Viernes 16 de Marzo de 2012
Santoral: Raimundo de Fitero, Heriberto
Oseas 14,2-10
No volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos
Así dice el Señor: "Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque
tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y
decidle: "Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio
de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no
volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra
piedad el huérfano."
Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se
apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena,
arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como
un olivo, su aroma como el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra;
harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la
del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le
respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus
frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo
entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos,
los pecadores tropiezan en ellos."
Salmo responsorial: 80
Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz.
Oigo un lenguaje desconocido: / "Retiré sus hombros de la carga, / y
sus manos dejaron la espuerta. / Clamaste en la aflicción, y te libré.
R.
Te respondí oculto entre los truenos, / te puse a prueba junto a la
fuente de Meribá. / Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; /
¡ojalá me escuchases, Israel! R.
No tendrás un dios extraño, / no adorarás un dios extranjero; / yo soy
el Señor, Dios tuyo, / que te saqué del país de Egipto. R.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo / y caminase Israel por mi camino!: / te
alimentaría con flor de harina, / te saciaría con miel silvestre." R.
Marcos 12,28b-34
El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y lo amarás
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: "¿Qué
mandamiento es el primero de todos?" Respondió Jesús: "El primero es:
"Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu
mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como
a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos."
El escriba replicó: "Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que
el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo
el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al
prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y
sacrificios." Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
"No estás lejos del reino de Dios." Y nadie se atrevió a hacerle más
preguntas.