ti desde el norte carros y carretas, con una
asamblea de pueblos. Por todas partes te opondrán el pavés, el escudo y
el yelmo. Yo les daré el encargo de juzgarte y te juzgarán conforme a
su derecho.
25Desencadenaré mis celos contra ti, y te tratarán con furor, te
arrancarán la nariz y las orejas, y lo que quede de los tuyos caerá a
espada; se llevarán a tus hijos y a tus hijas, y lo que quede de los
tuyos será devorado por el fuego.
26Te despojarán de tus vestidos y se apoderarán de tus joyas.
27Yo pondré fin a tu inmoralidad y a tus prostituciones comenzadas en
Egipto; no levantarás más tus ojos hacia ellos, ni volverás a acordarte
de Egipto.
28Porque así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo te entrego en manos
de los que detestas, en manos de aquellos de los que te has apartado.
29Ellos te tratarán con odio, se apoderarán de todo el fruto de tu
trabajo y te dejarán completamente desnuda. Así quedará al descubierto
la vergüenza de tus prostituciones. Tu inmoralidad y tus prostituciones
30te han acarreado todo esto, por haberte prostituido a las naciones,
por haberte contaminado con sus basuras.
31Has imitado la conducta de tu hermana, y yo pondré su cáliz en tu
mano.
32Así dice el Señor Yahveh: Beberás el cáliz de tu hermana, cáliz ancho
y profundo, que servirá de burla e irrisión, tan grande es su cabida.
33Te empaparás de embriaguez y de aflicción. Cáliz de desolación y de
angustia, el cáliz de tu hermana Samaria.
34Lo beberás, lo apurarás; roerás hasta los cascotes, y te desgarrarás
el seno. Porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh.
35Por eso, así dice el Señor Yahveh: Puesto que me has olvidado y me
has arrojado a tus espaldas, carga tú también con tu inmoralidad y tus
prostituciones.
36Después, Yahveh me dijo: Hijo de hombre, ¿vas a juzgar a Oholá y
Oholibá? Repróchales sus abominaciones.
37Han cometido adulterio, están ensangrentadas sus manos, han cometido
adulterio con sus basuras, y hasta a sus hijos, que me habían dado a
luz, los han hecho pasar por el fuego como alimento para ellas.
38Han llegado a hacerme hasta esto: han contaminado mi santuario en
este día y han profanado mis sábados;
39después de haber inmolado sus hijos a sus basuras, el mismo día, han
entrado en mi santuario para profanarlo. Esto es lo que han hecho en mi
propia casa.
40Más aún, mandaron en busca de hombres que vinieran de lejos,
enviándoles un mensajero, y cuando vinieron te bañaste, te pintaste los
ojos y te pusiste las joyas;
41luego te reclinaste en un espléndido diván, ante el cual estaba
aderezada una mesa en la que habías puesto mi incienso y mi aceite.
42Se oía allí el ruido de una turba indolente, por la multitud de
hombres, de bebedores traídos del desierto; ponían ellos brazaletes en
las manos de ellas y una corona preciosa en su cabeza.
43Y yo decía de aquella que estaba gastada de adulterios: Todavía sigue
entregándose a sus prostituciones,
44y vienen donde ella, como se viene donde una prostituta. Así han
venido donde Oholá y Oholibá, estas mujeres depravadas.
45Pero hay hombres justos que les aplicarán el juicio reservado a las
adúlteras y a las que derraman sangre, porque ellas son adúlteras y hay
sangre en sus manos.
46Porque así dice el Señor Yahveh: Convóquese contra ellas una asamblea
para entregarlas al terror y al pillaje,
47y la asamblea las matará a pedradas y las acribillará a golpes de
espada; matarán a sus hijos y a sus hijas, y prenderán fuego a sus
casas.
48Yo pondré fin a la inmoralidad en esta tierra; todas las mujeres
quedarán así avisadas y no imitarán vuestra inmoralidad.
49Se hará recaer sobre vosotras vuestra inmoralidad, cargaréis con los
pecados cometidos con vuestras basuras, y sabréis que yo soy el Señor
Yahveh.
Ezequiel 24
1El año noveno, el día diez del décimo mes, la palabra de Yahveh me fue
dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, escribe la fecha de hoy, de este mismo día, porque el
rey de Babilonia se ha lanzado sobre Jerusalén precisamente en este
día.
3Compón una parábola sobre esta casa de rebeldía. Les dirás: Así dice
el Señor Yahveh: Arrima la olla al fuego, arrímala, y echa agua en
ella.
4Amontana dentro trozos de carne, todos los trozos buenos, pierna y
espalda. Llénala de los huesos mejores.
5Toma lo mejor del ganado menor. Apila en torno la leña debajo, hazla
hervir a borbotones, de modo que hasta los huesos se cuezan.
6Porque así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad sanguinaria, olla
toda roñosa, cuya herrumbre no se le va! ¡Vacíala trozo a trozo, sin
echar suertes sobre ella!
7Porque su sangre está en medio de ella, la ha esparcido sobre la roca
desnuda, no la ha derramado en la tierra recubriéndola de polvo.
8Para que el furor desborde, para tomar venganza, he puesto yo su
sangre sobre roca desnuda, para que no fuera recubierta.
9Pues bien, así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad
sanguinaria!También yo voy a hacer un gran montón de leña.
10Apila bien la leña, enciende el fuego, cuece la carne a punto,
prepara las especias, que los huesos se abrasen.
11Y mantén la olla vacía sobre las brasas, para que se caliente, se
ponga al rojo el bronce, se funda dentro de ella su suciedad, y su
herrumbre se consuma.
12Pero ni por el fuego se va la herrumbre de la que está roñosa.
13De la impureza de tu inmoralidad he querido purificarte, pero tú no
te has dejado purificar de tu impureza. No serás, pues, purificada
hasta que yo no desahogue mi furor en ti.
14Yo, Yahveh, he hablado, y cumplo la palabra: no me retraeré, no
tendré piedad ni me compadeceré. Según tu conducta y según tus obras te
juzgarán, oráculo del Señor Yahveh.
15La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
16«Hijo de hombre, mira, voy a quitarte de golpe el encanto de tus
ojos. Pero tú no te lamentarás, no llorarás, no te saldrá una lágrima.
17Suspira en silencio, no hagas duelo de muertos; ciñe el turbante a tu
cabeza, ponte tus sandalias en los pies, no te cubras la barba, no
comas pan ordinario. »
18Yo hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y al
día siguiente por la mañana hice como se me había ordenado.
19El pueblo me dijo: «¿No nos explicarás qué significado tiene para
nosotros lo que estás haciendo?»
20Yo les dije: «La palabra de Yahveh me ha sido dirigida en estos
términos:
21Di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo voy
a profanar mi santurario, orgullo de vuestra fuerza, encanto de
vuestros ojos, pasión de vuestras almas. Vuestros hijos y vuestras
hijas que habéis abandonado, caerán a espada.
22Y vosotros haréis como yo he hecho: no os cubriréis la barba, no
comeréis pan ordinario,
23seguiréis llevando vuestros adornos en la cabeza y vuestras sandalias
en los pies, no os lamentaréis ni lloraréis. Os consumiréis a causa de
vuestras culpas y gemiréis los unos con los otros.
24Ezequiel será para vosotros un símbolo; haréis todo lo que él ha
hecho. Y cuando esto suceda, sabréis que yo soy el Señor Yahveh. »
25Y tú, hijo de hombre, el día en que yo les quite su apoyo, su alegre
ornato, el encanto de sus ojos, el anhelo de su alma, sus hijos y sus
hijas,
26ese día llegará donde ti el fugitivo que traerá la noticia.
27Aquel día se abrirá tu boca para hablar al fugitivo; hablarás y ya no
seguirás mudo; serás un símbolo para ellos, y sabrán que yo soy Yahveh.
Ezequiel 25
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia los ammonitas y profetiza
contra ellos.
3Dirás a los ammonitas: Escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así dice
el Señor Yahveh: Por haber dicho: «¡Ja, ja!» sobre mi santuario cuando
era profanado, sobre la tierra de Israel cuando era devastada y sobre
la casa de Judá cuando marchaba al destierro,
4por eso, he aquí que yo te entrego en posesión a los hijos de Oriente;
emplazarán en ti sus campamentos, y pondrán en ti sus tiendas; ellos
comerán tus frutos y ellos beberán tu leche.
5Yo haré de Rabbá un establo de camellos, y de las ciudades de Ammón un
redil de ovejas. Y sabréis que yo soy Yahveh.
6Así dice el Señor Yahveh: Por haber batido palmas y haber pataleado,
por haberte alegrado, con todo tu desprecio y animosidad, a costa de la
tierra de Israel,
7por eso, he aquí que yo extiendo mi mano contra ti y te entregaré al
saqueo de las naciones, te extirparé de entre los pueblos y te
exterminaré de entre los países. Te destruiré, y sabrás que yo soy
Yahveh.
8Así dice el Señor Yahveh: Porque Moab y Seír han dicho: «Mirad, la
casa de Judá es igual que todas las naciones»,
9por eso, he aquí que yo voy a abrir las espaldas de Moab, y a destruir
de un extremo al otro sus ciudades, las joyas de ese país, Bet
Hayesimot, Baal Meón, Quiryatáyim.
10A los hijos de Oriente, además de los ammonitas, la entrego en
posesión, para que no se recuerde más entre las naciones.
11Haré justicia de Moab, y se sabrá que yo soy Yahveh.
12Así dice el Señor Yahveh: Porque Edom ha ejecutado su venganza sobre
la casa de Judá y se ha hecho gravemente culpable al vengarse de ella,
13por eso, así dice el Señor Yahveh: Yo extenderé mi mano contra Edom y
extirparé de ella hombres y bestias. La convertiré en desierto; desde
Temán a Dedán caerán a espada.
14Pondré mi venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel, que
tratará a Edom según mi cólera y mi furor, y se sabrá lo que es mi
venganza, oráculo del Señor Yahveh.
15Así dice el Señor Yahveh: Porque los filisteos han actuado
vengativamente y han ejecutado su venganza con desprecio y animosidad,
tratando de destruir a impulsos de un odio eterno,
16por eso, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo extiendo mi mano
contra los filisteos; extirparé a los kereteos y destruiré lo que queda
en el litoral del mar.
17Ejecutaré contra ellos terribles venganzas, furiosos escarmientos, y
sabrán que yo soy Yahveh, cuando les aplique mi venganza.
Ezequiel 26
1El año undécimo, el día primero del mes, la palabra de Yahveh me fue
dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, porque Tiro ha dicho contra Jerusalén: «¡Ja, ja! ahí
está rota, la puerta de los pueblos; se vuelve hacia mí, su riqueza
está en ruinas»,
3por eso, así dice el Señor Yahveh:Aquí estoy contra ti, Tiro. Voy a
hacer subir contra ti a naciones numerosas, como el mar hace subir sus
olas.
4Derruirán las murallas de Tiro y abatirán sus torres. Yo barreré de
ella hasta el polvo y la dejaré como roca pelada.
5Quedará, en medio del mar, como un secadero de redes. Porque he
hablado yo, oráculo del Señor Yahveh. Tiro será presa propicia para las
naciones.
6Y sus hijas que están tierra adentro serán muertas a espada. Y se
sabrá que yo soy Yahveh.
7Pues así dice el Señor Yahveh:He aquí que yo traigo contra Tiro, por
el norte, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con
caballos, carros y jinetes y gran número de tropas.
8A tus hijas que están tierra adentro las matará a espada. Hará contra
ti trincheras, levantará contra ti un terraplén, alzará contra ti un
testudo,
9lanzará los golpes de su ariete contra tus murallas, demolerá tus
torres con sus máquinas.
10Sus caballos son tan numerosos que su polvo te cubrirá. Al estrépito
de su caballería, de sus carros y carretas, trepidarán tus murallas
cuando entre él por tus puertas, como se entra en una ciudad, brecha
abierta.
11Con los cascos de sus caballos hollará todas tus calles, a tu pueblo
pasará a cuchillo, y tus grandiosas estelas se desplomarán en tierra.
12Se llevarán como botín tus riquezas, saquearán tus mercancías,
destruirán tus murallas, demolerán tus casas suntuosas. Tus piedras,
tus vigas y tus escombros los echarán al fondo de las aguas.
13Yo haré cesar la armonía de tus canciones, y no se volverá a oír el
son de tus cítaras.
14Te convertiré en roca pelada, quedarás como secadero de redes; no
volverás a ser reconstruida, porque yo, Yahveh, he hablado, oráculo del
Señor Yahveh.
15Así dice el Señor Yahveh a Tiro: Al estruendo de tu caída, cuando
giman las víctimas, cuando hierva la carnicería en medio de ti, ¿no
temblarán las islas?
16Bajarán de sus tronos todos los príncipes del mar, se quitarán sus
mantos, dejarán sus vestidos recamados. Se vestirán de pavores, se
sentarán en tierra, sin tregua temblarán y quedarán pasmados por ti.
17Entonarán por ti una elegía y te dirán: ¡Ah! ahí estás destruida,
desaparecida de los mares, la ciudad famosa, que fue poderosa en el
mar, con tus habitantes, los que infundían el terror en todo el
continente.
18Ahora tiemblan las islas en el día de tu caída, las islas del mar
están aterradas de tu fin.
19Porque así dice el Señor Yahveh: Cuando yo te convierta en una ciudad
en ruinas como las ciudades despobladas, cuando yo empuje sobre ti el
océano, y te cubran las muchas aguas,
20entonces te precipitaré con los que bajan a la fosa, con el pueblo de
antaño; te haré habitar en los infiernos, como las ruinas de antaño,
con los que bajan a la fosa, para que no vuelvas a ser restablecida en
la tierra de los vivos.
21Haré de ti un objeto de espanto, y no existirás más. Se te buscará y
no se te encontrará jamás, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 27
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Y tú, hijo de hombre, entona una elegía sobre Tiro.
3Dirás a Tiro, la ciudad sentada a la entrada del mar, centro del
tráfico de los pueblos hacia islas sin cuento: Así dice el Señor
Yahveh:Tiro, tú decías: Yo soy un navío de perfecta hermosura.
4En el corazón de los mares estaban tus fronteras. Tus fundadores
hicieron perfecta tu hermosura.
5Con cipreses de Senir te construyeron todas tus planchas. Del Líbano
tomaron un cedro para erigirte un mástil.
6De las encinas de Basán hicieron tus remos. El puente te lo hicieron
de marfil incrustado en cedro de las islas de Kittim.
7De lino recamado de Egipto era tu vela que te servía de enseña.
Púrpura y escarlata de las islas de Elisá formaban tu toldo.
8Los habitantes de Sidón y de Arvad eran tus remeros. Y tus sabios,
Tiro, iban a bordo como timoneles.
9En ti estaban los ancianos de Guebal y sus artesanos para reparar tus
averías. Todas las naves del mar y sus marineros estaban contigo para
asegurar tu comercio.
10Los de Persia, de Lud y de Put servían en tu ejército como hombres de
guerra; suspendían en ti el escudo y el yelmo, te daban esplendor.
11Los hijos de Arvad, con tu ejército, guarnecían por todas partes tus
murallas, y los gammadeos tus torres. Suspendían sus escudos en tus
murallas, todo alrededor, y hacían perfecta tu hermosura.
12Tarsis era cliente tuya, por la abundancia de toda riqueza: plata,
hierro, estaño y plomo daba por tus mercancías.
13Yaván, Túbal y Mések traficaban contigo: te daban a cambio hombres y
utensilios de bronce.
14Los de Bet Togarmá daban por tus mercancías caballos de tiro y de
silla, y mulos.
15Los hijos de Rodán traficaban contigo; numerosas islas eran clientes
tuyas; te pagaban con colmillos de marfil y madera de ébano.
16Edom era cliente tuyo por la abundancia de tus productos: daba por
tus mercancías malaquita, púrpura, recamados, batista, coral y rubíes.
17Judá y la tierra de Israel traficaban también contigo: te daban a
cambio trigo de Minnit, pannag, miel, aceite y resina.
18Damasco era cliente tuya por la abundancia de tus productos; gracias
a la abundancia de toda riqueza, te proveía de vino de Jelbón y lana de
Sajar.
19Dan y Yaván, desde Uzal, daban por tus mercancías hierro forjado,
canela y caña.
20Dedán traficaba contigo en sillas de montar.
21Arabia y todos los príncipes de Quedar eran también tus clientes:
pagaban con corderos, carneros y machos cabríos.
22Los mercaderes de Sabá y de Ramá traficaban contigo: aromas de
primera calidad y toda clase de piedras preciosas y oro daban por tus
mercancías.
23Jarán, Kanné y Edén, los mercaderes de Sabá, de Asur y de Kilmad
traficaban contigo.
24Traían a tu mercado vestidos de lujo, mantos de púrpura y brocado,
tapices multicolores y maromas trenzadas.
25Las naves de Tarsis formaban tu flota comercial. Estabas repleta y
pesada en el corazón de los mares.
26A alta mar te condujeron los que a remo te llevaban. El viento de
oriente te ha quebrado en el corazón de los mares.
27Tus riquezas, tus mercancías y tus fletes, tus marineros y tus
timoneles, tus calafates, tus agentes comerciales, todos los guerreros
que llevas, toda la tripulación que transportas, se hundirán en el
corazón de los mares el día de tu naufragio.
28Al oír los gritos de tus marinos, se asustarán las costas.
29Entonces desembarcarán de sus naves todos los remeros. Los marineros,
todos los hombres de mar, se quedarán en tierra.
30Lanzarán su clamor por ti, gritarán amargamente. Se echarán polvo en
la cabeza, se revolcarán en la ceniza;
31se raparán el pelo por tu causa, se ceñirán de sayal. Llorarán por
ti, en la amargura de su alma, con amargo lamento.
32Entonarán por ti, en su duelo, una elegía, harán por ti esta
lamentación: «¿Quién era semejante a Tiro en medio del mar?
33Cuando tus mercancías se desembarcaban, saciabas a muchos pueblos;
con la abundancia de tus riquezas y productos enriquecías a los reyes
de la tierra.
34Mas ahora estás ahí quebrada por los mares en las honduras de las
aguas. Tu carga y toda tu tripulación se han hundido contigo.
35Todos los habitantes de las islas están pasmados por tu causa. Sus
reyes están estremecidos de terror, descompuesto su rostro.
36Los mercaderes de los pueblos silban sobre ti, porque te has
convertido en objeto de espanto, y has desaparecido para siempre. »
Ezequiel 28
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro:Así dice el Señor Yahveh: ¡Oh!,
tu corazón se ha engreído y has dicho: «Soy un dios, estoy sentado en
un trono divino, en el corazón de los mares. »Tú que eres un hombre y
no un dios, equiparas tu corazón al corazón de Dios.
3¡Oh sí, eres más sabio que Danel!Ningún sabio es semejante a ti.
4Con tu sabiduría y tu inteligencia te has hecho una fortuna, has
amontonado oro y plata en tus tesoros.
5Por tu gran sabiduría y tu comercio has multiplicado tu fortuna, y por
su fortuna se ha engreído tu corazón.
6Por eso, así dice el Señor Yahveh:Porque has equiparado tu corazón al
corazón de Dios,
7por eso, he aquí que yo traigo contra ti extranjeros, los más bárbaros
entre las naciones. Desenvainarán la espada contra tu linda sabiduría,
y profanarán tu esplendor;
8te precipitarán en la fosa, y morirás de muerte violenta en el corazón
de los mares.
9¿Podrás decir aún: «Soy un dios», ante tus verdugos?Pero serás un
hombre, que no un dios, entre las manos de los que te traspasen.
10Tendrás la muerte de los incircuncisos, a manos de extranjeros.
Porque he hablado yo, oráculo del Señor Yahveh.
11La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
12Hijo de hombre, entona una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así
dice el Señor Yahveh:Eras el sello de una obra maestra, lleno de
sabiduría, acabado en belleza.
13En Edén estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras
preciosas formaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra
de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados
los aretes y pinjantes que llevabas, aderezados desde el día de tu
creación.
14Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en
el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego.
15Fuiste perfecto en su conducta desde el día de tu creación, hasta el
día en que se halló en ti iniquidad.
16Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de
violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te
he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego.
17Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría
por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he
expuesto como espectáculo a los reyes.
18Por la multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has
profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha
devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos
los que te miraban.
19Todos los pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un
objeto de espanto, y has desaparecido para siempre.
20La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
21Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Sidón y profetiza contra ella.
22Dirás: Así dice el Señor Yahveh:Aquí estoy contra ti, Sidón; en medio
de ti seré glorificado. Se sabrá que yo soy Yahveh, cuando yo haga
justicia de ella y manifeste en ella mi santidad.
23Mandaré contra ella la peste, habrá sangre en sus calles; las
víctimas caerán en medio de ella, bajo la espada que la cercará por
todas partes, y se sabrá que yo soy Yahveh.
24No habrá más, para la casa de Israel, espina que punce ni zarza que
lacere, entre todos sus vecinos que la desprecian, y se sabrá que yo
soy el Señor Yahveh.
25Así dice el Señor Yahveh: Cuando yo reúna a la casa de Israel de en
medio de los pueblos donde está dispersa, manifestaré en ellos mi
santidad a los ojos de las naciones. Habitarán en la tierra que yo di a
mi siervo Jacob;
26habitarán allí con seguridad, construirán casas y plantarán viñas;
vivirán seguros. Cuando yo haga justicia de todos sus vecinos que los
desprecian, se sabrá que yo soy Yahveh su Dios.
Ezequiel 29
1El año décimo, el día doce del décimo mes, la palabra de Yahveh me fue
dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia Faraón, rey de Egipto, y
profetiza contra él y contra todo Egipto.
3Habla y di: Así dice el Señor Yahveh:Aquí estoy contra ti, Faraón, rey
de Egipto, gran cocodrilo, recostado en medio de sus Nilos, tú que has
dicho: «Mi Nilo es mío. yo mismo lo he hecho. »
4Voy a ponerte garfios en las quijadas, pegaré a tus escamas los peces
de tus Nilos, te sacaré fuera de tus Nilos, con todos los peces de tus
Nilos, pegados a tus escamas.
5Te arrojaré al desierto, a ti y a todos los peces de tus Nilos. En la
haz del campo caerás, no serás recogido ni enterrado. A las bestias de
la tierra y a las aves del cielo te entregaré como pasto,
6y sabrán todos los habitantes de Egipto que yo soy Yahveh. Porque has
sido un apoyo de caña para la casa de Israel;
7cuando ellos te agarraban, te rompías en sus manos y desgarrabas toda
su palma; cuando se apoyaban en tí, te hacías pedazos y hacías vacilar
todos los riñones.
8Por eso, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo traigo contra ti la
espada, para extirpar de ti hombres y bestias.
9El país de Egipto se convertirá en desolación y ruina, y se sabrá que
yo soy Yahveh. Por haber dicho: «El Nilo es mío, yo mismo lo he hecho»,
10por eso, aquí estoy yo contra ti y contra tus Nilos. Convertiré el
país de Egipto en ruinas, devastación y desolación, desde Migdol hasta
Siene y hasta la frontera de Etiopía.
11No pasará por él pie de hombre, pie de animal no pasará por él.
Quedará deshabitado durante cuarenta años.
12Yo haré del país de Egipto una desolación en medio de países
desolados; sus ciudades serán una desolación entre ciudades en ruinas,
durante cuarenta años. Dispersaré a los egipcios entre las naciones y
los esparciré por los países.
13Porque así dice el Señor Yahveh: Al cabo de cuarenta años, reuniré a
los habitantes de Egipto de entre los pueblos en los que habían sido
dispersados.
14Recogeré a los cautivos egipcios y los haré volver al país de Patrós,
su país de origen. Allí formarán un reino modesto.
15Egipto será el más modesto de los reinos y no se alzará más sobre las
naciones; le haré pequeño para que no vuelva a imponerse a las
naciones.
16No volverá a ser para la casa de Israel apoyo de su confianza, que
provoque el delito de irse en pos de él. Y se sabrá que yo soy el Señor
Yahveh.
17El año veintisiete, el día uno del primer mes, la palabra de Yahveh
me fue dirigida en estos términos:
18Hijo de hombre, Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha emprendido con su
ejército grandes movimientos contra Tiro. Todas las cabezas han quedado
peladas y todas las espaldas llagadas, pero no ha obtenido de Tiro, ni
para sí ni para su ejército, ningún provecho de la empresa acometida
contra ella.
19Por eso, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo entrego a
Nabucodonosor, rey de Babilonia, el país de Egipto. El saqueará sus
riquezas, se apoderará de sus despojos y se llevará su botín, que será
la paga de su ejército.
20En compensación de su esfuerzo contra Tiro, yo le entrego el país de
Egipto, porque han trabajado para mí, oráculo del Señor Yahveh.
21Aquel día yo haré brotar un cuerno a la casa de Israel, y a ti te
permitiré abrir la boca en medio de ellos. Y sabrán que yo soy Yahveh.
Ezequiel 30
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh:Gemid: «¡Ah,
el día aquel!»
3Porque está cercano el día, está cercano el día de Yahveh, día cargado
de nubarrones, la hora de las naciones será.
4Vendrá la espada sobre Egipto, cundirá el pánico en Kus, cuando las
víctimas caigan en Egipto, cuando sean saqueadas sus riquezas y sus
cimientos derruidos.
5Kus, Put y Lud, toda Arabia y Kub, y los hijos del país de la alianza,
caerán con ellos a espada.
6Así dice Yahveh:Caerán los apoyos de Egipto, se desplomará el orgullo
de su fuerza; desde Migdol a Siene, caerán todos a espada, oráculo del
Señor Yahveh.
7Quedarán desolados entre los países desolados, y sus ciudades estarán
entre las ciudades en ruinas.
8Sabrán que yo soy Yahveh, cuando prenda fuego a Egipto, y se rompan
todos sus apoyos.
9Aquel día saldrán de mi presencia mensajeros en navíos a sembrar el
terror en Kus que se cree segura. Cundirá el pánico entre sus
habitantes, en el día de Egipto, vedle aquí que llega.
10Así dice el Señor Yahveh:Yo pondré fin a la multitud de Egipto, por
mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia.
11El, y su pueblo con él, la más bárbara de las naciones, serán
enviados a asolar el país. Desenvainarán la espada contra Egipto, y
llenarán el país de víctimas.
12Yo dejaré secos los Nilos, y venderé el país en manos de malvados.
Devastaré el país y todo lo que encierra, por mano de extranjeros. Yo,
Yahveh, he hablado.
13Así dice el Señor Yahveh:Haré desaparecer las basuras, y pondré fin a
los falsos dioses de Nof. No habrá más príncipes en Egipto, y yo
sembraré el terror en el país de Egipto.
14Devastaré Patrós, prenderé fuego a Soán, haré justicia de No.
15Derramaré mi furor en Sin, la fortaleza de Egipto, exterminaré la
multitud de No.
16Prenderé fuego a Egipto. Sin se retorcerá de dolor, en No se abrirá
brecha y cundirán las aguas.
17Los jóvenes de On y de Pi Béset caerán a espada, y las ciudades
mismas partirán al cautiverio.
18En Tafnis el día se convertirá en tinieblas cuando yo quiebre allí el
yugo de Egipto y se acabe el orgullo de su fuerza. A ella le cubrirá un
nubarrón, y sus hijas partirán al cautiverio.
19Así haré justicia de Egipto, y se sabrá que yo soy Yahveh.
20El año undécimo, el día siete del primer mes, la palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
21Hijo de hombre, yo he roto el brazo de Faraón, rey de Egipto, y he
aquí que nadie ha curado su herida aplicándole medicamentos y vendas
para curarle, de modo que recobre el vigor para empuñar la espada.
22Por eso, así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo contra Faraón, rey
de Egipto; quebraré sus brazos, el que está sano y el que está roto, y
haré que la espada caiga de su mano.
23Dispersaré a Egipto entre las naciones, lo esparciré por los países.
24Robusteceré los brazos del rey de Babilonia, pondré mi espada en su
mano y romperé los brazos de Faraón, que lanzará ante él gemidos de
víctima.
25Robusteceré los brazos del rey de Babilonia, y los brazos de Faraón
desmayarán. Y se sabrá que yo soy Yahveh, cuando pongo mi espada en la
mano del rey de Babilonia y él la esgrima contra el país de Egipto.
26Dispersaré a Egipto entre las naciones, lo esparciré por los países;
y se sabrá que yo soy Yahveh.
Ezequiel 31
1El año undécimo, el día uno del tercer mes, la palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, di a Faraón, rey de Egipto, y a la multitud de sus
súbditos: ¿A quién compararte en tu grandeza?
3Mira: a un cedro del Líbano de espléndido ramaje, de fronda de amplia
sombra y de elevada talla. Entre las nubes despuntaba su copa.
4Las aguas le hicieron crecer, el abismo le hizo subir, derramando sus
aguas en torno a su plantación, enviando sus acequias a todos los
árboles del campo.
5Por eso su tronco superaba en altura a todos los árboles del campo,
sus ramas se multiplicaban, se alargaba su ramaje, por la abundancia de
agua que le hacía crecer.
6En sus ramas anidaban todos los pájaros del cielo, bajo su fronda
parían todas las bestias del campo, a su sombra se sentaban naciones
numerosas.
7Era hermoso en su grandeza, en su despliegue de ramaje, porque sus
raíces se alargaban hacia aguas abundantes.
8No le igualaban los demás cedros en el jardín de Dios, los cipreses no
podían competir con su ramaje, los plátanos no tenían ramas como las
suyas. Ningún árbol, en el jardín de Dios, le igualaba en belleza.
9Yo le había embellecido con follaje abundante, y le envidiaban todos
los árboles de Edén, los del jardín de Dios.
10Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Por haber exagerado su talla,
levantando su copa por entre las nubes, y haberse engreído su corazón
de su altura,
11yo le he entregado en manos del conductor de las naciones, para que
le trate conforme a su maldad; ¡le he desechado!
12Extranjeros, los más báraros entre las naciones, lo han talado y lo
han abandonado. En los montes y por todos los valles yace su ramaje;
sus ramas están destrozadas por todos los barrancos del país; toda la
población del país se ha retirado de su sombra y lo ha abandonado.
13Sobre sus despojos se han posado todos los pájaros del cielo, a sus
ramas han venido todas las bestias del campo.
14Ha sido para que ningún árbol plantado junto a las aguas se engría de
su talla, ni levante su copa por entre las nubes, y para que ningún
árbol bien regado se estire hacia ellas con su altura. ¡Porque todos
ellos están destinados a la muerte, a los infiernos, como el común de
los hombres, como los que bajan a la fosa!
15Así dice el Señor Yahveh: El día que bajó al seol, en señal de duelo
yo cerré sobre él el abismo, detuve sus ríos, y las aguas abundantes
cesaron; por causa de él llené de sombra el Líbano, y todos los árboles
del campo se amustiaron por él.
16Hice temblar a las naciones por el estrépito de su caída, cuando le
precipité en el seol, con los que bajan a la fosa. En los infiernos se
consolaron todos los árboles de Edén, lo más selecto y más bello del
Líbano, regados todos por las aguas.
17Y al mismo tiempo que él, bajaron al seol, donde las víctimas de la
espada, los que eran su brazo y moraban a su sombra en medio de las
naciones.
18¿A quién eras comparable en gloria y en grandeza, entre los árboles
de Edén? Sin embargo has sido precipitado, con los árboles de Edén, en
los infiernos; en medio de incircuncisos yaces, con las víctimas de la
espada: ése es Faraón y toda su multitud, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 32
1El año duodécimo, el día uno del duodécimo mes, la palabra de Yahveh
me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, entona una elegía sobre Faraón, rey de Egipto. Le
dirás:Leoncillo de las naciones, estás perdido. Eras como un cocodrilo
en los mares, chapoteabas en tus ríos, enturbiabas el agua con tus
patas, agitabas su corriente.
3Así dice el Señor Yahveh:Yo echaré sobre ti mi red entre una asamblea
de pueblos numerosos, en mi red te sacarán.
4Te dejaré abandonado por tierra, te tiraré sobre la haz del campo,
haré que se posen sobre ti todos los pájaros del cielo, hartaré de ti a
todas las bestias de la tierra.
5Echaré tu carne por los montes, de tu carroña llenaré los valles.
6Regaré el país con tus despojos, con tu sangre, sobre los montes, y
los barrancos se llenarán de ti.
7Cuando te extingas, velaré los cielos y oscureceré las estrellas.
Cubriré el sol de nubes y la luna no dará más su claridad.
8Oscureceré por tu causa todos los astros que brillan en el cielo, y
traeré tinieblas sobre tu país, oráculo del Señor Yahveh.
9Entristeceré el corazón de muchos pueblos cuando haga llegar la
noticia de tu ruina entre las naciones, hasta países que no conoces.
10Dejaré pasmados por ti a muchos pueblos, y sus reyes se estremecerán
de horror por tu causa, cuando yo blanda mi espada ante ellos.
Temblarán sin tregua, cada uno por su vida, el día de tu caída.
11Porque así dice el Señor Yahveh:La espada del rey de Babilonia caerá
sobre ti.
12Abatiré la multitud de tus súbditos, por la espada de guerreros,
todos ellos los más bárbaros de las naciones; arrasarán el orgullo de
Egipto y toda su multitud será exterminada.
13Y haré perecer a todo tu ganado, junto a las aguas abundantes. No las
enturbiará más pie de hombre, no volverá a enturbiarlas pezuña de
animal.
14Entonces yo amansaré sus aguas, haré correr sus ríos como aceite,
oráculo del Señor Yahveh.
15Cuando yo convierta a Egipto en desolación, y el país sea despojado
de cuanto contiene, cuando hiera a todos los que lo habitan, sabrán que
yo soy Yahveh.
16Una elegía es ésta, que cantarán las hijas de las naciones. La
cantarán sobre Egipto y sobre toda su multitud. Cantarán esta elegía,
oráculo del Señor Yahveh.
17El año duodécimo, el quince del primer mes, la palabra de Yahveh me
fue dirigida en estos términos:
18Hijo de hombre, haz una lamentación sobre la multitud de Egipto,
hazle bajar, a él y a las hijas de las naciones, majestuosas, a los
infiernos, con los que bajan a la fosa.
19¿A quién superas en belleza? Baja, acuéstate con los incircuncisos.
20En medio de las víctimas de la espada caen (la espada ha sido
entregada, la han sacado) él y todas sus multitudes.
21Le hablan de en medio del seol los más esclarecidos héroes, con sus
auxiliares: «Han bajado, yacen ya los incircuncisos, víctimas de la
espada».
22Allí está Asur y toda su asamblea con sus sepulcros en torno a él,
todos caídos, víctimas de la espada;
23sus sepulcros han sido puestos en las profundidades de la fosa, y su
asamblea está en torno a su sepulcro, todos caídos víctimas de la
espada, los que sembraban el pánico en la tierra de los vivos.
24Allí está Elam con toda su multitud en torno a su sepulcro; todos
caídos víctimas de la espada, han bajado, incircuncisos, a los
infiernos, ellos que sembraban el pánico en la tierra de los vivos.
Soportan su ignominia con los que bajan a la fosa.
25En medio de estas víctimas se le ha preparado un lecho, entre toda su
multitud con sus sepulcros en torno a él; todos ellos incircuncisos,
víctimas de la espada, por haber sembrado el pánico en la tierra de los
vivos; soportan su ignominia con los que bajan a la fosa. Se les ha
puesto en medio de estas víctimas.
26Allí están Mesek, Túbal y toda su multitud con sus sepulcros en torno
a él, todos incircuncisos, atravesados por la espada, por haber
sembrado el pánico en la tierra de los vivos.
27No yacen con los héroes caídos de antaño, aquellos que bajaron al
seol con sus armas de guerra, a los que se les ha puesto la espada bajo
su cabeza y los escudos sobre sus huesos, porque el pánico de los
héroes cundía en la tierra de los vivos.
28Pero tú serás quebrantado en medio de incircuncisos y yacerás con las
víctimas de la espada.
29Allí está Edom, sus reyes y todos sus príncipes, que fueron puestos,
a pesar de su prepotencia, entre las víctimas de la espada. Yacen entre
incircuncisos, con los que bajan a la fosa.
30Allí están todos los príncipes del norte, todos los sidonios, que
bajaron con las víctimas, a pesar del pánico que sembraba su
prepotencia. Confundidos, yacen, incircuncisos, entre las víctimas de
la espada, y soportan su ignominia con los que bajan a la fosa.
31Faraón los verá y se consolará a la vista de toda esa multitud,
víctima de la espada, Faraón y todo su ejército, oráculo del Señor
Yahveh.
32Porque había sembrado el pánico en la tierra de los vivos, será
tendido en medio de incircuncisos, con las víctimas de la espada:
Faraón y toda su multitud, oráculo del Señor Yahveh.
Ezequiel 33
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo. Les dirás: Si yo hago
venir la espada sobre un país, y la gente de ese país escoge a uno de
los suyos y le ponen como centinela;
3y éste, al ver venir la espada sobre el país, toca el cuerno para
advertir al pueblo:
4si resulta que alguien oye bien el sonido del cuerno, pero no hace
caso, de suerte que la espada sobreviene y le mata, la sangre de este
hombre recaerá sobre su propia cabeza.
5Ha oído el sonido del cuerno y no ha hecho caso: su sangre recaerá
sobre él. En cambio, el que haya hecho caso, salvará su vida.
6Si, por el contrario, el centinela ve venir la espada y no toca el
cuerno, de suerte que el pueblo no es advertido, y la espada sobreviene
y mata a alguno de ellos, perecerá éste por su culpa, pero de su sangre
yo pediré cuentas al centinela.
7A ti, también, hijo de hombre, te he hecho yo centinela de la casa de
Israel. Cuando oigas una palabra de mi boca, les advertirás de mi
parte.
8Si yo digo al malvado: «Malvado, vas a morir sin remedio», y tú no le
hablas para advertir al malvado que deje su conducta, él, el malvado,
morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti.
9Si por el contrario adviertes al malvado que se convierta de su
conducta, y él no se convierte, morirá él debido a su culpa, mientras
que tú habrás salvado tu vida.
10Y tú, hijo de hombre, di a la casa de Israel: Vosotros andáis
diciendo: «Nuestros crímenes y nuestros pecados pesan sobre nosotros y
por causa de ellos nos consumimos. ¿Cómo podremos vivir?»
11Diles: «Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo no me complazco
en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su
conducta y viva. Convertíos, convertíos de vuestra mala conducta. ¿Por
qué habéis de morir, casa de Israel?»
12Y tú, hijo de hombre, di a los hijos de tu pueblo: La justicia del
justo no le salvará el día de su perversión, ni la maldad del malvado
le hará sucumbir el día en que se aparte de su maldad. Pero tampoco el
justo vivirá en virtud de su justicia el día en que peque.
13Si yo digo al justo: «Vivirás», pero él, fiándose de su justicia,
comete la injusticia, no quedará memoria de toda su justicia, sino que
morirá por la injusticia que cometió.
14Y si digo al malvado: «Vas a morir», y él se aparta de pecado y
practica el derecho y la justicia,
15si devuelve la prenda, restituye lo que robó, observa los preceptos
que dan la vida y deja de cometer injusticia, vivirá ciertamente, no
morirá.
16Ninguno de los pecados que cometió se le recordará más: ha observado
el derecho y la justicia; ciertamente vivirá.
17Y los hijos de tu pueblo dicen: «No es justo el proceder del Señor. »
El proceder de ellos es el que no es justo.
18Cuando el justo se aparta de su justicia para cometer injusticia,
muere por ello.
19Y cuando el malvado se aparta de su maldad y observa el derecho y la
justicia, vive por ello.
20Y vosotros decís: «No es justo el proceder del Señor. » Yo os
juzgaré, a cada uno según su conducta, casa de Israel.
21El año duodécimo, el día cinco del décimo mes de nuestra cautividad,
llegó donde mí el fugitivo de Jerusalén y me anunció: «La ciudad ha
sido tomada. »
22La mano de Yahveh había venido sobre mí, la tarde antes de llegar el
fugitivo, y me había abierto la boca para cuando éste llegó donde mí
por la mañana; mi boca se abrió y no estuve más mudo.
23Entonces, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24Hijo de hombre, los que habitan esas ruinas, en el suelo de Israel,
dicen: «Uno solo era Abraham y obtuvo en posesión esta tierra. Nosotros
somos muchos; a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión. »
25Pues bien, diles: Así dice el Señor Yahveh: Vosotros coméis con
sangre, alzáis los ojos hacia vuestras basuras, derramáis sangre, ¡y
vais a poseer esta tierra!
26Confiáis en vuestras espadas, cometéis abominación, cada cual
contamina a la mujer de su prójimo, ¡y vais a poseer esta tierra!
27Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: Por mi vida, que los que están
entre las ruinas caerán a espada, a los que andan por el campo los
entregaré a las bestias como pasto, y los que están en las escarpaduras
y en las cuevas morirán de peste.
28Convertiré esta tierra en soledad desolada, y se acabará el orgullo
de su fuerza. Los montes de Israel serán devastados y nadie pasará más
por ellos.
29Y se sabrá que yo soy Yahveh, cuando convierta esta tierra soledad
desolada, por todas las abominaciones que han cometido.
30En cuanto a ti, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo hablan de ti a
la vera de los muros y a las puertas de las casas. Se dicen unos a
otros: «Vamos a escuchar qué palabra viene de parte de Yahveh. »
31Y vienen a ti en masa, y mi pueblo se sienta delante de ti; escuchan
tus palabras, pero no las ponen en práctica. Porque hacen amores con su
bosca, pero su corazón sólo anda buscando su interés.
32Tú eres para ellos como una canción de amor, graciosamente cantada,
con acompañamiento de buena música. Escuchan tus palabras, pero no hay
quien las cumpla.
33Mas cuando todo esto llegue y he aquí que ya llega , sabrán que había
un profeta en medio de ellos.
Ezequiel 34
1La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza.
Dirás a los pastores: Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de los pastores de
Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar
el rebaño?
3Vosotros os habéis tomado la leche, os habéis vestido con la lana,
habéis sacrificado las ovejas más pingües; no habéis apacentado el
rebaño.
4No habéis fortalecido a las ovejas débiles, no habéis cuidado a la
enferma ni curado a la que estaba herida, no habéis tornado a la
descarriada ni buscado a la perdida; sino que las habéis dominado con
violencia y dureza.
5Y ellas se han dispersado, por falta de pastor, y se han convertido en
presa de todas las fieras del campo; andan dispersas.
6Mi rebaño anda errante por todos los montes y altos collados; mi
rebaño anda dispers