Jueves 18 de Marzo de 2010
Santoral: Cirilo de Jerusalén
Éxodo 32,7-14
Arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo
En
aquellos días, el Señor dijo a Moisés: "Anda, baja del monte, que se ha
pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han
desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo
de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: "Éste
es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.""
Y el Señor
añadió a Moisés: "Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por
eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y
de ti haré un gran pueblo." Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:
"¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú
sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? ¿Tendrán que decir
los egipcios: "Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las
montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra"? Aleja el
incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo.
Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste
por ti mismo, diciendo: "Multiplicaré vuestra descendencia como las
estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a
vuestra descendencia para que la posea por siempre."" Y el Señor se
arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.
Salmo responsorial: 105
Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.
En
Horeb se hicieron un becerro, / adoraron un ídolo de fundición; /
cambiaron su gloria por la imagen / de un toro que come hierba. R.
Se
olvidaron de Dios, su salvador, / que había hecho prodigios en Egipto,
/ maravillas en el país de Cam, / portentos junto al mar Rojo. R.
Dios
hablaba ya de aniquilarlos; / pero Moisés, su elegido, / se puso en la
brecha frente a él, / para apartar su cólera del exterminio. R.
Juan 5,31-47
Hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza
En
aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: "Si yo doy testimonio de mí
mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y
sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis
mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo
dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros
os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros
quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo
es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido
realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha
enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí.
Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no
habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis.
Estudiáis
las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas
están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida!
No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de
Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me
recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése sí lo recibiréis.
¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no
buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a
acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis
vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de
mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a
mis palabras?"