
Domingo 07 de Febrero de 2010
Santoral: Ricardo, Gastón, Romualdo
Isaías 6, 1-2a. 3-8
Aquí estoy, mándame
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.
Y
vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo:
"¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena
de su gloria!"
Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
Yo
dije: "¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que
habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos
al Rey y Señor de los ejércitos."
Y voló hacia mí uno de los
serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas
tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: "Mira; esto ha tocado tus
labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado."
Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: "¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?"
Contesté: "Aquí estoy, mándame."
Salmo responsorial: 137
Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R.
Daré
gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu
promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste
el valor en mi alma. R.
Que te den gracias, Señor, los reyes de
la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del
Señor, porque la gloria del Señor es grande. R.
Tu derecha me
salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia
es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.
1Corintios 15, 1-11
Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído
Os
recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros
aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es
que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha
malogrado vuestra adhesión a la fe.
Porque lo primero que yo os
transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por
nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que
resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a
Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos
hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han
muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los
apóstoles; por último, se me apareció también a mí.
Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero
por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en
mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he
sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo
esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
Lucas 5, 1-11
Dejándolo todo, lo siguieron
En
aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la
palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos
barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían
desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las
barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra.
Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Rema mar adentro, y echad las redes para pescar."
Simón contestó: "Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes."
Y,
puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que
reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para
que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos
barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los
pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, que soy un pecador."
Y
es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él,
al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a
Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres."
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.