Jueves 25 de Marzo de 2010
La Anunciación
Santoral: Ireneo, Pelayo, Abel
Isaías 7,10-14;8,10
Mirad: la virgen está encinta
En
aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: "Pide una señal al Señor, tu Dios:
en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo." Respondió Acaz: "No la
pido, no quiero tentar al Señor." Entonces dijo Dios: "Escucha, casa de
David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi
Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen
está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que
significa "Dios-con-nosotros"."
Salmo responsorial: 39
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Tú
no quieres sacrificios ni ofrendas, / y, en cambio, me abriste el oído;
/ no pides sacrificio expiatorio, / entonces yo digo: "Aquí estoy." R.
"-Como está escrito en mi libro- / para hacer tu voluntad." / Dios mío, lo quiero, / y llevo tu ley en las entrañas. R.
He proclamado tu salvación / ante la gran asamblea; / no he cerrado los labios: / Señor, tú lo sabes. R.
No
me he guardado en el pecho tu defensa, / he contado tu fidelidad y tu
salvación, / no he negado tu misericordia y tu lealtad / ante la gran
asamblea. R.
Hebreos 10,4-10
Está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad"
Hermanos:
Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite
los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: "Tú no
quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no
aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que
está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu
voluntad."" Primero dice: "No quieres ni aceptas sacrificios ni
ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias", que se ofrecen según la
Ley. Después añade: "Aquí estoy yo para hacer tu voluntad." Niega lo
primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos
quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha
una vez para siempre.
Lucas 1,26-38
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo
A
los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de
Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado
José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel,
entrando en su presencia, dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor
está contigo." Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué
saludo era aquél. El ángel le dijo: "No temas, María, porque has
encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un
hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del
Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará
sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin." Y María
dijo al ángel: "¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?" El ángel le
contestó: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo
te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará
Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su
vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban
estéril, porque para Dios nada hay imposible." María contestó: "Aquí
está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra." Y la dejó el
ángel.