Lunes 15 de Marzo de 2010
Santoral: Luisa de Marillac
Isaías 65,17-21
Ya no se oirán gemidos ni llantos
Así
dice el Señor: "Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra
nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que
habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear. Mirad: voy a
transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré
de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos
ni llantos; ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen
sus años, pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los
alcance se tendrá por maldito. Construirán casas y las habitarán,
plantarán viñas y comerán sus frutos."
Salmo responsorial: 29
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Te
ensalzaré, Señor, porque me has librado / y no has dejado que mis
enemigos se rían de mí. / Señor, sacaste mi vida del abismo, / me
hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.
Tañed para el Señor,
fieles suyos, / dad gracias a su nombre santo; / su cólera dura un
instante; / su bondad, de por vida; / al atardecer nos visita el
llanto; / por la mañana, el júbilo. R.
Escucha, Señor, y ten
piedad de mí; / Señor, socórreme. / Cambiaste mi luto en danzas. /
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.
Juan 4,43-54
Anda, tu hijo está curado
En
aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había
hecho esta afirmación: "Un profeta no es estimado en su propia patria."
Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían
visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues
también ellos habían ido a la fiesta.
Fue Jesús otra vez a Caná
de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un
funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que
Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que
bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. Jesús le dijo: "Como no
veáis signos y prodigios, no creéis." El funcionario insiste: "Señor,
baja antes de que se muera mi niño." Jesús le contesta: "Anda, tu hijo
está curado." El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en
camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro
diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había
empezado la mejoría. Y le contestaron: "Hoy a la una lo dejó la
fiebre." El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús
le había dicho: "Tu hijo está curado." Y creyó él con toda su familia.
Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.