
Lunes 11 de Enero de 2010
Santoral: Martín de León, Higinio
1Samuel 1, 1-8
Su rival insultaba a Ana, porque el Señor la había hecho estéril
Había
un hombre sufita oriundo de Ramá, en la serranía de Efraím, llamado
Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf,
efraimita. Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Fenina;
Fenina tenía hijos, y Ana no los tenía. Aquel hombre solía subir todos
los años desde su pueblo para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de
los ejércitos en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos
hijos de Elí, Jofní y Finés.
Llegado el día de ofrecer el
sacrificio, repartía raciones a su mujer Fenina para sus hijos e hijas,
mientras que a Ana le daba sólo una ración; y eso que la quería, pero
el Señor la había hecho estéril. Su rival la insultaba, ensañándose con
ella para mortificarla, porque el Señor la había hecho estéril. Así
hacía año tras año; siempre que subían al templo del Señor, solía
insultarla así.
Una vez Ana lloraba y no comía. Y Elcaná, su
marido, le dijo: "Ana, ¿por qué lloras y no comes?, ¿por qué te
afliges? ¿No te valgo yo más que diez hijos?"
Salmo responsorial: 115
Te ofreceré, Señor, / un sacrificio de alabanza.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. R.
Cumpliré
al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. Te ofreceré un
sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. R.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo; en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén. R.
Marcos 1, 14-20
Convertíos y creed en la Buena Noticia
Cuando
arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio
de Dios. Decía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios;
convertíos y creed la Buena Noticia".
Pasando junto al lago de
Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y
estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: "Venid conmigo y os
haré pescadores de hombres".
Inmediatamente dejaron las redes y
lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y
a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los
llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se
marcharon con él.