Viernes 05 de Marzo de 2010
Santoral: Adrián
Génesis 37,3-28
Ahí viene el de los sueños, vamos a matarlo
José
era el preferido de Israel, porque le había nacido en la vejez, y le
hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo
prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo. Sus
hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo
a José: "Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que
te voy a mandar donde están ellos."
José fue tras sus hermanos y
los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos. Antes de que se
acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros: "Ahí viene el
de los sueños. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos
que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños." Oyó
esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo: "No le quitemos
la vida." Y añadió: "No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí
en la estepa; pero no pongáis las manos en él." Lo decía para librarlo
de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde
estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con mangas,
lo cogieron y lo echaron en un pozo vacío, sin agua. Y se sentaron a
comer. Levantando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que
transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto.
Judá propuso a sus hermanos: "¿Qué sacaremos con matar a nuestro
hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no
pondremos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne
nuestra." Los hermanos aceptaron. Al pasar unos comerciantes
madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo y se lo
vendieron a los ismaelitas por veinte monedas. Éstos se llevaron a José
a Egipto.
Salmo responsorial: 104
Recordad las maravillas que hizo el Señor.
Llamó
al hambre sobre aquella tierra: / cortando el sustento de pan; / por
delante había enviado a un hombre, / a José, vendido como esclavo. R.
Le
trabaron los pies con grillos, / le metieron el cuello en la argolla, /
hasta que se cumplió su predicción, / y la palabra del Señor lo
acreditó. R.
El rey lo mandó desatar, / el señor de pueblos le
abrió la prisión, / lo nombró administrador de su casa, / señor de
todas sus posesiones. R.
Mateo 21,33-43.45-46
Éste es el heredero: venid, lo mataremos
En
aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del
pueblo: "Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una
viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa
del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado
el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para
percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores,
agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo
apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e
hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo,
diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al
hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos
quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la
viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué
hará con aquellos labradores?"
Le contestaron: "Hará morir de
mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que
le entreguen los frutos a sus tiempos." Y Jesús les dice: "¿No habéis
leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un
milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino
de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos." Los sumos
sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que
hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente,
que lo tenía por profeta.