Lunes 05 de Abril de 2010
Santoral: Vicente Ferrer
Hechos 2,14.22-23
Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos
El
día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les
dirigió la palabra: "Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis
palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os
hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros
realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis.
Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron,
y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo
resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la
muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a
él: "Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa
esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel
conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me
saciarás de gozo en tu presencia."
Hermanos, permitidme hablaros
con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos
su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le
había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente
suyo; cuando dijo que "no lo entregaría a la muerte y que su carne no
conocería la corrupción", hablaba previendo la resurrección del Mesías.
Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, de lo cual todos nosotros somos
testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre
el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo
que estáis viendo y oyendo."
Salmo responsorial: 15
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Protégeme,
Dios mío, que me refugio en ti; / yo digo al Señor: "Tú eres mi bien."
/ El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; / mi suerte está en tu
mano. R.
Bendeciré al Señor, que me aconseja, / hasta de noche
me instruye internamente. / Tengo siempre presente al Señor, / con él a
mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón, / se
gozan mis entrañas, / y mi carne descansa serena. / Porque no me
entregarás a la muerte, / ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.
Me enseñarás el sendero de la vida, / me saciarás de gozo en tu presencia, / de alegría perpetua a tu derecha. R.
Mateo 28,8-15
Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán
En
aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro;
impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los
discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
"Alegraos." Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los
pies. Jesús les dijo: "No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos
que vayan a Galilea; allí me verán."
Mientras las mujeres iban
de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los
sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos,
llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma,
encargándoles: "Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el
cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del
gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros." Ellos
tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta
historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.