
Jueves 07 de Enero de 2010
Santoral: Raimundo de Peñafort
1Juan 4,19_5,4
Quien ama a Dios, ame también a su hermano
Queridos
hermanos: Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno
dice: "Amo a Dios", y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues
quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no
ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame
también a su hermano. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido
de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha
nacido de él.
En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios:
si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el
amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no
son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo
que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
Salmo responsorial: 71
Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.
Dios
mío, confía tu juicio al rey, / tu justicia al hijo de reyes, / para
que rija a tu pueblo con justicia, / a tus humildes con rectitud. R.
Él
rescatará sus vidas de la violencia, / su sangre será preciosa a sus
ojos. / Que recen por él continuamente / y lo bendigan todo el día. R.
Que
su nombre sea eterno, / y su fama dure como el sol; / que él sea la
bendición de todos los pueblos, / y lo proclamen dichoso todas las
razas de la tierra. R.
Lucas 4,14-22a
Hoy se cumple esta Escritura
En
aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su
fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y
todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró
en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie
para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y,
desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: "El Espíritu
del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para
anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la
libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos;
para anunciar el año de gracia del Señor." Y, enrollando el libro, lo
devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos
fijos en él. Y él se puso a decirles: "Hoy se cumple esta Escritura que
acabáis de oír." Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de
las palabras de gracia que salían de sus labios.