parroquia de santiago apóstol. LORCA
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SALMOS

 

 


 

 

Salmos 1
1 ¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta,
2 mas se complace en la ley de Yahveh, su ley susurra día y noche!
3 Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien.
4 ¡No así los impíos, no así! Que ellos son como paja que se lleva el viento.
5 Por eso, no resistirán en el Juicio los impíos, ni los pecadores en la comunidad de los justos.
6 Porque Yahveh conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos se pierde.
Salmos 2
1 ¿Por qué se agitan las naciones, y los pueblos mascullan planes vanos?
2 Se yerguen los reyes de la tierra, los caudillos conspiran aliados contra Yahveh y contra su Ungido:
3 «¡Rompamos sus coyundas, sacudámonos su yugo!»
4 El que se sienta en los cielos se sonríe, Yahveh se burla de ellos.
5 Luego en su cólera les habla, en su furor los aterra:
6 «Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo.»
7 Voy a anunciar el decreto de Yahveh: El me ha dicho: «Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy.
8 Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra.
9 Con cetro de hierro, los quebrantarás, los quebrarás como vaso de alfarero.»
10 Y ahora, reyes, comprended, corregíos, jueces de la tierra.
11 Servid a Yahveh con temor,
12 con temblor besad sus pies; no se irrite y perezcáis en el camino, pues su cólera se inflama de repente. ¡Venturosos los que a él se acogen!
Salmos 3
1 Salmo. De David. Cuando huía de su hijo Absalón.
2 Yahveh, ¡cuán numerosos son mis adversarios, cuántos los que se alzan contra mí!
3 ¡Cuántos los que dicen de mi vida: «No hay salvación para él en Dios!» Pausa.
4 Mas tú, Yahveh, escudo que me ciñes, mi gloria, el que realza mi cabeza.
5 A voz en grito clamo hacia Yahveh, y él me responde desde su santo monte. Pausa.
6 Yo me acuesto y me duermo, me despierto, pues Yahveh me sostiene.
7 No temo a esas gentes que a millares se apostan en torno contra mí.
8 ¡Levántate, Yahveh! ¡Dios mío, sálvame! Tú hieres en la mejilla a todos mis enemigos, los dientes de los impíos tú los rompes.
9 De Yahveh la salvación. Tu bendición sobre tu pueblo. Pausa
Salmos 4
1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. De David.
2 Cuando clamo, respóndeme, oh Dios mi justiciero, en la angustia tú me abres salida; tenme piedad, escucha mi oración.
3 Vosotros, hombres, ¿hasta cuándo seréis torpes de corazón, amando vanidad, rebuscando mentira? Pausa.
4 ¡Sabed que Yahveh mima a su amigo, Yahveh escucha cuando yo le invoco.
5 Temblad, y no pequéis; hablad con vuestro corazón en el lecho ¡y silencio! Pausa.
6 Ofreced sacrificios de justicia y confiad en Yahveh.
7 Muchos dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha?» ¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro! Yahveh,
8 tú has dado a mi corazón más alegría que cuando abundan ellos de trigo y vino nuevo.
9 En paz, todo a una, yo me acuesto y me duermo, pues tú solo, Yahveh, me asientas en seguro.
Salmos 5
1 Del maestro de coro. Para flautas. Salmo. De David.
2 Escucha mis palabras, Yahveh, repara en mi lamento,
3 atiende a la voz de mi clamor, oh mi Rey y mi Dios. Porque a ti te suplico,
4 Yahveh; ya de mañana oyes mi voz; de mañana te presento mi súplica, y me quedo a la espera.
5 Pues no eres tú un Dios que se complace en la impiedad, no es huésped tuyo el malo.
6 No, los arrogantes no resisten delante de tus ojos. Detestas a todos los agentes de mal,
7 pierdes a los mentirosos; al hombre sanguinario y fraudulento le abomina Yahveh.
8 Mas yo, por la abundancia de tu amor, entro en tu Casa; en tu santo Templo me prosterno, lleno de tu temor.
9 Guíame, Yahveh, en tu justicia, por causa de los que me acechan, allana tu camino ante mí.
10 Que no hay en su boca lealtad, en su interior, tan sólo subversión; sepulcro abierto es su garganta, melosa muévese su lengua.
11 Trátalos, oh Dios, como culpables, haz que fracasen sus intrigas; arrójalos por el exceso de sus crímenes, por rebelarse contra ti.
12 Y se alegren los que a ti se acogen, se alborocen por siempre; tú los proteges, en ti exultan los que aman tu nombre.
13 Pues tú bendices al justo, Yahveh, como un gran escudo tu favor le cubre.
Salmos 6
1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo. De David.
2 Yahveh, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues.
3 Tenme piedad, Yahveh, que estoy sin fuerzas, sáname, Yahveh, que mis huesos están desmoronados,
4 desmoronada totalmente mi alma, y tú, Yahveh, ¿hasta cuándo?
5 Vuélvete, Yahveh, recobra mi alma, sálvame, por tu amor.
6 Porque, en la muerte, nadie de ti se acuerda; en el seol, ¿quién te puede alabar?
7 Estoy extenuado de gemir, baño mi lecho cada noche, inundo de lágrimas mi cama;
8 mi ojo está corroído por el tedio, ha envejecido entre opresores.
9 Apartaos de mí todos los malvados, pues Yahveh ha oído la voz de mis sollozos.
10 Yahveh ha oído mi súplica, Yahveh acoge mi oración.
11 ¡Todos mis enemigos, confusos, aterrados, retrocedan, súbitamente confundidos!
Salmos 7
1 Lamentación. De David. La que cantó a Yahveh a propósito del benjaminita Kus.
2 Yahveh, Dios mío, a ti me acojo, sálvame de todos mis perseguidores, líbrame;
3 ¡que no arrebate como un león mi vida el que desgarra, sin que nadie libre!
4 Yahveh, Dios mío, si algo de esto hice, si hay en mis manos injusticia,
5 si a mi bienhechor con mal he respondido si he perdonado al opresor injusto,
6 ¡que el enemigo me persiga y me alcance, estrelle mi vida contra el suelo, y tire mis entrañas por el polvo! Pausa.
7 Levántate, Yahveh, en tu cólera, surge contra los arrebatos de mis opresores, despierta ya, Dios mío, tú que el juicio convocas.
8 Que te rodee la asamblea de las naciones, y tú en lo alto vuélvete hacia ella.
9 (Yahveh, juez de los pueblos.) Júzgame, Yahveh, conforme a mi justicia y según mi inocencia.
10 Haz que cese la maldad de los impíos, y afianza al justo, tú que escrutas corazones y entrañas, oh Dios justo.
11 Dios, el escudo que me cubre, el salvador de los de recto corazón;
12 Dios, el juez justo, tardo a la cólera, pero Dios amenazante en todo tiempo
13 para el que no se vuelve. Afile su espada el enemigo, tense su arco y lo apareje,
14 para sí solo prepara armas de muerte, hace tizones de sus flechas;
15 vedle en su preñez de iniquidad, malicia concibió, fracaso pare.
16 Cavó una fosa, recavó bien hondo, mas cae en el hoyo que él abrió;
17 revierte su obra en su cabeza, su violencia en su cerviz recae.
18 Doy gracias a Yahveh por su justicia, salmodio al nombre de Yahveh, el Altísimo.
Salmos 8
1 Del maestro de coro. Según la... de Gat. Salmo. De David.
2 ¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra! Tú que exaltaste tu majestad sobre los cielos,
3 en boca de los niños, los que aún maman, dispones baluarte frente a tus adversarios, para acabar con enemigos y rebeldes.
4 Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas, que fijaste tú,
5 ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides?
6 Apenas inferior a un dios le hiciste, coronándole de gloria y de esplendor;
7 le hiciste señor de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies:
8 ovejas y bueyes, todos juntos, y aun las bestias del campo,
9 y las aves del cielo, y los peces del mar, que surcan las sendas de las aguas.
10 ¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra!
Salmos 9
1 Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo. De David.
2 Te doy gracias, Yahveh, de todo corazón, cantaré todas tus maravillas;
3 quiero alegrarme y exultar en ti, salmodiar a tu nombre, Altísimo.
4 Mis enemigos retroceden, flaquean, perecen delante de tu rostro;
5 pues tú has llevado mi juicio y mi sentencia, sentándote en el trono cual juez justo.
6 Has reprimido a las gentes, has perdido al impío, has borrado su nombre para siempre jamás;
7 acabado el enemigo, todo es ruina sin fin, has suprimido sus ciudades, perdido su recuerdo. He aquí que
8 Yahveh se sienta para siempre, afianza para el juicio su trono;
9 él juzga al orbe con justicia, a los pueblos con rectitud sentencia.
10 ¡Sea Yahveh ciudadela para el oprimido, ciudadela en los tiempos de angustia!
11 Y en ti confíen los que saben tu nombre, pues tú, Yahveh, no abandonas a los que te buscan.
12 Salmodiad a Yahveh, que se sienta en Sión, publicad por los pueblos sus hazañas;
13 que él pide cuentas de la sangre, y de ellos se acuerda, no olvida el grito de los desdichados.
14 Tenme piedad, Yahveh, ve mi aflicción, tú que me recobras de las puertas de la muerte,
15 para que yo cuente todas tus alabanzas a las puertas de la hija de Sión, gozoso de tu salvación.
16 Se hundieron los gentiles en la fosa que hicieron, en la red que ocultaron, su pie quedó prendido.
17 Yahveh se ha dado a conocer, ha hecho justicia, el impío se ha enredado en la obra de sus manos. Sordina. Pausa.
18 ¡Vuelvan los impíos al seol, todos los gentiles que de Dios se olvidan!
19 Que no queda olvidado el pobre eternamente, no se pierde por siempre la esperanza de los desdichados.
20 ¡Levántate, Yahveh, no triunfe el hombre, sean juzgados los gentiles delante de tu rostro!
21 Infunde tú, Yahveh, en ellos el terror, aprendan los gentiles que no son más que hombres. Pausa.
Salmos 10
1 Lámed ¿Por qué, Yahveh, te quedas lejos, te escondes en las horas de la angustia?
2 Por el orgullo del impío es perseguido el desdichado, queda preso en la trampa que le ha urdido.
3 (Mem.) Sí, el impío se jacta de los antojos de su alma, el avaro que bendice menosprecia a Yahveh,
4 (Nun.) el impío, insolente, no le busca: «¡No hay Dios!», es todo lo que piensa.
5 En todo tiempo se afianzan sus caminos, allá arriba tus juicios muy lejos de él están, a todos sus rivales da soplidos.
6 Dice en su corazón: «¡Jamás vacilaré!» (Sámek.) porque en desgracia no se ve,
7 maldice. (Pe.) De fraude y perfidia está llena su boca, bajo su lengua sólo maldad e iniquidad;
8 al acecho se aposta entre las cañas en los recodos mata al inocente. (Ain.) Todo ojos, espía al desvalido,
9 al acecho escondido como león en su guarida, al acecho para atrapar al desdichado, atrapa al desdichado arrastrándole en su red.
10 (Sade.) Espía, se agazapa, se encoge, el desvalido cae en su poder;
11 dice en su corazón: «Dios se ha olvidado, tiene tapado el rostro, no ha de ver jamás.»
12 Qof. ¡Levántate, Yahveh, alza tu mano, oh Dios! ¡No te olvides de los desdichados!
13 ¿Por qué el impío menosprecia a Dios, dice en su corazón: «No vendrás a indagar?»
14 Res. Lo has visto ya, que la pena y la tristeza las miras tú para tomarlas en tu mano: el desvalido se abandona a ti, tú socorres al huérfano.
15 Sin. ¡Quiebra el brazo del impío, del malvado; indaga su impiedad sin dejar rastro!
16 ¡Yahveh es rey por siempre, por los siglos; los gentiles han sido barridos de su tierra!
17 Tau. El deseo de los humildes escuchas tú, Yahveh, su corazón confortas, alarguas tus oídos,
18 para hacer justicia al huérfano, al vejado: ¡cese de dar terror el hombre salido de la tierra!
Salmos 11
1 Del maestro de coro. De David. En Yahveh me cobijo; ¿cómo decís a mi alma: «Huye, pájaro, a tu monte?
2 «He aquí que los impíos tensan su arco, ajustan a la cuerda su saeta, para tirar en la sombra a los de recto corazón.
3 Si están en ruinas los cimientos, ¿que puede hacer el justo?»
4 Yahveh en su Templo santo, Yahveh, su trono está en los cielos; ven sus ojos el mundo, sus párpados exploran a los hijos de Adán.
5 Yahveh explora al justo y al impío; su alma odia a quien ama la violencia.
6 ¡Llueva sobre los impíos brasas y azufre, y un viento abrasador por porción de su copa!
7 Que es justo Yahveh y lo justo ama, los rectos contemplarán su rostro.
Salmos 12
1 Del maestro de coro. En octava. Salmo. De David.
2 ¡Salva, Yahveh, que ya no hay fieles, se acabaron los veraces entre los hijos de Adán!
3 Falsedad sólo dicen, cada cual a su prójimo, labios de engaño, lenguaje de corazones dobles.
4 Arranque Yahveh todo labio tramposo, la lengua que profiere bravatas,
5 los que dicen: «La lengua es nuestro fuerte, nuestros labios por nosotros, ¿quien va a ser amo nuestro?»
6 Por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres, ahora me alzo yo, dice Yahveh: auxilio traigo a quien por él suspira.
7 Las palabras de Yahveh son palabras sinceras, plata pura, de ras de tierra, siete veces purgada.
8 Tú, Yahveh, los guardarás, los librarás de esta ralea para siempre;
9 de todas partes se irán los impíos, colmo de vileza entre los hijos de Adán.
Salmos 13
1 Del maestro de coro. Salmo. De David.
2 ¿Hasta cuándo, Yahveh, me olvidarás? ¿Por siempre? ¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?
3 ¿Hasta cuándo tendré congojas en mi alma, en mi corazón angustia, día y noche? ¿Hasta cuándo triunfará sobre mí mi enemigo?
4 ¡Mira, respóndeme, Yahveh, Dios mío! ¡Ilumina mis ojos, no me duerma en la muerte,
5 no diga mi enemigo: «¡Le he podido!», no exulten mis adversarios al verme vacilar!
6 Que yo en tu amor confío; en tu salvación mi corazón exulte. ¡A Yahveh cantaré por el bien que me ha hecho Samodiaré al nombre de Yahveh, el Altísimo!
Salmos 14
1 Del maestro de coro. De David. Dice en su corazón el insensato: «¡No hay Dios!» Corrompidos están, de conducta abominable, no hay quien haga el bien.
2 Se asoma Yahveh desde los cielos hacia los hijos de Adán, por ver si hay un sensato, alguien que busque a Dios.
3 Todos ellos están descarriados, en masa pervertidos. No hay nadie que haga el bien. ni uno siquiera.
4 ¿No aprenderán todos los agentes de mal que comen a mi pueblo como se come el pan, y a Yahveh no invocan?
5 Allí de espanto temblarán donde nada hay que espante, que Dios está por la raza del justo:
6 de los planes del desdichado os burláis. mas Yahveh es su refugio.
7 ¿Quién traerá de Sión la salvación de Israel? Cuando cambie Yahveh la suerte de su pueblo, exultará Jacob, se alegrará Israel.
Salmos 15
1 Salmo. De David. Yahveh, ¿quién morará en tu tienda?, ¿quién habitará en tu santo monte?
2 El que ando sin tacha, y obra la justicia; que dice la verdad de corazón,
3 y no calumnia con su lengua; que no daña a su hermano, ni hace agravio a su prójimo;
4 con menosprecio mira al réprobo, mas honra a los que temen a Yahveh; que jura en su perjuicio y no retracta,
5 no presta a usura su dinero, ni acepta soborno en daño de inocente. Quien obra así jamás vacilará.
Salmos 16
1 A media voz. De David. Guárdame, oh Dios, en ti está mi refugio.
2 Yo digo a Yahveh: «Tú eres mi Señor. mi bien, nada hay fuera de ti»;
3 ellos, en cambio, a los santos que hay en la tierra: «¡Magníficos, todo mi gozo en ellos!».
4 Sus ídolos abundan, tras ellos van corriendo. Mas yo jamás derramaré sus libámenes de sangre, jamás tomaré sus nombres en mis labios.
5 Yahveh, la parte de mi herencia y de mi copa, tú mi suerte aseguras;
6 la cuerda me asigna un recinto de delicias, mi heredad es preciosa para mí.
7 Bendigo a Yahveh que me aconseja; aun de noche mi conciencia me instruye;
8 pongo a Yahveh ante mí sin cesar; porque él está a mi diestra, no vacilo.
9 Por eso se me alegra el corazón, mis entrañas retozan, y hasta mi carne en seguro descansa;
10 pues no has de abandonar mi alma al seol, ni dejarás a tu amigo ver la fosa.
11 Me enseñarás el caminó de la vida, hartura de goces, delante de tu rostro, a tu derecha, delicias para siempre.
Salmos 17
1 Oración. De David. Escucha, Yahveh, la justicia, atiende a mi clamor, presta oído a mi plegaria, que no es de labios engañosos.
2 Mi juicio saldrá de tu presencia, tus ojos ven lo recto.
3 Mi corazón tú sondas, de noche me visitas; me pruebas al crisol sin hallar nada malo en mí; mi boca no claudica
4 al modo de los hombres. La palabra de tus labios he guardado, por las sendas trazadas
5 ajustando mis pasos; por tus veredas no vacilan mis pies.
6 Yo te llamo, que tú, oh Dios, me respondes, tiende hacia mí tu oído, escucha mis palabras,
7 haz gala de tus gracias, tú que salvas a los que buscan a tu diestra refugio contra los que atacan.
8 Guárdame como la pupila de los ojos, escóndeme a la sombra de tus alas
9 de esos impíos que me acosan, enemigos ensañados que me cercan.
10 Están ellos cerrados en su grasa, hablan, la arrogancia en la boca.
11 Avanzan contra mí, ya me cercan, me clavan sus ojos para tirarme al suelo.
12 Son como el león ávido de presa, o el leoncillo agazapado en su guarida.
13 ¡Levántate, Yahveh, hazle frente, derríbale; libra con tu espada mi alma del impío,
14 de los mortales, con tu mano, Yahveh, de los mortales de este mundo, cuyo lote es la vida! ¡De tus reservas llénales el vientre, que sus hijos se sacien, y dejen las sobras para sus pequeños!
15 Mas yo, en la justicia, contemplaré tu rostro, al despertar me hartaré de tu imagen.
Salmos 18
1 Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl.
2 Dijo: Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza, (mi salvador, que de la violencia me has salvado).
3 Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios; la peña en que me amparo, mi escudo y fuerza de mi salvación, mi ciudadela y mi refugio.
4 Invoco a Yahveh, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos.
5 Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial,
6 los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte.
7 Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos.
8 La tierra fue sacudida y vaciló, retemblaron las bases de los montes, (vacilaron bajo su furor);
9 una humareda subió de sus narices, y de su boca un fuego que abrasaba, (de él salían carbones encendidos).
10 El inclinó los cielos y bajó, un espeso nublado debajo de sus pies;
11 cabalgó sobre un querube, emprendió el vuelo, sobre las alas de los vientos planeó.
12 Se puso como tienda un cerco de tinieblas, tinieblas de las aguas, espesos nubarrones;
13 del fulgor que le precedía se encendieron granizo y ascuas de fuego.
14 Tronó Yahveh en los cielos, lanzó el Altísimo su voz;
15 arrojó saetas, y los puso en fuga, rayos fulminó y sembró derrota.
16 El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del orbe aparecieron, ante tu imprecación, Yahveh, al resollar el aliento en tus narices.
17 El extiende su mano de lo alto para asirme, para sacarme de las profundas aguas;
18 me libera de un enemigo poderoso, de mis adversarios más fuertes que yo.
19 Me aguardaban el día de mi ruina, más Yahveh fue un apoyo para mí;
20 me sacó a espacio abierto, me salvó porque me amaba.
21 Yahveh me recompensa conforme a mi justicia, me paga conforme a la pureza de mis manos;
22 porque he guardado los caminos de Yahveh, y no he hecho el mal lejos de mi Dios.
23 Porque tengo ante mí todos sus juicios, y sus preceptos no aparto de mi lado;
24 he sido ante él irreprochable, y de incurrir en culpa me he guardado.
25 Y Yahveh me devuelve según mi justicia, según la pureza de mis manos que tiene ante sus ojos.
26 Con el piadoso eres piadoso, intachable con el hombre sin tacha;
27 con el puro eres puro, con el ladino, sagaz;
28 tú que salvas al pueblo humilde, y abates los ojos altaneros.
29 Tú eres, Yahveh, mi lámpara, mi Dios que alumbra mis tinieblas;
30 con tu ayuda las hordas acometo, con mi Dios escalo la muralla.
31 Dios es perfecto en sus caminos, la palabra de Yahveh acrisolada. El es el escudo de cuantos a él se acogen.
32 Pues ¿quién es Dios fuera de Yahveh? ¿Quién Roca, sino sólo nuestro Dios?
33 El Dios que me ciñe de fuerza, y hace mi camino irreprochable,
34 que hace mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie,
35 el que mis manos para el combate adiestra y mis brazos para tensar arco de bronce.
36 Tú me das tu escudo salvador, (tu diestra me sostiene), tu cuidado me exalta,
37 mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos.
38 Persigo a mis enemigos, les doy caza, no vuelvo hasta haberlos acabado;
39 los quebranto, no pueden levantarse, sucumben debajo de mis pies.
40 Para el combate de fuerza me ciñes, doblegas bajo mí a mis agresores,
41 a mis enemigos haces dar la espalda, extermino a los que me odian.
42 Claman, mas no hay salvador, a Yahveh, y no les responde.
43 Los machaco como polvo al viento, como al barro de las calles los piso.
44 De las querellas de mi pueblo tú me libras, me pones a la cabeza de las gentes; pueblos que no conocía me sirven;
45 los hijos de extranjeros me adulan, son todo oídos, me obedecen,
46 los hijos de extranjeros desmayan, y dejan temblando sus refugios.
47 ¡Viva Yahveh, bendita sea mi roca, el Dios de mi salvación sea ensalzado,
48 el Dios que la venganza me concede y abate los pueblos a mis plantas!
49 Tú me libras de mis enemigos, me exaltas sobre mis agresores, del hombre violento me salvas.
50 Por eso he de alabarte entre los pueblos, a tu nombre, Yahveh, salmodiaré.
51 El hace grandes las victorias de su rey y muestra su amor a su ungido, a David y a su linaje para siempre.
Salmos 19
1 Del maestro de coro. Salmo. De David.
2 Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento;
3 el día al día comunica el mensaje, y la noche a la noche trasmite la noticia.
4 No es un mensaje, no hay palabras, ni su voz se puede oír;
5 mas por toda la tierra se adivinan los rasgos, y sus giros hasta el confín del mundo. En el mar levantó para el sol una tienda,
6 y él, como un esposo que sale de su tálamo, se recrea, cual atleta, corriendo su carrera.
7 A un extremo del cielo es su salida, y su órbita llega al otro extremo, sin que haya nada que a su ardor escape.
8 La ley de Yahveh es perfecta, consolación del alma, el dictamen de Yahveh, veraz, sabiduría del sencillo.
9 Los preceptos de Yahveh son rectos, gozo del corazón; claro el mandamiento de Yahveh, luz de los ojos.
10 El temor de Yahveh es puro, por siempre estable; verdad, los juicios de Yahveh, justos todos ellos,
11 apetecibles más que el oro, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel, más que el jugo de panales.
12 Por eso tu servidor se empapa en ellos, gran ganancia es guardarlos.
13 Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame.
14 Guarda también a tu siervo del orgullo, no tenga dominio sobre mí. Entonces seré irreprochable, de delito grave exento.
15 ¡Sean gratas las palabras de mi boca, y el susurro de mi corazón, sin tregua ante ti, Yahveh, roca mía, mi redentor.
Salmos 20
1 Del maestro de coro. Salmo. De David.
2 ¡Yahveh te responda el día de la angustia, protéjate el nombre del Dios de Jacob!
3 El te envíe socorro desde su santuario, desde Sión sea tu apoyo.
4 Se acuerde de todas tus ofrendas, halle sabroso tu holocausto; Pausa.
5 te otorgue según tu corazón, cumpla todos tus proyectos.
6 ¡Y nosotros aclamemos tu victoria, de nuestro Dios el nombre tremolemos! ¡Cumpla Yahveh todas tus súplicas!
7 Ahora conozco que Yahveh dará la salvación a su ungido; desde su santo cielo le responderá con las proezas victoriosas de su diestra.
8 Unos con los carros, otros con los caballos, nosotros invocamos el nombre de Yahveh, nuestro Dios.
9 Ellos se doblegan y caen, y nosotros en pie nos mantenemos.
10 ¡Oh Yahveh, salva al rey, respóndenos el día de nuestra súplica!
Salmos 21
1 Del maestro de coro. Salmo. De David.
2 Yahveh, en tu fuerza se regocija el rey; ¡oh, y cómo le colma tu salvación de júbilo!
3 Tú le has otorgado el deseo de su corazón, no has rechazado el anhelo de sus labios. Pausa.
4 Pues le precedes de venturosas bendiciones, has puesto en su cabeza corona de oro fino;
5 vida te pidió y se la otorgaste, largo curso de días para siempre jamás.
6 Gran gloria le da tu salvación, le circundas de esplendor y majestad;
7 bendiciones haces de él por siempre, le llenas de alegría delante de tu rostro.
8 Sí, en Yahveh confía el rey, y por gracia del Altísimo no ha de vacilar.
9 Tu mano alcanzará a todos tus enemigos, tu diestra llegará a los que te odian;
10 harás de ellos como un horno de fuego, el día de tu rostro; Yahveh los tragará en su cólera, y el fuego los devorará;
11 harás perecer su fruto de la tierra, y su semilla de entre los hijos de Adán.
12 Aunque ellos intenten daño contra ti, aunque tramen un plan, nada podrán.
13 Que tú les harás volver la espalda, ajustarás tu arco contra ellos.
14 ¡Levántate, Yahveh, con tu poder, y cantaremos, salmodiaremos a tu poderío!
Salmos 22
1 Del maestro de coro. Sobre «la cierva de la aurora». Salmo. De David.
2 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¡lejos de mi salvación la voz de mis rugidos!
3 Dios mío, de día clamo, y no respondes, también de noche, no hay silencio para mí.
4 ¡Mas tú eres el Santo, que moras en las laudes de Israel!
5 En ti esperaron nuestros padres, esperaron y tú los liberaste;
6 a ti clamaron, y salieron salvos, en ti esperaron, y nunca quedaron confundidos.
7 Y yo, gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del pueblo,
8 todos los que me ven de mí se mofan, tuercen los labios, menean la cabeza:
9 «Se confió a Yahveh, ¡pues que él le libre, que le salve, puesto que le ama!»
10 Sí, tú del vientre me sacaste, me diste confianza a los pechos de mi madre;
11 a ti fui entregado cuando salí del seno, desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios.
12 ¡No andes lejos de mí, que la angustia está cerca, no hay para mí socorro!
13 Novillos innumerables me rodean, acósanme los toros de Basán;
14 ávidos abren contra mí sus fauces; leones que desgarran y rugen.
15 Como el agua me derramo, todos mis huesos se dislocan, mi corazón se vuelve como cera, se me derrite entre mis entrañas.
16 Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte.
17 Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies.
18 Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran,
19 repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica.
20 ¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos, corre en mi ayuda, oh fuerza mía,
21 libra mi alma de la espada, mi única de las garras del perro;
22 sálvame de las fauces del león, y mi pobre ser de los cuernos de los búfalos!
23 ¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!:
24 «Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel».
25 Porque no ha despreciado ni ha desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro, mas cuando le invocaba le escuchó.
26 De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen.
27 Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!»
28 Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes.
29 Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones.
30 Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva,
31 le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad
32 venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él.
Salmos 23
1 Salmo. De David. Yahveh es mi pastor, nada me falta.
2 Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce,
3 y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre.
4 Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.
5 Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa.
6 Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa de Yahveh a lo largo de los días.
Salmos 24
1 Salmo. De David. De Yahveh es la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y los que en él habitan;
2 que él lo fundó sobre los mares, él lo asentó sobre los ríos.
3 ¿Quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto santo?
4 El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura.
5 El logrará la bendición de Yahveh, la justicia del Dios de su salvación.
6 Tal es la raza de los que le buscan, los que van tras tu rostro, oh Dios de Jacob. Pausa.
7 ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!
8 ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh, el fuerte, el valiente, Yahveh, valiente en la batalla.
9 ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!
10 ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh Sebaot, él es el rey de gloria. Pausa
Salmos 25
1 De David Alef. A ti, Yahveh, levanto mi alma,
2 oh Dios mío. Bet. En ti confío, ¡no sea confundido, no triunfen de mí mis enemigos!
3 Guimel. No hay confusión para el que espera en ti, confusión sólo para el que traiciona sin motivo.
4 Dálet. Muéstrame tus caminos, Yahveh, enséñame tus sendas.
5 He. Guíame en tu verdad, enséñame, que tú eres el Dios de mi salvación. (Vau) En ti estoy esperando todo el día,
6 Zain. Acuérdate, Yahveh, de tu ternura, y de tu amor, que son de siempre.
7 Jet. De los pecados de mi juventud no te acuerdes, pero según tu amor, acuérdate de mí. por tu bondad, Yahveh.
8 Tet. Bueno y recto es Yahveh; por eso muestra a los pecadores el camino;
9 Yod. conduce en la justicia a los humildes, y a los pobres enseña su sendero.
10 Kaf. Todas las sendas de Yahveh son amor y verdad para quien guarda su alianza y sus dictámenes.
11 Lámed. Por tu nombre, oh Yahveh, perdona mi culpa, porque es grande.
12 Mem. Si hay un hombre que tema a Yahveh, él le indica el camino a seguir;
13 Nun. su alma mora en la felicidad, y su estirpe poseerá la tierra.
14 Sámek. El secreto de Yahveh es para quienes le temen, su alianza, para darles cordura.
15 Ain. Mis ojos están fijos en Yahveh, que él sacará mis pies del cepo.
16 Pe. Vuélvete a mí, tenme piedad, que estoy solo y desdichado.
17 Sade. Alivia los ahogos de mi corazón, hazme salir de mis angustias.
18 (Qof.) Ve mi aflicción y mi penar, quita todos mis pecados.
19 Res. Mira cuántos son mis enemigos, cuán violento el odio que me tienen.
20 Sin. Garda mi alma, líbrame, no quede confundido, cuando en ti me cobijo.
21 Tau. Inocencia y rectitud me amparen, que en ti espero, Yahveh.
22 Redime, oh Dios, a Israel de todas sus angustias.
Salmos 26
1 De David. Hazme justicia, Yahveh, pues yo camino en mi entereza, me apoyo en Yahveh y no vacilo.
2 Escrútame, Yahveh, ponme a prueba, pasa al crisol mi conciencia y mi corazón;
3 está tu amor delante de mis ojos, y en tu verdad camino.
4 No voy a sentarme con los falsos, no ando con hipócritas;
5 odio la asamblea de malhechores, y al lado de los impíos no me siento.
6 Mis manos lavo en la inocencia y ando en torno a tu altar, Yahveh,
7 haciendo resonar la acción de gracias, todas tus maravillas pregonando;
8 amo, Yahveh, la belleza de tu Casa, el lugar de asiento de tu gloria.
9 No juntes mi alma con los pecadores, ni mi vida con los hombres sanguinarios,
10 que tienen en sus manos la infamia, y su diestra repleta de soborno.
11 Yo, en cambio, camino en mi entereza; rescátame, ten piedad de mí;
12 mi pie está firme en suelo llano; a ti, Yahveh, bendeciré en las asambleas.
Salmos 27
1 De David. Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?
2 Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben.
3 Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella.
4 Una cosa he pedido a Yahveh, una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Yahveh y cuidar de su Templo.
5 Que él me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha; me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.
6 Y ahora se alza mi cabeza sobre mis enemigos que me hostigan; en su tienda voy a sacrificar. sacrificios de aclamación. Cantaré, salmodiaré a Yahveh.
7 Escucha, Yahveh, mi voz que clama, ¡tenme piedad, respóndeme!
8 Dice de ti mi corazón: «Busca su rostro.» Sí, Yahveh, tu rostro busco:
9 No me ocultes tu rostro. No rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio. No me abandones, no me dejes, Dios de mi salvación.
10 Si mi padre y mi madre me abandonan, Yahveh me acogerá.
11 Enséñame tu camino, Yahveh, guíame por senda llana, por causa de los que me asechan;
12 no me entregues al ansia de mis adversarios, pues se han alzado contra mí falsos testigos, que respiran violencia.
13 ¡Ay, si estuviera seguro de ver la bondad de Yahveh en la tierra de los vivos!
14 Espera en Yahveh, ten valor y firme corazón, espera en Yahveh.
Salmos 28
1 De David. Hacia ti clamo, Yahveh, roca mía, no estés mudo ante mí; no sea yo, ante tu silencio, igual que los que bajan a la fosa.
2 Oye la voz de mis plegarias, cuando grito hacia ti, cuando elevo mis manos, oh Yahveh, al santuario de tu santidad.
3 No me arrebates con los impíos, ni con los agentes de mal, que hablan de paz a su vecino, mas la maldad está en su corazón.
4 Dales, Yahveh, conforme a sus acciones, y a la malicia de sus hechos, según la obra de sus manos trátales, págales con su misma moneda.
5 Pues no comprenden los hechos de Yahveh, la obra de sus manos: ¡derríbelos él y no los rehabilite!
6 ¡Bendito sea Yahveh, que ha oído la voz de mis plegarias!
7 Yahveh mi fuerza, escudo mío, en él confió mi corazón y he recibido ayuda: mi carne de nuevo ha florecido, le doy gracias de todo corazón.
8 Yahveh, fuerza de su pueblo, fortaleza de salvación para su ungido.
9 Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, pastoréalos y llévalos por siempre.
Salmos 29
1 Salmo. De David. ¡Rendid a Yahveh, hijos de Dios, rendid a Yahveh gloria y poder!
2 Rendid a Yahveh la gloria de su nombre, postraos ante Yahveh en esplendor sagrado.
3 Voz de Yahveh sobre las aguas; el Dios de gloria truena, ¡es Yahveh, sobre las muchas aguas!
4 Voz de Yahveh con fuerza, voz de Yahveh con majestad.
5 Voz de Yahveh que desgaja los cedros, Yahveh desgaja los cedros del Líbano,
6 hace brincar como un novillo al Líbano, y al Sarión como cría de búfalo.
7 Voz de Yahveh que afila llamaradas.
8 Voz de Yahveh, que sacude el desierto, sacude Yahveh el desierto de Cadés.
9 Voz de Yahveh, que estremece las encinas, y las selvas descuaja, mientras todo en su Templo dice: ¡Gloria!
10 Yahveh se sentó para el diluvio, Yahveh se sienta como rey eterno.
11 Yahveh da el poder a su pueblo, Yahveh bendice a su pueblo con la paz.
Salmos 30
1 Salmo. Cántico para la dedicación de la Casa. De David.
2 Yo te ensalzo, Yahveh, porque me has levantado; no dejaste reírse de mí a mis enemigos.
3 Yahveh, Dios mío, clamé a ti y me sanaste.
4 Tú has sacado, Yahveh, mi alma del seol, me has recobrado de entre los que bajan a la fosa.
5 Salmodiad a Yahveh los que le amáis, alabad su memoria sagrada.
6 De un instante es su cólera, de toda una vida su favor; por la tarde visita de lágrimas, por la mañana gritos de alborozo.
7 Y yo en mi paz decía: «Jamás vacilaré.»
8 Yahveh, tu favor me afianzaba sobre fuertes montañas; mas retiras tu rostro y ya estoy conturbado.
9 A ti clamo, Yahveh, a mi Dios piedad imploro:
10 ¿Qué ganancia en mi sangre, en que baje a la fosa? ¿Puede alabarte el polvo, anunciar tu verdad?
11 ¡Escucha, Yahveh, y ten piedad de mí! ¡Sé tú, Yahveh, mi auxilio!
12 Has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría;
13 mi corazón por eso te salmodiará sin tregua; Yahveh, Dios mío, te alabaré por siempre.
Salmos 31
1 Del maestro de coro. Salmo. De David.
2 En ti, Yahveh, me cobijo, ¡oh, no sea confundido jamás! ¡Recóbrame por tu justicia, líbrame,
3 tiende hacia mí tu oído, date prisa! Sé para mí una roca de refugio, alcázar fuerte que me salve;
4 pues mi roca eres tú, mi fortaleza, y, por tu nombre, me guías y diriges.
5 Sácame de la red que me han tendido, que tú eres mi refugio;
6 en tus manos mi espíritu encomiendo, tú, Yahveh, me rescatas. Dios de verdad,
7 tú detestas a los que veneran vanos ídolos; mas yo en Yahveh confío:
8 ¡exulte yo y en tu amor me regocije! Tú que has visto mi miseria, y has conocido las angustias de mi alma,
9 no me has entregado en manos del enemigo, y has puesto mis pies en campo abierto.
10 Tenme piedad, Yahveh, que en angustias estoy. De tedio se corroen mis ojos, mi alma, mis entrañas.
11 Pues mi vida se consume en aflicción, y en suspiros mis años; sucumbe mi vigor a la miseria, mis huesos se corroen.
12 De todos mis opresores me he hecho el oprobio; asco soy de mis vecinos, espanto de mis familiares. Los que me ven en la calle huyen lejos de mí;
13 dejado estoy de la memoria como un muerto, como un objeto de desecho.
14 Escucho las calumnias de la turba, terror por todos lados, mientras se aúnan contra mí en conjura, tratando de quitarme la vida.
15 Mas yo confío en ti, Yahveh, me digo: «¡Tú eres mi Dios!»
16 Está en tus manos mi destino, líbrame de las manos de mis enemigos y perseguidores;
17 haz que alumbre a tu siervo tu semblante, ¡sálvame, por tu amor!
18 Yahveh, no haya confusión para mí, que te invoco, ¡confusión sólo para los impíos; que bajen en silencio al seol,
19 enmudezcan los labios mentirosos que hablan con insolencia contra el justo, con orgullo y desprecio!
20 ¡Qué grande es tu bondad, Yahveh! Tú la reservas para los que te temen, se la brindas a los que a ti se acogen, ante los hijos de Adán.
21 Tú los escondes en el secreto de tu rostro, lejos de las intrigas de los hombres; bajo techo los pones a cubierto de la querella de las lenguas.
22 ¡Bendito sea Yahveh que me ha brindado maravillas de amor (en ciudad fortificada)!
23 ¡Y yo que decía en mi inquietud: «Estoy dejado de tus ojos!» Mas tú oías la voz de mis plegarias, cuando clamaba a ti.
24 Amad a Yahveh, todos sus amigos; a los fieles protege Yahveh, pero devuelve muy sobrado al que obra por orgullo.
25 ¡Valor, que vuestro corazón se afirme, vosotros todos que esperáis en Yahveh!
Salmos 32
1 De David. Poema. ¡Dichoso el que es perdonado de su culpa, y le queda cubierto su pecado!
2 Dichoso el hombre a quien Yahveh no le cuenta el delito, y en cuyo espíritu no hay fraude.
3 Cuando yo me callaba, se sumían mis huesos en mi rugir de cada día,
4 mientras pesaba, día y noche, tu mano sobre mí; mi corazón se alteraba como un campo en los ardores del estío. Pausa.
5 Mi pecado te reconocí, y no oculté mi culpa; dije: «Me confesaré a Yahveh de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado. Pausa.
6 Por eso te suplica todo el que te ama en la hora de la angustia. Y aunque las muchas aguas se desborden, no le alcanzarán.
7 Tú eres un cobijo para mí, de la angustia me guardas, estás en torno a mí para salvarme. Pausa.
8 Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir; fijos en ti los ojos, seré tu consejero.
9 No seas cual caballo o mulo sin sentido, rienda y freno hace falta para domar su brío, si no, no se te acercan.
10 Copiosas son las penas del impío, al que confía en Yahveh el amor le envuelve.
11 ¡Alegraos en Yahveh, oh justos, exultad, gritad de gozo, todos los de recto corazón!
Salmos 33
1 ¡Gritad de júbilo, justos, por Yahveh!, de los rectos es propia la alabanza;
2 ¡dad gracias a Yahveh con la cítara, salmodiad para él al arpa de diez cuerdas;
3 cantadle un cantar nuevo, tocad la mejor música en la aclamación!
4 Pues recta es la palabra de Yahveh, toda su obra fundada en la verdad;
5 él ama la justicia y el derecho, del amor de Yahveh está llena la tierra.
6 Por la palabra de Yahveh fueron hechos los cielos por el soplo de su boca toda su mesnada.
7 El recoge, como un dique, las aguas del mar, en depósitos pone los abismos.
8 ¡Tema a Yahveh la tierra entera, ante él tiemblen todos los que habitan el orbe!
9 Pues él habló y fue así, mandó él y se hizo.
10 Yahveh frustra el plan de las naciones, hace vanos los proyectos de los pueblos;
11 mas el plan de Yahveh subsiste para siempre, los proyectos de su corazón por todas las edades.
12 ¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahveh, el pueblo que se escogió por heredad!
13 Yahveh mira de lo alto de los cielos, ve a todos los hijos de Adán;
14 desde el lugar de su morada observa a todos los habitantes de la tierra,
15 él, que forma el corazón de cada uno, y repara en todas sus acciones.
16 No queda a salvo el rey por su gran ejército, ni el bravo inmune por su enorme fuerza.
17 Vana cosa el caballo para la victoria, ni con todo su vigor puede salvar.
18 Los ojos de Yahveh están sobre quienes le temen, sobre los que esperan en su amor,
19 para librar su alma de la muerte, y sostener su vida en la penuria.
20 Nuestra alma en Yahveh espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo;
21 en él se alegra nuestro corazón, y en su santo nombre confiamos.
22 Sea tu amor, Yahveh, sobre nosotros, como está en ti nuestra esperanza.
Salmos 34
1 De David. Cuando fingiéndose demente ante Abimélek, fue despachado por él y se marchó.
2 Alef. Bendeciré a Yahveh en todo tiempo, sin cesar en mi boca su alabanza;
3 Bet. en Yahveh mi alma se gloría, ¡óiganlo los humildes y se alegren!
4 Guimel. Engrandeced conmigo a Yahveh, ensalcemos su nombre todos juntos.
5 Dálet. He buscado a Yahveh, y me ha respondido: me ha librado de todos mis temores.
6 He. Los que miran hacia él, refulgirán: no habrá sonrojo en su semblante.
7 Zain. Cuando el pobre grita, Yahveh oye, y le salva de todas sus angustias.
8 Jet. Acampa el ángel de Yahveh en torno a los que le temen y los libra.
9 Tet. Gustad y ved qué bueno es Yahveh, dichoso el hombre que se cobija en él.
10 Yod. Temed a Yahveh vosotros, santos suyos, que a quienes le temen no les falta nada.
11 Kaf. Los ricos quedan pobres y hambrientos, mas los que buscan a Yahveh de ningún bien carecen.
12 Lámed. Venid, hijos, oídme, el temor de Yahveh voy a enseñaros.
13 Mem. ¿Quién es el hombre que apetece la vida, deseoso de días para gozar de bienes?
14 Nun. Guarda del mal tu lengua, tus labios de decir mentira;
15 Sámek. apártate del mal y obra el bien, busca la paz y anda tras ella.
16 Ain. Los ojos de Yahveh sobre los justos, y sus oídos hacia su clamor,
17 Pe el rostro de Yahveh contra los malhechores, para raer de la tierra su memoria.
18 Sade. Cuando gritan aquéllos, Yahveh oye, y los libra de todas sus angustias;
19 Qof. Yahveh está cerca de los que tienen roto el corazón. él salva a los espíritus hundidos.
20 Res. Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libera Yahveh;
21 Sin. todos sus huesos guarda, no será quebrantado ni uno solo.
22 Tau. La malicia matará al impío, los que odian al justo lo tendrán que pagar.
23 Yahveh rescata el alma de sus siervos, nada habrán de pagar los que en él se cobijan.
Salmos 35
1 De David. Ataca, Yahveh, a los que me atacan, combate a quienes me combaten;
2 embraza el escudo y el pavés, y álzate en mi socorro;
3 blande la lanza y la pica contra mis perseguidores. Di a mi alma: «Yo soy tu salvación.»
4 ¡Confusión y vergüenza sobre aquellos que andan buscando mi vida! ¡Vuelvan atrás y queden confundidos los que mi mal maquinan!
5 ¡Sean lo mismo que la paja al viento, por el ángel de Yahveh acosados;
6 sea su camino tiniebla y precipicio, perseguidos por el angel de Yahveh!
7 Pues sin causa me han tendido su red, han cavado una fosa para mí.
8 ¡Sobre cada uno de ellos caiga de improviso la ruina: le prenda la red que había tendido, y en su fosa se hunda!
9 Y mi alma exultará en Yahveh, en su salvación se gozará.
10 Dirán todos mis huesos: Yahveh, ¿quién como tú, para librar al débil del más fuerte, al pobre de su expoliador?
11 Testigos falsos se levantan, sobre lo que ignoro me interrogan;
12 me pagan mal por bien, ¡desolación para mi alma!
13 Yo, en cambio, cuando eran ellos los enfermos, vestido de sayal, me humillaba con ayuno, y en mi interior repetía mi oración;
14 como por un amigo o un hermano iba y venía, como en duelo de una madre, sombrío me encorvaba.
15 Ellos se ríen de mi caída, se reúnen, sí, se reúnen contra mí; extranjeros, que yo no conozco, desgarran sin descanso;
16 si caigo, me rodean rechinando sus dientes contra mí.
17 ¿Cuánto tiempo, Señor, te quedarás mirando? Recobra mi alma de sus garras, de los leones mi vida.
18 Te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre un pueblo copioso.
19 No se rían de mí, mis enemigos pérfidos, ni se guiñen sus ojos los que me odian sin razón.
20 Pues no es de paz de lo que hablan a los pacíficos de la tierra; mascullan palabras de perfidia,
21 abren bien grande su boca contra mí; dicen: «¡Ja, Ja, nuestros ojos lo han visto!»
22 Tú lo has visto, Yahveh, no te quedes callado, Señor, no estés lejos de mí;
23 despiértate, levántate a mi juicio, en defensa de mi causa, oh mi Dios y Señor;
24 júzgame conforme a tu justicia, oh Yahveh, ¡Dios mío, no se rían de mí!
25 No digan en su corazón: «¡Ajá, lo que queríamos!» No digan: «¡Le hemos engullido!»
26 ¡Vergüenza y confusión caigan a una sobre los que se ríen de mi mal; queden cubiertos de vergüenza y de ignominia los que a mi costa medran!
27 Exulten y den gritos de júbilo los que en mi justicia se complacen, y digan sin cesar: «¡Grande es Yahveh, que en la paz de su siervo se complace!»
28 Y tu justicia musitará mi lengua, todo el día tu alabanza.
Salmos 36
1 Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh. De David.
2 Un oráculo para el impío es el pecado en el fondo de su corazón; temor de Dios no existe delante de sus ojos.
3 Con ojo harto lisonjero se mira, para encontrar y detestar su culpa;
4 las palabras de su boca, iniquidad y engaño; renunció a ser sensato, a hacer el bien.
5 Sólo maquina iniquidad sobre su lecho; en un camino que no es bueno se obstina y no reprueba el mal.
6 Oh Yahveh, en los cielos tu amor, hasta las nubes tu verdad;
7 tu justicia, como los montes de Dios, tus juicios, como el hondo abismo. A hombres y bestias salvas tú, Yahveh,
8 oh Dios, ¡qué precioso tu amor! Por eso los hijos de Adán, a la sombra de tus alas se cobijan.
9 Se sacian de la grasa de tu Casa, en el torrente de tus delicias los abrevas;
10 en ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz.
11 Guarda tu amor a los que te conocen, y tu justicia a los de recto corazón.
12 ¡Que el pie del orgullo no me alcance, ni la mano de los impíos me avente!
13 Ved cómo caen los agentes de mal, abatidos, no pueden levantarse.
Salmos 37
1 De David. Alef. No te acalores por causa de los malos, no envidies a los que hacen injusticia.
2 Pues aridecen presto como el heno, como la hierba tierna se marchitan.
3 Bet. Ten confianza en Yahveh y obra el bien, vive en la tierra y crece en paz,
4 ten tus delicias en Yahveh, y te dará lo que pida tu corazón.
5 Guimel. Pon tu suerte en Yahveh, confía en él, que él obrará;
6 hará brillar como la luz tu justicia, y tu derecho igual que el mediodía.
7 Dálet. Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas.
8 He. Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor;
9 pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra.
10 Vau. Un poco más, y no hay impío, buscas su lugar y ya no está;
11 mas poseerán la tierra los humildes, y gozarán de inmensa paz.
12 Zain. El impío maquina contra el justo, rechinan sus dientes contra él;
13 el Señor de él se ríe, porque ve llegar su día.
14 Jet. Desenvainan la espada los impíos, tienden el arco, para abatir al mísero y al pobre, para matar a los rectos de conducta;
15 su espada entrará en su propio corazón, y sus arcos serán rotos.
16 Tet. Lo poco del justo vale más que la mucha abundancia del impío;
17 pues los brazos de los impíos serán rotos, mientras que a los justos los sostiene Yahveh.
18 Yod. Yahveh conoce los días de los íntegros, su herencia será eterna;
19 no serán confundidos en tiempo de desgracia, en días de penuria gozarán de hartura.
20 Kaf. Perecerán, en cambio, los impíos, los enemigos de Yahveh; se esfumarán como el ornato de los prados, en humo se desvanecerán.
21 Lámed. Toma el impío prestado y no devuelve, mas el justo es compasivo y da;
22 los que él bendice poseerán la tierra, los que él maldice serán exterminados.
23 Mem. De Yahveh penden los pasos del hombre, firmes son y su camino le complace;
24 aunque caiga, no se queda postrado, porque Yahveh la mano le sostiene.
25 Nun. Fui joven, ya soy viejo, nunca vi al justo abandonado, ni a su linaje mendigando el pan.
26 En todo tiempo es compasivo y presta, su estirpe vivirá en bendición.
27 Sámek. Apártate del mal y obra el bien, tendrás para siempre una morada;
28 porque Yahveh ama lo que es justo y no abandona a sus amigos. Ain. Los malvados serán por siempre exterminados, la estirpe de los impíos cercenada;
29 los justos poseerán la tierra, y habitarán en alla para siempre.
30 La boca del justo sabiduría susurra, su lengua habla rectitud;
31 la ley de su Dios está en su corazón, sus pasos no vacilan.
32 Espía el impío al justo, y busca darle muerte;
33 en su mano Yahveh no le abandona, ni deja condenarle al ser juzgado.
34 Espera en Yahveh y guarda su camino, él te exaltará a la herencia de la tierra, el exterminio de los impíos verás.
35 He visto al impío muy arrogante empinarse como un cedro del Libano;
36 pasé de nuevo y ya no estaba, le busqué y no se le encontró.
37 Observa al perfecto, mira al íntegro: hay descendencia para el hombre de paz;
38 pero los rebeldes serán a una aniquilados, y la posteridad de los impíos extirpada.
39 La salvación de los justos viene de Yahveh, él su refugio en tiempo de angustia;
40 Yahveh los ayuda y los libera, de los impíos él los libra, los salva porque a él se acogen.
Salmos 38
1 Salmo De David. En memoria.
2 Yahveh, no me corrijas en tu enojo, en tu furor no me castigues.
3 Pues en mí se han clavado tus saetas, ha caído tu mano sobre mí;
4 nada intacto en mi carne por tu enojo, nada sano en mis huesos debido a mi pecado.
5 Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como un peso harto grave para mí;
6 mis llagas son hedor y putridez, debido a mi locura;
7 encorvado, abatido totalmente, sombrío ando todo el día.
8 Están mis lomos túmidos de fiebre, nada hay sano ya en mi carne;
9 entumecido, molido totalmente, me hace rugir la convulsión del corazón.
10 Señor, todo mi anhelo ante tus ojos, mi gemido no se te oculta a ti.
11 Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan, y la luz misma de mis ojos me falta.
12 Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga, mis allegados a distancia se quedan;
13 y tienden lazos los que buscan mi alma, los que traman mi mal hablan de ruina, y todo el día andan urdiendo fraudes.
14 Mas yo como un sordo soy, no oigo, como un mudo que no abre la boca;
15 sí, soy como un hombre que no oye, ni tiene réplica en sus labios.
16 Que en ti, Yahveh, yo espero, tú reponderás, Señor, Dios mío.
17 He dicho: «! No se rían de mí, no me dominen cuando mi pie resbale!».
18 Y ahora ya estoy a punto de caída, mi tormento sin cesar está ante mí.
19 Sí, mi culpa confieso, acongojado estoy por mi pecado.
20 Aumentan mis enemigos sin razón, muchos son los que sin causa me odian,
21 los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando yo el bien busco.
22 ¡No me abandones, tú, Yahveh, Dios mío, no estés lejos de mí!
23 Date prisa a auxiliarme, oh Señor, mi salvación!
Salmos 39
1 Del maestro de coro. De Yedutún. Salmo. De David.
2 Yo me decía: «Guardaré mis caminos, sin pecar con mi lengua, pondré un freno en mi boca, mientras esté ante mí el impío.»
3 Enmudecí, quedé en silencio y calma: mas al ver su dicha se enconó mi tormento.
4 Dentro de mí mi corazón se acaloraba, de mi queja prendió el fuego, y mi lengua llegó a hablar:
5 «Hazme saber, Yahveh, mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que sepa yo cuán frágil soy.
6 «Oh sí, de unos palmos hiciste mis días, mi existencia cual nada es ante ti; sólo un soplo, todo hombre que se yergue,
7 nada más una sombra el humano que pasa, sólo un soplo las riquezas que amontona, sin saber quién las recogerá.»
8 Y ahora, Señor, ¿qué puedo yo esperar? En ti está mi esperanza.
9 De todas mis rebeldías líbrame, no me hagas la irrisión del insensato.
10 Me callo ya, no abro la boca, pues eres tú el que actúas.
11 Retira de mí tus golpes, bajo el azote de tu mano me anonado.
12 Reprendiendo sus yerros tú corriges al hombre, cual polilla corroes su anhelos. Un soplo sólo, todo hombre. Pausa. «
13 Escucha mi súplica, Yahveh, presta oído a mi grito, no te hagas sordo a mis lágrimas. Pues soy un forastero junto a ti, un huésped como todos mis padres.
14 ¡Retira tu mirada para que respire antes que me vaya y ya no exista más!
Salmos 40
1 Del maestro de coro. De David. Salmo.
2 En Yahveh puse toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
3 Me sacó de la fosa fatal, del fango cenagoso; asentó mis pies sobre la roca, consolidó mis pasos.
4 Puso en mi boca un canto nuevo, una alabanza a nuestro Dios; muchos verán y temerán, y en Yahveh tendrán confianza.
5 Dichoso el hombre aquel que en Yahveh pone su confianza, y no se va con los rebeldes, que andan tras la mentira.
6 ¡Cuántas maravillas has hecho, Yahveh, Dios mío, qué de designios con nosotros: no hay comparable a ti! Yo quisiera publicarlos, pregonarlos, mas su número excede toda cuenta.
7 Ni sacrificio ni oblación querías, pero el oído me has abierto; no pedías holocaustos ni víctimas,
8 dije entonces: Heme aquí, que vengo. Se me ha prescrito en el rollo del libro
9 hacer tu voluntad. Oh Dios mío, en tu ley me complazco en el fondo de mi ser.
10 He publicado la justicia en la gran asamblea; mira, no he contenido mis labios, tú lo sabes, Yahveh.
11 No he escondido tu justicia en el fondo de mi corazón, he proclamado tu lealtad, tu salvación, ne he ocultado tu amor y tu verdad a la gran asamblea.
12 Y tú, Yahveh, no contengas tus ternuras para mí. Que tu amor y tu verdad incesantes me guarden.
13 Pues desdichas me envuelven en número incontable. Mis culpas me dan caza, y no puedo ya ver; más numerosas son que los cabellos de mi cabeza, y el corazón me desampara.
14 ¡Dígnate, oh Yahveh, librarme, Yahveh, corre en mi ayuda!
15 ¡Queden avergonzados y confusos todos juntos los que buscan mi vida para cercenarla! ¡Atrás, sean confundidos los que desean mi mal!
16 Queden consternados de vergüenza los que dicen contra mí: «¡Ja, Ja!»
17 ¡En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan! Repitan sin cesar: «¡Grande es Yahveh!», los que aman tu salvación.
18 Y yo, pobre soy y desdichado, pero el Señor piensa en mí; tú, mi socorro y mi libertador, oh Dios mío, no tardes.
Salmos 41
1 Del maestro de coro. Salmo. De David.
2 ¡Dichoso el que cuida del débil y del pobre! En día de desgracia le libera Yahveh;
3 Yahveh le guarda, vida y dicha en la tierra le depara, y no le abandona a la saña de sus enemigos;
4 le sostiene Yahveh en su lecho de dolor; tú rehaces entera la postración en que se sume.
5 Yo he dicho: «Tenme piedad, Yahveh, sana mi alma, pues contra ti he pecado!»
6 Mis enemigos hablan mal contra mí: «¿Cuándo se morirá y se perderá su nombre?»
7 Si alguien viene a verme, habla de cosas fútiles, el corazón repleto de maldad, va a murmurar afuera.
8 A una cuchichean contra mí todos los que me odian, me achacan la desgracia que me aqueja:
9 «Cosa de infierno ha caído sobre él, ahora que se ha acostado, ya no ha de levantarse.»
10 Hasta mi amigo íntimo en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar.
11 Mas tú, Yahveh, tenme piedad, levántame y les daré su merecido;
12 en esto sabré que tú eres mi amigo: si mi enemigo no lanza más su grito contra mí;
13 y a mí me mantendrás en mi inocencia, y ante tu faz me admitirás por siempre.
14 ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, desde siempre hasta siempre! ¡Amén! ¡Amén!
Salmos 42
1 Del maestro de coro. Poema. De los hijos de Coré.
2 Como jadea la cierva, tras las corrientes de agua, así jadea mi alma, en pos de ti, mi Dios.
3 Tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver la faz de Dios?
4 ¡Son mis lágrimas mi pan, de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿En dónde está tu Dios?
5 Yo lo recuerdo, y derramo dentro de mí mi alma, cómo marchaba a la Tienda admirable, a la Casa de Dios, entre los gritos de júbilo y de loa, y el gentío festivo.
6 ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y
7 mi Dios! En mí mi alma desfallece. por eso te recuerdo desde la tierra del Jordán y los Hermones, a ti, montaña humilde.
8 Abismo que llama al abismo, en el fragor de tus cataratas, todas tus olas y tus crestas han pasado sobre mí.
9 De día mandará Yahveh su gracia, y el canto que me inspire por la noche será una oración al Dios de mi vida.
10 Diré a Dios mi Roca: ¿Por qué me olvidas?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo?
11 Con quebranto en mis huesos mis adversarios me insultan, todo el día repitiéndome: ¿En dónde está tu Dios?
12 ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y mi Dios!
Salmos 43
1 Hazme justicia, oh Dios, y mi causa defiende contra esta gente sin amor; del hombre falso y fraudulento, líbrame.
2 Tú el Dios de mi refugio: ¿por qué me has rechazado?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo?
3 Envía tu luz y tu verdad, ellas me guíen, y me conduzcan a tu monte santo, donde tus Moradas.
4 Y llegaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría. Y exultaré, te alabaré a la cítara, oh Dios, Dios mío.
5 ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y mi Dios!
Salmos 44
1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Poema.
2 Oh Dios, con nuestros propios oídos lo oímos, nos lo contaron nuestros padres, la obra que tú hiciste en sus días, en los días antiguos,
3 y con tu propia mano. Para plantarlos a ellos, expulsaste naciones, para ensancharlos, maltrataste pueblos;
4 no por su espada conquistaron la tierra, ni su brazo les dio la victoria, sino que fueron tu diestra y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque los amabas.
5 Tú sólo, oh Rey mío, Dios mío, decidías las victorias de Jacob;
6 por ti nosotros hundíamos a nuestros adversarios, por tu nombre pisábamos a nuestros agresores.
7 No estaba en mi arco mi confianza, ni mi espada me hizo vencedor;
8 que tú nos salvabas de nuestros adversarios, tú cubrías de vergüenza a nuestros enemigos;
9 en Dios todo el día nos gloriábamos, celebrando tu nombre sin cesar. Pausa.
10 Y con todo, nos has rechazado y confundido, no sales ya con nuestras tropas,
11 nos haces dar la espalda al adversario, nuestros enemigos saquean a placer.
12 Como ovejas de matadero nos entregas, y en medio de los pueblos nos has desperdigado;
13 vendes tu pueblo sin ventaja, y nada sacas de su precio.
14 De nuestros vecinos nos haces la irrisión, burla y escarnio de nuestros circundantes;
15 mote nos haces entre las naciones, meneo de cabeza entre los pueblos.
16 Todo el día mi ignominia está ante mí, la vergüenza cubre mi semblante,
17 bajo los gritos de insulto y de blasfemia, ante la faz del odio y la venganza.
18 Nos llegó todo esto sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza.
19 ¡No habían vuelto atrás nuestros corazones, ni habían dejado nuestros pasos tu sendero,
20 para que tú nos aplastaras en morada de chacales, y nos cubrieras con la sombra de la muerte!
21 Si hubiésemos olvidado el nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos hacia un dios extranjero,
22 ¿no se habría dado cuenta Dios, él, que del corazón conoce los secretos?
23 Pero por ti se nos mata cada día, como ovejas de matadero se nos trata.
24 ¡Despierta ya! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Levántate, no rechaces para siempre!
25 ¿Por qué ocultas tu rostro, olvidas nuestra opresión, nuestra miseria?
26 Pues nuestra alma está hundida en el polvo, pegado a la tierra nuestro vientre.
27 ¡Alzate, ven en nuestra ayuda, rescátanos por tu amor!
Salmos 45
1 Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios...» De los hijos de Coré. Poema. Canto de amor.
2 Bulle mi corazón de palabras graciosas; voy a recitar mi poema para un rey: es mi lengua la pluma de un escriba veloz.
3 Eres hermoso, el más hermoso de los hijos de Adán, la gracia está derramada en tus labios. Por eso Dios te bendijo para siempre.
4 Ciñe tu espada a tu costado, oh bravo, en tu gloria y tu esplendor
5 marcha, cabalga, por la causa de la verdad, de la piedad, de la justicia. ¡Tensa la cuerda en el arco, que hace terrible tu derecha!
6 Agudas son tus flechas, bajo tus pies están los pueblos, desmaya el corazón de los enemigos del rey.
7 Tu trono es de Dios para siempre jamás; un cetro de equidad, el cetro de tu reino;
8 tú amas la justicia y odias la impiedad. Por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros;
9 mirra y áloe y casia son todos tus vestidos. Desde palacios de marfil laúdes te recrean.
10 Hijas de reyes hay entre tus preferidas; a tu diestra una reina, con el oro de Ofir.
11 Escucha, hija, mira y pon atento oído, olvida tu pueblo y la casa de tu padre,
12 y el rey se prendará de tu belleza. El es tu Señor, ¡póstrate ante él!
13 La hija de Tiro con presentes, y los más ricos pueblos recrearán tu semblante.
14 Toda espléndida, la hija del rey, va adentro, con vestidos en oro recamados;
15 con sus brocados el llevada ante el rey. Vírgenes tras ella, compañeras suyas, donde él son introducidas;
16 entre alborozo y regocijo avanzan, al entrar en el palacio del rey.
17 En lugar de tus padres, tendrás hijos; príncipes los harás sobre toda la tierra.
18 ¡Logre yo hacer tu nombre memorable por todas las generaciones, y los pueblos te alaben por los siglos de los siglos!
Salmos 46
1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Para oboes. Cántico.
2 Dios es para nosotros refugio y fortaleza, un socorro en la angustia siempre a punto.
3 Por eso no tememos si se altera la tierra, si los montes se conmueven en el fondo de los mares,
4 aunque sus aguas bramen y borboten, y los montes retiemblen a su ímpetu. (¡Con nosotros Yahveh Sebaot, baluarte para nosotros, el Dios de Jacob!) Pausa.
5 ¡Un río! Sus brazos recrean la ciudad de Dios, santificando las moradas del Altísimo.
6 Dios está en medio de ella, no será conmovida, Dios la socorre al llegar la mañana.
7 Braman las naciones, se tambalean los reinos, lanza él su voz, la tierra se derrite.
8 ¡Con nosotros Yahveh Sebaot, baluarte para nosotros, el Dios de Jacob! Pausa.
9 Venid a contemplar los prodigios de Yahveh, el que llena la tierra de estupores.
10 Hace cesar las guerras hasta el extremo de la tierra; quiebra el arco, parte en dos la lanza, y prende fuego a los escudos.
11 «¡Basta ya; sabed que yo soy Dios, excelso sobre las naciones, sobre la tierra excelso!»
12 ¡Con nosotros Yahveh Sebaot, baluarte para nosotros, el Dios de Jacob! Pausa.
Salmos 47
1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo.
2 ¡Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de alegría!
3 Porque Yahveh, el Altísimo, es terrible, Rey grande sobre la tierra toda.
4 El somete a nuestro yugo los pueblos, y a las gentes bajo nuestros pies;
5 él nos escoge nuestra herencia, orgullo de Jacob, su amado. Pausa.
6 Sube Dios entre aclamaciones, Yahveh al clangor de la trompeta:
7 ¡salmodiad para nuestro Dios, salmodiad, salmodiad para nuestro Rey, salmodiad!
8 Que de toda la tierra él es el rey: ¡salmodiad a Dios con destreza!
9 Reina Dios sobre las naciones, Dios, sentado en su sagrado trono.
10 Los príncipes de los pueblos se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham. Pues de Dios son los escudos de la tierra, él, inmensamente excelso.
Salmos 48
1 Cántico. Salmo. De los hijos de Coré.
2 Grande es Yahveh, y muy digno de loa en la ciudad de nuestro Dios; su monte santo,
3 de gallarda esbeltez, es la alegría de toda la tierra; el monte Sión, confín del Norte, la ciudad del gran Rey:
4 Dios, desde sus palacios, se ha revelado como baluarte.
5 He aquí que los reyes se habían aliado, irrumpían a una;
6 apenas vieron, de golpe estupefactos, aterrados, huyeron en tropel.
7 Allí un temblor les invadió, espasmos como de mujer en parto,
8 tal el viento del este que destroza los navíos de Tarsis.
9 Como habíamos oído lo hemos visto en la ciudad de Yahveh Sebaot, en la ciudad de nuestro Dios, que Dios afirmó para siempre. Pausa.
10 Tu amor, oh Dios, evocamos en medio de tu Templo;
11 ¡como tu nombre, oh Dios, tu alabanza hasta los confines de la tierra! De justicia está llena tu diestra,
12 el monte Sión se regocija, exultan las hijas de Judá a causa de tus juicios.
13 Dad la vuelta a Sión, girad en torno de ella, enumerad sus torres;
14 grabad en vuestros corazones sus murallas, recorred sus palacios; para contar a la edad venidera
15 que así es Dios, nuestro Dios por los siglos de los siglos, aquel que nos conduce.
Salmos 49
1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo.
2 ¡Oídlo, pueblos todos, escuchad, habitantes todos de la tierra,
3 hijos de Adán, así como hijos de hombre, ricos y pobres a la vez!
4 Mi boca va a decir sabiduría, y cordura el murmullo de mi corazón;
5 tiendo mi oído a un proverbio, al son de cítara descubriré mi enigma.
6 ¿Por qué temer en días de desgracia cuando me cerca la malicia de los que me hostigan,
7 los que ponen su confianza en su fortuna, y se glorían de su gran riqueza?
8 ¡Si nadie puede redimirse ni pagar a Dios por su rescate!;
9 es muy cara la redención de su alma, y siempre faltará,
10 para que viva aún y nunca vea la fosa.
11 Se ve, en cambio, fenecer a los sabios, perecer a la par necio y estúpido, y dejar para otros sus riquezas.
12 Sus tumbas son sus casas para siempre, sus moradas de edad en edad; ¡y a sus tierras habían puesto sus nombres!
13 El hombre en la opulencia no comprende, a las bestias mudas se asemeja.
14 Así andan ellos, seguros de sí mismos, y llegan al final, contentos de su suerte. Pausa.
15 Como ovejas son llevados al seol, los pastorea la Muerte, y los rectos dominarán sobre ellos. Por la mañana se desgasta su imagen, ¡el seol será su residencia!
16 Pero Dios rescatará mi alma, de las garras del seol me cobrará.
17 No temas cuando el hombre se enriquece, cuando crece el boato de su casa.
18 Que a su muerte, nada ha de llevarse, su boato no bajará con él.
19 Aunque en vida se bendecía a sí mismo - te alaban, porque te has tratado bien -,
20 irá a unirse a la estirpe de sus padres, que nunca ya verán la luz.
21 El hombre en la opulencia no comprende, a las bestias mudas se asemeja.
Salmos 50
1 Salmo. De Asaf. El Dios de los dioses, Yahveh, habla y convoca a la tierra desde oriente hasta occidente.
2 Desde Sión, la Hermosa sin par, Dios resplandece,
3 viene nuestro Dios y no se callará. Delante de él, un fuego que devora, en torno a él, violenta tempestad;
4 convoca a los cielos desde lo alto, y a la tierra para juzgar a su pueblo.
5 «¡Congregad a mis fieles ante mí, los que mi alianza con sacrificio concertaron!»
6 Anuncian los cielos su justicia, porque es Dios mismo el juez. Pausa.
7 «Escucha, pueblo mío, que hablo yo, Israel, yo atestiguo contra ti, yo, Dios, tu Dios.
8 «No es por tus sacrificios por lo que te acuso: ¡están siempre ante mí tus holocaustos!
9 No tengo que tomar novillo de tu casa, ni machos cabríos de tus apriscos.
10 «Pues mías son todas las fieras de la selva, las bestias en los montes a millares;
11 conozco todas las aves de los cielos, mías son las bestias de los campos.
12 «Si hambre tuviera, no habría de decírtelo, porque mío es el orbe y cuanto encierra.
13 ¿Es que voy a comer carne de toros, o a beber sangre de machos cabríos?
14 «Sacrificio ofrece a Dios de acción de gracias, cumple tus votos al Altísimo;
15 e invócame en el día de la angustia, te libraré y tú me darás gloria.»
16 Pero al impío Dios le dice: «¿Qué tienes tú que recitar mis preceptos, y tomar en tu boca mi alianza,
17 tú que detestas la doctrina, y a tus espaldas echas mis palabras?
18 «Si a un ladrón ves, te vas con él, alternas con adúlteros;
19 sueltas tu boca al mal, y tu lengua trama engaño.
20 «Te sientas, hablas contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre.
21 Esto haces tú, ¿y he de callarme? ¿Es que piensas que yo soy como tú? Yo te acuso y lo expongo ante tus ojos.
22 «¡Entended esto bien los que olvidáis a Dios, no sea que yo arrebate y no haya quien libre!
23 El que ofrece sacrificios de acción de gracias me da gloria, al hombre recto le mostraré la salvación de Dios.»
Salmos 51
1 Del maestro de coro. Salmo. De David.
2 Cuando el profeta Natán le visitó después que aquél se había unido a Betsabé.
3 Tenme piedad, oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito,
4 lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame.
5 Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar está ante mí;
6 contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. Por que aparezca tu justicia cuando hablas y tu victoria cuando juzgas.
7 Mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi madre.
8 Mas tú amas la verdad en lo íntimo del ser, y en lo secreto me enseñas la subiduría.
9 Rocíame con el hisopo, y seré limpio, lávame, y quedaré más blanco que la nieve.
10 Devuélveme el son del gozo y la alegría, exulten los huesos que machacaste tú.
11 Retira tu faz de mis pecados, borra todas mis culpas.
12 Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva;
13 no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu.
14 Vuélveme la alegría de tu salvación, y en espíritu generoso afiánzame;
15 enseñaré a los rebeldes tus caminos, y los pecadores volverán a ti.
16 Líbrame de la sangre, Dios, Dios de mi salvación, y aclamará mi lengua tu justicia;
17 abre, Señor, mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.
18 Pues no te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo aceptas.
19 El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias.
20 ¡Favorece a Sión en tu benevolencia, reconstruye las murallas de Jerusalén!
21 Entonces te agradarán los sacrificios justos, - holocausto y oblación entera - se ofrecerán entonces sobre tu altar novillos.
Salmos 52
1 Del maestro de coro. Poema. De David.
2 Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl diciéndole: «David ha entrado en casa de Ajimélek.»
3 ¿Por qué te glorías del mal, héroe de infamia? Todo el día
4 pensando estás en crímenes, tu lengua es una afilada navaja, oh artífice de engaño.
5 El mal al bien prefieres, la mentira a la justicia; Pausa.
6 amas toda palabra de perdición, oh lengua engañadora.
7 Por eso Dios te aplastará, te destruirá por siempre, te arrancará de tu tienda, te extirpará de la tierra de los vivos. Pausa.
8 Los justos lo verán y temerán, se reirán de él:
9 «¡Ese es el hombre que no puso en Dios su refugio, mas en su gran riqueza confiaba, se jactaba de su crimen!»
10 Mas yo, como un olivo verde en la Casa de Dios, en el amor de Dios confío para siempre jamás.
11 Te alabaré eternamente por lo que has hecho; esperaré en tu nombre, porque es bueno con los que te aman
Salmos 53
1 Del maestro de coro. Para la enfermedad. Poema. De David.
2 Dice en su corazón el insensato: «¡No hay Dios!» Corrompidos están, de conducta abominable, no hay quien haga el bien.
3 Se asoma Dios desde los cielos hacia los hijos de Adán, por ver si hay un sensato, alguien que busque a Dios.
4 Todos ellos están descarriados, en masa pervertidos. No hay quien haga el bien, ni uno siquiera.
5 ¿No aprenderán todos los agentes de mal que comen a mi pueblo como se come el pan, y no invocan a Dios?
6 Allí de espanto temblarán, donde nada hay que espante. Pues Dios dispersa los huesos de tu sitiador, se les ultraja porque Dios los rechaza.
7 ¿Quién traerá de Sión la salvación de Israel? ¡Cuando Dios cambie la suerte de su pueblo, exultará Jacob, se alegrará Israel!
Salmos 54
1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema. De David.
2 Cuando los zifitas vinieron a decir a Saúl: «¿No está escondido David entre nosotros?»
3 ¡Oh Dios, sálvame por tu nombre, por tu poderío hazme justicia,
4 oh Dios, escucha mi oración, atiende a las palabras de mi boca!
5 Pues se han alzado contra mí arrogantes, rabiosos andan en busca de mi alma, sin tener para nada a Dios presente. Pausa.
6 Mas ved que Dios viene en mi auxilio, el Señor con aquellos que sostienen mi alma.
7 ¡El mal recaiga sobre los que me asechan, Yahveh, por tu verdad destrúyelos!
8 De corazón te ofreceré sacrificios, celebraré tu nombre, porque es bueno,
9 porque de toda angustia me ha librado, y mi ojo se recreó en mis enemigos
Salmos 55
1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema. De David.
2 Escucha, oh Dios, mi oración, no te retraigas a mi súplica,
3 dame oídos, respóndeme, en mi queja me agito. Gimo
4 ante la voz del enemigo, bajo el abucheo del impío; pues vierten sobre mí falsedades y con saña me hostigan.
5 Se me estremece dentro el corazón, me asaltan pavores de muerte;
6 miedo y temblor me invaden, un escalofrío me atenaza.
7 Y digo: ¡Quién me diera alas como a la paloma para volar y reposar!
8 Huiría entonces lejos, en el desierto moraría.
9 En seguida encontraría un asilo contra el viento furioso y la tormenta. Pausa.
10 ¡Oh, piérdelos, Señor, enreda sus lenguas!, pues veo discordia y altercado en la ciudad;
11 rondan día y noche por sus murallas. Y dentro de ella falsedad y malicia,
12 insidias dentro de ella, jamás se ausentan de sus plazas la tiranía y el engaño.
13 Si todavía un enemigo me ultrajara, podría soportarlo; si el que me odia se alzara contra mí, me escondería de él.
14 ¡Pero tú, un hombre de mi rango, mi compañero, mi íntimo,
15 con quien me unía una dulce intimidad, en la Casa de Dios! ¡Oh, váyanse en tumulto,
16 caiga la muerte sobre ellos, vivos en el seol se precipiten, pues está el mal instalado en medio de ellos!
17 Yo, en cambio, a Dios invoco, y Yahveh me salva.
18 A la tarde, a la mañana, al mediodía me quejo y gimo: él oye mi clamor.
19 En paz mi alma rescata de la guerra que me hacen: aunque sean muchos contra mí,
20 Dios escucha y los humilla, él, que reina desde siempre. Pero ellos sin enmienda, y sin temor de Dios.
21 Cada uno extiende su mano contra sus aliados, viola su alianza;
22 más blanda que la crema es su boca, pero su corazón es sólo guerra; sus palabras, más suaves que el aceite, son espadas desnudas.
23 Descarga en Yahveh tu peso, y él te sustentará; no dejará que para siempre zozobre el justo.
24 Y tú, oh Dios, los hundirás en el pozo de la fosa, a los hombres de sangre y de fraude, sin alcanzar la mitad de sus días. Mas yo confío en ti.
Salmos 56
1 Del maestro de coro. Según: «La opresión de los príncipes lejanos». De David. A media voz. Cuando los filisteos se apoderaron de él en Gat.
2 Tenme piedad, oh Dios, porque me pisan, todo el día hostigándome me oprimen.
3 Me pisan todo el día los que me asechan, innumerables son los que me hostigan en la altura.
4 El día en que temo, en ti confío.
5 En Dios, cuya palabra alabo, en Dios confío y ya no temo, ¿qué puede hacerme un ser de carne?
6 Todo el día retuercen mis palabras, todos sus pensamientos son de hacerme mal;
7 se conjuran, se ocultan, mis pisadas observan, como para atrapar mi alma.
8 Por su iniquidad, ¿habrá escape para ellos? ¡Abate, oh Dios, a los pueblos en tu cólera!
9 De mi vida errante llevas tú la cuenta, ¡recoge mis lágrimas en tu odre!
10 Entonces retrocederán mis enemigos, el día en que yo clame. Yo sé que Dios está por mí.
11 En Dios, cuya palabra alabo, en Yahveh, cuya palabra alabo,
12 en Dios confío y ya no temo, ¿qué puede hacerme un hombre?
13 A mi cargo, oh Dios, los votos que te hice: sacrificios te ofreceré de acción de gracias,
14 pues tú salvaste mi alma de la muerte, para que marche ante la faz de Dios, en la luz de los vivos.
Salmos 57
1 Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando, huyendo de Saúl, se escondió en la cueva.
2 Tenme piedad, oh Dios, tenme piedad, que en ti se cobija mi alma; a la sombra de tus alas me cobijo hasta que pase el infortunio.
3 Invoco al Dios Altísimo, al Dios que tanto hace por mí.
4 Mande desde los cielos y me salve, confunda a quien me pisa, envíe Dios su amor y su verdad. Pausa.
5 Mi alma está tendida en medio de leones, que devoran a los hijos de Adán; sus dientes son lanzas y saetas, su lengua, una espada acerada.
6 ¡Alzate, oh Dios, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria
7 Tendían ellos una red bajo mis pasos, mi alma se doblaba; una fosa cavaron ante mí, ¡cayeron ellos dentro! Pausa.
8 A punto está mi corazón, oh Dios, mi corazón a punto; voy a cantar, voy a salmodiar,
9 ¡gloria mía, despierta!, ¡despertad, arpa y cítara!, ¡a la aurora he de despertar!
10 Te alabaré entre los pueblos, Señor, te salmodiaré entre las gentes;
11 porque tu amor es grande hasta los cielos, tu verdad hasta las nubes.
12 ¡Alzate, oh Dios, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria!
Salmos 58
1 Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz.
2 ¿De veras, dioses, pronunciáis justicia, juzgáis según derecho a los hijos de Adán?
3 No. que de corazón cometéis injusticias, con vuestras manos pesáis la violencia en la tierra.
4 Torcidos están desde el seno los impíos, extraviados desde el vientre los que dicen mentira;
5 tienen veneno como veneno de serpiente, como el de un áspid sordo que se tapa el oído,
6 que no oye la voz de los encantadores, del mago experto en el encanto.
7 ¡Oh Dios, rompe sus dientes en su boca, quiebra, Yahveh, las muelas de los leoncillos.
8 ¡Dilúyanse como aguas que se pasan, púdranse como hierba que se pisa.
9 como limaco que marcha deshaciéndose, como aborto de mujer que no contempla el sol!
10 ¡Antes que espinas echen, como la zarza, verde o quemada, los arrebate el torbellino!
11 Se alegrará el justo de haber visto la venganza, sus pies bañará en la sangre del impío;
12 y se dirá: «Sí, hay un fruto para el justo; sí, hay un Dios que juzga en la tierra.»
Salmos 59
1 Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando Saúl mandó a vigilar su casa con el fin de matarle.
2 ¡Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío, de mis agresores protégeme,
3 líbrame de los agentes de mal, de los hombres sanguinarios sálvame!
4 Mira que acechan a mi alma, poderosos se conjuran contra mí; sin rebeldía ni pecado en mí, Yahveh,
5 sin culpa alguna, corren y se aprestan. Despiértate, ven a mi encuentro y mira,
6 tú, Yahveh, Dios Sebaot, Dios de Israel, álzate a visitar a todos los gentiles, no te apiades de ninguno de esos traidores pérfidos. Pausa.
7 Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad.
8 Míralos desbarrar a boca llena, espadas en sus labios: «¿Hay alguno que oiga?»
9 Mas tú, Yahveh, te ríes de ellos, tú te mofas de todos los gentiles.
10 Oh fuerza mía, hacia ti miro. Pues es Dios mi ciudadela,
11 el Dios de mi amor viene a mi encuentro. Dios me hará desafiar a los que me asechan.
12 ¡Oh, no los mates, no se olvide mi pueblo, dispérsalos con tu poder, humíllalos, oh Señor, nuestro escudo!
13 Pecado es en su boca la palabra de sus labios; ¡queden, pues, presos en su orgullo, por la blasfemia, por la mentira que vocean!
14 ¡Suprime con furor, suprímelos, no existan más! Y se sepa que Dios domina en Jacob, hasta los confines de la tierra. Pausa.
15 Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad;
16 vedlos buscando qué comer, hasta que no están hartos van gruñendo.
17 Yo, en cambio, cantaré tu fuerza, aclamaré tu amor a la mañana; pues tú has sido para mí una ciudadela, un refugio en el día de mi angustia.
18 Oh fuerza mía, para ti salmodiaré, pues es Dios mi ciudadela, el Dios de mi amor.
Salmos 60
1 Del maestro de coro. Según «El lirio del testimonio». A media voz. De David. Para enseñar.
2 Cuando luchó contra Aram de Naharáyim y Aram de Sobá, y Joab, de vuelta, derrotó a Edom, en el valle de la Sal: doce mil hombres.
3 Nos has rechazado, oh Dios, nos has deshecho, estabas irritado, ¡oh, vuélvete a nosotros!
4 Has sacudido la tierra, la has hendido; sana sus grietas, pues se desmorona.
5 Hiciste ver a tu pueblo duras pruebas, nos diste a beber vino de vértigo.
6 Diste a los que le temen la señal para que pudiesen escapar del arco. Pausa.
7 Para que tus amados salgan libres, ¡salva con tu diestra, respóndenos!
8 Ha hablado Dios en su santuario: «Ya exulto, voy a repartir a Siquem, a medir el valle de Sukkot.
9 «Mío es Galaad, mío Manasés, Efraím, yelmo de mi cabeza, Judá, mi cetro,
10 «Moab, la vasija en que me lavo. Sobre Edom tiro mi sandalia. ¡Canta, pues, victoria contra mí, Filistea!»
11 ¿Quién me conducirá hasta la plaza fuerte, quién me guiará hasta Edom?
12 ¿No eres tú, oh Dios, que nos has rechazado, y ya no sales, oh Dios, con nuestras tropas?
13 Danos ayuda contra el adversario, que es vano el socorro del hombre.
14 ¡Con Dios hemos de hacer proezas, y él hollará a nuestros adversarios!
Salmos 61
1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. De David.
2 ¡Escucha, oh Dios, mi clamor, atiende a mi plegaria!
3 Desde el extremo de la tierra hacia ti grito, en el desmayo de mi corazón. A la roca que se alza lejos de mí, condúceme;
4 pues tú eres mi refugio, torre fuerte frente al enemigo.
5 ¡Que sea yo siempre huésped de tu tienda, y me acoja al amparo de tus alas! Pausa.
6 Porque tú, oh Dios, oyes mis votos: tú me otorgas la heredad de los que temen tu nombre.
7 A los días del rey añade días, sus años, generación tras generación.
8 ¡Reine por siempre ante la faz de Dios! ¡El Amor y la Verdad le guarden!
9 Entonces salmodiaré a tu nombre para siempre, día tras día cumpliré mis votos.
Salmos 62
1 Del maestro de coro... Yedutún. Salmo. De David.
2 En Dios sólo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación;
3 sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar.
4 ¿Hasta cuándo atacaréis a un solo hombre, le abatiréis, vosotros todos, como a una muralla que se vence, como a pared que se desploma?
5 Doblez sólo proyectan, su placer es seducir; con mentira en la boca, bendicen, y por dentro maldicen. Pausa.
6 En Dios sólo descansa, oh alma mía, de él viene mi esperanza;
7 sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar;
8 en Dios mi salvación y mi gloria, la roca de mi fuerza. En Dios mi refugio;
9 confiad en él, oh pueblo, en todo tiempo; derramad ante él vuestro corazón, ¡Dios es nuestro refugio! Pausa.
10 Un soplo solamente los hijos de Adán, los hijos de hombre, una mentira; si subieran a la balanza serían menos que un soplo todos juntos.
11 No os fiéis de la opresión, no os ilusionéis con la rapiña; a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón.
12 Dios ha hablado una vez, dos veces, lo he oído: Que de Dios es la fuerza,
13 tuyo, Señor, el amor; y: Que tú al hombre pagas con arreglo a sus obras.
Salmos 63
1 Salmo. De David. Cuando estaba en el desierto de Judá.
2 Dios, tú mi Dios, yo te busco, sed de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi carne, cual tierra seca, agotada, sin agua.
3 Como cuando en el santuario te veía, al contemplar tu poder y tu gloria,
4 - pues tu amor es mejor que la vida, mis labios te glorificaban -,
5 así quiero en mi vida bendecirte, levantar mis manos en tu nombre;
6 como de grasa y médula se empapará mi alma, y alabará mi boca con labios jubilosos.
7 Cuando pienso en ti sobre mi lecho, en ti medito en mis vigilias,
8 porque tú eres mi socorro, y yo exulto a la sombra de tus alas;
9 mi alma se aprieta contra ti, tu diestra me sostiene.
10 Mas los que tratan de perder mi alma, ¡caigan en las honduras de la tierra!
11 ¡Sean pasados al filo de la espada, sirvan de presa a los chacales!
12 Y el rey en Dios se gozará, el que jura por él se gloriará, cuando sea cerrada la boca de los mentirosos.
Salmos 64
1 Del maestro de coro. Salmo. De David.
2 Escucha, oh Dios, la voz de mi gemido, del terror del enemigo guarda mi vida;
3 ocúltame a la pandilla de malvados, a la turba de los agentes de mal.
4 Los que afilan su lengua como espada, su flecha apuntan, palabra envenenada,
5 para tirar a escondidas contra el íntegro, le tiran de improviso y nada temen.
6 Se envalentonan en su acción malvada, calculan para tender lazos ocultos, dicen: «¿Quién lo observará
7 y escrutará nuestros secretos?» El los escruta, aquel que escruta lo íntimo del hombre, el corazón profundo.
8 Una saeta ha tirado Dios, repentinas han sido sus heridas;
9 les ha hecho caer por causa de su lengua, menean la cabeza todos los que los ven.
10 Todo hombre temerá. anunciará la obra de Dios y su acción comprenderá.
11 El justo se alegrará en Yahveh, en él tendrá cobijo; y se gloriarán todos los de recto corazón.
Salmos 65
1 Del maestro de coro. Salmo. De David. Cántico.
2 A ti se debe la alabanza, oh Dios, en Sión. A ti el voto se te cumple,
3 tú que escuchas la oración. Hasta ti toda carne viene
4 con sus obras culpables; nos vence el peso de nuestras rebeldías, pero tú las borras.
5 Dichoso tu elegido, tu privado, en tus atrios habita. ¡Oh, hartémonos de los bienes de tu Casa, de las cosas santas de tu Templo!
6 Tú nos responderás con prodigios de justicia, Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los confines de la tierra, y de las islas lejanas;
7 tú que afirmas los montes con tu fuerza, de potencia ceñido,
8 y acallas el estruendo de los mares, el estruendo de sus olas. Están los pueblos en bullicio,
9 por tus señales temen los que habitan los confines, a las puertas de la mañana y de la tarde haces tú gritar de júbilo.
10 Tú visitas la tierra y la haces rebosar, de riquezas la colmas. El río de Dios va lleno de agua, tú preparas los trigales. Así es como la preparas:
11 riegas sus surcos, allanas sus glebas, con lluvias la ablandas, bendices sus renuevos.
12 Tú coronas el año con tu benignidad, de tus rodadas cunde la grosura;
13 destilan los pastos del desierto, las colinas se ciñen de alegría;
14 las praderas se visten de rebaños, los valles se cubren de trigo; ¡y los gritos de gozo, y las canciones!
Salmos 66
1 Del maestro de coro. Cántico. Salmo. Aclamad a Dios, la tierra toda,
2 salmodiad a la gloria de su nombre, rendidle el honor de su alabanza,
3 decid a Dios: ¡Qué terribles tus obras! Por la grandeza de tu fuerza, tus enemigos vienen a adularte;
4 toda la tierra se postra ante ti, y salmodia para ti, a tu nombre salmodia. Pausa.
5 Venid y ved las obras de Dios, temible en sus gestas por los hijos de Adán:
6 él convirtió el mar en tierra firme, el río fue cruzado a pie. Allí, nuestra alegría en él,
7 que por su poder domina para siempre. Sus ojos vigilan las naciones, no se alcen los rebeldes contra él. Pausa.
8 Pueblos, bendecid a nuestro Dios, haced que se oiga la voz de su alabanza,
9 él, que devuelve nuestra alma a la vida, y no deja que vacilen nuestros pies.
10 Tú nos probaste, oh Dios, nos purgaste, cual se purga la plata;
11 nos prendiste en la red, pusiste una correa a nuestros lomos,
12 dejaste que un cualquiera a nuestra cabeza cabalgara, por el fuego y el agua atravesamos; mas luego nos sacaste para cobrar aliento.
13 Con holocaustos entraré en tu Casa, te cumpliré mis votos,
14 los que abrieron mis labios, los que en la angustia pronunció mi boca.
15 Te ofreceré pingües holocaustos, con el sahumerio de carneros, sacrificaré bueyes y cabritos. Pausa.
16 Venid a oír y os contaré, vosotros todos los que teméis a Dios, lo que él ha hecho por mí.
17 A él gritó mi boca, la alabanza ya en mi lengua.
18 Si yo en mi corazón hubiera visto iniquidad, el Señor no me habría escuchado.
19 Pero Dios me ha escuchado, atento a la voz de mi oración.
20 ¡Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi oración ni su amor me ha retirado!
Salmos 67
1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico.
2 ¡Dios nos tenga piedad y nos bendiga, su rostro haga brillar sobre nosotros! Pausa.
3 Para que se conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación entre todas las naciones.
4 ¡Te den, oh Dios, gracias los pueblos, todos los pueblos te den gracias!
5 Alégrense y exulten las gentes, pues tú juzgaz al mundo con justicia, con equidad juzgas a los pueblos, y a las gentes en la tierra gobiernas. Pausa.
6 ¡Te den, oh Dios, gracias los pueblos, todos los pueblos te den gracias!
7 La tierra ha dado su cosecha: Dios, nuestro Dios, nos bendice.
8 ¡Dios nos bendiga, y teman ante él todos los confines de la tierra!
Salmos 68
1 Del maestro de coro. De David. Salmo. Cántico.
2 ¡Alcese Dios, sus enemigos se dispersen, huyan ante su faz los que le odian!
3 Cual se disipa el humo, los disipas; como la cera se derrite al fuego, perecen los impíos ante Dios.
4 Mas los justos se alegran y exultan ante la faz de Dios, y saltan de alegría.
5 Cantad a Dios, salmodiad a su nombre, abrid paso al que cabalga en las nubes, alegraos en Yahveh, exultad ante su rostro.
6 Padre de los huérfanos y tutor de las viudas es Dios en su santa morada;
7 Dios da a los desvalidos el cobijo de una casa, abre a los cautivos la puerta de la dicha, mas los rebeldes quedan en un suelo ardiente.
8 Oh Dios, cuando saliste al frente de tu pueblo, cuando pasabas el desierto, Pausa.
9 la tierra retembló, y hasta los cielos se licuaron ante la faz de Dios, ante la faz de Dios, el Dios de Israel.
10 Tú derramaste, oh Dios, una lluvia de larguezas, a tu heredad extenuada, tú la reanimaste;
11 tu grey halló una morada, aquella que en tu bondad, oh Dios, al desdichado preparabas.
12 El Señor da la palabra: es el anuncio de un ejército inmenso.
13 Y mientras los reyes, los ejércitos huyen, huyen, la bella de la casa reparte el botín.
14 Mientras vosotros descansáis entre las tapias del aprisco, las alas de la Paloma se cubren de plata, y sus plumas de destellos de oro verde;
15 cuando Sadday dispersa a los reyes, por ella cae la nieve en el Monte Umbrío.
16 ¡Monte de Dios, el monte de Basán! ¡Monte escarpado, el monte de Basán!
17 ¿Por que miráis celosos, montes escarpados, al monte que Dios escogió por mansión? ¡Oh sí, Yahveh morará allí para siempre!
18 Los carros de Dios, por millares de miriadas; el Señor ha venido del Sinaí al santuario.
19 Tú has subido a la altura, conduciendo cautivos, has recibido tributo de hombres, hasta los rebeldes para que Yahveh Dios tuviera una morada.
20 ¡Bendito sea el Señor día tras día! El carga con nosotros, Dios de nuestra salvación. Pausa.
21 Dios libertador es nuestro Dios; del Señor Yahveh son las salidas de la muerte;
22 mas la cabeza de sus enemigos Dios quebranta, la testa cabelluda de quien sus crímenes pasea.
23 Dijo el Señor: «De Basán haré volver, haré volver de los abismos del mar,
24 para que puedas hundir tu pie en la sangre, y en los enemigos tenga su parte la lengua de tus perros».
25 ¡Se han visto, oh Dios, tus procesiones, las procesiones de mi Dios, mi rey, al santuario:
26 delante los cantores, los músicos detrás, las doncellas en medio, tocando el tamboril!
27 A Dios, en coros, bendecían: ¡es Yahveh, desde el origen de Israel.
28 Allí iba Benjamín, el pequeño, abriendo marcha, los príncipes de Judá con sus escuadras, los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.
29 ¡Manda, Dios mío, según tu poder, el poder, oh Dios, que por nosotros desplegaste,
30 desde tu Templo en lo alto de Jerusalén, donde vienen los reyes a ofrecerte presentes!
31 Increpa a la bestia del cañaveral, a la manada de toros y novillos de los pueblos. ¡Que se sometan con lingotes de plata! ¡Dispersa a los pueblos que fomentan la guerra!
32 Los magnates acudan desde Egipto, tienda hacia Dios sus manos Etiopía.
33 ¡Cantad a Dios, reinos de la tierra, salmodiad para el Señor,
34 para el que cabalga los cielos, los antiguos cielos: Pausa. ved que lanza él su voz, su voz potente!
35 Reconoced el poderío de Dios. Sobre Israel su exaltación, su poder en las nubes:
36 ¡temible es Dios desde su santuario! El, el Dios de Israel, es quien da poder y fuerza al pueblo. ¡Bendito sea Dios!
Salmos 69
1 Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios...» De David.
2 ¡Sálvame, oh Dios, porque las aguas me llegan hasta el cuello!
3 Me hundo en el cieno del abismo, sin poder hacer pie; he llegado hasta el fondo de las aguas, y las olas me anegan.
4 Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces, mis ojos se consumen de esperar a mi Dios.
5 Son más que los cabellos de mi cabeza los que sin causa me odian; más duros que mis huesos los que me hostigan sin razón. (¿Lo que yo no he robado tengo que devolver?)
6 Tú, oh Dios, mi torpeza conoces, no se te ocultan mis ofensas.
7 ¡No se avergüencen por mí los que en ti esperan, oh Yahveh Sebaot! ¡No sufran confusión por mí los que te buscan, oh Dios de Israel!
8 Pues por ti sufro el insulto, y la vergüenza cubre mi semblante;
9 para mis hermanos soy un extranjero, un desconocido para los hijos de mi madre;
10 pues me devora el celo de tu casa, y caen sobre mí los insultos de los que te insultan.
11 Si mortifico mi alma con ayuno, se me hace un pretexto de insulto;
12 si tomo un sayal por vestido, para ellos me convierto en burla,
13 cuento de los que están sentados a la puerta, y copla de los que beben licor fuerte.
14 Mas mi oración hacia ti, Yahveh, en el tiempo propicio: por tu gran amor, oh Dios, respóndeme, por la verdad de tu salvación.
15 ¡Sácame del cieno, no me hunda, escape yo a los que me odian, a las honduras de las aguas!
16 ¡El flujo de las aguas no me anegue no me trague el abismo, ni el pozo cierre sobre mí su boca!
17 ¡Respóndeme, Yahveh, pues tu amor es bondad; en tu inmensa ternura vuelve a mí tus ojos;
18 no retires tu rostro de tu siervo, que en angustias estoy, pronto, respóndeme;
19 acércate a mi alma, rescátala, por causa de mis enemigos, líbrame!
20 Tú conoces mi oprobio, mi vergüenza y mi afrenta, ante ti están todos mis opresores.
21 El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco. Espero compasión, y no la hay, consoladores, y no encuentro ninguno.
22 Veneno me han dado por comida, en mi sed me han abrevado con vinagre.
23 ¡Que su mesa ante ellos se convierta en un lazo, y su abundancia en una trampa;
24 anúblense sus ojos y no vean, haz que sus fuerzas sin cesar les fallen!
25 Derrama tu enojo sobre ellos, los alcance el ardor de tu cólera;
26 su recinto quede hecho un desierto, en sus tiendas no haya quien habite:
27 porque acosan al que tú has herido, y aumentan la herida de tu víctima.
28 Culpa añade a su culpa, no tengan más acceso a tu justicia;
29 del libro de la vida sean borrados, no sean inscritos con los justos.
30 Y yo desdichado, dolorido, ¡tu salvación, oh Dios, me restablezca!
31 El nombre de Dios celebraré en un cántico, le ensalzaré con la acción de gracias;
32 y más que un toro agradará a Yahveh, más que un novillo con cuernos y pezuñas.
33 Lo han visto los humildes y se alegran; ¡viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios!
34 Porque Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos.
35 ¡Alábenle los cielos y la tierra, el mar y cuanto bulle en él!
36 Pues salvará Dios a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá: habitarán allí y las poseerán;
37 la heredará la estirpe de sus siervos, los que aman su nombre en ella morarán.
Salmos 70
1 Del maestro de coro. De David. En memoria.
2 ¡Oh Dios, ven a librarme, Yahveh, corre en mi ayuda!
3 ¡Queden avergonzados y confusos los que buscan mi vida! ¡Atrás!, sean confundidos los que desean mi mal,
4 retrocedan de vergüenza los que dicen: ¡Ja, ja!
5 ¡En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan! ¡Repitan sin cesar: «Grande es Dios», los que aman tu salvación!
6 ¡Y yo, desventurado y pobre, oh Dios, ven presto a mí! ¡Tú, mi socorro y mi libertador, Yahveh, no tardes!
Salmos 71
1 A ti, Yahveh, me acojo, ¡no sea confundido jamás!
2 ¡Por tu justicia sálvame, libérame! tiende hacia mí tu oído y sálvame!
3 ¡Sé para mí una roca de refugio, alcázar fuerte que me salve, pues mi roca eres tú y mi fortaleza.
4 ¡Dios mío, líbrame de la mano del impío, de las garras del perverso y del violento!
5 Pues tú eres mi esperanza, Señor, Yahveh, mi confianza desde mi juventud.
6 En ti tengo mi apoyo desde el seno, tú mi porción desde las entrañas de mi madre; ¡en ti sin cesar mi alabanza!
7 Soy el asombro de muchos, mas tú eres mi seguro refugio.
8 Mi boca está repleta de tu loa, de tu gloria todo el día.
9 A la hora de mi vejez no me rechaces, no me abandones cuando decae mi vigor.
10 Porque de mí mis enemigos hablan, los que espían mi alma se conciertan:
11 «¡Dios le ha desamparado, perseguidle, apresadle, pues no hay quien le libere!»
12 ¡Oh Dios, no te estés lejos de mí, Dios mío, ven pronto en mi socorro!
13 ¡Confusión y vergüenza sobre aquellos que acusan a mi alma; cúbranse de ignominia y de vergüenza los que buscan mi mal!
14 Y yo, esperando sin cesar, más y más te alabaré;
15 publicará mi boca tu justicia, todo el día tu salvación.
16 Y vendré a las proezas de Yahveh, recordaré tu justicia, tuya sólo.
17 ¡Oh Dios, desde mi juventud me has instruido, y yo he anunciado hasta hoy tus maravillas!
18 Y ahora que llega la vejez y las canas, ¡oh Dios, no me abandones!, para que anuncie yo tu brazo a todas las edades venideras, ¡tu poderío
19 y tu justicia, oh Dios, hasta los cielos! Tú que has hecho grandes cosas, ¡oh Dios!, ¿quién como tú?
20 Tú que me has hecho ver tantos desastres y desgracias, has de volver a recobrarme. Vendrás a sacarme de los abismos de la tierra,
21 sustentarás mi ancianidad, volverás a consolarme,
22 Y yo te daré gracias con las cuerdas del arpa, por tu verdad, Dios mío; para ti salmodiaré a la cítara, oh Santo de Israel.
23 Exultarán mis labios cuando salmodie para ti, y mi alma, que tú has rescatado.
24 También mi lengua todo el día musitará tu justicia: porque han sido avergonzados, porque han enrojecido, los que buscaban mi desgracia.
Salmos 72
1 De Salomón. Oh Dios, da al rey tu juicio, al hijo de rey tu justicia:
2 que con justicia gobierne a tu pueblo, con equidad a tus humildes.
3 Traigan los montes paz al pueblo, y justicia los collados.
4 El hará justicia a los humildes del pueblo, salvará a los hijos de los pobres, y aplastará al opresor.
5 Durará tanto como el sol, como la luna de edad en edad;
6 caerá como la lluvia en el retoño, como el rocío que humedece la tierra.
7 En sus días florecerá la justicia, y dilatada paz hasta que no haya luna;
8 dominará de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra.
9 Ante él se doblará la Bestia, sus enemigos morderán el polvo;
10 los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos;
11 todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones.
12 Porque él librará al pobre suplicante, al desdichado y al que nadie ampara;
13 se apiadará del débil y del pobre, el alma de los pobres salvará.
14 De la opresión, de la violencia, rescatará su alma, su sangre será preciosa ante sus ojos;
15 (y mientras viva se le dará el oro de Sabá). Sin cesar se rogará por él, todo el día se le bendecirá.
16 Habrá en la tierra abundancia de trigo, en la cima de los montes ondeará como el Líbano al despertar sus frutos y sus flores, como la hierba de la tierra.
17 ¡Sea su nombre bendito para siempre, que dure tanto como el sol! ¡En él se bendigan todas las familias de la tierra, dichoso le llamen todas las naciones!
18 ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, el único que hace maravillas!
19 ¡Bendito sea su nombre glorioso para siempre, toda la tierra se llene de su gloria! ¡Amén! ¡Amén!
20 Fin de las oraciones de David, hijo de Jesé.
Salmos 73
1 Salmo. De Asaf. En verdad bueno es Dios para Israel, el Señor para los de puro corazón.
2 Por poco mis pies se me extravían, nada faltó para que mis pasos resbalaran,
3 celoso como estaba de los arrogantes, al ver la paz de los impíos.
4 No, no hay congojas para ellos, sano y rollizo está su cuerpo;
5 no comparten la pena de los hombres, con los humanos no son atribulados.
6 Por eso el orgullo es su collar, la violencia el vestido que los cubre;
7 la malicia les cunde de la grasa, de artimañas su corazón desborda.
8 Se sonríen, pregonan la maldad, hablan altivamente de violencia;
9 ponen en el cielo su boca, y su lengua se pasea por la tierra.
10 Por eso mi pueblo va hacia ellos: aguas de abundancia les llegan.
11 Dicen: «¿Cómo va a saber Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo?»
12 Miradlos: ésos son los impíos, y, siempre tranquilos, aument