Lunes 09 de Abril de 2012
Lunes de la octava de Pascua
Santoral: Casilda, María de Cleofás, Demetrio
Hechos 2,14.22-23
Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos
El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les
dirigió la palabra: "Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis
palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os
hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros
realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis.
Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron,
y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo
resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la
muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a
él: "Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa
esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel
conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me
saciarás de gozo en tu presencia."
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y
lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era
profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su
trono a un descendiente suyo; cuando dijo que "no lo entregaría a la
muerte y que su carne no conocería la corrupción", hablaba previendo la
resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, de lo
cual todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de
Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y
lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo."
Salmo responsorial: 15
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; / yo digo al Señor: "Tú eres
mi bien." / El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; / mi suerte
está en tu mano. R.
Bendeciré al Señor, que me aconseja, / hasta de noche me instruye
internamente. / Tengo siempre presente al Señor, / con él a mi derecha
no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón, / se gozan mis entrañas, / y mi carne
descansa serena. / Porque no me entregarás a la muerte, / ni dejarás a
tu fiel conocer la corrupción. R.
Me enseñarás el sendero de la vida, / me saciarás de gozo en tu presencia, / de alegría perpetua a tu derecha. R.
Mateo 28,8-15
Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro;
impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los
discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
"Alegraos." Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los
pies. Jesús les dijo: "No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos
que vayan a Galilea; allí me verán."
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la
ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos,
reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los
soldados una fuerte suma, encargándoles: "Decid que sus discípulos
fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si
esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os
sacaremos de apuros." Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las
instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos
hasta hoy.