DIA DE LA VIDA CONSAGRADA 2 DE FEBRERO 2026
La Jornada Mundial de la Vida Consagrada de este 2026 lleva por lema '¿Para quién eres?', en sintonía con el Congreso de Vocaciones. Como cada año, esta Jornada se celebra en la fiesta de la Presentación del Señor —2 de febrero—. Además, este año vive su edición número 30.
Desde
nuestra parroquia nos unimos a la oración y agradecimiento por las dos
únicas Congregaciones de vida consagrada de la ciudad de Lorca
pertenecientes a nuestra comunidad parroquial, las Madres Mercedarias y las Hermanas Clarisas.
La Jornada de la Vida Consagrada es
una celebración establecida por la Iglesia Católica para honrar y
reconocer la valiosa contribución de los religiosos y religiosas que
han consagrado su vida a Dios mediante los votos de pobreza, castidad y obediencia. Este día, que se celebra anualmente el 2 de febrero, coincide con la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo,
el episodio evangélico en el que Jesús fue presentado en el Templo
según la tradición judía. Esta celebración, establecida en el siglo IV
d.C., es de crucial importancia porque representa un punto de conexión
significativo entre la historia de Jesús, el Cristianismo y las raíces culturales del judaísmo.
En el contexto del Antiguo Testamento, se prescribían normas estrictas
y ceremonias precisas tras el nacimiento de un niño en una familia,
especialmente si se trataba de un varón. La Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo,
por tanto, no sólo celebra un acontecimiento específico de la vida de
Jesús, sino que también recuerda las profundas raíces en las
tradiciones judías, subrayando la importancia de los ritos de
purificación y los símbolos de reconocimiento presentes en el Antiguo
Testamento.
Pero, ¿cuándo se instituyó la Jornada de la Vida Consagrada? Fue instaurada por Papa Juan Pablo II en 1997 con
el objetivo de reconocer el papel fundamental de los religiosos y
religiosas en la vida de la Iglesia y expresar gratitud por su
servicio. Durante este día, muchos religiosos participan en
acontecimientos litúrgicos y retiros espirituales, mientras que las comunidades eclesiásticas suelen
organizar iniciativas para mostrar su aprecio y apoyo a los religiosos.
La Jornada Mundial de la Vida Consagrada no es sólo un momento de
oración solemne, sino una oportunidad para reflexionar sobre la llamada
a la vida consagrada y promover una mayor conciencia en la comunidad
católica y fuera de ella. Quienes abrazan la vida consagrada no sólo
son testigos de la alegría y la gracia divinas, sino que encarnan
también el testimonio de comunión.
El elemento distintivo de la vida consagrada es la vida fraterna en
comunidad: ésta no es sólo un instrumento para realizar la llamada,
sino que representa una auténtica respuesta a la llamada de la
vocación, no impuesta, sino libremente acogida. La vida fraterna se
convierte así en el vehículo a través del cual la vocación se
desarrolla y se realiza en el testimonio compartido de la alegría y del
amor de Dios.
Significado de la vida consagrada
La
vida consagrada es una forma única de dedicación a Dios manifestada por
hombres y mujeres que deciden abrazar públicamente los tres consejos fundamentales: castidad, pobreza y obediencia. Estos principios de vida se definen "evangélicos" porque
reflejan la forma de vivir de Jesucristo descrita en los Evangelios.
Los hombres y mujeres que abrazan esta forma de vida pueden ser
clérigos o laicos, siempre que decidan dedicarse de un modo particular
a Dios mediante la profesión pública de
los consejos evangélicos. El estado de vida consagrada se funda
precisamente en esta profesión pública de los consejos evangélicos, no
en la acción apostólica o en la vida común, sino en la imitación de
Cristo, en la respuesta a Su llamada. Los consejos evangélicos se
convierten en deberes obligatorios sólo cuando se concretan mediante la
institución jurídica del voto. Los consagrados no deben confundirse con los miembros del clero, es decir, con quienes han recibido el Sacramento del Orden, independientemente del estado de vida que hayan elegido.
Quien abraza la profesión de los consejos evangélicos suele vivir dentro de institutos de vida consagrada,
sociedades erigidas o aprobadas por la autoridad eclesiástica,
compuestas por personas del mismo sexo o mixtas. Los institutos de vida
consagrada presentan una distinción entre religiosos y laicos, y a su
vez, pueden ser de naturaleza clerical o laica.
Los Institutos Religiosos representan "una
sociedad cuyos miembros, según su propio derecho, emiten votos
públicos, perpetuos o temporales a renovar cuando corresponda, y llevan
una vida fraterna en comunidad". Los consagrados abrazan un estado de vida que implica una opción radical en Cristo, al servicio del Señor y de la humanidad, siguiendo la intuición profética de sus Santos fundadores. Su misión suele estar orientada por la oración y el servicio a los demás, a través de la acogida de los más frágiles y necesitados.
Los Institutos Seculares se distinguen de los religiosos porque sus miembros permanecen en el mundo,
sin la obligación de llevar una vida común. A su vez, pueden ser
institutos de derecho pontificio o de derecho diocesano, según hayan
sido erigidos por la Santa Sede o por el obispo local. Los miembros de
estos institutos se comprometen a vivir los consejos evangélicos, pero en un contexto más flexible de vida común, permaneciendo en sus propias casas. Aun estando en el tejido del mundo, tratan de encarnar los principios espirituales profundos a través de su vida cotidiana.
Rezamos por todos los consagrados, pero en especial por las Madres Mercedarias y Hermanas Clarisas.
ORACIÓN
Padre
que estás en el cielo, que nos amas, nos llamas y convocas junto a tu
Hijo para ser tus humildes testigos de esperanza en este mundo nuestro
tan complejo y convulso, haz que trabajemos en sinodalidad, por la
unión y la comunión, fundamentos de la verdadera fraternidad. Siguiendo
a tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano y Señor, que nos lanza a la
caridad creativa y a la ofrenda alegre en el cada día, ilusionados
porque está con nosotros y es nuestro compañero de camino, que el soplo
de tu Espíritu Santo infunda y despierte a la vida consagrada, la
transforme en profecía social, levadura de paz y justicia en medio de
tantas heridas; y que no dejemos de preguntarnos: «¿Para quién eres?».
Y así construyamos el «nosotros» que te agrada, que sabe a frescura
evangélica y a calor de pan compartido, junto al vino de la
misericordia. De la mano de tu Madre y madre nuestra, siempre atenta a
las necesidades de sus hijos e hijas. Amén.